Editoriales, Lucerna No. 2

Editorial de Lucerna No. 2

Contenidos del segundo número de revista Lucerna

Ningún otro producto literario tiene una vida tan frágil como una revista. Una novela, un poemario son autosuficientes y fines en sí mismos. La vida de una revista, en cambio, está supeditada a su continuidad. No bastan uno, dos o tres números, por más brillantes que fueran, pues podríamos compararlos con la vida de artista joven segada antes de alcanzar su madurez creativa, dejándonos en ascuas acerca de qué obras no hubiera sido capaz de emprender de haber vivido más y haber encontrado mejores condiciones para la floración de su talento. Como a estos artistas malogrados, multitud de adversidades amenazan la vida de las revistas y parecen condenarlas a una efímera existencia: la incomprensión de los contemporáneos, la disolución de las fuerzas, la inconstancia propia y ajena. Pero si aún no han agotado su mensaje, las revistas deben aspirar a continuar y permanecer, así como los artistas tempranamente desaparecidos nunca se hubieran conformado con los frutos que dieron en su juventud de solo pensar en los que hubieran dado en su madurez.

Sin embargo, como no existe receta de cuántos números son necesarios para acreditar la continuidad y permanencia de una revista, estas vendrán dictadas por la capacidad con que sepa identificar y afrontar las más íntimas necesidades de su época y plasmar sobre ella los aportes con que pretenden renovarla. Habíamos dicho que no había producto literario como la revista cuya vida fuera más frágil, pero asimismo, ninguna como ella para tomar el pulso a la época e incidir sobre ella. El libro tarda en gestarse, publicarse y asimilarse. La revista tiene –o debería tener– esa inmediatez que nos permite tomar la temperatura al arte literario contemporáneo y ver hacia qué derroteros se conduce.

En Lucerna somos conscientes, al mismo tiempo de la fragilidad inherente a nuestra empresa, pero también de su capacidad para reflejar la vida literaria actual, capacidad que no podría alcanzarse sin la necesaria inmediatez que da la continuidad. Cada número lanzado es ciertamente una victoria contra la disolución y la apatía, pero este esfuerzo podría no lograr su efecto si entre una edición y la siguiente media demasiado tiempo. Por ello, y gracias a la aceptable acogida de nuestro primer número, nos hemos propuesto realizar tres ediciones al año, que serán lanzadas en marzo, julio y noviembre, esperando con ello ganar la continuidad necesaria que toda revista literaria debería tener.

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