Lucerna No. 9, Poesía

Siete poemas de Brayan Rojas Osores

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990)

Presencia y derrota

Hubo un día en que el día no engañaba.
Luis Cernuda

Me vuelvo contra una estrella negra, mi amor se regocija en diámetros eléctricos, y cada diámetro que hay en ellas las guardan celosas de mi llanto.
Hay en todo esto una metáfora de arcilla que hace notable su derrota, claro es el ejemplo de un áspero cariño que nadie me profesa y su presencia es la promesa de una primavera –a primera vista– separada de lo imaginable.
Temo que el cielo sepa quién es él cuando lo acuse en contra de ustedes. No silbo nombres ni edades que también revelen una sucesión de números en quiebra.
Alguien con labio de mujer alcanzó a decir que me quería, debe ser aquel planeta resucitado que olvidó decir lo que yo debí decir mientras soñaba. Pero se presenta como una fruta amenazante, debo de comerla –pienso– y otra vez se ensarta en esa línea recta que destejo mientras hablo.
Mejor callo, mejor no presumir, tal vez la soledad sepa lo que hace mientras la acompaño. Y la metáfora de arcilla que arrastré hasta aquí entre pensamiento y pensamiento, sucumbe porque no le di la mano.

 

 

 

Escondite de sol

 

He perdido el silencio
el gusto de decir
con estas manos que tejen
y destejen las mismas palabras
con las que se escribe
una carta o se hace un puente
hacia los oídos del viento.

Qué sabio no vive con la verdad
dormida en la boca.

Si debajo del agua, somos
los mismos seres
que al unísono se despiertan
para decirse adiós.

 

 

 

I

Esto es cierto:
Cierro los ojos
limpio el césped lleno de ti
caen tus ojos
llenos de miel
las hormigas saben a mí
el sol es tuyo si pienso en él
no lo espantes
el poema es un insecto lleno de mí.

 

II

Incluso una
promesa
consta de tres partes

incluida en ella
la perplejidad
de los tres
segundos en un tren

 

 

 

Darmer

Discutí sentado el camino de la tristeza

Mientras hablo, mientras levanto
un hombro
para saludarte sin ninguna condición
practico ser el mar
el vómito de ciertas especies que no
te saben bien.
La propia sal me sirve para endulzar los días
que no vienes.
Algunas veces salgo a caminar de puntillas
y a mi regreso
arrastro hacia la orilla toda la arena que no
pude regalarte. Y te imagino con el sol,
recostada sobre aquella playa –donde el amor
no está– para olvidarme.

Practico ser el mar y aquí termino:
los pescadores no saben escribir mi nombre,
piensan que dentro del propio mar
no habita otro mar.
Entonces mientras hablo, mientras
levanto un hombro para despedirme
toco las extremidades que me quedan y
parecen las pinzas de un muerto.

 

 

 

Mejor no es ir al mercado

 

Lo mejor es recibir el abecedario por debajo de la puerta

lo mejor es que sol rinda otros exámenes de conciencia

lo mejor es que el espejo tórnase en agua quieta en nuestro cuerpo

lo mejor es que el pan exceda su textura hacia otras galaxias

lo mejor es un imán de bicicletas: ve de vuelta a casa

ve a casa devuelta: devuelto en un timón de abejas

lo mejor es pensar en el tapete y pintarlo de azúcar

lo mejor es que las hormigas pasen a mi biblioteca a delinear otro libro
con las hojas secas pegadas a su boca

o una cadena de grillos
facsímiles que arden tal cosmopolita lejos de casa

lo mejor es que la educación no se libere de los niños y nos libere árboles-niños

lo mejor es que el gobierno también aprenda en casa

después de soñar en un jardín prestado

lo mejor es desayunar en el almuerzo y cenar misericordias nacionales

lo mejor es que el dinero sea el lugar de las arañas para que al tejerlo no se acabe

lo mejor será recuperar otras interpretaciones: la pandemia es una filosofía de abrazos.

 

 

Florecer buscando explicaciones

 

Ya no soy un niño

pero me cuesta trabajo compartir con Dios el desayuno

y dejar que el corazón de algunas frutas se pierdan en la licuadora

luego fotocopiar el pan y el dinero que no alcanza para curar el cáncer

no sé si el hombre de la casa todavía no ha nacido

no sé si el sol me impida ser un hombre

para comprarle una bolsa de té a las mariposas que nos sanan de la primavera que no está

tener treinta años de árboles y cuatro ojos de bosque

y un concierto de ardillas que permití colar a mi capa de ozono para boicotear el invierno

el café me ha dejado ciego

el gato me ha curado de los perros

el elefante a repetir los consejos de mi madre

el perro a ser de mí una constelación lejana

al cerdo adaptarse para siempre a mi mano derecha

al arcoíris oír decir de mí que soy un escarabajo con cabellos

a mi hermana que toma la vida en serio por alguna parte

le ofrezco estas pobres reliquias.

 

 

Brayan Rojas Osores (Ica, 1990). Estudió Lengua y Literatura en la Universidad San Luis Gonzaga de Ica. Dirigió la revista literaria Algamaris. Figura en la antología de la poesía iqueña Poetas en la Arena (2017). Obtuvo el Primer puesto del concurso de Poesía, organizado por el XIII Congreso Nacional Lingüístico Literario Juan Donaire Vizarreta y el V Congreso Internacional Antonio Gálvez Ronceros (Ica, 2016). Sus poemas han aparecido en revistas como Lucerna. Ha circulado diversas plaquettes. Actualmente ejerce la docencia y prepara su primer libro.

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