Editoriales, Lucerna No. 8

Editorial de Lucerna No. 8

Portada revista Lucerna No. 8

Si algún futuro investigador se propusiera escribir la historia de la literatura de nuestra época se sorprendería al no encontrar en ella ningún atisbo de los valores artísticos que mañana se considerarán perdurables, y no tardaría en preguntarse: ¿en qué estuvo ocupada la atención de la crítica y de los lectores, y por qué nada de lo que entonces trataron de vendernos logró sobrevivir? La respuesta es clara: estuvo tratando de vender libros y autores, no literatura ni arte. Esto que podría aceptarse como un mal necesario, ha llegado a convertirse en la razón de ser del mercado literario, al punto de que ya no hay lugar en él para el arte y la literatura que no pueden ser reducidos a mercancía explotable, ni para los autores que no estén dispuestos a representar la comedia de parecer personajes interesantes con el fin de vender libros.

Por ello no debe sorprendernos que entre los libros más vendidos y los autores más promocionados del año encontremos siempre a escritores de segunda o tercera fila que encajan perfectamente en esta pantomima y aceptan gustosos un papel dentro de ella. Pero esta farsa se ha hecho tan generalizada que incluso gente que no carece de talento no ha tenido el menor inconveniente en poner en juego su prestigio y sacrificar todo crédito y autoridad para defender las medianías impulsadas por el mercado, asegurando con ello los beneficios con que este retribuye a sus custodios. Para que este mecanismo pueda funcionar sin fisuras es necesario que la crítica y los medios no sean, por un lado, otra cosa que satélites y elementos de refracción de sus fines comerciales, y, por el otro, que arrojen un manto de silencio sobre cualquier voz divergente o talento que no se ajuste a dichos fines. Los aspirantes a la fama literaria que mendigan menciones y sueñan con reemplazar al autor de moda, también defenderán este sistema con uñas y dientes porque, al carecer de existencia propia, esperan existir a través de él. Los lectores de ferias de libros hacen dentro de este sistema el papel de tontos útiles cuya vanidad se halaga con el prestigio que aún le queda a la lectura y cuya complacencia se alienta al ahorrarles el trabajo de pensar y darles de leer lo que todo el mundo está leyendo. Este engranaje funciona tan bien que parece que no hubiera vida más allá de él. Todos salen ganando: autores, críticos y lectores. Todos, excepto el propio arte literario.

Por supuesto, nadie aquí está hablando de proponer temas o estilos como más elevados o profundos que otros. Ya sabemos que cualquier intento de impulsar una literatura que aspire a alguna trascendencia parece una exigencia demasiado onerosa para los que viven satisfechos con sus naderías y no pueden ver más allá de sus narices. Pero si tuviéramos que realizar alguna exigencia a la literatura, sería esta a la que se refiere el historiador del arte Arnold Hauser: “Lo que otorga a una obra significación social, moral y humana no yace en el motivo, en su acción, sus personas o la tendencia manifiesta que exprese, sino que subsiste en la seriedad, la inteligencia y el rigor, en suma, en la madurez espiritual con que ataque los problemas de la vida”. ¿Será esta también una exigencia excesiva para los egocéntricos autores de hoy?

Lamentablemente, en el mercado literario tal como se ha configurado en la actualidad ya no hay lugar para un arte de esta naturaleza. Si amamos el arte y la literatura debemos negarnos a participar en el festín de complacencia en que se ha convertido hoy en día. No se puede desear realizar obras de arte perdurables –y si no se anhela ello, ¿para qué se quisiera escribir?– y al mismo tiempo aspirar a ser parte de un sistema que vive de espaldas a todo lo que es verdaderamente grande y hermoso. ¿Qué hacer, entonces? Es necesario buscar y abrir nuevas vías, crear nuevas moradas que sean el refugio de la belleza en estos tiempos de miseria intelectual en que vivimos.

Acompaña a esta octava edición de Lucerna una nueva entrega de la colección «Los alimentos terrestres». En esta ocasión se trata de Catay (1915) del poeta Ezra Pound, que publicamos conmemorando los 100 años de su primera edición.

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Los alimentos terrestres, Lucerna No. 8

Catay de Ezra Pound (Traducción de Ricardo Silva-Santisteban)

Catay de Ezra Pound

Con el octavo número de revista Lucerna, se publica el libro de poemas Catay del poeta norteamericano Ezra Pound, con traducción y prólogo del poeta y editor Ricardo Silva-Santisteban. Este libro es la tercera entrega de la colección «Los alimentos terrestres» de clásicos universales, y se publica en conmemoración de los cien años de su primera edición (1915). Este libro-separata se entrega gratuitamente con el octavo número de Lucerna. Silva-Santisteban señala en el prólogo: «Debe reconocerse también a Cathay el haber impulsado el acercamiento a la poesía china desconocida todavía en Occidente por falta de un gran intérprete que, como Pound, mostrara ese rico universo en todo su primor y exquisitez revelando a lectores asombrados una de las tradiciones más ricas con que cuenta la literatura universal. Con la publicación de Cathay, Pound recibió el reconocimiento de crítica y de público. Cathay es, sin lugar a dudas, su libro más hermoso y uno de los que se puede releer con más placer».

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Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de Ríos de ceniza de Félix Terrones (Lucerna No. 8)

Rios.de.ceniza

RÍOS DE CENIZA
Autor: Félix Terrones
Editorial: Textual Editores
Páginas: 311
Año: 2015

Por: Coralie Pressacco

Félix Terrones (Lima, 1980) es seguramente uno de los rostros más prometedores de la literatura peruana actual. Doctor en estudios hispanoamericanos, escritor, crítico y traductor, es autor de la novela corta A media luz (2003), de la novela El silencio de la memoria (2008), del libro de cuentos Cenizas y ciudades (2008) y del libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014).

Su última obra, Ríos de ceniza, es una novela que aborda la experiencia de un joven peruano que decide dejar el Perú y viajar a Francia para continuar sus estudios y convertirse en un escritor famoso. El narrador anónimo comparte con el lector su recorrido por distintas ciudades descritas en sus mínimos detalles. La narración tiene como punto de partida la “mortecina” ciudad de Lima de la que el protagonista desea evadirse para acceder a la cultura viajando a Francia. Allí se mudará varias veces, viviendo en Burdeos, Tours, París y Lyon, cuatro ciudades atravesadas por un río. Sin embargo, la novela no es sólo el descubrimiento de un país o de una cultura sino también una novela de educación sentimental, una reflexión sobre la memoria, el exilio y la escritura, la búsqueda permanente y el descubrimiento de sí mismo. En Francia, el joven peruano se encuentra en el camino con varias mujeres que pautarán su vida amorosa. Pero los amores frustrados, imposibles, que son una constante en las obras de Flaubert y de Balzac que tanto influenciaron la novela de nuestro joven escritor, serán también parte de la experiencia del protagonista.

Sin duda, un tema importante es el exilio, la diáspora peruana. El viaje del narrador recuerda la estancia parisina de autores peruanos como Mario Vargas Llosa o César Vallejo que buscaron en la capital de las letras, el aire que respiraron los grandes de la literatura francesa y la inspiración que les ayudara a convertirse en verdaderos escritores. En la parte central del relato, el autor se identifica con el poeta y traductor Paul Celan, quien precedió sus huellas en la ciudad de Tours y vivió un exilio completo: “Exiliado de su familia, exiliado de su país, exiliado en el amor”. Conforme realiza su experiencia, el escepticismo se apodera del protagonista, quien poco a poco descubre el verdadero significado de la palabra “exilio”. La ambición y el entusiasmo que lo trajeron a Francia, desaparecen paulatinamente para dejar paso a los temores y conflictos internos que ponen en duda su vocación de escritor. La nostalgia atraviesa la novela como un río, la nostalgia y el temor de no saber dónde está ni adónde va.

A medida que avanzamos en el relato, las aguas del Loira se vuelven turbias, agitadas. Pero el río, como fluir del tiempo, metáfora del viaje, es también lo que conduce al narrador a la búsqueda de sí mismo. Porque la vida no es sino un viaje de descubrimientos y de reflexiones, como un río que nos lleva entre sus aguas turbulentas hacia un destino desconocido. Un destino, símbolo del renacimiento entre las cenizas, que bien puede ser el comienzo de una nueva vida.

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Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de El libro de la enfermedad de Mateo Díaz Choza (Lucerna No. 8)

El libro de la enfermedad de Mateo Díaz Choza

EL LIBRO DE LA ENFERMEDAD
Autor: Mateo Díaz Choza
Editorial: Paracaídas Editores
Páginas: 65
Año: 2015

Por: Miluska Benavides

Desde su primer poemario, Av. Palomo (2013), Mateo Díaz Choza (Lima, 1989) se planteaba, desde escenarios urbanos, una preocupación formal y temática por la relación entre el sonido y el lenguaje. Esta preocupación adquiere mayor versatilidad técnica y aborda otros dominios de la imaginación en su poemario más reciente, El libro de la enfermedad, en que se cuestiona la materialidad de formas de representación de la realidad como la imagen y el lenguaje. La primera parte del libro se compone de fragmentos cuya imaginería gravita alrededor de la naturaleza invernal, y su tema es el lenguaje. Mientras la naturaleza provee experiencias formales como el sonido-música, el hombre intenta descifrarla a través del lenguaje (en sus facetas visual y sonora), que es útil para nombrar y escribir, pero no empata con el carácter perenne de las entidades del espacio natural. La primera parte enuncia los temas y mecanismos a los que regresará el libro: la tensión entre lenguaje / imagen, fugacidad / sonido y la relación entre ambas tensiones con la permanencia. Acaso por ello la segunda parte –en que se reelabora mitos bíblicos– comienza con un poema sobre el episodio de Saúl, continúa con un poema dramático sobre las visiones de un Sansón ciego, y cierra con el asombro del apóstol Tomás frente al cuerpo de Cristo. El ropaje métrico es versátil y genera dos efectos: la recreación del mito cantado –para ser memorizado– y la reelaboración de figuras ancladas en la tradición literaria, como la agonía del Sansón de Milton. Para el libro, revisitar la experiencia codificada de ver y oír se logra al sumergirse en el mito y re-experimentarlo.

Asimismo, los motivos del poemario se despliegan en la que considero la sección más interesante, “Elogio de los caminantes”, que diseña el recorrido del “yo” que culmina con la asunción de la disolución del cuerpo, y a su vez desnuda el ilusorio control del mundo por medio del lenguaje y el vacío que yace tras la imagen. Esta sección compuesta de cuatro partes y en versículos agrega motivos del paisaje y la antigüedad peruana, que ofrece insumos a la imaginación (hueso, polvo, humo, reflejo y fuego), sobre todo la experiencia frente a la permanencia de la piedra (“No soy la piedra divina,/ Sino la piedra humana”). En la tercera parte, un cuerpo desmembrado es escenario de una transformación (“No temo ya alejarme de la orilla, pues allí volveré de nuevo”), y finalmente se dramatiza la extinción del lenguaje, donde solo queda la canción, que se impone frente a otros elementos formales de materialidad “etérea”. Si hay algo que pueda reprochársele al libro es que su cuarta sección no parece encajar con el resto ni la noción de “enfermedad” parece apropiada para nombrar todo el conjunto poético desarrollado en él. Frente a estos reparos menores, la construcción de imágenes sobre la futilidad y la muerte, y la transfiguración altamente imaginativa de las paradojas de la sensibilidad contemporánea, muestran el proceso de maduración de una poética de motivos propios, preocupada por la materialidad de la poesía y el lenguaje, y a la que poco parecen afectar las fórmulas poéticas al uso.

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Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de Autorretrato del piloto de Paul Forsyth (Lucerna No. 8)

Autorretrato del piloto de Paul Forsyth

AUTORRETRATO DEL PILOTO
Autor: Paul Forsyth Tessey
Editorial: Celacanto
Páginas: 124
Año: 2015

Por: Julio Isla Jiménez

Si no nos dejamos distraer por el barullo que producen los poetas al tratar de convencernos de que sus poemas dicen lo que no alcanzan a decir por ellos mismos, estaremos en condiciones de escuchar la voz de aquella poesía que es capaz de hablar por sí misma sin recurrir a galimatías críticos ni cabildeos generacionales. Esta voz la encontramos en la obra reciente de Paul Forsyth Tessey (Lima, 1979). Después de Anatomía de Terpsícore (2014), una de las obras poéticas más ambiciosas y logradas que se haya publicado en los últimos años en nuestro país, Forsyth publica Autorretrato del piloto (2015), un libro no menos frondoso y abigarrado que el anterior, pero que logra encontrar su propia identidad en su diversidad, pues aunque su organización y unidad no resultan tan evidentes como en Anatomía…, un mismo clima espiritual se respira en todos los fragmentos que componen este autorretrato.

Este clima lo encontramos ya en «Treintaitrés», poema que abre el volumen y que, como en una obertura musical, es un compendio de las preocupaciones metafísicas, existenciales y metapoéticas que campean en la obra. En él vemos desplegarse la aguda conciencia de un yo poético que se sabe en un trance vital que lo ha colocado en una encrucijada de caminos sin claro derrotero. Los momentos más oscuros de este azoramiento no son escamoteados y son asumidos en toda su espinosa realidad. Es por ello que esta poesía adquiere una densidad existencial como pocas en la poesía peruana reciente.

Pero esta exploración no siempre se realiza de manera descarnada, sino también a través de máscaras, como la empleada en el poema «Responso del Minotauro en boca de Teseo», en el que el uso de este recurso no hace menos visceral la exploración; antes bien, como en la paradoja de Wilde de que somos más auténticos cuando hablamos a través de una máscara, la lleva a otro nivel de profundidad poética. En el relato que Teseo nos hace de su peregrinaje desfilan símbolos como el laberinto, el Minotauro, en los cuales no podemos evitar ver una autorrepresentación del autor / poeta / héroe enfrentado a su propio destino. Dice el héroe: «Yo, Teseo, el sinectista de Trecén, / […] / tuve en mi corazón un laberinto / en cuyo centro brillaba esta extraña sensación que hoy / solo entiendo / como la carrera del viento en el desierto». Pero algunos peligros amenazan su misión, como los «salteadores de caminos» que lo acechan «con retóricas engañosas y ardides que blandían como armas / con tal de reducirme, encajarme y malformarme», frente a las cuales se encuentra premunido únicamente de una fatal convicción: «No he de perderme». Este poema contiene, a nuestro modo de ver, más que una poética, una profesión de fe en el oficio poético y este «No he de perderme» bien podría servir de lema a un libro y a una obra poética que no se deja «reducir», «encajar» o «malformar» en el laberinto de indulgencia y medianía en que se encuentra extraviada buena parte de la poesía peruana actual.

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Lucerna No. 8, Sumarios

Sumario de Lucerna No. 8 (Noviembre 2015)

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El octavo número de Lucerna trae como especial la publicación facsimilar de una carta poco conocida del poeta peruano César Moro, con una presentación de Rosa Ostos Mariño, estudiosa de la obra del autor de La tortuga ecuestre.

En la sección de crítica, se publican artículos sobre el poeta peruano Ricardo Peña Barrenechea, el poema extenso en Octavio Paz y José Gorostiza, el novelista argentino Ricardo Piglia, el poeta francés Paul Verlaine y el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En la sección de traducción literaria, versiones poéticas de tres poemas de Edgar Allan Poe, y O soldado raso del poeta brasileño Lêdo Ivo. Una semblanza del poeta puneño Efraín Miranda Luján y una lectura de Mascarón de Proa del poeta Jorge Nájar. En creación literaria, poemas, cuentos y microrrelatos de autores diversos. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

Acompaña a esta edición de Lucerna, Catay de Ezra Pound, tercera entrega de la colección Los alimentos terrestres, en traducción de Ricardo Silva-Santisteban, que publicamos en conmemoración de los cien años de su primera edición. Este libro-separata se entrega gratuitamente con el octavo número de Lucerna.

El octavo número de revista Lucerna ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Lima y está disponible para envíos dentro de Lima y a nivel nacional a través de Serpost. En la siguiente imagen se puede apreciar con más detalle los contenidos de esta edición.

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