Lucerna No. 8, Sumarios

Sumario de Lucerna No. 8 (Noviembre 2015)

sumario-lucerna-no-8-portada

El octavo número de Lucerna trae como especial la publicación facsimilar de una carta poco conocida del poeta peruano César Moro, con una presentación de Rosa Ostos Mariño, estudiosa de la obra del autor de La tortuga ecuestre.

En la sección de crítica, se publican artículos sobre el poeta peruano Ricardo Peña Barrenechea, el poema extenso en Octavio Paz y José Gorostiza, el novelista argentino Ricardo Piglia, el poeta francés Paul Verlaine y el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En la sección de traducción literaria, versiones poéticas de tres poemas de Edgar Allan Poe, y O soldado raso del poeta brasileño Lêdo Ivo. Una semblanza del poeta puneño Efraín Miranda Luján y una lectura de Mascarón de Proa del poeta Jorge Nájar. En creación literaria, poemas, cuentos y microrrelatos de autores diversos. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

Acompaña a esta edición de Lucerna, Catay de Ezra Pound, tercera entrega de la colección Los alimentos terrestres, en traducción de Ricardo Silva-Santisteban, que publicamos en conmemoración de los cien años de su primera edición. Este libro-separata se entrega gratuitamente con el octavo número de Lucerna.

El octavo número de revista Lucerna ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Lima y está disponible para envíos dentro de Lima y a nivel nacional a través de Serpost. En la siguiente imagen se puede apreciar con más detalle los contenidos de esta edición.

Anuncios
Estándar
Artículos, Lucerna No. 1

El ulises salmón de los regresos: escepticismo y nihilismo en Muerte sin fin de José Gorostiza (Lucerna No. 1)

José Gorostiza

[Extracto del artículo «El ulises salmón de los regresos: escepticismo y nihilismo en Muerte sin fin de José Gorostiza» publicado en Lucerna No. 1 (Agosto 2012)

Por: Julio Isla Jiménez

[…]

Escepticismo, nihilismo y más allá
Acaba, pues, de consumarse la caída, la destrucción del ser, la muerte de dios. El «ulises salmón de los regresos» ha desandado «su camino hacia las algas» (IX, 100-102)… ¿se trata, pues, del final del camino? Para algunos comentaristas tal vez sí. Para Octavio Barreda, por ejemplo, el final de una aventura espiritual como la de Gorostiza «necesariamente tenía que caer en un escepticismo, en un desaliento moral tan intenso que casi está a punto de traspasar los lindes de “azúcar y coral” de la filosofía cínica». Veremos si es así.

De un modo similar a la famosa «muerte de Dios» nietzscheana, la caída del Espíritu de Dios que tiene lugar al final de Muerte sin fin, representa el derrumbe del sistema de creencias y valores que se había erigido sobre él, y que eran fundamento y justificación de la existencia humana. Esta caída es el origen de la corriente de pensamiento conocida como nihilismo. A grandes rasgos, el nihilismo puede concebirse como la: «expresión de un malestar de nuestra cultura, que se superpone, en el plano histórico-social, a los procesos de secularización y racionalización, y, con ello, de desencanto y fragmentación de nuestra imagen del mundo, y que ha provocado en el plano filosófico, en lo que respecta a las visiones del mundo y los valores últimos, la corrosión de las creencias y la difusión del relativismo y el escepticismo». (Franco Volpi. El nihilismo. Madrid: Siruela, 2007, p. 187.)

Ahora bien, mientras que al escepticismo le habíamos concedido un «valor social terapéutico», por cuanto dotaba de la necesaria incredulidad para cimentar mejor los móviles de nuestras acciones, el nihilismo socava los fundamentos mismos de la existencia y no ofrece una salida para la omnipresencia de la nada. Una consecuente aceptación del nihilismo parece conducir a un intento de fundar nuevos valores para reemplazar aquellos cuya legitimidad se ha perdido. Otra vía, por la cual opta Muerte sin fin, es la de iniciar el retorno de la forma al vacío, del ser a la nada, del lenguaje al silencio, pero no en vano, sino para iniciar un nuevo ciclo, un nuevo recorrido desde las formas elementales hasta las más complejas, para morir nuevamente, sin fin. Pero para ello es absolutamente necesario haber tocado fondo, haber experimentado la más oscura desolación, el abismo de la nada.

Por ello, Muerte sin fin, aunque parece haber desembocado en el nihilismo, no se se detiene en él, no es su última parada. Hay algo más allá del nihilismo: «Pero en Nietzsche, como lo recuerda Heidegger y lo creemos en Gorostiza, la devaluación de los valores supremos y la conciencia de esa imposibilidad de realización no significa notoriamente la ruina. El no frente a los valores anteriores, la conciencia de los “tiempos de penuria” y la ausencia de dioses, de Dios, presupone un sí a una nueva posición de valores, a una nueva presencia. El pesimismo es solo un momento que tiene que ser superado». (Humberto Martínez. «Hacia lo no dicho en Gorostiza», en José Gorostiza. Poesía y Poética., Op. Cit., p. 258.) Pero antes de poder superar escepticismo, nihilismo y pesimismo, es necesario haber hecho el descenso hacia la nada, haber experimentado en carne viva esta «muerte sin fin», este sueño cruel que «ay, punza, roe, quema, sangra, duele» (VIII, 56). Como señala Humberto Martínez: «El desamparo y el escepticismo deben tocar fondo, en un mundo que es, ahora, lo sin fondo, lo destruido de fundamento. Para escapar de él hay que iniciar la marcha que baja hasta el fondo. El fondo de la noche del mundo es el único en donde se puede preparar la nueva estancia, la morada para que Dios se dé a la mirada de los hombres. La morada, la habitación, lo será también del hombre: es ese espacio vital que reúne en sí mismo aquello que estaba disperso dándole un sitio, un lugar, construyendo un espacio. El tocar fondo prepara el camino del ascenso. La conciencia de la máxima ausencia prepara el terreno a la Presencia. La época ateísta, diría Heidegger, está más cerca de la experiencia de Dios que la teísta de la metafísica o de la religión instituida».

Como ha podido verse, el implacable rigor escéptico de Muerte sin fin no concede por sí mismo una salida, una posibilidad de redención, una esperanza. Pero, aunque parezca contradictorio, precisamente en esa honestidad, en esa valentía para señalarnos que no hay escapatoria al poder destructor de la nada, es que encontramos la dignidad para enfrentarla, pues, como dijo Walter Benjamin, ante el advenimiento de la barbarie fascista: «Sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza».

Estándar
Lucerna No. 1

Sumario de Lucerna No. 1 (Agosto 2012)

Portada de revista Lucerna No. 1

En el primer número de la revista Lucerna tuvimos la fortuna de publicar un importante rescate literario. Se trataba del poema «Hommage à Tristan Tzara» del poeta peruano César Moro. Este poema, con fecha de junio de 1932, no se encuentra en ninguna de las recopilaciones de la obra poética de Moro y fue publicado en Lucerna No. 1 de manera facsimilar, con estudio preliminar y traducción al español de Rosa Ostos Mariño, la investigadora peruana que lo descubrió en una biblioteca particular de Francia.

En este primer número además se incluyen artículos sobre César Vallejo, José María Eguren, Julio Cortázar, José Gorostiza, Francisco de Quevedo, Gérard de Nerval, Stéphane Mallarmé y el artista noruego Edvard Munch.

En nuestra sección de traducciones literarias publicamos una traducción del texto «Retrato del artista» (1904) de James Joyce, que es la primera y poco conocida versión embrionaria de la obra que luego se convertiría en el famoso Retrato del artista adolescente (1916). La traducción y presentación están a cargo de Ricardo Silva-Santisteban y viene acompañada de ilustraciones de artistas diversos.

En la sección de creación cuentos, poemas y teatro de autores diversos. Finalmente reseñas de los libros Cuentos completos de Vladimir Nabokov y de la Narrativa completa de María Rosa Macedo. Más detalles acerca de los contenidos de nuestra primera edición en la siguiente imagen.

Contenidos del primer número de revista Lucerna

Estándar