Poesía

Cinco poemas de Guadalupe García Blesa

Guadalupe García Blesa (Lima, 1997)

Arcilla

Si me atraganto
con la fábula y la manzana
me hallaré en la gruta
de lo que queda
de la capa de ozono.

Quién eres tú
fragancia taciturna,
miembro deslenguado.

 

Consultorio de Inversiones

Cirugía de cabeza
cuello
y lengua de invertebrado.

Cifras
gritos
desesperación.

Estancamiento,
falta de sexo y masturbación.
Almohadas rellenas
de pelos blancos.
Medalla de plata
para los rendidos.

 

Ave

Estuve cerca.
Fui trópico adversario
motín sin té
y amígdala sangrante
dentro de tu mentón.

 

28

Se ve a leguas
tu mano aprehendida
a mi pecho
mojado
y la calle
llena de charcos
reflejando la sombra
del anhelo entrecortado.

 

Ca(l)ma

Las trinitarias
enredadas
en tu tronco
me piden
que te descubra
mientras caminas por el cordel.

Vamos constelando
esta necia estancia,
lúdica infatigable.

Entonces
mis hojas
te hacen cosquillas
en los pies
y descubro
que quedarnos colgados
es un descanso infinito.
 

Guadalupe García Blesa (Lima, 1997). Estudia Comunicaciones en la Universidad de Lima y fue parte de la Escuela de Música de la UPC durante los años 2015 y 2016. Cuenta con experiencia en arte y educación, además de trabajos de voluntariado. Es amante del arte en sus diferentes facetas, con especial dedicación a la música y la poesía; le interesan también las relaciones interculturales, la educación y el medio ambiente. En 2019, la revista Lienzo (Edición extraordinaria) publicó algunos de sus poemas. Prepara la publicación de su primer libro de poemas.

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Lucerna No. 9, Poesía

Siete poemas de Brayan Rojas Osores

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990)

Presencia y derrota

Hubo un día en que el día no engañaba.
Luis Cernuda

Me vuelvo contra una estrella negra, mi amor se regocija en diámetros eléctricos, y cada diámetro que hay en ellas las guardan celosas de mi llanto.
Hay en todo esto una metáfora de arcilla que hace notable su derrota, claro es el ejemplo de un áspero cariño que nadie me profesa y su presencia es la promesa de una primavera –a primera vista– separada de lo imaginable.
Temo que el cielo sepa quién es él cuando lo acuse en contra de ustedes. No silbo nombres ni edades que también revelen una sucesión de números en quiebra.
Alguien con labio de mujer alcanzó a decir que me quería, debe ser aquel planeta resucitado que olvidó decir lo que yo debí decir mientras soñaba. Pero se presenta como una fruta amenazante, debo de comerla –pienso– y otra vez se ensarta en esa línea recta que destejo mientras hablo.
Mejor callo, mejor no presumir, tal vez la soledad sepa lo que hace mientras la acompaño. Y la metáfora de arcilla que arrastré hasta aquí entre pensamiento y pensamiento, sucumbe porque no le di la mano.

 

 

 

Escondite de sol

 

He perdido el silencio
el gusto de decir
con estas manos que tejen
y destejen las mismas palabras
con las que se escribe
una carta o se hace un puente
hacia los oídos del viento.

Qué sabio no vive con la verdad
dormida en la boca.

Si debajo del agua, somos
los mismos seres
que al unísono se despiertan
para decirse adiós.

 

 

 

I

Esto es cierto:
Cierro los ojos
limpio el césped lleno de ti
caen tus ojos
llenos de miel
las hormigas saben a mí
el sol es tuyo si pienso en él
no lo espantes
el poema es un insecto lleno de mí.

 

II

Incluso una
promesa
consta de tres partes

incluida en ella
la perplejidad
de los tres
segundos en un tren

 

 

 

Darmer

Discutí sentado el camino de la tristeza

Mientras hablo, mientras levanto
un hombro
para saludarte sin ninguna condición
practico ser el mar
el vómito de ciertas especies que no
te saben bien.
La propia sal me sirve para endulzar los días
que no vienes.
Algunas veces salgo a caminar de puntillas
y a mi regreso
arrastro hacia la orilla toda la arena que no
pude regalarte. Y te imagino con el sol,
recostada sobre aquella playa –donde el amor
no está– para olvidarme.

Practico ser el mar y aquí termino:
los pescadores no saben escribir mi nombre,
piensan que dentro del propio mar
no habita otro mar.
Entonces mientras hablo, mientras
levanto un hombro para despedirme
toco las extremidades que me quedan y
parecen las pinzas de un muerto.

 

 

 

Mejor no es ir al mercado

 

Lo mejor es recibir el abecedario por debajo de la puerta

lo mejor es que sol rinda otros exámenes de conciencia

lo mejor es que el espejo tórnase en agua quieta en nuestro cuerpo

lo mejor es que el pan exceda su textura hacia otras galaxias

lo mejor es un imán de bicicletas: ve de vuelta a casa

ve a casa devuelta: devuelto en un timón de abejas

lo mejor es pensar en el tapete y pintarlo de azúcar

lo mejor es que las hormigas pasen a mi biblioteca a delinear otro libro
con las hojas secas pegadas a su boca

o una cadena de grillos
facsímiles que arden tal cosmopolita lejos de casa

lo mejor es que la educación no se libere de los niños y nos libere árboles-niños

lo mejor es que el gobierno también aprenda en casa

después de soñar en un jardín prestado

lo mejor es desayunar en el almuerzo y cenar misericordias nacionales

lo mejor es que el dinero sea el lugar de las arañas para que al tejerlo no se acabe

lo mejor será recuperar otras interpretaciones: la pandemia es una filosofía de abrazos.

 

 

Florecer buscando explicaciones

 

Ya no soy un niño

pero me cuesta trabajo compartir con Dios el desayuno

y dejar que el corazón de algunas frutas se pierdan en la licuadora

luego fotocopiar el pan y el dinero que no alcanza para curar el cáncer

no sé si el hombre de la casa todavía no ha nacido

no sé si el sol me impida ser un hombre

para comprarle una bolsa de té a las mariposas que nos sanan de la primavera que no está

tener treinta años de árboles y cuatro ojos de bosque

y un concierto de ardillas que permití colar a mi capa de ozono para boicotear el invierno

el café me ha dejado ciego

el gato me ha curado de los perros

el elefante a repetir los consejos de mi madre

el perro a ser de mí una constelación lejana

al cerdo adaptarse para siempre a mi mano derecha

al arcoíris oír decir de mí que soy un escarabajo con cabellos

a mi hermana que toma la vida en serio por alguna parte

le ofrezco estas pobres reliquias.

 

 

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990). Estudió Lengua y Literatura en la Universidad San Luis Gonzaga de Ica. Dirigió la revista literaria Algamaris. Figura en la antología de la poesía iqueña Poetas en la Arena (2017). Obtuvo el Primer puesto del concurso de Poesía, organizado por el XIII Congreso Nacional Lingüístico Literario Juan Donaire Vizarreta y el V Congreso Internacional Antonio Gálvez Ronceros (Ica, 2016). Sus poemas han aparecido en revistas como Lucerna. Ha circulado diversas plaquettes. Actualmente ejerce la docencia y prepara su primer libro.

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Poesía

Cuatro poemas de Hilsa Rodríguez

Hilsa Rodríguez (Trujillo, 1994)

Perturbación

Hoy he soñado con un monstruo
Hoy he soñado que mi padre ha hecho el amor conmigo
Me ha acuchillado las vértebras y los ojos
Se ha acercado
y su voz me ha dejado grietas
me ha tocado las piernas
y se ha introducido en mí.
Mi madre ha muerto en ese hueco
y mi hermana
está durmiendo en los brazos
de un hombre raquítico.
Hoy he soñado
que he matado a mi padre.
El único problema es que su alma me persigue constantemente.

 

Teratofobia

No soy un monstruo.
Acaricio y amo
como si en mí
no existiera una criatura salvaje.
Como si en mí
no existiera un rostro lleno de grietas
como si en mí
el tiempo no existiera en mis dedos viejos
No creas que soy un monstruo.
Pertenezco
A esta casa
A estas paredes de mi cuarto
A este dolor
Por eso converso con el tiempo
Y lloro
Y aprendo a tener miedo
De mí misma
Como si en mí
no existiera este abismo que me asfixia
lleno de pájaros negros
en este oscuro
absurdo
corazón roto.
No soy un monstruo.
No creas que soy un monstruo.

 

Eclosión

Para desmembrar mi cuerpo
y convertirlo en una mujer
voy a enterrar en él
la angustia
el olor de los encuentros
y el pan de las siete de la mañana
Y entonces
despertaré
del letargo
y de la amargura del espejo
Para desmembrar mi cuerpo
Y convertirlo en una mujer
Voy a coser un botón en forma de ira
cerca de tu pecho
Voy a inventar el llanto de los niños
y la acidez del limón
Voy a afilar los cuchillos
y remendar mi propia miseria
Aquella que galopa constante
en estas paredes
en estos silencios
Para desmembrar mi cuerpo
y convertirlo en una mujer
Voy a olvidar las llamadas telefónicas
reprochándome
Si aún la vida es fácil
Si aún existe un adiós
Para desmembrar mi cuerpo
Y convertirlo en una mujer
Voy a cortar las zanahorias
En pequeños trozos
Para convertirnos en un pedazo de polvo
Llamado eclosión

 

Poesía

La poesía se adueña de esta casa:
Ya ni esta coraza aguanta tantos golpes
Ya no cubren el dolor estas arañas
Si los sueños son costras negras
Llenas de mentiras
Si de tu boca ladran lagartijas
Que ahogan la tierra
Y que le mienten a tu boca con otra boca.
El ruido aumenta
Y lo destruye todo:
El tiempo, las estrellas
Mientras aquí
Esta casa
Se adueña de los malvados
De los moribundos y de los poetas
La poesía se adueña de esta casa
La poesía se transforma en un puño
y algún día podrá matarnos.

 

 

Hilsa Rodríguez (Trujillo, 1994). Egresada de la Universidad Nacional de Trujillo – Mención Lengua y Literatura. Docente. Ganadora de la Convocatoria Poesía Hembra II (2016). Ganadora de la convocatoria en las categorías Relato y Fotografía de la revista El Bosque, número 9 (2016). Mención honrosa en el Concurso Nacional de Cuento y Poesía – Huauco de Oro, de Sucre, Cajamarca (2017). Participó en la Feria Internacional del Libro de Trujillo (2017) y en el VIII Festival de Poesía de Lima (2018).

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Lucerna No. 5, Poesía

Tres poemas de Luz Ascárate

Luz Ascárate (Callao, 1989)

Silencio

A veces el silencio es algo distinto a la ausencia del ruido.
No es una voz que calla o el final de una frase.
Es un ojo que mira fijamente y en su órbita
un mundo extraño y nuevo se constituye, toma forma.
Voronca

detrás de los cerros
el pishtako
se alimenta como una máquina
ruidosa ignota colosal
de nuestros sueños

donde la tierra es toda mala y olvida
gritamos a veces
pero nadie nos escucha
nadie ya nos quiere y abraza
hemos olvidado a nuestra madre
y el lenguaje de las piedras

el pishtako
dice que sólo somos ruido

cuando nos encuentra de noche
nos llama ruido
cuando camina por las calles
y sube a sus edificios
y prende su máquina de nombrar
cuando nos encuentra
nos llama ruido

ruido ven para darte nombre y voz
nos dice
y al instante nos destaja

cuando nos encuentra de noche
y nos da nombre
cuando pasea armando calles
tras los cerros

así hemos vivido jóvencita séñorito
hablando al silencio

evocándolo
como se evoca lo que
al no conocerse
se necesita y aclama
 
la cara me la quemaron toda
no encontré mi familia
 
gritando al silencio
como lo que yace
en donde no se mira
lo no mentado
 
esta es una reunión privada no puede pasar dice
y me desgajaron el vientre
desde entonces ando en silencio

como lo que yace en lo presente
gritamos al silencio
en el ahora presente
que es siempre oculto
en el antes y el después
en el más nunca y el aquí

y al silencio
el relato de nuestros llantos

en los cerros más altos
en sus rocas más grandes
donde se esconde

el pishtako
su
«expresión mística
es un estímulo más del pensamiento» (Novalis)
y por eso
gritar al silencio
y al silencio

porque del silencio aprendemos
y cuando al silencio volvemos
porque tenemos miedo
únicamente cuando el miedo es hermoso
el silencio nos descansa

nuestra colección de recuerdos tristes y
«toda verdad es antiquísima» (Novalis)
en el silencio.

 

 

Legión

nuestras voces eran puro ruido
hemos aprendido a ser enjutos
simples
para ser escuchados
hemos silenciado nuestros colores
vivos
nos hemos disfrazado de tus
cadáveres
y a la vez de tus pishtakos
nuestro amor se ha configurado en torno a la
ausencia
amamos lo que ya no está
amamos lo muerto

por mucho tiempo
nos han soñado individuos
pero somos
fragmentos
que reposan
en lo que es
lo más particular

búscanos en tus uñas sangrantes
en la voz de tu conciencia
al interior
de la imagen sesgada
en fragmentos irreconciliables

nos dijeron con expresiones felices
silencio aporía paradoja
pero somos ruido y evidencia

las explicitaciones suturan al sentimiento
eso ya lo hemos aprendido
así como el simple ser
un intercambio
un lugar fijo
un tiempo dado
un trofeo
un compartimento enjuto
la privación
la no excelencia
la búsqueda insaciable
somos legión y ya no hay dios para salvarnos

 

 

I

 

la violencia de las cosas es la inamovilidad
percibir la inmovilidad de las cosas es una acción violenta

tú guardas el secreto de las cosas
como una historia a descubrir
y ocasionalmente a cuidar

para aligerar el espíritu hay que recurrir al movimiento
huir de las decisiones inmóviles

tú temes que tu vista hiera cualquier atmósfera
ablandas por eso el corazón

yo creo que una gran fortaleza protege un paisaje borroso
y que la violencia de las palabras traduce la violencia de las cosas

tú recoges sus colores
marfil, naranja

los vidrios prolongan la quietud de los estantes
y sus libros, tu mundo mágico

en todo lo que acoges en el vientre siempre estuvo presente
–como un fantasma–

–en el perfume de las cosas–
–en los árboles que pasean lejos–

aquel pishtaco cuya partida coleccionas una vez más
aunque ya no haya de donde asirse
o mirar

porque tú guardas el secreto de las cosas
su devenir

y yo transcribo con nombres y promesas
su violencia

 

 

Luz Ascárate (Callao, 1989). Es docente de la universidad París I Panthéon-Sorbonne y está calificada a las funciones de maître de conférences en filosofía en la campaña 2020 del CNU de Francia. Es doctora en “Filosofía y ciencias sociales” por la PUCP (Lima) y la EHESS (París), bajo la modalidad “cotutela”, con una tesis sobre los conceptos de imaginación y emancipación en la filosofía de Paul Ricoeur. Realiza actualmente una tesis en ontología fenomenológica en la universidad París I Panthéon-Sorbonne. Ha publicado poemas y artículos académicos en revistas diversas, así como contribuciones en libros colectivos. Sus publicaciones se sitúan en la intersección de la fenomenología hermenéutica y de la filosofía social. Estos poemas serán parte de su primer libro La redención del pishtako o la máquina del movimiento perpetuo, de próxima publicación.
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Lucerna N° 12, Poesía, Traducciones

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald (Lucerna N° 12)

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald. Traducción y presentación de Sara Martínez Navarro

[Extractos del texto de presentación]

«La aclamada y compleja obra de W. G. Sebald (1944-2001) sigue motivando, dieciocho años después de su muerte, la aparición de numerosos estudios críticos que se aproximan a ella desde diferentes puntos de vista. Así, al precursor volumen de McCulloh Understanding W.G. Sebald, publicado solo dos años después de la prematura muerte del escritor alemán, se han ido sumando importantes aportaciones como la de Anne Fuchs en 2004 o la compilación de artículos en torno a diferentes aspectos de su obra realizada por Denham (et al.) en 2006. La inmensa mayoría de estas aproximaciones tienen como objeto el análisis de la narrativa de Sebald, pero son muy pocos los estudios que se han ocupado de su poesía.

[…]

Los poemas de “Schullatein” se encuentran en el W.G. Sebald Archive, en el Deutsches Literaturarchiv de Marbach, junto con otras dos colecciones de poemas: “Über das Land un das Wasser”, que da nombre a la antología publicada en 2008, y “Das vorvergange Jahr”. La selección de los textos traducidos se basa en la edición alemana de 2008 y se ha respetado la puntuación del original, así como el uso de las mayúsculas y minúsculas.»

 

Sara Martínez Navarro (Cartagena, España, 1981). Sus poemas han sido publicados en revistas en español, inglés y alemán. Ha recibido varios premios de poesía, siendo los más recientes la Primera Mención de Honor del premio Letras de Iberoamérica 2019 y el Premio Nacional de Esdrújula Ediciones. Su quinto poemario Feliz solo en las ruinas se publicará a finales de este año. Como traductora de poesía ha publicado traducciones del griego clásico, del latín, del griego moderno, del inglés y del alemán. Es co-editora fundadora de las revistas de poesía América Invertida (EEUU) y Cadaverso (España). Enseña griego y latín y actualmente reside en Nueva York.

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Lucerna N° 12, Poesía

Porque te han muerto. Dos poemas de César Calvo a Javier Heraud (Lucerna N°12)

[En la sección de rescate literario de Lucerna N°12, reproducimos de manera facsimilar dos poemas de César Calvo dedicados a Javier Heraud, uno de ellos inédito hasta esta edición. El rescate y la presentación están a cargo de Manuel Barrós, estudioso de la obra de Calvo.]

[Extracto del texto de presentación]

[…]

Para César Calvo (Lima, 1940), gran amigo de Javier, su muerte fue más que un dolor pasajero: se erigió como una pregunta intermitente que hizo acto de presencia en distintos momentos de su producción artística. César fue una de las personas más cercanas a Javier y compartió con él importantes experiencias de vida: recitales y caminatas con amigos en común; el entusiasmo por la Revolución Cubana y por el ELN; el primer puesto en el concurso Poeta Joven del Perú de 1960 y un poemario al alimón, Escrito a dos voces (1961). Por eso, como ejemplo es muy elocuente la emotiva honestidad con la que César compuso y grabó para su amigo la canción “Para un gorrión caído”, que pertenece a Poemas y canciones (1967). Con esa misma desnudez, pero a muy poco de la muerte de Javier, los dos poemas que aquí se dan a conocer registran las primeras manifestaciones del mismo pesar.

Estos dos poemas, fechados en 1963, muestran dos momentos del duelo de César por la muerte de Javier. El primero, en verso y de mayo mismo, se presenta como una letanía marcada por la intensidad del lenguaje. En parte por la proximidad de la noticia. En parte por la urgencia con la que la escritura documenta un primer y doloroso desahogo. A su vez, el segundo poema —en prosa— muestra una laboriosa calma y la estoica quietud de quien rememora al amigo asesinado. Al estar fechado en agosto, es significativo que presente una serenidad que contrasta con el primer poema. Y en conjunto, ambos dejan entrever el estilo de Calvo a los veintitrés años: entre otros rasgos, el relieve personal de lenguaje, la influencia de Vallejo, los sentimientos del tiempo y de la justicia social.

[…]

Manuel Barrós (Lima, 1993). Sociólogo, traductor, investigador y editor. Se licenció en sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú con la tesis La trayectoria artística de Perú Negro: la historia, el teatro y lo afroperuano en su periodo fundacional (1969-1975). Desde 2016, es coeditor de la revista literaria Diente de león. Ha participado en eventos académicos y literarios en Argentina, Brasil y Chile. Ha publicado la traducción Doce nocturnos de Holanda (Ediciones Andesgraund, 2016) de la poeta brasileña Cecília Meireles en Santiago de Chile.

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Poesía

Tres poemas de Cristhian Briceño

Cristhian Briceño  (Lima, 1986)

Ted Hughes se casó con Silvia Plath en 1956 y fueron a vivir a E.E.U.U.

«Pasifae alumbró
Con un abrazo
La oscura piel del toro».

Al entrar a aquel cuarto
—Compacto enjambre de langostas—
Avivamos un pálido candil.

Entonces pudimos contemplarnos.

Me vino a la mente lo de Pasifae.

Se puede decir que ambos
Nacimos de esa conjunción
Entre luz y obscuridad.
Así también el Minotauro,
El finito valle de lo existente.

 

 

Nota: Una vez en E.E.U.U. Plath y Hughes se dedicaron a impartir clases en distintos colleges universitarios y volvieron a Inglaterra en 1959. Primero se instalaron en Londres, y más tarde, en 1961, se fueron a Devon. Plath se suicidó en Londres en un frío febrero de 1963, un mes después de aparecer con seudónimo en Inglaterra su novela The Bell Jar (Un error del poema es suponer que la piel del toro que copuló con Pasifae es oscura, cuando, según el mito, se trataba de un toro que poseía una blancura inusual, divina).

(De Breve historia de la lírica inglesa)

 

 

XXV

 

El futuro de un galeote es seguir siendo un galeote.
Un galeote no es atlético como Charlton Heston en Ben-Hur.
Los galeotes no tienen relojes que indiquen la hora de su muerte, ni salvavidas, ni cuencos de plata donde puedan depositar el agua salada que brota de sus oídos y narices.
Hay un dicho popular entre los galeotes: «Asegúrate de estar vivo antes de acostarte. Asegúrate de estar muerto antes de morir».
Los galeotes no tienen tiempo de llenar formularios pidiendo mejoras en su dieta diaria.
Si hay luna llena, ningún galeote se convertirá en hombre-lobo, pero es posible que se ponga a llorar sin causa aparente.
Y los galeotes siempre llevan la espalda tatuada de arroyos.
Pero no hay un solo día en que un galeote no recuerde su patria y las delicias de dormir sin sueño.
Si las tripas de un galeote se confunden con sus costillas, éste habrá llegado a su madurez.
Pero el galeote no es un ser atlético (creo haberlo dicho, no es Charlton Heston), con lo cual sobrevivirá todo el tiempo que su buena suerte se lo permita.
Un galeote es su propio dentista.
Un galeote es su propio psicoanalista.
Un galeote es su propio jardín y fuente y pajarito.
Un galeote es su propio dios.
El hábitat del galeote no es la galera sino su fatiga crónica.
Los galeotes nunca dan la mano, a menos que vayan a tomarles el pulso.
La muerte de un galeote repercute en una sola cosa del universo: la velocidad de la embarcación a la que sirve.

(De La trama invisible)

 

 

XLII

 

Pienso un argumento que es, a la vez, la continuación de El hombre menguante. El protagonista se hace pequeño, casi del tamaño de un intersticio en el cristal, aunque él sigue creyendo que no existe nada tan pequeño como para no ser percibido por Dios. A partir de entonces, su decrecer constante lo lleva a niveles inexplorados de la materia, tal si fuera un biólogo marino inhumándose en las aguas del océano y buscando lo nunca hallado. Pues pasemos las medidas de moléculas, átomos, quarks, etc. ¿Qué hay luego de todo esto? Imaginemos una inversión de este estado, una inversión aparente, como casi todo en el universo percibido. P. ej., lo colosal del tamaño humano para una pulga, pero lo ínfimo que puede resultar para una estrella enana. Nuestro protagonista, entonces, llega a un nivel inapreciable donde pasa de ser nada a ser un gigante —en comparación, digamos, a unas bacterias encaramadas en sus hombros—; luego es menos que nada —es decir, es algo infinito como un paso de la tortuga eleática—, para tornar otra vez a una dimensión colosal, pero invariablemente relativa. Hay una fluctuación en sus estados que me lleva a pensar en la ironía de la realidad. Pronto doy con un impedimento para mi relato, algo evidente, incuestionable, impostergable. En algún punto, el organismo del protagonista se hace tan ínfimo que puede ver ante sus ojos las moléculas de oxígeno flotando como pelotas de golf, de cricket, luego se hacen balones de fútbol, más tarde son globos aerostáticos, después praderas, pequeños mares, inmensas dudas, el plomo irrespirable, la asfixia total.

Aunque no debemos descartar una rápida evolución o el suicidio y la risa.

(De La trama invisible)

 

 

Cristhian Briceño Ángeles (Lima, 1986). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado los poemarios Breve historia de la lírica inglesa (2012) y La trama invisible (2013), y el libro de relatos La literatura en Alaska (2013). En 2012 se hizo acreedor del primer lugar por el relato “Fiebre” en el concurso “El cuento de las 1000 palabras”, organizado por la revista Caretas. En 2013 obtuvo el Copé de Plata en la XVI Bienal de Poesía del Premio Copé, con el libro La comedia inmóvil. Ha sido incluido en El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 y en Poetas que cuentan. Muestra de relatos peruanos (1913-2013). Sus textos de ficción han aparecido en revistas del medio local como Buensalvaje, El Hablador y Lucerna, y en revistas extranjeras como Revista de Poesía (Venezuela) y Luvina (México). Estudió una Maestría en Literaturas Extranjeras y Literaturas Comparadas en la Universidad de Buenos Aires.

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Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Fabiana Caballero

Fabiana Caballero (Lima, 1992)

Tu cuerpo infinito

Veintisiete años;
Y sólo entonces descubres que llevas una galaxia dentro,
en el nacimiento de tus planetas internos.
Adentro, muy adentro,
Llena de constelaciones de sangre,
de noches fragmentadas sin sueño,
de nebulosas tibias.

De niña temías al infinito y sus tinieblas.
Pero, ya hoy, ¿puedes temer al infinito de tu cuerpo;
a la infinitud de tu cuerpo perverso y coloso,
De tu cuerpo secreto de estrellas muertas,
De tu cuerpo devoto y cósmico,
De tu cuerpo celeste, que se pudre y se plaga
De materia oscura,
de vacío lunar
silbante y demoledor?

Sólo entonces descubres que llevas una galaxia entre las piernas,
Entre las entrañas de tu vientre solar,
En el camino astral hacia tu garganta de fuego eterno,
En tu boca espacial, que a veces calla, a veces, gime.
Calla entre lluvias de lunas sangrantes.
Enmudece brutalmente ante la indiferencia,
La indiferencia
del avance de la oscuridad de tu cuerpo infinito,
Que abruma, que oprime palabras.
Y gime descomunalmente, a las anchas de su órbita perpetua.
Y el grito no es siempre mudo, a pesar del eclipse.
Así que te aferras a las galaxias de tu cuerpo nocturno.
Tú, tu propio cuerpo, tú misma,
Supernova en explosión,
Supernova que se expande y que gime de placer,
Supernova que se expande y que gime de pesar.
Supernova avasalladora, infinita tú y tu universo
De cuerpo galáctico, grandioso, inmenso.

 

 

 

Eterno sueño

Las carcajadas frías.
Los hilos que desgarraban.
La tinta azabache que emanaba de sus entrañas.
¿Se había esfumado todo al despertar?

La neblina posábase en su cabeza.
El desasosiego acariciaba su tez,
Y una sinfonía oscura

enredaba sus dedos y se aferraba a sus rodillas.
“Sé mi mañana…”

Y sí, era absurdo:
La nebulosa azul,

el amargo en la lengua,

el sabor a sangre,
y las melodías,
danzando como mariposas macabras, en el viento.
“Ella no teme huir…”

Absurdo, este eterno sueño.

 

 

 

Beso celeste

Emanas un hálito celeste, de sabor dulce, profundo.
Tu hálito se expande, crece,
Se propaga a la velocidad de mil incendios verdes por segundo
Y se filtra a través de los resguardos de mi boca.
Las ranuras entre los dientes, finísimas,
El surco bajo la lengua,
Los ríos de cálida lluvia tras los labios,
El nacimiento y el final de mi garganta…
Toda mi boca respira, en fin, tu aliento.

 

 

 

Fabiana Caballero Talavera (Lima, 1992). Estudió año y medio en la Facultad de Arte y Diseño de la PUCP en la especialidad de pintura. En 2012 se cambió a la carrera de Literatura Hispánica. En 2016 participó junto con otros alumnos de la PUCP en un proyecto para la recolección de tradiciones orales de la comunidad de Sacsamarca en Ayacucho. En 2017, participó en el Primer Congreso Latinoamericano de Tradición Oral. Perteneció al círculo de estudios japoneses Tenjin, a través del cual realizó ponencias sobre el anime como espacio de crítica social y sobre estética japonesa. Actualmente trabaja en el área de Colecciones Especiales de la Biblioteca PUCP catalogando la Colección Javier Heraud y da clases de cuento ilustrado a niños y niñas en el taller “Déjame que te cuento”.

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Lucerna N° 12, Poesía

Tres poemas de Liz Matta Durán

Liz Matta Durán

si miro a través de la boquilla de la aguja podría ser que el ojo de mi amado reventase
y podría ser que la raíz cuadrada perfecta no lo fuera
entonces su labio púrpura mordería el número que se eleva al infinito
Yo no habría fugado
Mis manos estarían mojadas de tristeza

dijo mi madre zurcir zurcir

Pero mi amado habría ido a roma
y sobre roma una langosta blanquísima como las piernas de Rosalina
ardería una llama sagrada
y ellos sonreirían

 

 

 

| la garganta que es nueva y luminosa según especificaciones de la caja |

para paladear la luminaria verdísima de las palabras cuando gorgoteen sobre la lengua fría a las lenguas del viento a las lenguas de todos
los animales que por las mañanas rezan y cagan y mascan la
hierba verde o el heno recién fresco pero viejo
la lengua calentará al viejo caballo de patas de bronce allá a lo lejos
a través de una sonda marina
una boca se abrirá sórdida y grave como la
llamada última de la especie y
sus labios serán mis labios
cuando enfrente
todo lo verde y
todo lo ancho
y el cielo horrible se despeje
sobre las pálidas luces de las casas allí arriba
y ellos no estén
porque estarán bailando la gran fiesta
en un barrio chiquito, pero más dulce que el nuestro
se abrirán todas las verjas y sus hadas
la gran bailarina borrará su beso de mi
frente
| nunca
todo |lo|verde|nunca| besa |el color
verde| |todo | |verde|

 

 

 

Cualquier guarida es buena siempre que haya lumbre contra |_________|

    Inserte palabra para describir desolación en abstracto.

La soledad se colaba por los poros del humano de los 2000′ y no había lumbre. La luz eléctrica dominaba las casas montadas en ladrillo.
La soledad era un perro mecánico mordiendo al hombre del 2000′ y aún no se inventaba nada parecido al cuánticopoema.
Todo hombre vibraba en silencio para no llorar en abstracto.
    Inserte teoría del cuánticopoema.
La revolución era un perro mecánico.
La descripción del abstracto se confundía con el cuánticopoema.
    Inserte teoría del salto al hiperespacio del primer hombre que pensó en el abstracto y mató al primer hombre para dar paso al cuánticopoema.
|_la lumbre tibia en la guarida_| como pintura rupestre en un computador.
Los niños juegan a la guerra, primer .jpg hallado, la no evolución de la pintura. Punto cero. Los niños juegan html perenne en la pantalla negra   punto cero en la evolución
    Inserte teoría de La inexistencia del niño es la existencia del hombre abstracto o El punto muerto del niño bajo la lumbre LÍRICA DE UNA PINTURA RUPESTRE EN JPG.
El cuánticopoema   el primer fragmento de átomo se dora bajo la lumbre y piensa   Soy un cuánticopoema, mi nombre es Luz/ Entra por la retina del hombre en abstracto {…}

 

 

 

Liz Matta Durán. Vive en Ica. Ha publicado sus textos en distintas revistas y reunido en plaquetas de autoedición. En 2017 publicó La psicoputa. Es activista de los derechos de los delfines y las tortugas ecuestres.

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Poesía

Tres poemas de Maggie Oré

Maggie Oré (Cusco, 1993)

HORA DE RECOGER LA BASURA

entre esto y lo otro
del estío pronto
hidrópicas, las bolsas de basura
se desangran:
se abren papeles en volteretas
siguen volando los más superfluos
y noramala, de a pares, unos ojos negros se asoman
pedigüeñas las lagartijas pequeñas
de tesoros augurados por la manada:
tiros artificiales de a dos por un sol
la flor de cristal siempre es encontrada

caminan entre la maleza plástica
siluetas pequeñas
lunares morenos
rotos sus dientes y su infancia

se agazapan los buitres pequeños
escarban en la pobreza
con sus picos de azúcar y ají
a rescatar del naufragio azulejos
un lápiz, una moneda
un poco del mundo que no es de por aquí

aúllan las lagartijas, ríen poderosas
para ocultar las ojeras y
los mocos caliginosos

Viene el carro de basura
con el dulce revoloteo de las bolsas
torbellinos de porquería
tantum ergo para los roedores
que olvidaron ser niños

son inmunes a las alergias
las enfermedades el gobierno las ongs
hacen casas de llantas de calaminas
de hambre que suple las risas

el frio
es el resorte de sus subibajas

 

 

 

MIS MEDIDAS

Estas son mis medidas:
estrecho es mi cuerpo
para esta hostilidad ofuscada
revisten mi humanidad los periódicos
de grandes me duelen las caderas
por tanto parir esperas
pequeños pifiadores mis ojos se duermen
sin siembra antelada

hay días en los que estoy seca,
tan secos mis labios ocultos que
solo me queda hablar del clima
o de la chamuchina

mi boca bolacera
dice que todo se anida en mí
pero en mi crencha
no hay pájaros ni faenas

mis largas piernas,
tahúr en las tarimas de mirones
ocultan el arrabal que sujetan
y no quepo
en mi pecho baldón
mientras el órgano late en otra habitación

no sé si soy pequeña, inhabitable
o incontenible, casi inexistente

me calzan minúsculas las respuestas que visto
y soy el Sphairos redondo
mi centro está aquí
y allá

 

 

 

HACE EL HACEDOR

1. Las venas nacen en ríos

debajo de la manta cerúlea

mantas más mantas

2. Entroncados los huesos

para formar un cuerpo

3. Dirigible (mal augurio)

enganchado por la nuca

4. Se convierte el oro en sal

para suturar las llagas

5. En las cuencas

dos tiros

para que los niños jueguen

a las carreras

6. Los dientes de perlas

corren prestas

hacia el canto

7. Enturbiado el cabello

 

Te creo, criatura.

 

 

 

Margarita Oré Velarde (Cusco, 1993). Artista escénica y bachiller en derecho. Participó en el Festival de Poesía Enero en la Palabra de Cusco, en 2018. Ha publicado poemas en la revista Verboser (2018 y 2019) y en la revista digital La Cápsula Etérea (2019). Actualmente escribe un poemario.

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