Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Sandra Ferrándiz

Sandra Ferrándiz (Lima, 1996)

Geometría del espacio

Antes de cumplir los 20 nadaré cerca al fuego,
soñaré con todas las figuras del cuerpo
desde la línea hasta la luz.
Seré el tibio error de las formas,
las simétricas moléculas saben que se tuercen
al llegar a la rama,
al llegar a vida.
Tendré estrellas
y planetas dibujados en mi cuarto.
Animalito que te quieres formar,
eres un triángulo a lo lejos.
Mío, todo el espacio es mío.

 

 

 

Todas las mañanas se te anuncia una muerte antigua

                            

hoy es tu último día,
un dedo pasa sobre tu rostro empolvado formando una línea chueca,
una lágrima,
por donde logras ver
violentamente
los paisajes de tus sueños.

donde alguien grita desesperado: muerte a imaginar

cuando la noche termine,
los rayos del sol golpearán tu cara, el día te arrastrará a su rutina limeña
perderás tus dedos,
perderás tu mente,
perderás tus sueños

y una última lágrima bajará
suavemente
por tus días
perdidos

 

 

 

Parece que alguien no amó

Ni a los hombres, ni a las mujeres

de este país

Lo suficiente para construir una ciudad:

Estabas maltrecho y herido, pero debías ir en bus.

Estabas golpeado por el trabajo rutinario de oficina,

por tu trabajo ambulatorio de vendedor de fósforos por unidad.

Pero debías ir en bus cuando el día se terminara.

Te hacía falta un lenguaje y un color:

Pero debías ir en bus.

(A)sentarte en un no-país. (A)sentarte y vivir.

 

Colocarte en el lugar que te impusieron: así la historia te es indiferente.

Te faltaba un brazo, pero nadie te dio asiento.

Traías el rostro ardido por la desgracia, pero nadie te observaba.

Una esquirla de carbón en vez de una ciudad,

el recorrido por sus calles es el comienzo de los ataques de pánico

que humean tu mente,

mientras observas por la ventana sucia

y tus ojos son solo el reflejo oscuro que traspasa el tiempo velozmente,

y tus ojos son los de ese hombre que gritó que nadie lo quiso nunca,

que pidió el asiento porque no tenía ni piernas, ni dedos, ni pulmones.

 

Pero no.

 

La historia te es indiferente por eso respiras y estás en Lima.

 

 

Sandra Gabrielle Ferrándiz Espadín (Lima, 1996). Estudió Comunicación en la Universidad de Lima. Ocupó el primer puesto en los Juegos Florales de poesía de su centro de estudios y obtuvo una mención honrosa por su poemario Geometría del espacio en los XXII Juegos Florales de la Universidad Ricardo Palma. Ha sido redactora del medio periodístico de su universidad y actualmente forma parte del colectivo literario Verboser.

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Tres poemas de Laura Rosales

Laura Rosales (Lima, 1989)

Edda

Ella golpea los bosques. Sus manos son agua y su corazón una bombarda de hielo.
Boreales las estrellas y los párpados de los navegantes del solsticio, animales sedientos por
su belleza, su sangre.
Sirena sin playa, hueso batiente en el cráneo vacío.
Una luciérnaga es tu antorcha, un libro tu bastón blanco.
Ella sueña hasta consumirse y ser astilla incandescente.
En la robusta tarde, brilla la sombra roja de la joven amante de Keats.

* De Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013)

 

 

Humo rojo

Palmo a palmo levantaremos la casa remolcada en la memoria, iremos al lugar de la corriente púrpura que talla los cuchillos, a la comarca de los pájaros de luz en vuelo insaciable.

En ascenso y caída seremos escarcha de la misma soledad.

¿A dónde se escurre la leve vibración de nuestro canto?

¿A dónde se dirige la humareda y por qué también permanece?

* De Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013)

 

[EL SUEÑO DE LA CICLISTA]

Escucha estas palabras
escritas con el aguijón de una libélula
y el sueño en lo más hondo de ti
se desprenderá de su armadura.
Mientras mires los ojos de un perro hasta llorar
serás la niña perdida que pedalea,
llama a su madre y le pregunta:
¿Qué es esta magia?
¿Qué es esta música que chirría?
Alumbras con tu aliento a los automóviles
para elevarte a un cuadro sin escaleras
tu ascenso es incontenible en la montaña
como la humareda embravecida de los trenes invisibles
parecida al grito de mi soledad.
Libélula viajera
en el espejismo condensado de los sueños
has cabalgado sobre ruedas durante siglos
en la memoria de la ciudad de las semillas
en Lima la dura,  sin brújula ni mapas
aún avanzas con el mar del alba en la garganta
en casería del vórtice
sobre el artefacto
de tu dicha.

De El tiempo es un río sin orillas (inédito)

 

Laura Rosales (Lima, 1989). Obtuvo el primer premio del IX Concurso Nacional de Cuento Juvenil César Vallejo (2009) auspiciado por el Instituto Nacional de Cultura (INC) y la municipalidad provincial de Trujillo. En 2012, fue incluida en los escritores menores de 25 de la revista EÑE (Madrid, nº 31). Poemas suyos han aparecido en antologías y medios peruanos y extranjeros. Es autora de Von (Lustra Editores, 2011) y Cantata natural (Paracaídas Editores, 2013). El tiempo es un río sin orillas es su poemario de próxima publicación. Músico aficionada.

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Tres poemas de Katherine Medina Rondón

Katherine Medina Rondón (Arequipa, 1994)

Avenida principal:

Un poema no nace en una avenida como esta,
pero los verbos me atacan
y las piedras recuperan el sentido de la orientación.
Un poema no nace cerrando una puerta
o caminando con prisa para tomar el autobús,
ni mirando al amigo que saluda
cuando camino incógnita
de la mano de un hombre
que no es mi marido.
Un poema nace con una ventana rota,
con la espalda arañada
o un libro nuevo en el bolso.
Un poema nace cuando me quitas el vestido
o cuando, llegando a casa,
me siento en mi escritorio
y mi cuerpo sigue irradiando
el olor de tu ombligo.

* Del poemario Disidencia (Cascahuesos, 2018)

 

 

Cortinas azules

Cortinas azules en mi cama,
bajo un ondulante viaje de manzanas.
Cortinas azules con tus pantuflas plomas.
Cortinas azules en el autobús,
con el sol rugiendo sobre mis mejillas.
Cortinas azules en las calles sonámbulas
temiendo que no tengan piedad
de mis pisadas neuróticas.
Cortinas azules con el cigarro
anclado en mi boca,
evitando que mis vocablos
se conviertan en laberintos oscuros.
Cortinas azules, cactus errante,
ulema sin corbata.
Cortinas azules porque las aves cantamos
en diferentes idiomas,
y no se preocupe, cariñito,
si no pueden entendernos;
me basta saber que usted también:
Cortinas azules.

* Del poemario Disidencia (Cascahuesos, 2018)

 

 

También fuiste el sueño de mamá

Recuerdo la primera vez que vi a Harrison Ford en la TV
tenía once años e incluso entonces comprendí
que él ni nadie sabría cómo amarme jamás.
Los días iban pasando a media ración, sin importancia,
porque el olor a durazno tocaba la casa
con sus alegres ojos verdes
y el tiempo no era, como hoy,
una debilidad numerada
siempre de paso, agotada, fugaz.

Pienso en Harrison Ford como un fornido carpintero
o un vendedor de marihuana
al que le tengo que enseñar las bragas
porque en este país no se fía, todo cuesta,
incluso el amor que engendra 500 versos inútiles.
Ahora entiendo como
empecé a cavar mi propio agujero,
suspirando como un fuelle,
cediendo, hasta que otro hombre
abandona tu cama
y aprendes a omitir “te quiero” y “no te vayas”.
Pero hay cosas peores en la vida que lo que uno deja atrás,
el presente, por ejemplo
atrapada en una humilde habitación
cuando la burla de la madre es un poema
que empieza a caerse desde el primer verso.

*Inédito

 

Katherine Medina Rondón (Arequipa, Perú, 1994). Poeta y artista visual. Ha publicado: Murmullos y volantes (Aletheya, 2012), Amor en cuatro actos y otros cortejos (Casatomada, 2013), Mínima celeste (Transtierros, 2016), Disidencia (Cascahuesos, 2018) e incluida en la muestra dinámica de poesía latinoamericana Tea Party III (Cinosargo, 2014), Antología XXII Enero en la palabra (Gobierno Municipal de Cusco, 2018) y Memorias del 28° Festival Internacional de Poesía de Medellín (Prometeo, 2018). Ha presentado la muestra pictórica bi-personal “Comisura” en el Centro Cultural Casa Blanca (Arequipa, 2016) y participado en diversas muestras artísticas colectivas. También ha colaborado en revistas tales como: Destiempos modernos, La ira de Morfeo, Delirium Tremens, Redacción Popular, Letralia, Palabras Diversas, Lucerna, Travesti Fanzine, El Corsé, Caleidoscopio, verboser, Ojo Zurdo, Fórnix y Ulrika. Actualmente se desempeña como redactora de la sección cultural del semanario Vista Libre.

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Tres poemas de Liz Norton

Liz Norton (Lima, 1993)

Foto: Walter Villanueva Azaña

La fluoxetina de las tres Marías

Nuestra máquina espacial llegaba cuando se apagaba la última luz. Había una cabina donde una podía ver el infinito, tres estrellas con tu nombre. Me susurrabas que si las lograba ver había que pedir un deseo, no uno mundano, no uno muy complicado, no uno que vaya a cambiar la lógica del tiempo, pero uno sí que te apretara con más de tres dedos el corazón.
-no pasa todos los días-
Pero pasaba todas las noches. Cuando se apagaban las luces, volvías a una de las estrellas y yo me escabullía dentro de un hoyo negro. Me sentaba y mi lengua perdía el tacto.
era yo convirtiéndome en roca
era yo en el espacio sin colocarme bien el traje
Se me termina el aire y me regreso a la nave. Meto mi cabeza bajo la cama. Me como tu vómito escondido desde hace tres días. Me como los químicos que te quitan la risa, que salen bailando por tu oreja izquierda. Saco con cuidado mi spray y lo echo de costado, para no despertarte.
a las once y once
nos
tocará pedir
otro
deseo
deseante
de nosotras
deseante
de
ser el
deseo
temporal
de las manecillas
del reloj
con la lengua a 100 kilómetros por hora
con los ojos abiertos
sin los mocos
deseantes de
ser
el
deseo
que
no
se
medica
deseante
de ser
el
deseo de los que desean
dormir sin
el
deseo
de
cumplir
la rutina
Te digo que deseo mirar las estrellas contigo. Pero tú, tú, continúas en esa otra galaxia donde te vuelves la capitana de una tripulación fantasma. Miras en tu mapa, dentro de tu camino empedrado del sonambulismo una ruta para el próximo escape.
yo solo quiero ver las estrellas
Dejar de jugar a las cigarras y creernos que podemos ser hormigas, porque nos duelen las manos de tanto trabajo, como nos duelen los llantos y las lágrimas que forman castillos cuando se transforman en nuestros legos interplanetarios.
yo solo quiero escuchar tus voces
ver también a tus fantasmas
Fracasar contigo como se fracasa de verdad. Saltar rápido de un auto en marcha. Comprar un boleto de ida hacia un país lejano. Morirnos de algún vicio que nos destruya los órganos vitales. Fracasar como fracasan los humanos en esta tierra.
en esta sala de psiquiatría
En este otro planeta, con sus seis lunas, con el lago creado por nuestras lágrimas que tienen patas y cola, y una tijera y te cortan los brazos cuando las botas con demasiada fuerza.
deseo mirar las estrellas a cielo abierto
fuera de aquí
cuando dejemos de ser alienígenas terrestres
Cuando el fracaso, nos fracase y nos acepte nuestra decimocuarta solicitud de fracaso real, cuando se destruyan las tres estrellas, cuando termines de despertar, de despertar como despiertan los muertos vivientes, pero en vez de demandar la sangre o las neuronas, desees
desear conmigo
este
deseo
que nos implora
liberar
a
nuestras minúsculas lágrimas
también
deseantes.

 

 

HAY que saber caer
Como se aprende a morir
Como se abre la mandíbula para meterse a la boca una cuchara
Como se saca el botón intermedio del saco
Y luego
Nos arrastramos hasta llenarnos de lodo
Hay que saber caer y comerse el corazón en la bahía de los amantes tuertos, donde ya nos hicimos una cabaña y nos amamos entre pastilleros.
Y
Al
Tercer día
Resucitamos

 

 

La noche de Walpurgis

Nos quedamos los tres arrodillados sobre los pergaminos de Urdanivia, como en el inicio…

Antes de la creación de nuestras piernas, se sabía que todo terminaría así. Seis ojos mascando cassettes antiguos para, entre las sombras de los fotogramas, encontrar la torpeza del presente.

Y me tomaste de la mano esperando que Catalina no nos viera y dijiste: las brujas todavía nos aclaman. Lo imposible no se acabará entre su pluma, Delia.

Delia, las brujas te esperan con el monigote despeinado sentado en medio de la hoguera.

Las brujas del oeste, norte, sur y países bajos (que bien podrían ser nuestros países o los de los otros o los de los otros que pudieron ser nosotros).
Las brujas del oeste, norte, sur y las que caminan cojeando desde las praderas de las fosas del desencanto.
Las brujas sangrantes con las que terminabas botellas enteras de vino sin chistar, las que te miraron con desprecio mientras sostenían el crucifijo con la mano izquierda, las brujas de las blusas celestes y las piernas manchadas por primera vez, las que escupieron tu nombre en medio de las olas crecientes de la bahía de las desquiciadas.

Las brujas del norte, sur y oeste.
Las brujas del destierro y las que aún no terminan de lamer la sangre de los no nacidos, Delia, te dijo, el final se acerca.

Soy culpable, dijiste:

La madrugada del 18 de diciembre le entregué mis ojos envueltos en papeles que fueron en realidad los mapas de landing. Le serví mis piernas entre un festín de cuervos mientras el rostro de Patty, Catalina y Emilia se reflejaban en sus pupilar. Y soy culpable, camaradas, porque la noche del 18 de diciembre dije:
he caído.
Me eché de espaldas, mientras su cabeza me decía sobre mi pecho que debía aguantar. Soy culpable, porque tuve al enemigo atrapado entre mi pelvis y lo dejé ir. Las navajas se perdieron entre las voces que me pedían nuestra liberación.
Y soy culpable porque me entregué al señor
homúnculo cuando el cielo aún no era cielo.

Guillotina, cadalso, bomba, espada

Las noche de los colegios de Lince, los arenales de Villa El Salvador, la madrugada del aeropuerto de Nuevo México y los pasaportes falsos
La falsa lactancia, my love, I still miss you y el bicho insolente que se construyó un nicho entre tus bajos vellos.
Culpable
Delia, dijiste, no serás mártir.
Delia, querida, los ídolos de cera no serán en tu nombre.
Delia, estira bien tu cuello que hoy serás el adobe de la nueva historia.
Delia, me dijiste tomando mi mano:
Hemos sido las peores.

 

 

María Claudia Torres (Liz Norton o María Font) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se especializó en Gestión Cultural en el Museo de Arte de Lima. Ha publicado artículos de opinión en la revista Pikara magazine, cuentos en el blog Errror de imprenta y en 2018 publicó su primer poemario Blue tragedy o el panfleto del gatito negro con la Editorial Feminista La Otra Voz. Es parte de la colectiva artística feminista Fugitivas, cada veinte meses postea relatos o artículos en su página de facebook On the borders y actualmente escribe dos proyectos poéticos nuevos, mientras guarda fotos de gatitos de tumblr.

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Poesía

Tres poemas de Paulo Caffo

Paulo Caffo (Huánuco, 1987)

ECO DE LA NOCHE

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la lumbre
la noche no la música
la música no la noche
«ya deberíamos saber cómo es el destino» —me decías
cada quien escoge el luto de sus propias heridas
cada quien va borrando sus huellas de vuelo
irrepetibles
como un ciego extranjero en otro ciego
como un rostro en el límite deshabitado de otro rostro

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la vida

 

VESTIDA DE PÁJAROS

la mañana vestida viene de pájaros
y es la migración de su canto
como el ánfora que guarda de una muchacha su llanto

no habrá otras mañanas ni otros rostros
más que la frontera de la muerte en su muerte
que a otro lecho a su amado lleve en desventura

«vendrá otro amor» —se mentía
vendrán otros ojos           otros lirios como nunca
nunca el acecho anhelante de la primera e inquietante rozadura

la mañana viene vestida de pájaros
nunca como se tiende el sol en su algarabía
nunca como el viaje a los trópicos suicidas

 

EL OTOÑO Y LA MARIPOSA

gira el sol reciente como todas las mañanas
e irá con su vigor el girasol de casa en casa a
robar la ilusión de la lluvia que se entrega y canta

a veces como una mariposa amarilla y gallarda
libre para anunciar en el otoño su mayor nostalgia
donde todo beso se enciende y donde toda soledad se apaga

imitando lo que antaño el corazón defiende y calla
nada que temer que el tiempo fatigado no alcanza
escapa donde no se encuentre perdida la esperanza

 

paulo caffo. (amarilis, huánuco, 1987). estudió ingeniería de computación y sistemas. miembro asociado fundador y  tallerista en la asociación cultural «sembrando lectores. cosechando un mundo mejor» desde el 2013. ha publicado poemas en las revistas de arte y literatura canto general (lima), malón malón (argentina) y delirium tremens (lima), en los suplementos literarios librescritura y aspaviento (huánuco), en la antología poética 12 gramos (trujillo). obtuvo el primer puesto, en poesía, en el 2° concurso de poesía y cuento «premio diario ahora 2016», de la ciudad de huánuco. actualmente colabora en librescritura y reside en lima.

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Poesía

Tres poemas de Fredy León Tuya

Fredy León Tuya (Cátac, Áncash, 1988)

VOCES

A la “C.C.C”, mi techo, en cualquier cielo.

                          CORTEJOS DEL FUEGO EN ESPUMOSO CAMPO

Pájaros míos donde cavo la muerte

Frío dorado de eléctricas chacras

Sombreros         nieve que desata nudos del icho

Bueyes de aire   atravesando la noche

Pájaros disecados del corazón

                           Negaron la herrumbre donde bruñía el quebranto

Lenguas             donde van a parar los caballos desollados del frío

Fósiles en el sueño de mis hombros

                                                                    Plato fúnebre de cuchillos del amanecer

Lagos de tiempo     donde humean serpientes

Oscuras             quimeras desfigurando las caras niñas del día

                           Negaron los secos dioses mutilados de la carne

Míos son los espasmos inasibles del amor

Enjambre de ceniza que cuece mi lengua

Voces interminables

Las oigo   arder en la música

En el luto perfumado de la última Puya

Las que oirás escribir

Cuando haya muerto.

 

 

FÉRETROS

EL RUISEÑOR NO HA SOÑADO SONIDO LISONJEROS
En su cola hierven los carruseles del amanecer

Cruces y más cruces atraviesan senderos de herida
El bosque níveo del pensamiento

Me hablan cartílagos prohibidos del lenguaje
Habitan las telarañas de la palabra

Holocaustos en mitad de la noche
Racimo invisible de cuervos apolillados

Han venido a regar escarabajos
En vergeles de belleza

He visto desmembrarse la transparencia
En el embrión oscuro de los juzgados

 

 

AZAR PODRIDO

LAVANDA DE TIEMPO ATRAVIESA MIS PÁRPADOS

Efímeros retazos, líquidos enfermos
Oquedades para habitar el suicidio
Lluvias para lavar el duelo
Pensé en el hambre que estornudan las calles

En los pasos sin huella, en la fiebre sin frente

En mi cuerpo inventando ruinas
En cartílagos enfermos de luz

Cuánta carne vivaz

Se apaga. Se apaga de repente

Cuánto hielo en el seno de la Muerte

Mi

Estómago

Lleno de hambre
devora la Felicidad.

 

 

Fredy León Tuya (Cátac, 1988) Nació en el distrito de Cátac, provincia de Recuay, región Áncash. Realizó estudios de Comunicación Lingüística y Literatura en la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo de Áncash, donde es fundador e integrante del Grupo Literario “Los hijos del orden”. Ha publicado la plaqueta Crepitario I (2014) y Crepitario III (2016). Obtuvo el tercer lugar en el Concurso Nacional de Cuento Breve “Ciudad de Marka” 2015. Fue finalista del Concurso de Cuento Killa 2016. Finalista del Concurso de Poesía Antenor Samaniego 2017. Actualmente ejerce la docencia en el colegio Trilce.

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Lucerna No. 10, Poesía

Tres poemas de Navale Quiroz Cano (Lucerna N°10)

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980)

Venimos del océano

Tengo un acuario, me levanto temprano para ver nadar a su único pez dorado,
para acariciarlo lo veo sacudirse y le apunto con el dedo como señalando al sol.
Todos los días crece y sacude su rostro en el vidrio que nos separa,
Yo, una completa imperfecta y él aún perfecto incompleto;
levanta su nado desde el fondo hasta hacerme una mueca.
Los dos nos sabemos en nuestras peceras.
Él me alimenta
mientras rocío migajas de pan sobre el agua.

 

Décimo planeta

Veo como marchan a la batalla de los doce planetas
Y tú ¿por qué me sostienes a la tierra?
Alguien cose los destinos del mundo con hilos de la vía láctea.

Dicen las trompetas que el cielo ya no existe,
sólo estamos tú y yo envueltos en polvo.

Quizá se haga la luz si abro los ojos
si hago un chasquido con los dedos
si estrello este par de piernas en las rocas
ellas no cuentan, si te tengo en mi ombligo.

Entre tanto frota mis manos que hace frío
sopla en mi nariz y abraza mi cintura
respira conmigo que viene la danza del parto.

Se han perdido todos los calendarios
no hay más libros, ni historia
sólo orquesta Dios
silba su viento estelar
sobre la nueva constelación de un nuevo planeta
en nuestro abrazo.

 

Horas

Parte el navío a la una
el calendario dice ser un día del año pasado
en mi abrazo dan las dos
se oye el océano completo en tu pecho,
unas redes han atrapado tu corazón que marca las tres.

Las orillas me dicen que no hay olas hoy
me aferro más a tu abrazo siendo las cuatro
los botones en la proa se abren con las aguas
y avanzan,
como los pasos que das
cuando no hay puerto
a las cinco avanzas, cruzas,
viajas con el sol,
y te vas dando las seis.

 

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980). Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica. Magíster en Docencia Universitaria por la Universidad Alas Peruanas donde es catedrática. También tiene estudios de maestría en Comunicación Social y Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vive en Ica desde los cinco años. Entre sus publicaciones están Algo de cierto, antología de poesía iqueña (Lustra, 2007), Nohombre, (Colección Piedra/Sangre, Lustra, 2008) y Ondinas. El espíritu del agua (Ushuaia Ediciones, España, 2011). Además sus textos han sido publicados en revistas nacionales e internacionales. Ha participado en numerosos festivales de poesía.

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