Poesía

Cinco poemas de Guadalupe García Blesa

Guadalupe García Blesa (Lima, 1997)

Arcilla

Si me atraganto
con la fábula y la manzana
me hallaré en la gruta
de lo que queda
de la capa de ozono.

Quién eres tú
fragancia taciturna,
miembro deslenguado.

 

Consultorio de Inversiones

Cirugía de cabeza
cuello
y lengua de invertebrado.

Cifras
gritos
desesperación.

Estancamiento,
falta de sexo y masturbación.
Almohadas rellenas
de pelos blancos.
Medalla de plata
para los rendidos.

 

Ave

Estuve cerca.
Fui trópico adversario
motín sin té
y amígdala sangrante
dentro de tu mentón.

 

28

Se ve a leguas
tu mano aprehendida
a mi pecho
mojado
y la calle
llena de charcos
reflejando la sombra
del anhelo entrecortado.

 

Ca(l)ma

Las trinitarias
enredadas
en tu tronco
me piden
que te descubra
mientras caminas por el cordel.

Vamos constelando
esta necia estancia,
lúdica infatigable.

Entonces
mis hojas
te hacen cosquillas
en los pies
y descubro
que quedarnos colgados
es un descanso infinito.
 

Guadalupe García Blesa (Lima, 1997). Estudia Comunicaciones en la Universidad de Lima y fue parte de la Escuela de Música de la UPC durante los años 2015 y 2016. Cuenta con experiencia en arte y educación, además de trabajos de voluntariado. Es amante del arte en sus diferentes facetas, con especial dedicación a la música y la poesía; le interesan también las relaciones interculturales, la educación y el medio ambiente. En 2019, la revista Lienzo (Edición extraordinaria) publicó algunos de sus poemas. Prepara la publicación de su primer libro de poemas.

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Artículos, Lucerna No. 9

«El poema del mundo». Un texto inédito de Xavier Abril (Lucerna N°9)

Por: Julio Isla Jiménez

«El poema del mundo» es uno de los textos inéditos que conforman el legado literario que dejó a su muerte el poeta Xavier Abril (1905-1990), y se publica gracias a la generosidad de Jorge Kishimoto, investigador y albacea del mismo. Escrito en Lima en 1942, refleja la angustia de los años de la guerra, cuyo horror ejemplifica con la alusión al Blitz, el inclemente y sostenido bombardeo de Londres llevado a cabo por la Luftwaffe alemana. El poema concluye con exaltadas invocaciones para no sucumbir ante la fiereza y deshumanización de la época y seguir buscando en el sueño, es decir, en lo que es irreductible y no instrumentalizable, la medida de la grandeza humana.

 

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Artículos, Lucerna No. 9

Variaciones de lo grotesco en la obra de Alberto Hidalgo (Lucerna N°9)

[Extracto del estudio: «Variaciones de lo grotesco en la obra de Alberto Hidalgo». En: Lucerna N°9 (2016)]

Por: José Antonio Espinosa

Sobre lo grotesco
Cuando hablamos de lo grotesco, nos referimos a un término que ha cambiado a través de la historia y que, más que considerarse de manera aislada, siempre ha estado engarzado con categorías complejas como lo bello, lo fantástico o lo cómico, que responden asimismo a una realidad cultural determinada. De este modo, nos parece prudente comenzar una aproximación remontándonos a los inicios del vocablo y evaluar su etimología, pues lo conecta con su origen pictórico y nos ayuda a entender su modo representacional.

Mijail Bajtín, en su libro La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, cuenta sobre el descubrimiento, a fines del siglo XV, de unas pinturas en los subterráneos de las Termas de Tito en Roma. La peculiaridad de estas decoraciones, y de otras halladas luego en otras partes de Italia, era la combinación de motivos vegetales, animales y humanos de una manera confusa y sin que hubiera límites claros entre ellos. A este tipo de pintura, desconocida hasta el momento, “se la llamó ‘grottesca’, un derivado del sustantivo italiano ‘grotta’ (gruta)”. Surge así la primera configuración de lo grotesco que es pertinente enlazar con lo que señala Philip Thomson, en su sugestivo estudio al respecto: “(…) La usualmente intensa naturaleza física de lo grotesco es lógica cuando uno recuerda que el término fue aplicado originalmente a las artes visuales… la palabra siempre ha sido aplicada a lo visual más que a lo puramente verbal. No hay nada abstracto en relación con lo grotesco”.

Aparte de lo desproporcionado, Bajtín incluirá a lo hiperbólico y caricaturesco como otras características de lo grotesco, ejemplos de esto abundan en las aventuras de los gigantes Gargantúa y Pantagruel. Otro aspecto fundamental para él es la risa, regeneradora y positiva en el medioevo. Sin embargo, a partir de la época romántica, el grotesco se aleja del carnaval y la risa va reduciendo su margen para dar lugar a la aparición de lo terrible, lo ajeno al hombre, lo maligno. Para el crítico ruso, en el siglo XX, la noción de lo grotesco se vuelve más compleja, uniendo las visiones carnavalescas y románticas. Cita al respecto las definiciones de Wolfgang Kayser en su ensayo Lo grotesco, su configuración en pintura y literatura, pero critica su concepción general de lo grotesco por considerar que hace énfasis solo en el aspecto lúgubre del término y excluye elementos que configuraban el grotesco en la Edad Media y el Renacimiento. De este modo, la concepción de Wolfang Kayser es fundamentalmente moderna, aunque no deja de relacionar el término con la monstruosidad, la hibridez o la risa (especialmente malévola).
Tomando en consideración la gama de posibilidades que ha adquirido el término, juzgamos conveniente, más que establecer una definición unívoca, preguntarnos: ¿qué elementos configuran el efecto grotesco en un texto literario? Trataremos de esbozar un recorrido. En general, lo que se da en primer lugar es una brusca desarmonía (o, irresuelto choque de incompatibles, como lo llama Philip Thomson). Lo anterior implica la existencia de un cuerpo que la padezca, de ahí la importancia de nociones como la monstruosidad o la deformidad. Conjuntamente, esta desarmonía viviente encarna un exceso que sobrepasa lo que podríamos llamar un contrato representacional aceptable dentro de un espectro cultural específico. En última instancia, aunque esencial desde la perspectiva del receptor de lo grotesco, los elementos mencionados conllevan una respuesta emocional ante la discordancia mostrada. Esta respuesta se traduce normalmente en una risa, pero en un sentido amplio del término, pudiendo ser despreocupada, como cuando vemos a Gargantúa filosofar sobre cuál es el limpiaculos ideal; o más bien rayana con lo macabro, como la mueca que generan algunas de las perversidades de Maldoror que, dicho sea de paso, apelan a nuestro recóndito gusto por lo perverso. De esta manera, el reino de lo grotesco puede ir desde lo cómico o caricaturesco hasta rozar lo monstruoso o macabro. En las siguientes líneas trataremos de mostrar estas diversas variaciones de lo grotesco en la obra de Alberto Hidalgo.

[…]

[Las notas a pie de página son omitidas para facilitar la lectura en línea]

 

José Antonio Espinosa Ureta (Lima, 1980). Realizó estudios de Derecho y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha formado parte de proyectos culturales como el recital poético Prima Fermata Literaria y el Proyecto Epitafios, grupo de estudios sobre literatura funeraria en el Perú. Asimismo, realiza investigaciones sobre poesía visual y vanguardia. En 2015 publicó, en coautoría con Rosa Ostos, el libro Parca Voz: los epitafios del cementerio Presbítero Matías Maestro de Lima, auspiciado por la Municipalidad de Lima.

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Artículos, Lucerna No. 9

«Como otro cuerpo en este cuerpo». Las voces de Sebastián Salazar Bondy (Lucerna N°9)

[Extracto del estudio: «Como otro cuerpo en este cuerpo». Las voces de Sebastián Salazar Bondy. En: Lucerna N°9 (2016)]

Por: Rosa Ostos Mariño

“Lima la horrible” se ha convertido en una recurrida frase de los habitantes de esta ciudad, sobre todo si se encuentran atrapados en la vorágine de su tráfico, o si transitan sus furibundas calles en invernales tardes de garúa. Sin embargo, es probable que pocos sepan que al invocar su horridez evocan también a dos figuras fundamentales de la poesía peruana. Ciertamente, la expresión que resume la “fealdad” limeña fue acuñada por el irreverente César Moro en 1949. Tiempo después Sebastián Salazar Bondy haría de ella el título de su más célebre ensayo. Pero esta frase no es lo único que tienen en común estos dos personajes. Cada uno fue en su momento una figura clave de su generación; ambos contribuyeron de manera decisiva a la reflexión crítica sobre el Perú; ambos han legado a la posteridad una importante y poco conocida producción poética. En efecto, podría decirse que la celebridad de la poesía de Salazar Bondy es tan tenue como el pálido gris de la urbe que retrató con aguda y punzante pluma.

Corría el año 1965 cuando la muerte lo sorprendió tempranamente dejando tras sus 41 años de vida una importante y polifacética producción intelectual como vate, dramaturgo y ensayista. Probablemente las palabras que mejor describan el valor de su obra sean las de Luis Loayza, quien afirmó lo siguiente:

No nos dejamos llevar por el afecto y la admiración cuando decimos que Sebastián Salazar Bondy es irremplazable, que su muerte nos ha privado de la más necesaria de las presencias en nuestro ambiente intelectual. Salazar no sólo era uno de nuestros primeros escritores, autor de una de las obras más importantes y diversas de la actual literatura peruana, sino también nuestro gran animador. No se puede escribir en el Perú sin deberle algo porque él cambió en nuestro país la condición del escritor.

La actividad poética de Salazar Bondy se inició precozmente con Voz desde la vigilia (1944), poemario de juventud al que se fueron sumando Cuaderno de la persona oscura (1946), Máscara del que duerme (1949), Los ojos del pródigo (1951), Confidencia en alta voz (1960), Vida de Ximena (1960), Cuadernillo de oriente (1963), El tacto de la araña (1965) y Sombras como cosas sólidas (1966). Como puede advertirse, la escritura poética fue un hacer constante en su polifacética vida, actividad que consideró como la expresión de una libertad que debe ejercerse más allá de los “grilletes intelectuales”. En las líneas siguientes nos ocuparemos, precisamente, de la actitud poética de Salazar Bondy, intentando confrontar su pensamiento estético –expuesto en diversas notas periodísticas– con su propia poesía.

El arte y la poesía
El siglo XX ha sido calificado por Estuardo Nuñez como el siglo en que desde la literatura se forja una imagen total del mundo. Valiéndose de una metáfora musical, Nuñez grafica el proceso de toma de conciencia del escritor latinoamericano en un escenario predominantemente europeo afirmando lo siguiente: “Esta imagen del mundo total es como una Sinfonía del Viejo Mundo al que se incorpora armoniosamente el Nuevo Mundo, conjunción de tonos que crece en intensidad y en carácter […]” En efecto, como lo explica el propio Nuñez, esta toma de conciencia fue dejando atrás “[l]a actitud en general de mirar a los europeos –a las figuras de las letras o de la cultura– de lejos, como a los monumentos o las instituciones, como objetos y no como sujetos.”

Esta interesante observación nos permite entender de cierto modo la actitud de algunos poetas peruanos que, superando las predeterminaciones de las poéticas europeas del pasado siglo, llevaron a cabo una personal e intensa búsqueda de la poeticidad y lo poético a partir del renovador y fructífero contacto con las estéticas del viejo continente. Uno de esos poetas fue Sebastián Salazar Bondy. En este sentido, un repaso por su obra nos permite apreciar la múltiple genealogía a la que se adscribe, la que incluye no solo grandes nombres de la poesía europea sino también referentes nacionales, vistos todos ellos con dialogante espíritu crítico. Basta observar, por ejemplo, los muchos epígrafes que se integran a su poesía haciéndola convivir con tradiciones y horizontes literarios de distinta raigambre y época.

[…]

[Las notas a pie de página son omitidas para facilitar la lectura en línea]

Rosa Ostos Mariño (Lima, 1974). Realizó sus estudios de literatura en la Universidad de San Marcos. Obtuvo el master en Teoría literaria en la Universidad París 7; actualmente cursa el doctorado en Literatura latinoamericana en la Universidad París 3 Sorbonne Nouvelle, donde escribe su tesis doctoral sobre la obra poética de César Moro.

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Artículos, Lucerna N° 11

Una visión vanguardista de la trascendencia: modernidad andina y sacrificio individual en Ande (1926) de Alejandro Peralta (Lucerna N° 11)

[Extracto del artículo «Una visión vanguardista de la trascendencia: modernidad andina y sacrificio individual en Ande (1926) de Alejandro Peralta» (Lucerna N° 11) (Noviembre 2018)]

Por: José Miguel Herbozo

Publicado en 1926, Ande no solo es el primer libro del poeta puneño Alejandro Peralta (1899-1973), sino también una de las primeras manifestaciones en formato libro surgidas de ese conjunto de efervescencias artísticas, políticas y vitales conocido como vanguardismo en el Perú. Distintos acercamientos presentan la vanguardia como un impulso de modernidad que dura alrededor de diez años, entre inicios de la década de 1920 y la de 1930, generando programas artísticos que, a partir de influencias internacionales, presentan asuntos locales, énfasis político y experimentación formal como alternativas al predominio modernista y las matrices hispanizantes que dominan la escena literaria peruana. La obra de Alejandro Peralta aparece en un momento en el que distintos vanguardistas polemizan con los discursos coloniales y los programas artísticos dominantes, y se apropian creativamente de modelos artísticos mayormente europeos para renovar el lenguaje y dar cuenta de las experiencias desatendidas o nuevas.

Pese a que el modernismo representó en algún momento una alternativa para la expresión de lo local gestada en América Latina, para la década de 1920 distintos sectores del campo literario veían la influencia modernista como un conjunto de estrategias fosilizadas, insuficientes para la expresión de lo contemporáneo. La coronación pública de José Santos Chocano por parte del régimen de Augusto B. Leguía en 1922 evidenciaba que el modernismo había sido asimilado por el espíritu burgués y por el discurso oficial de la ‘patria nueva’, obligando a los nuevos poetas a buscar otras alternativas para la gestación de una identidad artística. En ello es fundamental la contribución de La poesía postmodernista peruana (1956) de Luis Monguió, trabajo que, a diferencia de las interpretaciones de Estuardo Núñez, Luis Alberto Sánchez e incluso Alberto Escobar cuando aborda este periodo, advierte que es equívoco caracterizar la vanguardia por sus clichés y sus poses, pues la superación del modernismo en términos de asunto, política y forma permite la aparición de una de las etapas más fructíferas de la literatura peruana. Como recuerda José Carlos Mariátegui en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), mucha literatura precedente no era sino la versión derivativa de modelos importados, produciendo acercamientos enfocados en la vida limeña y la experiencia urbana, desde la cual se presentaba lo otro derogatoriamente. La reducción del campo vanguardista a sus clichés y excesos contradice el hecho de que solo a partir de González Prada y con la influencia y apropiación de problemas no hispánicos, como ocurre en las obras de José María Eguren, César Vallejo, Martín Adán, y vanguardistas como Oquendo de Amat, Alberto Hidalgo, Magda Portal o el propio Alejandro Peralta, recién se puede advertir una superación de la actitud que dominaba la literatura peruana de entonces. A esa contradicción agregaría una segunda, en la que es sintomático que la sanción de lo efímero de las vanguardias andinas olvida que esta literatura era producida por actores sociales que accedían por primera vez a la autoría. Por ello, considero que la crítica de la novedad y duración de estos movimientos debe moderarse ante las intersecciones de clase, raza, lugar de origen y posición política que condicionaron la continuidad del Boletín Titikaka (1926-1930) la desaparición más temprana de revistas como Kosko (1924-1925) o Atusparia (1927-1928), la migración forzada del propio Gamaliel Churata en 1932. Incluso el hecho de que Ande (1926) de Peralta o 5 metros de poemas (1927) de Oquendo de Amat hayan tardado tanto en ser reconocidos como textos fundamentales del vanguardismo peruano confirma lo anterior.

Como otros grupos de vanguardia, los miembros del grupo Orkopata habían conseguido para la década de 1920 establecer una minoritaria pero dinámica comunidad supranacional. Los Orkopata mantuvieron agudas y productivas polémicas latinoamericanas sobre el empleo de nuevos lenguajes, temas y acercamientos a la experiencia de diferentes actores sociales ante el avance de la modernidad. Sus manifiestos y revistas evidencian que su imaginación de la vida andina escapa a los clichés del vanguardismo, y demuestran que su antihispanismo es más que una pose, retórica o alianza táctica de sectores entre los que proliferaba el desacuerdo, y a partir de cuyas polémicas se generan posiciones de autor, lectoría e imaginación que modifican nuestra idea de la literatura nacional. Salvo pocas excepciones, los libros de Oquendo y Peralta me resultan menos derivativos de otras tradiciones que el promedio de la poesía peruana anterior a la década de 1920. En ese sentido, la veta indigenista del vanguardismo peruano dirige la atención a lo nacional inatendido en un momento en que lo peruano se definía desde la vida limeña y el contradictorio nacionalismo hispanista y antipopular de las élites. Ante dichas formaciones, Ande escapa a la sistematización crítica y a los hábitos escriturales del periodo al presentar la vida puneña desde una imaginación sacrificial y una visión trascendente de la existencia.

[…]

[Las notas a pie de página han sido omitidas para facilitar la lectura en línea]

José Miguel Herbozo (Lima, 1984). Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es doctor en literatura latinoamericana por University of Colorado-Boulder y profesor visitante en Colorado College. Ha publicado la plaqueta Acto de Rito (2003) y los poemarios Catedral (2005), Los ríos en invierno (Premio Nacional PUCP de Poesía, 2007), El fin de todas las cosas (2014) y Las ilusiones (2019).

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Lucerna No. 9, Poesía

Siete poemas de Brayan Rojas Osores

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990)

Presencia y derrota

Hubo un día en que el día no engañaba.
Luis Cernuda

Me vuelvo contra una estrella negra, mi amor se regocija en diámetros eléctricos, y cada diámetro que hay en ellas las guardan celosas de mi llanto.
Hay en todo esto una metáfora de arcilla que hace notable su derrota, claro es el ejemplo de un áspero cariño que nadie me profesa y su presencia es la promesa de una primavera –a primera vista– separada de lo imaginable.
Temo que el cielo sepa quién es él cuando lo acuse en contra de ustedes. No silbo nombres ni edades que también revelen una sucesión de números en quiebra.
Alguien con labio de mujer alcanzó a decir que me quería, debe ser aquel planeta resucitado que olvidó decir lo que yo debí decir mientras soñaba. Pero se presenta como una fruta amenazante, debo de comerla –pienso– y otra vez se ensarta en esa línea recta que destejo mientras hablo.
Mejor callo, mejor no presumir, tal vez la soledad sepa lo que hace mientras la acompaño. Y la metáfora de arcilla que arrastré hasta aquí entre pensamiento y pensamiento, sucumbe porque no le di la mano.

 

 

 

Escondite de sol

 

He perdido el silencio
el gusto de decir
con estas manos que tejen
y destejen las mismas palabras
con las que se escribe
una carta o se hace un puente
hacia los oídos del viento.

Qué sabio no vive con la verdad
dormida en la boca.

Si debajo del agua, somos
los mismos seres
que al unísono se despiertan
para decirse adiós.

 

 

 

I

Esto es cierto:
Cierro los ojos
limpio el césped lleno de ti
caen tus ojos
llenos de miel
las hormigas saben a mí
el sol es tuyo si pienso en él
no lo espantes
el poema es un insecto lleno de mí.

 

II

Incluso una
promesa
consta de tres partes

incluida en ella
la perplejidad
de los tres
segundos en un tren

 

 

 

Darmer

Discutí sentado el camino de la tristeza

Mientras hablo, mientras levanto
un hombro
para saludarte sin ninguna condición
practico ser el mar
el vómito de ciertas especies que no
te saben bien.
La propia sal me sirve para endulzar los días
que no vienes.
Algunas veces salgo a caminar de puntillas
y a mi regreso
arrastro hacia la orilla toda la arena que no
pude regalarte. Y te imagino con el sol,
recostada sobre aquella playa –donde el amor
no está– para olvidarme.

Practico ser el mar y aquí termino:
los pescadores no saben escribir mi nombre,
piensan que dentro del propio mar
no habita otro mar.
Entonces mientras hablo, mientras
levanto un hombro para despedirme
toco las extremidades que me quedan y
parecen las pinzas de un muerto.

 

 

 

Mejor no es ir al mercado

 

Lo mejor es recibir el abecedario por debajo de la puerta

lo mejor es que sol rinda otros exámenes de conciencia

lo mejor es que el espejo tórnase en agua quieta en nuestro cuerpo

lo mejor es que el pan exceda su textura hacia otras galaxias

lo mejor es un imán de bicicletas: ve de vuelta a casa

ve a casa devuelta: devuelto en un timón de abejas

lo mejor es pensar en el tapete y pintarlo de azúcar

lo mejor es que las hormigas pasen a mi biblioteca a delinear otro libro
con las hojas secas pegadas a su boca

o una cadena de grillos
facsímiles que arden tal cosmopolita lejos de casa

lo mejor es que la educación no se libere de los niños y nos libere árboles-niños

lo mejor es que el gobierno también aprenda en casa

después de soñar en un jardín prestado

lo mejor es desayunar en el almuerzo y cenar misericordias nacionales

lo mejor es que el dinero sea el lugar de las arañas para que al tejerlo no se acabe

lo mejor será recuperar otras interpretaciones: la pandemia es una filosofía de abrazos.

 

 

Florecer buscando explicaciones

 

Ya no soy un niño

pero me cuesta trabajo compartir con Dios el desayuno

y dejar que el corazón de algunas frutas se pierdan en la licuadora

luego fotocopiar el pan y el dinero que no alcanza para curar el cáncer

no sé si el hombre de la casa todavía no ha nacido

no sé si el sol me impida ser un hombre

para comprarle una bolsa de té a las mariposas que nos sanan de la primavera que no está

tener treinta años de árboles y cuatro ojos de bosque

y un concierto de ardillas que permití colar a mi capa de ozono para boicotear el invierno

el café me ha dejado ciego

el gato me ha curado de los perros

el elefante a repetir los consejos de mi madre

el perro a ser de mí una constelación lejana

al cerdo adaptarse para siempre a mi mano derecha

al arcoíris oír decir de mí que soy un escarabajo con cabellos

a mi hermana que toma la vida en serio por alguna parte

le ofrezco estas pobres reliquias.

 

 

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990). Estudió Lengua y Literatura en la Universidad San Luis Gonzaga de Ica. Dirigió la revista literaria Algamaris. Figura en la antología de la poesía iqueña Poetas en la Arena (2017). Obtuvo el Primer puesto del concurso de Poesía, organizado por el XIII Congreso Nacional Lingüístico Literario Juan Donaire Vizarreta y el V Congreso Internacional Antonio Gálvez Ronceros (Ica, 2016). Sus poemas han aparecido en revistas como Lucerna. Ha circulado diversas plaquettes. Actualmente ejerce la docencia y prepara su primer libro.

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Poesía

Cuatro poemas de Hilsa Rodríguez

Hilsa Rodríguez (Trujillo, 1994)

Perturbación

Hoy he soñado con un monstruo
Hoy he soñado que mi padre ha hecho el amor conmigo
Me ha acuchillado las vértebras y los ojos
Se ha acercado
y su voz me ha dejado grietas
me ha tocado las piernas
y se ha introducido en mí.
Mi madre ha muerto en ese hueco
y mi hermana
está durmiendo en los brazos
de un hombre raquítico.
Hoy he soñado
que he matado a mi padre.
El único problema es que su alma me persigue constantemente.

 

Teratofobia

No soy un monstruo.
Acaricio y amo
como si en mí
no existiera una criatura salvaje.
Como si en mí
no existiera un rostro lleno de grietas
como si en mí
el tiempo no existiera en mis dedos viejos
No creas que soy un monstruo.
Pertenezco
A esta casa
A estas paredes de mi cuarto
A este dolor
Por eso converso con el tiempo
Y lloro
Y aprendo a tener miedo
De mí misma
Como si en mí
no existiera este abismo que me asfixia
lleno de pájaros negros
en este oscuro
absurdo
corazón roto.
No soy un monstruo.
No creas que soy un monstruo.

 

Eclosión

Para desmembrar mi cuerpo
y convertirlo en una mujer
voy a enterrar en él
la angustia
el olor de los encuentros
y el pan de las siete de la mañana
Y entonces
despertaré
del letargo
y de la amargura del espejo
Para desmembrar mi cuerpo
Y convertirlo en una mujer
Voy a coser un botón en forma de ira
cerca de tu pecho
Voy a inventar el llanto de los niños
y la acidez del limón
Voy a afilar los cuchillos
y remendar mi propia miseria
Aquella que galopa constante
en estas paredes
en estos silencios
Para desmembrar mi cuerpo
y convertirlo en una mujer
Voy a olvidar las llamadas telefónicas
reprochándome
Si aún la vida es fácil
Si aún existe un adiós
Para desmembrar mi cuerpo
Y convertirlo en una mujer
Voy a cortar las zanahorias
En pequeños trozos
Para convertirnos en un pedazo de polvo
Llamado eclosión

 

Poesía

La poesía se adueña de esta casa:
Ya ni esta coraza aguanta tantos golpes
Ya no cubren el dolor estas arañas
Si los sueños son costras negras
Llenas de mentiras
Si de tu boca ladran lagartijas
Que ahogan la tierra
Y que le mienten a tu boca con otra boca.
El ruido aumenta
Y lo destruye todo:
El tiempo, las estrellas
Mientras aquí
Esta casa
Se adueña de los malvados
De los moribundos y de los poetas
La poesía se adueña de esta casa
La poesía se transforma en un puño
y algún día podrá matarnos.

 

 

Hilsa Rodríguez (Trujillo, 1994). Egresada de la Universidad Nacional de Trujillo – Mención Lengua y Literatura. Docente. Ganadora de la Convocatoria Poesía Hembra II (2016). Ganadora de la convocatoria en las categorías Relato y Fotografía de la revista El Bosque, número 9 (2016). Mención honrosa en el Concurso Nacional de Cuento y Poesía – Huauco de Oro, de Sucre, Cajamarca (2017). Participó en la Feria Internacional del Libro de Trujillo (2017) y en el VIII Festival de Poesía de Lima (2018).

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Lucerna No. 5, Poesía

Tres poemas de Luz Ascárate

Luz Ascárate (Callao, 1989)

Silencio

A veces el silencio es algo distinto a la ausencia del ruido.
No es una voz que calla o el final de una frase.
Es un ojo que mira fijamente y en su órbita
un mundo extraño y nuevo se constituye, toma forma.
Voronca

detrás de los cerros
el pishtako
se alimenta como una máquina
ruidosa ignota colosal
de nuestros sueños

donde la tierra es toda mala y olvida
gritamos a veces
pero nadie nos escucha
nadie ya nos quiere y abraza
hemos olvidado a nuestra madre
y el lenguaje de las piedras

el pishtako
dice que sólo somos ruido

cuando nos encuentra de noche
nos llama ruido
cuando camina por las calles
y sube a sus edificios
y prende su máquina de nombrar
cuando nos encuentra
nos llama ruido

ruido ven para darte nombre y voz
nos dice
y al instante nos destaja

cuando nos encuentra de noche
y nos da nombre
cuando pasea armando calles
tras los cerros

así hemos vivido jóvencita séñorito
hablando al silencio

evocándolo
como se evoca lo que
al no conocerse
se necesita y aclama
 
la cara me la quemaron toda
no encontré mi familia
 
gritando al silencio
como lo que yace
en donde no se mira
lo no mentado
 
esta es una reunión privada no puede pasar dice
y me desgajaron el vientre
desde entonces ando en silencio

como lo que yace en lo presente
gritamos al silencio
en el ahora presente
que es siempre oculto
en el antes y el después
en el más nunca y el aquí

y al silencio
el relato de nuestros llantos

en los cerros más altos
en sus rocas más grandes
donde se esconde

el pishtako
su
«expresión mística
es un estímulo más del pensamiento» (Novalis)
y por eso
gritar al silencio
y al silencio

porque del silencio aprendemos
y cuando al silencio volvemos
porque tenemos miedo
únicamente cuando el miedo es hermoso
el silencio nos descansa

nuestra colección de recuerdos tristes y
«toda verdad es antiquísima» (Novalis)
en el silencio.

 

 

Legión

nuestras voces eran puro ruido
hemos aprendido a ser enjutos
simples
para ser escuchados
hemos silenciado nuestros colores
vivos
nos hemos disfrazado de tus
cadáveres
y a la vez de tus pishtakos
nuestro amor se ha configurado en torno a la
ausencia
amamos lo que ya no está
amamos lo muerto

por mucho tiempo
nos han soñado individuos
pero somos
fragmentos
que reposan
en lo que es
lo más particular

búscanos en tus uñas sangrantes
en la voz de tu conciencia
al interior
de la imagen sesgada
en fragmentos irreconciliables

nos dijeron con expresiones felices
silencio aporía paradoja
pero somos ruido y evidencia

las explicitaciones suturan al sentimiento
eso ya lo hemos aprendido
así como el simple ser
un intercambio
un lugar fijo
un tiempo dado
un trofeo
un compartimento enjuto
la privación
la no excelencia
la búsqueda insaciable
somos legión y ya no hay dios para salvarnos

 

 

I

 

la violencia de las cosas es la inamovilidad
percibir la inmovilidad de las cosas es una acción violenta

tú guardas el secreto de las cosas
como una historia a descubrir
y ocasionalmente a cuidar

para aligerar el espíritu hay que recurrir al movimiento
huir de las decisiones inmóviles

tú temes que tu vista hiera cualquier atmósfera
ablandas por eso el corazón

yo creo que una gran fortaleza protege un paisaje borroso
y que la violencia de las palabras traduce la violencia de las cosas

tú recoges sus colores
marfil, naranja

los vidrios prolongan la quietud de los estantes
y sus libros, tu mundo mágico

en todo lo que acoges en el vientre siempre estuvo presente
–como un fantasma–

–en el perfume de las cosas–
–en los árboles que pasean lejos–

aquel pishtaco cuya partida coleccionas una vez más
aunque ya no haya de donde asirse
o mirar

porque tú guardas el secreto de las cosas
su devenir

y yo transcribo con nombres y promesas
su violencia

 

 

Luz Ascárate (Callao, 1989). Es docente de la universidad París I Panthéon-Sorbonne y está calificada a las funciones de maître de conférences en filosofía en la campaña 2020 del CNU de Francia. Es doctora en “Filosofía y ciencias sociales” por la PUCP (Lima) y la EHESS (París), bajo la modalidad “cotutela”, con una tesis sobre los conceptos de imaginación y emancipación en la filosofía de Paul Ricoeur. Realiza actualmente una tesis en ontología fenomenológica en la universidad París I Panthéon-Sorbonne. Ha publicado poemas y artículos académicos en revistas diversas, así como contribuciones en libros colectivos. Sus publicaciones se sitúan en la intersección de la fenomenología hermenéutica y de la filosofía social. Estos poemas serán parte de su primer libro La redención del pishtako o la máquina del movimiento perpetuo, de próxima publicación.
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Lucerna N° 12, Poesía

Porque te han muerto. Dos poemas de César Calvo a Javier Heraud

[En la sección de rescate literario de Lucerna N°12, reproducimos de manera facsimilar dos poemas de César Calvo dedicados a Javier Heraud, uno de ellos inédito hasta esta edición. El rescate y la presentación están a cargo de Manuel Barrós, estudioso de la obra de Calvo.]

[Extracto del texto de presentación]

[…]

Para César Calvo (Lima, 1940), gran amigo de Javier, su muerte fue más que un dolor pasajero: se erigió como una pregunta intermitente que hizo acto de presencia en distintos momentos de su producción artística. César fue una de las personas más cercanas a Javier y compartió con él importantes experiencias de vida: recitales y caminatas con amigos en común; el entusiasmo por la Revolución Cubana y por el ELN; el primer puesto en el concurso Poeta Joven del Perú de 1960 y un poemario al alimón, Escrito a dos voces (1961). Por eso, como ejemplo es muy elocuente la emotiva honestidad con la que César compuso y grabó para su amigo la canción “Para un gorrión caído”, que pertenece a Poemas y canciones (1967). Con esa misma desnudez, pero a muy poco de la muerte de Javier, los dos poemas que aquí se dan a conocer registran las primeras manifestaciones del mismo pesar.

Estos dos poemas, fechados en 1963, muestran dos momentos del duelo de César por la muerte de Javier. El primero, en verso y de mayo mismo, se presenta como una letanía marcada por la intensidad del lenguaje. En parte por la proximidad de la noticia. En parte por la urgencia con la que la escritura documenta un primer y doloroso desahogo. A su vez, el segundo poema —en prosa— muestra una laboriosa calma y la estoica quietud de quien rememora al amigo asesinado. Al estar fechado en agosto, es significativo que presente una serenidad que contrasta con el primer poema. Y en conjunto, ambos dejan entrever el estilo de Calvo a los veintitrés años: entre otros rasgos, el relieve personal de lenguaje, la influencia de Vallejo, los sentimientos del tiempo y de la justicia social.

[…]

Manuel Barrós (Lima, 1993). Sociólogo, traductor, investigador y editor. Se licenció en sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú con la tesis La trayectoria artística de Perú Negro: la historia, el teatro y lo afroperuano en su periodo fundacional (1969-1975). Desde 2016, es coeditor de la revista literaria Diente de león. Ha participado en eventos académicos y literarios en Argentina, Brasil y Chile. Ha publicado la traducción Doce nocturnos de Holanda (Ediciones Andesgraund, 2016) de la poeta brasileña Cecília Meireles en Santiago de Chile.

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Poesía

Tres poemas de Cristhian Briceño

Cristhian Briceño  (Lima, 1986)

Ted Hughes se casó con Silvia Plath en 1956 y fueron a vivir a E.E.U.U.

«Pasifae alumbró
Con un abrazo
La oscura piel del toro».

Al entrar a aquel cuarto
—Compacto enjambre de langostas—
Avivamos un pálido candil.

Entonces pudimos contemplarnos.

Me vino a la mente lo de Pasifae.

Se puede decir que ambos
Nacimos de esa conjunción
Entre luz y obscuridad.
Así también el Minotauro,
El finito valle de lo existente.

 

 

Nota: Una vez en E.E.U.U. Plath y Hughes se dedicaron a impartir clases en distintos colleges universitarios y volvieron a Inglaterra en 1959. Primero se instalaron en Londres, y más tarde, en 1961, se fueron a Devon. Plath se suicidó en Londres en un frío febrero de 1963, un mes después de aparecer con seudónimo en Inglaterra su novela The Bell Jar (Un error del poema es suponer que la piel del toro que copuló con Pasifae es oscura, cuando, según el mito, se trataba de un toro que poseía una blancura inusual, divina).

(De Breve historia de la lírica inglesa)

 

 

XXV

 

El futuro de un galeote es seguir siendo un galeote.
Un galeote no es atlético como Charlton Heston en Ben-Hur.
Los galeotes no tienen relojes que indiquen la hora de su muerte, ni salvavidas, ni cuencos de plata donde puedan depositar el agua salada que brota de sus oídos y narices.
Hay un dicho popular entre los galeotes: «Asegúrate de estar vivo antes de acostarte. Asegúrate de estar muerto antes de morir».
Los galeotes no tienen tiempo de llenar formularios pidiendo mejoras en su dieta diaria.
Si hay luna llena, ningún galeote se convertirá en hombre-lobo, pero es posible que se ponga a llorar sin causa aparente.
Y los galeotes siempre llevan la espalda tatuada de arroyos.
Pero no hay un solo día en que un galeote no recuerde su patria y las delicias de dormir sin sueño.
Si las tripas de un galeote se confunden con sus costillas, éste habrá llegado a su madurez.
Pero el galeote no es un ser atlético (creo haberlo dicho, no es Charlton Heston), con lo cual sobrevivirá todo el tiempo que su buena suerte se lo permita.
Un galeote es su propio dentista.
Un galeote es su propio psicoanalista.
Un galeote es su propio jardín y fuente y pajarito.
Un galeote es su propio dios.
El hábitat del galeote no es la galera sino su fatiga crónica.
Los galeotes nunca dan la mano, a menos que vayan a tomarles el pulso.
La muerte de un galeote repercute en una sola cosa del universo: la velocidad de la embarcación a la que sirve.

(De La trama invisible)

 

 

XLII

 

Pienso un argumento que es, a la vez, la continuación de El hombre menguante. El protagonista se hace pequeño, casi del tamaño de un intersticio en el cristal, aunque él sigue creyendo que no existe nada tan pequeño como para no ser percibido por Dios. A partir de entonces, su decrecer constante lo lleva a niveles inexplorados de la materia, tal si fuera un biólogo marino inhumándose en las aguas del océano y buscando lo nunca hallado. Pues pasemos las medidas de moléculas, átomos, quarks, etc. ¿Qué hay luego de todo esto? Imaginemos una inversión de este estado, una inversión aparente, como casi todo en el universo percibido. P. ej., lo colosal del tamaño humano para una pulga, pero lo ínfimo que puede resultar para una estrella enana. Nuestro protagonista, entonces, llega a un nivel inapreciable donde pasa de ser nada a ser un gigante —en comparación, digamos, a unas bacterias encaramadas en sus hombros—; luego es menos que nada —es decir, es algo infinito como un paso de la tortuga eleática—, para tornar otra vez a una dimensión colosal, pero invariablemente relativa. Hay una fluctuación en sus estados que me lleva a pensar en la ironía de la realidad. Pronto doy con un impedimento para mi relato, algo evidente, incuestionable, impostergable. En algún punto, el organismo del protagonista se hace tan ínfimo que puede ver ante sus ojos las moléculas de oxígeno flotando como pelotas de golf, de cricket, luego se hacen balones de fútbol, más tarde son globos aerostáticos, después praderas, pequeños mares, inmensas dudas, el plomo irrespirable, la asfixia total.

Aunque no debemos descartar una rápida evolución o el suicidio y la risa.

(De La trama invisible)

 

 

Cristhian Briceño Ángeles (Lima, 1986). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado los poemarios Breve historia de la lírica inglesa (2012) y La trama invisible (2013), y el libro de relatos La literatura en Alaska (2013). En 2012 se hizo acreedor del primer lugar por el relato “Fiebre” en el concurso “El cuento de las 1000 palabras”, organizado por la revista Caretas. En 2013 obtuvo el Copé de Plata en la XVI Bienal de Poesía del Premio Copé, con el libro La comedia inmóvil. Ha sido incluido en El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 y en Poetas que cuentan. Muestra de relatos peruanos (1913-2013). Sus textos de ficción han aparecido en revistas del medio local como Buensalvaje, El Hablador y Lucerna, y en revistas extranjeras como Revista de Poesía (Venezuela) y Luvina (México). Estudió una Maestría en Literaturas Extranjeras y Literaturas Comparadas en la Universidad de Buenos Aires.

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