Poesía

Tres poemas de Cristhian Briceño

Cristhian Briceño  (Lima, 1986)

Ted Hughes se casó con Silvia Plath en 1956 y fueron a vivir a E.E.U.U.

«Pasifae alumbró
Con un abrazo
La oscura piel del toro».

Al entrar a aquel cuarto
—Compacto enjambre de langostas—
Avivamos un pálido candil.

Entonces pudimos contemplarnos.

Me vino a la mente lo de Pasifae.

Se puede decir que ambos
Nacimos de esa conjunción
Entre luz y obscuridad.
Así también el Minotauro,
El finito valle de lo existente.

 

 

Nota: Una vez en E.E.U.U. Plath y Hughes se dedicaron a impartir clases en distintos colleges universitarios y volvieron a Inglaterra en 1959. Primero se instalaron en Londres, y más tarde, en 1961, se fueron a Devon. Plath se suicidó en Londres en un frío febrero de 1963, un mes después de aparecer con seudónimo en Inglaterra su novela The Bell Jar (Un error del poema es suponer que la piel del toro que copuló con Pasifae es oscura, cuando, según el mito, se trataba de un toro que poseía una blancura inusual, divina).

(De Breve historia de la lírica inglesa)

 

 

XXV

 

El futuro de un galeote es seguir siendo un galeote.
Un galeote no es atlético como Charlton Heston en Ben-Hur.
Los galeotes no tienen relojes que indiquen la hora de su muerte, ni salvavidas, ni cuencos de plata donde puedan depositar el agua salada que brota de sus oídos y narices.
Hay un dicho popular entre los galeotes: «Asegúrate de estar vivo antes de acostarte. Asegúrate de estar muerto antes de morir».
Los galeotes no tienen tiempo de llenar formularios pidiendo mejoras en su dieta diaria.
Si hay luna llena, ningún galeote se convertirá en hombre-lobo, pero es posible que se ponga a llorar sin causa aparente.
Y los galeotes siempre llevan la espalda tatuada de arroyos.
Pero no hay un solo día en que un galeote no recuerde su patria y las delicias de dormir sin sueño.
Si las tripas de un galeote se confunden con sus costillas, éste habrá llegado a su madurez.
Pero el galeote no es un ser atlético (creo haberlo dicho, no es Charlton Heston), con lo cual sobrevivirá todo el tiempo que su buena suerte se lo permita.
Un galeote es su propio dentista.
Un galeote es su propio psicoanalista.
Un galeote es su propio jardín y fuente y pajarito.
Un galeote es su propio dios.
El hábitat del galeote no es la galera sino su fatiga crónica.
Los galeotes nunca dan la mano, a menos que vayan a tomarles el pulso.
La muerte de un galeote repercute en una sola cosa del universo: la velocidad de la embarcación a la que sirve.

(De La trama invisible)

 

 

XLII

 

Pienso un argumento que es, a la vez, la continuación de El hombre menguante. El protagonista se hace pequeño, casi del tamaño de un intersticio en el cristal, aunque él sigue creyendo que no existe nada tan pequeño como para no ser percibido por Dios. A partir de entonces, su decrecer constante lo lleva a niveles inexplorados de la materia, tal si fuera un biólogo marino inhumándose en las aguas del océano y buscando lo nunca hallado. Pues pasemos las medidas de moléculas, átomos, quarks, etc. ¿Qué hay luego de todo esto? Imaginemos una inversión de este estado, una inversión aparente, como casi todo en el universo percibido. P. ej., lo colosal del tamaño humano para una pulga, pero lo ínfimo que puede resultar para una estrella enana. Nuestro protagonista, entonces, llega a un nivel inapreciable donde pasa de ser nada a ser un gigante —en comparación, digamos, a unas bacterias encaramadas en sus hombros—; luego es menos que nada —es decir, es algo infinito como un paso de la tortuga eleática—, para tornar otra vez a una dimensión colosal, pero invariablemente relativa. Hay una fluctuación en sus estados que me lleva a pensar en la ironía de la realidad. Pronto doy con un impedimento para mi relato, algo evidente, incuestionable, impostergable. En algún punto, el organismo del protagonista se hace tan ínfimo que puede ver ante sus ojos las moléculas de oxígeno flotando como pelotas de golf, de cricket, luego se hacen balones de fútbol, más tarde son globos aerostáticos, después praderas, pequeños mares, inmensas dudas, el plomo irrespirable, la asfixia total.

Aunque no debemos descartar una rápida evolución o el suicidio y la risa.

(De La trama invisible)

 

 

Cristhian Briceño Ángeles (Lima, 1986). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado los poemarios Breve historia de la lírica inglesa (2012) y La trama invisible (2013), y el libro de relatos La literatura en Alaska (2013). En 2012 se hizo acreedor del primer lugar por el relato “Fiebre” en el concurso “El cuento de las 1000 palabras”, organizado por la revista Caretas. En 2013 obtuvo el Copé de Plata en la XVI Bienal de Poesía del Premio Copé, con el libro La comedia inmóvil. Ha sido incluido en El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 y en Poetas que cuentan. Muestra de relatos peruanos (1913-2013). Sus textos de ficción han aparecido en revistas del medio local como Buensalvaje, El Hablador y Lucerna, y en revistas extranjeras como Revista de Poesía (Venezuela) y Luvina (México). Estudió una Maestría en Literaturas Extranjeras y Literaturas Comparadas en la Universidad de Buenos Aires.

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Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Fabiana Caballero

Fabiana Caballero (Lima, 1992)

Tu cuerpo infinito

Veintisiete años;
Y sólo entonces descubres que llevas una galaxia dentro,
en el nacimiento de tus planetas internos.
Adentro, muy adentro,
Llena de constelaciones de sangre,
de noches fragmentadas sin sueño,
de nebulosas tibias.

De niña temías al infinito y sus tinieblas.
Pero, ya hoy, ¿puedes temer al infinito de tu cuerpo;
a la infinitud de tu cuerpo perverso y coloso,
De tu cuerpo secreto de estrellas muertas,
De tu cuerpo devoto y cósmico,
De tu cuerpo celeste, que se pudre y se plaga
De materia oscura,
de vacío lunar
silbante y demoledor?

Sólo entonces descubres que llevas una galaxia entre las piernas,
Entre las entrañas de tu vientre solar,
En el camino astral hacia tu garganta de fuego eterno,
En tu boca espacial, que a veces calla, a veces, gime.
Calla entre lluvias de lunas sangrantes.
Enmudece brutalmente ante la indiferencia,
La indiferencia
del avance de la oscuridad de tu cuerpo infinito,
Que abruma, que oprime palabras.
Y gime descomunalmente, a las anchas de su órbita perpetua.
Y el grito no es siempre mudo, a pesar del eclipse.
Así que te aferras a las galaxias de tu cuerpo nocturno.
Tú, tu propio cuerpo, tú misma,
Supernova en explosión,
Supernova que se expande y que gime de placer,
Supernova que se expande y que gime de pesar.
Supernova avasalladora, infinita tú y tu universo
De cuerpo galáctico, grandioso, inmenso.

 

 

 

Eterno sueño

Las carcajadas frías.
Los hilos que desgarraban.
La tinta azabache que emanaba de sus entrañas.
¿Se había esfumado todo al despertar?

La neblina posábase en su cabeza.
El desasosiego acariciaba su tez,
Y una sinfonía oscura

enredaba sus dedos y se aferraba a sus rodillas.
“Sé mi mañana…”

Y sí, era absurdo:
La nebulosa azul,

el amargo en la lengua,

el sabor a sangre,
y las melodías,
danzando como mariposas macabras, en el viento.
“Ella no teme huir…”

Absurdo, este eterno sueño.

 

 

 

Beso celeste

Emanas un hálito celeste, de sabor dulce, profundo.
Tu hálito se expande, crece,
Se propaga a la velocidad de mil incendios verdes por segundo
Y se filtra a través de los resguardos de mi boca.
Las ranuras entre los dientes, finísimas,
El surco bajo la lengua,
Los ríos de cálida lluvia tras los labios,
El nacimiento y el final de mi garganta…
Toda mi boca respira, en fin, tu aliento.

 

 

 

Fabiana Caballero Talavera (Lima, 1992). Estudió año y medio en la Facultad de Arte y Diseño de la PUCP en la especialidad de pintura. En 2012 se cambió a la carrera de Literatura Hispánica. En 2016 participó junto con otros alumnos de la PUCP en un proyecto para la recolección de tradiciones orales de la comunidad de Sacsamarca en Ayacucho. En 2017, participó en el Primer Congreso Latinoamericano de Tradición Oral. Perteneció al círculo de estudios japoneses Tenjin, a través del cual realizó ponencias sobre el anime como espacio de crítica social y sobre estética japonesa. Actualmente trabaja en el área de Colecciones Especiales de la Biblioteca PUCP catalogando la Colección Javier Heraud y da clases de cuento ilustrado a niños y niñas en el taller “Déjame que te cuento”.

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Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Liz Matta Durán

Liz Matta Durán

si miro a través de la boquilla de la aguja podría ser que el ojo de mi amado reventase
y podría ser que la raíz cuadrada perfecta no lo fuera
entonces su labio púrpura mordería el número que se eleva al infinito
Yo no habría fugado
Mis manos estarían mojadas de tristeza

dijo mi madre zurcir zurcir

Pero mi amado habría ido a roma
y sobre roma una langosta blanquísima como las piernas de Rosalina
ardería una llama sagrada
y ellos sonreirían

 

 

 

| la garganta que es nueva y luminosa según especificaciones de la caja |

para paladear la luminaria verdísima de las palabras cuando gorgoteen sobre la lengua fría a las lenguas del viento a las lenguas de todos
los animales que por las mañanas rezan y cagan y mascan la
hierba verde o el heno recién fresco pero viejo
la lengua calentará al viejo caballo de patas de bronce allá a lo lejos
a través de una sonda marina
una boca se abrirá sórdida y grave como la
llamada última de la especie y
sus labios serán mis labios
cuando enfrente
todo lo verde y
todo lo ancho
y el cielo horrible se despeje
sobre las pálidas luces de las casas allí arriba
y ellos no estén
porque estarán bailando la gran fiesta
en un barrio chiquito, pero más dulce que el nuestro
se abrirán todas las verjas y sus hadas
la gran bailarina borrará su beso de mi
frente
| nunca
todo |lo|verde|nunca| besa |el color
verde| |todo | |verde|

 

 

 

Cualquier guarida es buena siempre que haya lumbre contra |_________|

    Inserte palabra para describir desolación en abstracto.

La soledad se colaba por los poros del humano de los 2000′ y no había lumbre. La luz eléctrica dominaba las casas montadas en ladrillo.
La soledad era un perro mecánico mordiendo al hombre del 2000′ y aún no se inventaba nada parecido al cuánticopoema.
Todo hombre vibraba en silencio para no llorar en abstracto.
    Inserte teoría del cuánticopoema.
La revolución era un perro mecánico.
La descripción del abstracto se confundía con el cuánticopoema.
    Inserte teoría del salto al hiperespacio del primer hombre que pensó en el abstracto y mató al primer hombre para dar paso al cuánticopoema.
|_la lumbre tibia en la guarida_| como pintura rupestre en un computador.
Los niños juegan a la guerra, primer .jpg hallado, la no evolución de la pintura. Punto cero. Los niños juegan html perenne en la pantalla negra   punto cero en la evolución
    Inserte teoría de La inexistencia del niño es la existencia del hombre abstracto o El punto muerto del niño bajo la lumbre LÍRICA DE UNA PINTURA RUPESTRE EN JPG.
El cuánticopoema   el primer fragmento de átomo se dora bajo la lumbre y piensa   Soy un cuánticopoema, mi nombre es Luz/ Entra por la retina del hombre en abstracto {…}

 

 

 

Liz Matta Durán. Vive en Ica. Ha publicado sus textos en distintas revistas y reunido en plaquetas de autoedición. En 2017 publicó La psicoputa. Es activista de los derechos de los delfines y las tortugas ecuestres.

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Poesía

Tres poemas de Maggie Oré

Maggie Oré (Cusco, 1993)

HORA DE RECOGER LA BASURA

entre esto y lo otro
del estío pronto
hidrópicas, las bolsas de basura
se desangran:
se abren papeles en volteretas
siguen volando los más superfluos
y noramala, de a pares, unos ojos negros se asoman
pedigüeñas las lagartijas pequeñas
de tesoros augurados por la manada:
tiros artificiales de a dos por un sol
la flor de cristal siempre es encontrada

caminan entre la maleza plástica
siluetas pequeñas
lunares morenos
rotos sus dientes y su infancia

se agazapan los buitres pequeños
escarban en la pobreza
con sus picos de azúcar y ají
a rescatar del naufragio azulejos
un lápiz, una moneda
un poco del mundo que no es de por aquí

aúllan las lagartijas, ríen poderosas
para ocultar las ojeras y
los mocos caliginosos

Viene el carro de basura
con el dulce revoloteo de las bolsas
torbellinos de porquería
tantum ergo para los roedores
que olvidaron ser niños

son inmunes a las alergias
las enfermedades el gobierno las ongs
hacen casas de llantas de calaminas
de hambre que suple las risas

el frio
es el resorte de sus subibajas

 

 

 

MIS MEDIDAS

Estas son mis medidas:
estrecho es mi cuerpo
para esta hostilidad ofuscada
revisten mi humanidad los periódicos
de grandes me duelen las caderas
por tanto parir esperas
pequeños pifiadores mis ojos se duermen
sin siembra antelada

hay días en los que estoy seca,
tan secos mis labios ocultos que
solo me queda hablar del clima
o de la chamuchina

mi boca bolacera
dice que todo se anida en mí
pero en mi crencha
no hay pájaros ni faenas

mis largas piernas,
tahúr en las tarimas de mirones
ocultan el arrabal que sujetan
y no quepo
en mi pecho baldón
mientras el órgano late en otra habitación

no sé si soy pequeña, inhabitable
o incontenible, casi inexistente

me calzan minúsculas las respuestas que visto
y soy el Sphairos redondo
mi centro está aquí
y allá

 

 

 

HACE EL HACEDOR

1. Las venas nacen en ríos

debajo de la manta cerúlea

mantas más mantas

2. Entroncados los huesos

para formar un cuerpo

3. Dirigible (mal augurio)

enganchado por la nuca

4. Se convierte el oro en sal

para suturar las llagas

5. En las cuencas

dos tiros

para que los niños jueguen

a las carreras

6. Los dientes de perlas

corren prestas

hacia el canto

7. Enturbiado el cabello

 

Te creo, criatura.

 

 

 

Margarita Oré Velarde (Cusco, 1993). Artista escénica y bachiller en derecho. Participó en el Festival de Poesía Enero en la Palabra de Cusco, en 2018. Ha publicado poemas en la revista Verboser (2018 y 2019) y en la revista digital La Cápsula Etérea (2019). Actualmente escribe un poemario.

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Lucerna No. 4, Poesía

Tres poemas de Ethel Barja

Ethel Barja (Huanchar, 1988)

Estrépito

visión de junco
todo claro
erizados los cuatro costados del asfalto
el sonido
fuego en expansión
va hacia el fondo violáceo del agua
donde cae el grito caliente
lugar donde se escarba y renacen las uñas

mientras aquí repasamos la calle
sin distinguir cómo la hora golpea sus paredes
los reflejos procrean reflejos
raíces de azogue en el tronco cercano
rostros que devoran rostros
visión nublada
cincelados los pasos al borde de la ceguera
solo la voz del fondo enciende el farol de la frente
filamento frío detrás de cada músculo
y el pie siega transversalmente el espacio
templados movimientos hacia el estallido inaudible
ingresas al mar hasta las rodillas
y eso no basta para tener miedo
no es suficiente para besar la costra
no basta para encontrar esa red en el agua
ni para sostener con el pecho el cardumen
ni pronunciar su marcha precisa
ni para acariciar su superficie hambre
no basta para entrar en la desaparición
no basta para masticar de una vez
lo que el aullido hace crecer bajo su sombra
ni para bordear sigiloso el vestigio
ni ponerlo a hornear para engullirlo
de una vez y para siempre
no basta, y hay que sumergirse solamente
hasta no escuchar ni un solo graznido en la costa
solo el ojo del remolino
solo su voz en crecimiento

Publicado en Revista Lucerna N°4 (2013)

 

 

Volveremos como el peso del día,
como lo que regresa en otra densidad
a calzarnos de polvo,
a emprender esa cuesta.
Las piedras otra vez piedras y más.
Tocaremos su extremo preciado
las sumaremos a estos botines
multiplicados en nuestras espaldas.
Entre estos dedos pequeños
el musgo se elevará a otra materia
al son de nuestro canto imperturbable,
guía de la expedición entre las ramas.
Volveremos a los usos y costumbres
de la reconstruida capital de aquel país remoto,
donde llegamos, delimitamos, nos raspamos las rodillas
y nos detenemos a consolar al más pequeño.
Nuestra madre vendrá y medirá nuestro territorio
y la veremos tomarnos uno a uno de la mano
y un poco de leña para abrigar la noche
y un poco de oscuridad para encender el pecho.

De: Insomnio vocal (2016)

 

 

Día 15

La niebla devora el espacio.
Travesía invertebrada:
Los bordes han huido.
Ni Blanco sobre blanco,
ni círculo negro en el aire.
La turbulencia en la gramática
del ojo
nos lleva al precipicio de las cosas,
a sus vapores, a su cauce, a su vértigo,
a su disco sin cielo
a esa rueca
que respira en el naufragio
dentro y fuera del mar rojo
la voz grave en el carbón
las velas ensimismadas
mis venas bendecidas
en alcohol ultramarino
allí entierro estas branquias
mi pulso anterior
mis escamas
racimos de la duda
se embriagan mar adentro.

De Travesía invertebrada (2019)

 

Ethel Barja Cuyutupa (Huanchar, 1988). Es autora de los libros Trofeo imaginado entre dientes (2011), Gravitaciones (2013), Insomnio vocal (2016) y Travesía invertebrada (2019) por el que recibió el Premio Cartografía Poética 2019 (Perú) organizado por Lumpérica Cartonera. Su escritura ha sido incluida en Voces al norte de la cordillera: Antología de voces andinas en los Estados Unidos (2016) y en las revistas Hostos Review, Los Bárbaros (EE.UU.), Stadtsprachen Magazin, Madera, alba.lateinamerika lesen (Alemania), Lucerna (Perú) entre otras. Es licenciada en Lingüística y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú y maestra en Literatura Hispánica por la Universidad de Illinois en Chicago. Actualmente, vive en Providence (EE.UU.), donde estudia un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad Brown.  Ver más en http://www.ethelbarja.com

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Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Sandra Ferrándiz

Sandra Ferrándiz (Lima, 1996)

Geometría del espacio

Antes de cumplir los 20 nadaré cerca del fuego,
soñaré con todas las figuras del cuerpo
desde la línea hasta la luz.
Seré el tibio error de las formas,
las simétricas moléculas saben que se tuercen
al llegar a la rama,
al llegar a la vida.
Tendré estrellas
y planetas dibujados en mi cuarto.
Animalito que te quieres formar,
eres un triángulo a lo lejos.
Mío, todo el espacio es mío.

 

 

 

Todas las mañanas se te anuncia una muerte antigua

                            

hoy es tu último día,
un dedo pasa sobre tu rostro empolvado formando una línea chueca,
una lágrima,
por donde logras ver
violentamente
los paisajes de tus sueños.

donde alguien grita desesperado: muerte a imaginar

cuando la noche termine,
los rayos del sol golpearán tu cara, el día te arrastrará a su rutina limeña
perderás tus dedos,
perderás tu mente,
perderás tus sueños

y una última lágrima bajará
suavemente
por tus días
perdidos

 

 

 

Parece que alguien no amó

Ni a los hombres, ni a las mujeres

de este país

Lo suficiente para construir una ciudad:

Estabas maltrecho y herido, pero debías ir en bus.

Estabas golpeado por el trabajo rutinario de oficina,

por tu trabajo ambulatorio de vendedor de fósforos por unidad.

Pero debías ir en bus cuando el día se terminara.

Te hacía falta un lenguaje y un color:

Pero debías ir en bus.

(A)sentarte en un no-país. (A)sentarte y vivir.

 

Colocarte en el lugar que te impusieron: así la historia te es indiferente.

Te faltaba un brazo, pero nadie te dio asiento.

Traías el rostro ardido por la desgracia, pero nadie te observaba.

Una esquirla de carbón en vez de una ciudad,

el recorrido por sus calles es el comienzo de los ataques de pánico

que humean tu mente,

mientras observas por la ventana sucia

y tus ojos son solo el reflejo oscuro que traspasa el tiempo velozmente,

y tus ojos son los de ese hombre que gritó que nadie lo quiso nunca,

que pidió el asiento porque no tenía ni piernas, ni dedos, ni pulmones.

 

Pero no.

 

La historia te es indiferente por eso respiras y estás en Lima.

 

 

Sandra Gabrielle Ferrándiz Espadín (Lima, 1996). Estudió Comunicación en la Universidad de Lima. Ocupó el primer puesto en los Juegos Florales de poesía de su centro de estudios y obtuvo una mención honrosa por su poemario Geometría del espacio en los XXII Juegos Florales de la Universidad Ricardo Palma. Ha sido redactora del medio periodístico de su universidad y actualmente forma parte del colectivo literario Verboser.

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Poesía

Tres poemas de Laura Rosales

Laura Rosales (Lima, 1989)

Edda

Ella golpea los bosques. Sus manos son agua y su corazón una bombarda de hielo.
Boreales las estrellas y los párpados de los navegantes del solsticio, animales sedientos por
su belleza, su sangre.
Sirena sin playa, hueso batiente en el cráneo vacío.
Una luciérnaga es tu antorcha, un libro tu bastón blanco.
Ella sueña hasta consumirse y ser astilla incandescente.
En la robusta tarde, brilla la sombra roja de la joven amante de Keats.

* De Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013)

 

 

Humo rojo

Palmo a palmo levantaremos la casa remolcada en la memoria, iremos al lugar de la corriente púrpura que talla los cuchillos, a la comarca de los pájaros de luz en vuelo insaciable.

En ascenso y caída seremos escarcha de la misma soledad.

¿A dónde se escurre la leve vibración de nuestro canto?

¿A dónde se dirige la humareda y por qué también permanece?

* De Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013)

 

[EL SUEÑO DE LA CICLISTA]

Escucha estas palabras
escritas con el aguijón de una libélula
y el sueño en lo más hondo de ti
se desprenderá de su armadura.
Mientras mires los ojos de un perro hasta llorar
serás la niña perdida que pedalea,
llama a su madre y le pregunta:
¿Qué es esta magia?
¿Qué es esta música que chirría?
Alumbras con tu aliento a los automóviles
para elevarte a un cuadro sin escaleras
tu ascenso es incontenible en la montaña
como la humareda embravecida de los trenes invisibles
parecida al grito de mi soledad.
Libélula viajera
en el espejismo condensado de los sueños
has cabalgado sobre ruedas durante siglos
en la memoria de la ciudad de las semillas
en Lima la dura,  sin brújula ni mapas
aún avanzas con el mar del alba en la garganta
en casería del vórtice
sobre el artefacto
de tu dicha.

De El tiempo es un río sin orillas (inédito)

 

Laura Rosales (Lima, 1989). Obtuvo el primer premio del IX Concurso Nacional de Cuento Juvenil César Vallejo (2009) auspiciado por el Instituto Nacional de Cultura (INC) y la municipalidad provincial de Trujillo. En 2012, fue incluida en los escritores menores de 25 de la revista EÑE (Madrid, nº 31). Poemas suyos han aparecido en antologías y medios peruanos y extranjeros. Es autora de Von (Lustra Editores, 2011) y Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013). El tiempo es un río sin orillas es su poemario de próxima publicación. Músico aficionada.

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Poesía

Tres poemas de Katherine Medina Rondón

Katherine Medina Rondón (Arequipa, 1994)

Avenida principal:

Un poema no nace en una avenida como esta,
pero los verbos me atacan
y las piedras recuperan el sentido de la orientación.
Un poema no nace cerrando una puerta
o caminando con prisa para tomar el autobús,
ni mirando al amigo que saluda
cuando camino incógnita
de la mano de un hombre
que no es mi marido.
Un poema nace con una ventana rota,
con la espalda arañada
o un libro nuevo en el bolso.
Un poema nace cuando me quitas el vestido
o cuando, llegando a casa,
me siento en mi escritorio
y mi cuerpo sigue irradiando
el olor de tu ombligo.

* Del poemario Disidencia (Cascahuesos, 2018)

 

 

Cortinas azules

Cortinas azules en mi cama,
bajo un ondulante viaje de manzanas.
Cortinas azules con tus pantuflas plomas.
Cortinas azules en el autobús,
con el sol rugiendo sobre mis mejillas.
Cortinas azules en las calles sonámbulas
temiendo que no tengan piedad
de mis pisadas neuróticas.
Cortinas azules con el cigarro
anclado en mi boca,
evitando que mis vocablos
se conviertan en laberintos oscuros.
Cortinas azules, cactus errante,
ulema sin corbata.
Cortinas azules porque las aves cantamos
en diferentes idiomas,
y no se preocupe, cariñito,
si no pueden entendernos;
me basta saber que usted también:
Cortinas azules.

* Del poemario Disidencia (Cascahuesos, 2018)

 

 

También fuiste el sueño de mamá

Recuerdo la primera vez que vi a Harrison Ford en la TV
tenía once años e incluso entonces comprendí
que él ni nadie sabría cómo amarme jamás.
Los días iban pasando a media ración, sin importancia,
porque el olor a durazno tocaba la casa
con sus alegres ojos verdes
y el tiempo no era, como hoy,
una debilidad numerada
siempre de paso, agotada, fugaz.

Pienso en Harrison Ford como un fornido carpintero
o un vendedor de marihuana
al que le tengo que enseñar las bragas
porque en este país no se fía, todo cuesta,
incluso el amor que engendra 500 versos inútiles.
Ahora entiendo como
empecé a cavar mi propio agujero,
suspirando como un fuelle,
cediendo, hasta que otro hombre
abandona tu cama
y aprendes a omitir “te quiero” y “no te vayas”.
Pero hay cosas peores en la vida que lo que uno deja atrás,
el presente, por ejemplo
atrapada en una humilde habitación
cuando la burla de la madre es un poema
que empieza a caerse desde el primer verso.

*Inédito

 

Katherine Medina Rondón (Arequipa, Perú, 1994). Poeta y artista visual. Ha publicado: Murmullos y volantes (Aletheya, 2012), Amor en cuatro actos y otros cortejos (Casatomada, 2013), Mínima celeste (Transtierros, 2016), Disidencia (Cascahuesos, 2018) e incluida en la muestra dinámica de poesía latinoamericana Tea Party III (Cinosargo, 2014), Antología XXII Enero en la palabra (Gobierno Municipal de Cusco, 2018) y Memorias del 28° Festival Internacional de Poesía de Medellín (Prometeo, 2018). Ha presentado la muestra pictórica bi-personal “Comisura” en el Centro Cultural Casa Blanca (Arequipa, 2016) y participado en diversas muestras artísticas colectivas. También ha colaborado en revistas tales como: Destiempos modernos, La ira de Morfeo, Delirium Tremens, Redacción Popular, Letralia, Palabras Diversas, Lucerna, Travesti Fanzine, El Corsé, Caleidoscopio, verboser, Ojo Zurdo, Fórnix y Ulrika. Actualmente se desempeña como redactora de la sección cultural del semanario Vista Libre.

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Poesía

Tres poemas de Liz Norton

Liz Norton (Lima, 1993)

Foto: Walter Villanueva Azaña

La fluoxetina de las tres Marías

Nuestra máquina espacial llegaba cuando se apagaba la última luz. Había una cabina donde una podía ver el infinito, tres estrellas con tu nombre. Me susurrabas que si las lograba ver había que pedir un deseo, no uno mundano, no uno muy complicado, no uno que vaya a cambiar la lógica del tiempo, pero uno sí que te apretara con más de tres dedos el corazón.
-no pasa todos los días-
Pero pasaba todas las noches. Cuando se apagaban las luces, volvías a una de las estrellas y yo me escabullía dentro de un hoyo negro. Me sentaba y mi lengua perdía el tacto.
era yo convirtiéndome en roca
era yo en el espacio sin colocarme bien el traje
Se me termina el aire y me regreso a la nave. Meto mi cabeza bajo la cama. Me como tu vómito escondido desde hace tres días. Me como los químicos que te quitan la risa, que salen bailando por tu oreja izquierda. Saco con cuidado mi spray y lo echo de costado, para no despertarte.
a las once y once
nos
tocará pedir
otro
deseo
deseante
de nosotras
deseante
de
ser el
deseo
temporal
de las manecillas
del reloj
con la lengua a 100 kilómetros por hora
con los ojos abiertos
sin los mocos
deseantes de
ser
el
deseo
que
no
se
medica
deseante
de ser
el
deseo de los que desean
dormir sin
el
deseo
de
cumplir
la rutina
Te digo que deseo mirar las estrellas contigo. Pero tú, tú, continúas en esa otra galaxia donde te vuelves la capitana de una tripulación fantasma. Miras en tu mapa, dentro de tu camino empedrado del sonambulismo una ruta para el próximo escape.
yo solo quiero ver las estrellas
Dejar de jugar a las cigarras y creernos que podemos ser hormigas, porque nos duelen las manos de tanto trabajo, como nos duelen los llantos y las lágrimas que forman castillos cuando se transforman en nuestros legos interplanetarios.
yo solo quiero escuchar tus voces
ver también a tus fantasmas
Fracasar contigo como se fracasa de verdad. Saltar rápido de un auto en marcha. Comprar un boleto de ida hacia un país lejano. Morirnos de algún vicio que nos destruya los órganos vitales. Fracasar como fracasan los humanos en esta tierra.
en esta sala de psiquiatría
En este otro planeta, con sus seis lunas, con el lago creado por nuestras lágrimas que tienen patas y cola, y una tijera y te cortan los brazos cuando las botas con demasiada fuerza.
deseo mirar las estrellas a cielo abierto
fuera de aquí
cuando dejemos de ser alienígenas terrestres
Cuando el fracaso, nos fracase y nos acepte nuestra decimocuarta solicitud de fracaso real, cuando se destruyan las tres estrellas, cuando termines de despertar, de despertar como despiertan los muertos vivientes, pero en vez de demandar la sangre o las neuronas, desees
desear conmigo
este
deseo
que nos implora
liberar
a
nuestras minúsculas lágrimas
también
deseantes.

 

 

HAY que saber caer
Como se aprende a morir
Como se abre la mandíbula para meterse a la boca una cuchara
Como se saca el botón intermedio del saco
Y luego
Nos arrastramos hasta llenarnos de lodo
Hay que saber caer y comerse el corazón en la bahía de los amantes tuertos, donde ya nos hicimos una cabaña y nos amamos entre pastilleros.
Y
Al
Tercer día
Resucitamos

 

 

La noche de Walpurgis

Nos quedamos los tres arrodillados sobre los pergaminos de Urdanivia, como en el inicio…

Antes de la creación de nuestras piernas, se sabía que todo terminaría así. Seis ojos mascando cassettes antiguos para, entre las sombras de los fotogramas, encontrar la torpeza del presente.

Y me tomaste de la mano esperando que Catalina no nos viera y dijiste: las brujas todavía nos aclaman. Lo imposible no se acabará entre su pluma, Delia.

Delia, las brujas te esperan con el monigote despeinado sentado en medio de la hoguera.

Las brujas del oeste, norte, sur y países bajos (que bien podrían ser nuestros países o los de los otros o los de los otros que pudieron ser nosotros).
Las brujas del oeste, norte, sur y las que caminan cojeando desde las praderas de las fosas del desencanto.
Las brujas sangrantes con las que terminabas botellas enteras de vino sin chistar, las que te miraron con desprecio mientras sostenían el crucifijo con la mano izquierda, las brujas de las blusas celestes y las piernas manchadas por primera vez, las que escupieron tu nombre en medio de las olas crecientes de la bahía de las desquiciadas.

Las brujas del norte, sur y oeste.
Las brujas del destierro y las que aún no terminan de lamer la sangre de los no nacidos, Delia, te dijo, el final se acerca.

Soy culpable, dijiste:

La madrugada del 18 de diciembre le entregué mis ojos envueltos en papeles que fueron en realidad los mapas de landing. Le serví mis piernas entre un festín de cuervos mientras el rostro de Patty, Catalina y Emilia se reflejaban en sus pupilar. Y soy culpable, camaradas, porque la noche del 18 de diciembre dije:
he caído.
Me eché de espaldas, mientras su cabeza me decía sobre mi pecho que debía aguantar. Soy culpable, porque tuve al enemigo atrapado entre mi pelvis y lo dejé ir. Las navajas se perdieron entre las voces que me pedían nuestra liberación.
Y soy culpable porque me entregué al señor
homúnculo cuando el cielo aún no era cielo.

Guillotina, cadalso, bomba, espada

Las noche de los colegios de Lince, los arenales de Villa El Salvador, la madrugada del aeropuerto de Nuevo México y los pasaportes falsos
La falsa lactancia, my love, I still miss you y el bicho insolente que se construyó un nicho entre tus bajos vellos.
Culpable
Delia, dijiste, no serás mártir.
Delia, querida, los ídolos de cera no serán en tu nombre.
Delia, estira bien tu cuello que hoy serás el adobe de la nueva historia.
Delia, me dijiste tomando mi mano:
Hemos sido las peores.

 

 

María Claudia Torres (Liz Norton o María Font) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se especializó en Gestión Cultural en el Museo de Arte de Lima. Ha publicado artículos de opinión en la revista Pikara magazine, cuentos en el blog Errror de imprenta y en 2018 publicó su primer poemario Blue tragedy o el panfleto del gatito negro con la Editorial Feminista La Otra Voz. Es parte de la colectiva artística feminista Fugitivas, cada veinte meses postea relatos o artículos en su página de facebook On the borders y actualmente escribe dos proyectos poéticos nuevos, mientras guarda fotos de gatitos de tumblr.

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Poesía

Tres poemas de Paulo Caffo

Paulo Caffo (Huánuco, 1987)

ECO DE LA NOCHE

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la lumbre
la noche no la música
la música no la noche
«ya deberíamos saber cómo es el destino» —me decías
cada quien escoge el luto de sus propias heridas
cada quien va borrando sus huellas de vuelo
irrepetibles
como un ciego extranjero en otro ciego
como un rostro en el límite deshabitado de otro rostro

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la vida

 

VESTIDA DE PÁJAROS

la mañana vestida viene de pájaros
y es la migración de su canto
como el ánfora que guarda de una muchacha su llanto

no habrá otras mañanas ni otros rostros
más que la frontera de la muerte en su muerte
que a otro lecho a su amado lleve en desventura

«vendrá otro amor» —se mentía
vendrán otros ojos           otros lirios como nunca
nunca el acecho anhelante de la primera e inquietante rozadura

la mañana viene vestida de pájaros
nunca como se tiende el sol en su algarabía
nunca como el viaje a los trópicos suicidas

 

EL OTOÑO Y LA MARIPOSA

gira el sol reciente como todas las mañanas
e irá con su vigor el girasol de casa en casa a
robar la ilusión de la lluvia que se entrega y canta

a veces como una mariposa amarilla y gallarda
libre para anunciar en el otoño su mayor nostalgia
donde todo beso se enciende y donde toda soledad se apaga

imitando lo que antaño el corazón defiende y calla
nada que temer que el tiempo fatigado no alcanza
escapa donde no se encuentre perdida la esperanza

 

paulo caffo. (amarilis, huánuco, 1987). estudió ingeniería de computación y sistemas. miembro asociado fundador y  tallerista en la asociación cultural «sembrando lectores. cosechando un mundo mejor» desde el 2013. ha publicado poemas en las revistas de arte y literatura canto general (lima), malón malón (argentina) y delirium tremens (lima), en los suplementos literarios librescritura y aspaviento (huánuco), en la antología poética 12 gramos (trujillo). obtuvo el primer puesto, en poesía, en el 2° concurso de poesía y cuento «premio diario ahora 2016», de la ciudad de huánuco. actualmente colabora en librescritura y reside en lima.

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