Artículos, Lucerna N° 11

El genio salvaje de Emily Brontë. A 200 años de su nacimiento (Lucerna N° 11)

[Extracto del artículo «El genio salvaje de Emily Brontë. A 200 años de su nacimiento» (Lucerna N° 11) (Noviembre 2018)]

Por: Ana Lucía Campoblanco

La figura de Emily Brontë ha sido mitificada a lo largo de los dos siglos de su existencia. Desde ser considerada un ícono de la literatura inglesa clásica, una de las famosas hermanas Brontë, un genio atormentado, hasta un espíritu libre en comunión con la naturaleza; su vida familiar e íntima ha sido psicoanalizada, compadecida y demonizada. En verdad, su existencia y su hogar fueron extraños para la época y lo siguen siendo hoy en día.

Emily fue la quinta de los seis hijos de Patrick Brontë y Maria Branwell. Nació un 30 de julio de 1818 en un pueblo remoto de West Yorkshire, en Haworth. Después de la muerte de su madre, cuando Emily tenía tres años, su tía Elizabeth Branwell se mudó con la familia y se dedicó a impartir a los niños, junto con Patrick, una educación conservadora y religiosa basada en el orden, el método y la limpieza doméstica, además del desprecio por las carnes rojas.

Para divertirse, los hermanos inventaron mundos imaginarios, dibujando mapas y escribiendo historias. Charlotte y su hermano Branwell crearon el reino de Angria; Emily, la isla separatista de Gondal con su hermana menor Anne. “Los sueños me cercaron desde los asoleados tiempos de la niñez despreocupada”, dice en un poema. Y en otro: “¡Qué sombría se pone la noche! Sopla el viento de Gondal…”. El viento de Gondal es el viento de Wuthering Heights, que puede percibirse en toda su creación literaria.

Tanto ella como sus hermanas Charlotte y Anne publicaron sus obras bajo seudónimos masculinos para lograr que sus historias sean leídas. La primera edición de Wuthering Heights fue publicada bajo el nombre de Ellis Bell, en 1847. Emily murió un año más tarde a la edad de 30, solo unos meses después de su hermano Branwell, así que nunca supo del alcance de la fama que logró con su primera y única novela.

[…]

Ana Lucía Campoblanco Beingolea (Lima, 1993). Licenciada de la especialidad de Lingüística y Literatura de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Realizó estudios de literatura inglesa en la Universidad de Kent, Inglaterra. Dedicó su tesis de licenciatura a la novela La ciudad de las bestias, de Isabel Allende. Actualmente colabora con el Centro Andino de Promoción e Investigación para la Vida, editorial dedicada a producir libros infantiles para niños en extrema pobreza.

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Artículos, Lucerna N° 11

Westphalen como «autor» de Las Moradas: unidad y pluralidad de una revista (Lucerna N° 11)

Westphalen y el primer número de Las Moradas

[Extracto del artículo «Westphalen como «autor» de Las Moradas: unidad y pluralidad de una revista» (Lucerna N° 11) (Noviembre 2018)]

Por: Julio Isla Jiménez

Cuando una revista mantiene un interés tan vivo más de medio siglo después de su publicación, no solo es válido sino también necesario indagar por las razones de su vigencia. Es el caso de Las Moradas. Revista de las Artes y las Letras, que Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) dirigió entre 1947 y 1949, cuya creciente estima parece desafiar el habitual destino de las publicaciones periódicas, cuyo carácter coyuntural parece condenarlas al olvido. Si estamos de acuerdo en que los objetos estéticos son los que mejor superan la prueba del tiempo, es válido preguntarse si en la concepción y elaboración de Las Moradas confluyeron algunos factores que la dotaron de un determinado estatuto artístico que nos permite hablar de ella como de una obra de arte en la misma medida en que lo hacemos, por ejemplo, de un poema o una novela.

Sin embargo, apenas empezamos a hacernos estas preguntas tropezamos con algunos obstáculos que parecen infranqueables. El primero de ellos es el hecho insoslayable de que una revista es, por definición, una empresa colectiva a la que es difícil atribuirle una autoría individual. Una revista, por otro lado, está compuesta de un conjunto de textos autónomos de la más diversa índole que no necesariamente guardan unidad entre sí, mientras que una obra artística o literaria, por más heterogéneas que sean sus partes, constituye una unidad autónoma e indivisible. Para salvar estas dificultades y contradicciones es necesario analizar si en la concepción y elaboración de una revista se afrontan los mismos problemas y antinomias que concurren en todo proceso creativo individual y si, por ello, es posible hablar de ella como de una obra de arte.

[…]

Julio Isla Jiménez (Lima, 1980). Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha colaborado en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica, publicado en España, y elaborado estudios introductorios de Manfredo de Lord Byron y Antonio y Cleopatra de William Shakespeare. Ha publicado la pieza teatral El sueño de Noé (2015). Dirige el sello Alastor Editores.

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Lucerna N° 11, Traducciones

Debajo de tanto cielo: cinco prosas de Cecília Meireles (Lucerna N°11)

Cecília Meireles

En la sección de traducciones de Lucerna N°11 se incluyen cinco extensas prosas poéticas de la poeta brasileña Cecília Meireles (1901-1964), que dan testimonio de la profundidad de su pensamiento poético y la riqueza de su inventiva lírica. Compartimos el fragmento inicial de «La esperanza deshabitada». La selección, traducción y presentación de estas prosas ha sido realizada por el traductor Manuel Barrós.

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Lucerna N° 11, Poesía

Tres poemas de Thalia Tumes (Lucerna N°11)

Thalia Tumes (Cañete, 1992)

Miguel Ángel

Tus manos
son propias como las de pocos.
Muy aparte de ser musicales,
tienen las rayitas de la palma perfectamente dibujadas
y se puede armar tres rompecabezas al mismo tiempo.

Tu interior
es una algarabía rabiosa,
con uñas diáfanas pero adversas.
Se arma la riña entre adalid y soldados de chaquetas verdes;
pero tu palabra ya no es muda e inofensiva.

Ahora
Abraza mis manos
Atraviesa el olvido
tal vez esta noche no es nada
solo un pájaro que canta en un lenguaje extranjero
nadie lo reconoce
corre como el río
sufre como yo

Tal vez son tus ojos
o el silencio que grita
adiós para siempre.

 

Las falsas promesas

Tengo una vida que es pensada
una mente que es nuestro lugar de afecto

Coartada suficiente
para secar mis ojos oceánicos todas las mañanas,
enfriar estas ganas incendiarias,
observar la torpeza de mi cuerpo,
abrazar la torpeza de tu recuerdo

Con estos versos curo cuidadosamente mi corazón de repuesto

¿Quién eres tú
capaz de llevarme a las alturas en una mesa vacía?

¿por qué demora el tiempo
de tus promesas de madrugada?

¿oyes cómo mi poema va hacia ti
porque de ti yo vengo?

 

A Blanca Varela

Lo he dejado todo

Sí, Blanca
Todo

mis piernas debajo de la cama
mis oídos encima de la cama
mis ojos en el plato de sopa
mi nariz en la maceta
mis manos al lado de la lámpara
mi espalda en el parqué
mis labios en las sábanas
mis cabellos en la botella
mi cama, mi casa
mi árbol
mi memoria
todo
pero me voy lejos
muy lejos
hasta en contra de mis ganas

la libertad abrasadora del hedonista.
Repito.

 

 

Thalia Tumes (Cañete, 1992). Publicista. Participó en Poesía Femenina Río Luna (2010), Arte Poética (2011), Muestra Poética Territorio Huarco (2012), Boca del Río (2018). Ganadora de los Juegos Florales de la Universidad San Martín de Porres (2011, 2012 y 2013). Finalista en el Festival de Poesía de Lima (2018).

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Lucerna N° 11, Traducciones

Poemas de Cantos de pérdida y predilección de Hilda Hilst (Lucerna N° 11)

Hilda Hilst

En la sección de traducciones del undécimo número de Lucerna, incluimos una selección del libro Cantos de pérdida y predilección de la poeta brasileña Hilda Hilst (1930-2004). La selección, traducción e introducción estuvieron a cargo de la narradora y traductora Miluska Benavides. Compartimos uno de los poemas traducidos. Los restantes pueden ser leídos en nuestra edición impresa.

XIX

Cuerpo de carne
sobre un cuerpo de agua.
Suéñame a mí
contigo desplegada
sobre este cuerpo de río.
Guárdame
soledad y nombre
y vive el trayecto
de lo que corre
jamás llegando al fin.

Guarda esta tarde
y repón sobre las aguas
tus navíos. Piensa en mí.
Inmensa, iluminada
gran cuerpo de agua
gran río
olvidado de llagas y ahogados.

Piénsame río.
Lavado y calentado por tu carne.

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Editoriales, Lucerna N° 11

Editorial de Lucerna N° 11

Portada de Lucerna N° 11

Hablar de poesía joven –para no hablar de escritura joven en general– puede sonar tautológico a quien no ha olvidado que la poesía siempre es o debería ser, en cualquier época, aquello que nunca envejece y cuya perpetua juventud le permite avanzar a zancadas entre las cumbres de las generaciones. La poesía, si pretende mantener tal nombre, no puede ser otra cosa que joven, ajena a la cronología e inmune a los vaivenes de la sensibilidad. ¿Qué mayor prueba de la juventud de un poema que su capacidad para seguir hablando, sin agotar su mensaje, a varias generaciones de lectores en diversas lenguas y distintos lugares? No pretendemos conocer todos los secretos procedimientos por los que un poema adquiere dicha capacidad. Es posible que los que en algún momento fueron útiles, más adelante ya no lo sean. Pero podemos aventurar una de las cualidades que, a nuestro modo de ver, ayudan a que un texto poético mantenga cierta juvenil vitalidad a pesar del paso del tiempo, y esta es su «ilegibilidad» u «opacidad», inevitables cuando se trata de dar cuenta de realidades verbales, sensoriales o espirituales cada vez más complejas e inaprensibles. Por el contrario, el poema que puede ser fácilmente decodificado, agota demasiado pronto su capacidad para seguir hablando por sí mismo, desde sí mismo y, más temprano que tarde, envejece.

La «ilegibilidad» y «opacidad» a las que nos referimos no siempre están presentes en la poesía escrita por jóvenes. Por eso se hace necesario distinguir entre poesía joven, una cuestión valorativa, y poesía escrita por jóvenes, un mero hecho descriptivo. Lo escrito por jóvenes no siempre llega a ser, en efecto, joven. No lo es, por ejemplo, cuando lo nuevo hace depender el valor de su novedad de las diferencias más exteriores frente a sus contemporáneos, en lugar de buscar la originalidad en su propia circunstancia vital. Por otro lado, el poeta joven envejecerá prematuramente cuando busque la aprobación del poeta consagrado y oficial con el fin de abrirse paso en el mundo literario. Probablemente sea leído, pero también será legible, comprensible, oficial, y habrá puesto fecha de caducidad a su poesía.

La apuesta por la poesía escrita por jóvenes —poesía que esperamos que algún día también sea joven— es solo una faceta más de la apuesta por lo nuevo. La necesidad de adentrarse en territorio desconocido para traer al presente lo que pertenece al futuro, debería ser el objetivo de toda revista  literaria que se precie de tal. Está claro que la juventud cronológica no constituye ningún valor en sí misma si no viene acompañada de un nuevo sentir y la capacidad de crear o recrear nuevas y complejas realidades. Pero si como lectores o editores no estamos dispuestos a confiar en la obra de un talento desconocido como lo hacemos con uno que el tiempo y una serie de circunstancias arbitrarias ya consagró –lo que sea que esto signifique–, entonces tendríamos que renunciar al nombre de creadores y dedicarnos a repetir lo que todos ya dicen. Esperamos que nuestra decidida apuesta por la poesía joven escrita por jóvenes pueda hacer que Lucerna mantenga algo de vitalidad por algún tiempo más.

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Lucerna N° 11, Poesía

Tres poemas de Victoria Mallorga

Victoria Mallorga (Lima, 1995)

oleaje

soy, por tanto, la marea creciente

aunque no sea este mi puerto,
y no exista como antes al borde de su boca.

los minutos luz de mi ausencia se reproducen sin huella en las orillas.

si tengo que decir adiós,
que sea breve,
que sea frío,
que llore el agobio de arrastrar el mar conmigo.

 

tiempo de huir

todas las veces que he descrito el océano
me he quedado con las células en la boca
sal en aristas que queman mis labios antes
de que se pueda discernir la más
pequeña sección del todo

no sé si el recuerdo se enmudece
moho, morena, tierra en polvo de nuestras manos,
si tuviera que nombrar una memoria de nosotras
al borde del colapso serían todas las que ocurren al lado de un cuerpo de agua

eterno,
dadivoso,
(casi ocultando el paso del tiempo)

los reflejos de tu cabello oliendo a caracolas
la arena fosforecente
bajo el agua incierta de nuestros pasos

me haces olvidar los corales cuando camino por la playa.
todos los horrores, ojos despiertos en la noche, pieles cambiantes al roce de mis dedos
se repliegan como olas en temporada de tsunami

lejos
lejos
lejos,
hasta que preguntas
y a dónde han ido

pero todos sabemos que es hora de huir.

 

baby you thought we were giants
(but we were cacti)

cómo nos encontramos más allá de
la inconstancia y de la incertidumbre
de haber retenido en nuestros cuerpos
toda la esperanza de vida
de haber sorbido
del tiempo
toda la esencia
que necesitaban
campos enteros de flores
para sobrevivir el verano

así que ahora eres
el centro de este pastizal
y a tus pies germina la quinua
y las bayas de verano crecen donde vertiste
tus lágrimas hace unas horas
y cada cierto tiempo tienes que
escupir para que ese rosal sobreviva
y para que cada uno de tus pasos no
mate a los germinados has decidido
prescindir de cualquier tipo de calzado
así que no te preguntas por qué
cuando la primera ave hace su nido en tu cabello de ramaje
de primavera
porque al fin y al cabo
has bebido tanto de la fuente de la vida que
no puedes sino dejarte usar
por sus seres
como un hogar y
criadero a la espera de un relevo
como atlas
un atlas botánico
un atlas que sostiene un vivero sobre sus hombros
cuyo cabello son enredaderas de jazmines del cielo
azules sobre verde florido,
hasta
el relevo.

pero entonces,
cómo nos encontramos.

 

victoria mallorga | tauro, literata, trickster | nació en Lima en 1995. estudió literatura hispánica en la pontificia universidad católica del perú y actualmente trabaja como predocente en dicha institución. entre los tópicos que la despiertan figuran el amor queer, la ficción transformativa, anne carson, siken y pizarnik. en 2015 obtuvo una beca anual para estudiar en la university of bonn, alemania. es miembro del colectivo literario verboser y ha sido editora de esta revista. albión, su primer libro, será publicado en 2019.

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