Lucerna N° 12, Poesía, Traducciones

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald (Lucerna N° 12)

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald. Traducción y presentación de Sara Martínez Navarro

[Extractos del texto de presentación]

«La aclamada y compleja obra de W. G. Sebald (1944-2001) sigue motivando, dieciocho años después de su muerte, la aparición de numerosos estudios críticos que se aproximan a ella desde diferentes puntos de vista. Así, al precursor volumen de McCulloh Understanding W.G. Sebald, publicado solo dos años después de la prematura muerte del escritor alemán, se han ido sumando importantes aportaciones como la de Anne Fuchs en 2004 o la compilación de artículos en torno a diferentes aspectos de su obra realizada por Denham (et al.) en 2006. La inmensa mayoría de estas aproximaciones tienen como objeto el análisis de la narrativa de Sebald, pero son muy pocos los estudios que se han ocupado de su poesía.

[…]

Los poemas de “Schullatein” se encuentran en el W.G. Sebald Archive, en el Deutsches Literaturarchiv de Marbach, junto con otras dos colecciones de poemas: “Über das Land un das Wasser”, que da nombre a la antología publicada en 2008, y “Das vorvergange Jahr”. La selección de los textos traducidos se basa en la edición alemana de 2008 y se ha respetado la puntuación del original, así como el uso de las mayúsculas y minúsculas.»

 

Sara Martínez Navarro (Cartagena, España, 1981). Sus poemas han sido publicados en revistas en español, inglés y alemán. Ha recibido varios premios de poesía, siendo los más recientes la Primera Mención de Honor del premio Letras de Iberoamérica 2019 y el Premio Nacional de Esdrújula Ediciones. Su quinto poemario Feliz solo en las ruinas se publicará a finales de este año. Como traductora de poesía ha publicado traducciones del griego clásico, del latín, del griego moderno, del inglés y del alemán. Es co-editora fundadora de las revistas de poesía América Invertida (EEUU) y Cadaverso (España). Enseña griego y latín y actualmente reside en Nueva York.

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Lucerna N° 12, Traducciones

Cuatro fragmentos de Errantes de Olga Tokarczuk (Lucerna N° 12)

Cuatro fragmentos de Errantes de Olga Tokarczuk. Traducción y presentación de Miluska Benavides

[Extractos del texto de presentación]

«El Premio Nobel de 2018 —entregado este año— se otorgó a la escritora polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) como parte de la consolidación internacional de su obra. En Polonia, su obra ya contaba con respaldo de lectores y crítica; en habla inglesa, ganó circulación por la premiación de Bieguni (Errantes) con el Man Booker de 2018 que compartió con su traductora al inglés, Jennifer Croft. En español, Siruela, con la visión con la que antes tradujera a la Nobel Herta Müller, publicó Sobre los huesos de los muertos (2001), traducción de Abel Murcia, y en Lumen apareció Un lugar llamado Antaño (2001) traducido por Ester Rabasco y Bogumila Wyrzykowska. Anagrama encargó la traducción de Errantes a Agata Orzeszek, de inminente aparición.

[…]

Esta breve selección combina ficción y ensayos-tipo que son el tenor del libro. Para su traducción he seguido la versión en inglés de Flights (Bieguni), de Jennifer Croft (Fitzcarraldo Editions, 2017), que he cotejado con la versión en francés de Grazyna Erhard (Noir sur Blanc, 2014). «Aquí estoy» abre la novela y se emparenta con «Świebodzin» en que ambas prosas apelan al recuerdo primordial y las sensaciones. «Wikipedia» expone la necesidad/imposibilidad de adentrarse a través del lenguaje a lo indecible, y la carta de Joséphine Soliman es la voz de una historia invisible».

 

Miluska Benavides (Lima, 1986). Narradora y traductora. Ha publicado la traducción de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (Academia Peruana de la Lengua, 2017) y el libro de cuentos La caza espiritual (Celacanto, 2015). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder y docente de la carrera de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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Lucerna N° 12, Traducciones

«Vertumnus», un poema de Joseph Brodsky (Lucerna N° 12)

«Vertumnus», un poema de Joseph Brodsky. Traducción y presentación de José Miguel Herbozo

[Extracto del texto de presentación]

«La obra de Joseph Brodsky (Leningrado 1940-New York 1996) forma parte de dos de los cánones literarios más robustos del planeta: el ruso y el norteamericano. Galardonado con el premio Nobel en 1987, y nombrado Poeta Laureado de los Estados Unidos entre 1991 y 1992, Brodsky tuvo una carrera marcada por periodos de extrema dificultad y tranquilidad. Tras abandonar la educación pública a los 15 años, aprender por propia cuenta polaco e inglés, y servir por año y medio en un campo de concentración, Brodsky se exilia en 1972 a los Estados Unidos.

[…]

La concesión del premio Nobel en 1987 cierra un ciclo de rumores sobre su posible atribución que se iniciaron esa misma década, cuando el poeta ya había consolidado una obra en lengua inglesa, se encontraba establecido en Nueva York y era un nombre mayor en dos cánones literarios distintos. Una mañana de fines de enero de 1996, Brodsky es encontrado muerto por su esposa en su estudio, en el que se había recluido a trabajar la noche anterior. “Vertumnus” forma parte de So Forth, publicado ese mismo año.»

 

[Inicio del poema]

Vertumnus

En recuerdo de Giovanni Buttafava

I

Te encontré por primera vez en latitudes que dirías extranjeras.
Tus pies nunca desordenaron la gravilla; tu fama, sin embargo, había llegado a regiones
donde usualmente imaginan el fruto sin cáscara.
Arrodillada buscaste entre la nieve: blanca, además desnuda
en compañía de árboles deshojados de una sola rama,
en tu condición parcial de experta
en bajas temperaturas. “Deidad romana”
anunciaba un cartel bastante borroso,
y para mí eras una deidad, pues sabías
mucho más del pasado que yo (el futuro
para mí en esos días tenía poca importancia).
Por otra parte, mejillas de manzana y cabello
ondulado, podrías bien haber sido mi compañera; y aunque no sabías una palabra
del dialecto local, de cualquier forma llegamos a hablar.
Primero hablaba yo. Algo sobre Pomona,
nuestros torpes ríos sin sentido, el obstinado y fétido clima,
la ausencia de vegetales y dinero, lecciones esquivas
sobre las cosas, pensaba, debía estar entre tus preferencias
y si no en su esencia, en su tono compartido
de lamento. Poco a poco (el lamento es la lengua
universal de todos; en el principio
hubo un “auch” o un “ay”) comenzaste a responder: a pestañear,
a parpadear, a fruncir tu ceja; luego la parte baja de tu rostro
como que se derritió, y tus labios comenzaron a moverse.
“Vertumnus”, dijiste finalmente. “Me llamo Vertumnus”.

 

 

José Miguel Herbozo (Lima, 1984). Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es doctor en literatura latinoamericana por University of Colorado-Boulder y profesor visitante en Colorado College. Ha publicado la plaqueta Acto de Rito (2003) y los poemarios Catedral (2005), Los ríos en invierno (Premio Nacional PUCP de Poesía, 2007), El fin de todas las cosas (2014) y Las ilusiones (2019).

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Lucerna N° 11, Traducciones

Debajo de tanto cielo: cinco prosas de Cecília Meireles (Lucerna N°11)

En la sección de traducciones de Lucerna N°11 se incluyen cinco extensas prosas poéticas de la poeta brasileña Cecília Meireles (1901-1964), que dan testimonio de la profundidad de su pensamiento poético y la riqueza de su inventiva lírica. Compartimos el fragmento inicial de «La esperanza deshabitada». La selección, traducción y presentación de estas prosas ha sido realizada por el traductor Manuel Barrós.

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Lucerna N° 11, Traducciones

Poemas de Cantos de pérdida y predilección de Hilda Hilst (Lucerna N° 11)

En la sección de traducciones del undécimo número de Lucerna, incluimos una selección del libro Cantos de pérdida y predilección de la poeta brasileña Hilda Hilst (1930-2004). La selección, traducción e introducción estuvieron a cargo de la narradora y traductora Miluska Benavides. Compartimos uno de los poemas traducidos. Los restantes pueden ser leídos en nuestra edición impresa.

XIX

Cuerpo de carne
sobre un cuerpo de agua.
Suéñame a mí
contigo desplegada
sobre este cuerpo de río.
Guárdame
soledad y nombre
y vive el trayecto
de lo que corre
jamás llegando al fin.

Guarda esta tarde
y repón sobre las aguas
tus navíos. Piensa en mí.
Inmensa, iluminada
gran cuerpo de agua
gran río
olvidado de llagas y ahogados.

Piénsame río.
Lavado y calentado por tu carne.

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Lucerna No. 10, Traducciones

Ocho Galáxias de Haroldo de Campos (Lucerna N° 10)

Traducción, presentación y notas de Miluska Benavides

[Fragmento del texto de presentación]

«La obra del poeta, traductor y crítico brasileño, Haroldo de Campos (1929-2003) señala la vigencia de las poéticas de vanguardia en la concepción de obras de alta experimentación formal. Escrito entre 1963 y 1976, y aparecido en 1984, Galáxias, se compone de cincuenta secciones, y puede considerarse un solo poema. La ausencia de puntuación revela un énfasis en la experiencia del flujo y su unidad mínima es el evento. Su organización es metonímica y articula tres dimensiones del poema: sonora, visual y semántica. De allí resulta el despliegue de varias posibilidades de articulación de sentidos. […]

Sobre esta traducción
Esta selección de ocho eventos-fragmentos señala algunos temas que considero importantes del conjunto. El poema-libro en portugués recoge variantes arcaicas, del lenguaje oral y de la tradición poética de dicha lengua. Presenta, asimismo, una considerable cantidad de neologismos de invención del poeta. Muchas veces los traductores celebran la distancia entre lenguas, porque la traducción puede adquirir mayor soltura sonora y sintáctica. En este caso, buena parte de la sonoridad ha podido conservarse, de manera espontánea, gracias a la hermandad sonora de ambas lenguas. Esta selección se suma a la traducción, definitiva, completa y cuidada del poeta peruano Reynaldo Jiménez, publicada en Montevideo y México.»

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Lucerna No. 7, Traducciones

Ocho poemas de Louise Glück (Lucerna N°7: 2015)

(Fotografía de Gasper Tringale)

Selección, traducción y presentación de Miluska Benavides

Louise Glück nació en Nueva York, en 1943, y creció en el seno de una familia de origen judeo-húngaro. Su larga trayectoria poética, de más de trece volúmenes, entre los que se encuentran The House on Marshland (1976), Descending Figure (1980), The Triumph of Achilles (1985), Ararat (1990), The Wild Iris (1992), Vita Nova (1999), Averno (2006), le ha valido reconocimientos como el Pulitzer de Poesía (1993) y el título de Poeta Laureada (2003-2004). Glück vive en Cambridge, Machassusetts, y se dedica a la enseñanza de escritura creativa en la Universidad de Yale.

La poesía de Louise Glück habla de la cambiante identidad del yo al abordar la relación entre la experiencia cotidiana, el espacio natural y el mito. El mito transfigura la experiencia de la persona como entidad mortal, y la traslada a un relato “completo” y por el que el “yo” accede a una experiencia reveladora. Por otro lado, el espacio natural se convierte en un modelo, porque revela el carácter transitorio del “yo”: el cuerpo es el medio a través del cual se descubre y experimenta el “devenir”. Los poemas se construyen a partir de un “yo-testigo” o personae cuyas experiencias ponen en crisis la objetividad del lenguaje. El lenguaje poético no sirve para la expresión del “yo”, los poemas desnudan la ineficacia del lenguaje frente a la experiencia vivida, a pesar de que se pretende codificarla desde su carácter más material.

En el plano formal, Glück –sobre todo en la primera etapa de su obra– trabaja con el metro corto que privilegia la concisión. Esta decisión formal concentra la mirada “objetivada” o la relación declarada entre el sujeto y el objeto. Su postura en relación a esta poética ha ido evolucionando desde su temprana afiliación a la poética objetivista, hasta sus últimos poemarios, en el que la elipsis se convierte en un mecanismo de expresión de la nada y la quietud.

Esta selección incluye poemas desde sus primeras entregas hasta su último libro, Faithful and Virtuous Night (2014), del que he seleccionado dos poemas.

LOS NIÑOS AHOGADOS

Ves, no tienen juicio.
Así que es natural que se ahoguen,
primero se los tragó el hielo
y después, todo el invierno, sus bufandas de lana
flotaban tras ellos mientras se hundían
hasta que al fin se quedaron quietos,
y la laguna los alzaba con sus múltiples y oscuras manos.

Pero la muerte deberá llegarles de una forma diferente,
tan parecida al comienzo,
a pesar de que siempre habían sido
ciegos y ligeros. Por eso
el resto es soñado, la lámpara,
la gran manta blanca que cubría la mesa,
sus cuerpos.

Y aún escuchan los nombres que usaban
como señuelos deslizándose sobre la laguna:
¿Qué estás esperando?
Vuelve a casa, vuelve a casa, perdidos
en las aguas, azules y permanentes.

De: Descending Figure (1980)

EL TRIUNFO DE AQUILES

En la historia de Patroclo
nadie sobrevive, ni siquiera Aquiles
quien era casi un dios.
Patroclo se parecía a él: usaban
la misma armadura.

Siempre en estas amistades
uno sirve al otro, uno es menos que el otro:
la jerarquía
es siempre aparente, aunque las leyendas
no pueden ser confiables;
la fuente es quien sobrevive,
quien ha sido abandonado.

¿Qué importarían los barcos griegos en llamas
comparados con esta pérdida?

En su tienda, Aquiles
se lamentaba con todo su ser
y los dioses observaban

que era ya un hombre muerto, víctima
de la parte que más amaba,
una parte mortal.

De: The Triumph of Achilles (1985)

MÚSICA CELESTIAL

Tengo una amiga que aún cree en el cielo.
No es tonta, incluso con todo lo que sabe, literalmente habla con Dios.
Piensa que alguien escucha en el cielo.
En la tierra es inusualmente competente,
valiente también, dispuesta a enfrentar la adversidad.

Encontramos en el suelo una oruga en agonía: las hambrientas hormigas trepaban sobre ella.
Me conmueve siempre el desastre, siempre dispuesta a resistirme a la vitalidad,
aunque también con timidez, lista para cerrar los ojos;
mientras mi amiga podía esperar y dejar que los eventos pasaran
según la naturaleza. Para mi consuelo, ella intervino
quitando algunas hormigas encima del animal caído, y la puso
al lado del camino.

Mi amiga dice que yo cierro mis ojos a Dios, que solo eso explica
mi aversión a la realidad. Dice que soy como un niño que entierra su cabeza en la almohada
para no ver, el niño que se dice a sí mismo
que la luz produce tristeza.
Mi amiga es como la madre. Paciente, exhortando a
que me despierte adulto como ella, una persona osada.

En mis sueños, mi amiga me reprocha. Estamos yendo
por el mismo camino, aunque ahora es invierno;
me está diciendo que cuando uno ama al mundo escucha la música celestial:
mira arriba, dice. Cuando miro arriba, no hay nada.
Solo nubes, nieve, un blanco movimiento en los árboles
como novias saltando a gran altura.
Entonces temo por ella; la veo
atrapada en una red puesta intencionalmente sobre la tierra.

En la realidad, nos sentamos al lado del camino, viendo el sol caer;
de rato en rato un canto de pájaro atraviesa el silencio.
En este momento ambas tratamos de explicar el hecho de
que estamos en paz con la muerte y la soledad.

Mi amiga dibuja un círculo en la tierra; dentro, la oruga no se mueve.
Siempre está tratando de hacer algo definitivo, hermoso, una imagen
que exista separada de ella.
Nos quedamos muy calladas. Es muy tranquilo sentarse aquí, sin hablar, la composición
fija, el camino que se vuelve oscuro de repente, el aire
que se enfría, aquí y allá las rocas brillan y relumbran.
Esta es la quietud que ambas amamos.
El amor de la forma es el amor de los finales.

De: Ararat (1990)

EL IRIS SALVAJE

Al final de mi sufrimiento
había una puerta.

Escúchame bien: aquello que llamas muerte
recuerdo.

Sobre mí, ruidos, ramas de un pino moviéndose.
Luego nada. El débil sol
parpadeaba sobre la superficie seca.

Es terrible sobrevivir
como conciencia
enterrada en la oscura tierra.

Luego se acabó: aquello que temes, ser
un espíritu, incapaz de
hablar, terminar abruptamente, la rígida tierra
se inclina un poco. Y lo que pensé eran
aves lanzándose sobre los bajos arbustos.

Tú que no recuerdas
tu paso desde el otro mundo
podría decírtelo otra vez: lo que sea
que regrese del olvido vuelve
para encontrar una voz:

desde el centro de mi vida vino
una gran fuente, sombras de azul intenso
en celeste agua de mar.

VÍSPERAS

En tu prolongada ausencia me permitiste
el uso de la tierra, como quien anticipa
algún retorno de la inversión. Debo dar cuenta
del fracaso en mis deberes, especialmente
respecto a los sembríos de tomate.
Pienso que no se me debe alentar al cultivo
de tomates. Si lo haces, debes detener
las lluvias copiosas, las noches frías que ocurren
aquí con tanta frecuencia, mientras que otras regiones
tienen doce semanas de verano. Todo esto
te pertenece: yo por mi parte
planté las semillas, vi los primeros brotes
como alas quebrando la tierra, y mi corazón
quebrado por la plaga, por los puntos negros
multiplicándose veloces en las filas. Dudo
que tengas corazón, en nuestro entendimiento
del término. Tú quien no discriminas
entre los vivos y los muertos, que son, de hecho,
inmunes al augurio, podrías no saber
cuánto terror enfrentamos, la hoja manchada,
las hojas rojas del arce cayendo
incluso en agosto, en la temprana oscuridad: soy responsable
de estas vides.

De: The Wild Iris (1992)

UN MITO DE DEVOCIÓN

Cuando Hades decidió que amaba a esta muchacha
construyó para ella una réplica de la Tierra
toda igual, hasta la pradera,
pero con una cama agregada.

Todo era igual, incluyendo la luz del día,
porque sería duro para una jovencita
pasar rápidamente de la luz brillante a la densa oscuridad.

Gradualmente, pensó, introduciría la noche,
primero como sombras de las hojas agitadas.
Luego la luna, luego las estrellas. Luego no habría luna, ni estrellas.
Deja que Perséfone se acostumbre lentamente.
Al final, pensó, le parecerá cómodo.

Una réplica de la Tierra
excepto que aquí habría amor.
¿Acaso no todos quieren amor?

Esperó tantos años,
construyendo un mundo, observando
a Perséfone en la pradera.
Perséfone, la que huele, la que prueba.
Si tienes un gusto, pensó,
los tienes todos.

Acaso no todos quieren sentir en la noche
el cuerpo amado: compás, estrella polar,
para escuchar el quieto aliento que dice
Estoy vivo, que también significa
tú estás vivo porque me escuchas,
estás aquí conmigo Y cuando uno gira,
el otro vuelve.

Esto sentía el señor de las tinieblas,
mirando hacia el mundo que había
construido para Perséfone. Nunca se le ocurrió
que aquí no habría más olores,
no habría más comida.

¿Culpa? ¿Terror? ¿Miedo de amar?
Cosas que no podría suponer,
que ningún amante imagina.

Sueña, imagina cómo llamará a este lugar.
Primero piensa: El Nuevo Infierno. Luego: El Jardín.
Al final, decide llamarlo
La Infancia de Perséfone.

Una luz tenue se alza sobre el ras de la pradera,
detrás de la cama. La lleva en sus brazos.
Quiere decirle te amo, nada puede lastimarte

pero piensa
que es mentira, así que finalmente dice
estás muerta, nada puede lastimarte
lo cual le parece
un comienzo más promisorio, o verdadero.

De: Averno (2006)

UNA AVENTURA

1.
Se me ocurrió una noche mientras quedaba dormida,
que había terminado con esas aventuras amorosas
de las que fui largo tiempo esclava. ¿Acabada para el amor?
mi corazón murmuró, a lo que respondí que muchos densos descubrimientos
nos aguardaban, esperando, al mismo tiempo, que no se me pidiera
nombrarlos, porque no podría. Pero la convicción de que existían,
¿en realidad servía de algo?

2.
La siguiente noche trajo el mismo pensamiento,
esta vez vinculado a la poesía, y en las noches que siguieron
otras varias pasiones y sensaciones, de la misma forma,
se apartaron para siempre, y cada noche mi corazón
protestaba por su futuro, como cuando a un pequeño se le priva de su juguete favorito.
Pero estas despedidas, dije, son el curso de las cosas.
Y una vez más aludí al vasto territorio
que se abre ante nosotros con cada despedida. Y con esa frase me convertí
en un caballero glorioso que marcha hacia el crepúsculo, y mi corazón
se convirtió en el corcel sobre el cual cabalgaba.

3.
Yo estaba, como sabrás, ingresando al reino de la muerte,
aunque por qué este paisaje era tan convencional
no sabría decir. Aquí también los días eran muy largos
mientras los años cortos. El sol se hundía tras la distante montaña.
Las estrellas brillaban, la luna oscilaba. Pronto
los rostros del pasado aparecieron frente a mí:
mi madre y mi padre, mi pequeña hermana; ellos no habían, al parecer,
terminado lo que tenían que decir, aunque ahora
podía escucharlos porque mi corazón estaba tranquilo.

4.
En este punto alcancé el precipicio
aun no la senda, la vi descender hacia el otro lado;
aun habiéndose igualado al terreno, continuaba a esta altura,
tan lejos como el ojo puede ver, aunque gradualmente
la montaña que la sostenía se disolvió del todo
así que me encontré a mí misma cabalgando firmemente sobre el aire.
Por todas partes los muertos me alentaban, la alegría de encontrarlos
desaparecía por la labor de responderles.

5.
Así como todos fuimos de carne,
ahora éramos tiniebla.
Así como antes éramos objetos con sombra,
ahora éramos sustancia sin forma, químicos vaporizados.
Sho, sho, decía mi corazón,
o quizá no, no. Era difícil saber.

6.
Aquí acabó la visión. Estaba en mi cama, el sol de la mañana
se elevaba, el edredón de plumas
se apilaba sin criterio sobre la parte inferior de mi cuerpo.
Tú estuviste conmigo;
había una hendidura en la almohada de a lado.
Habremos escapado de la muerte,
o ¿sería esta la vista desde el precipicio?

EL PASADO

Pequeña luz en el cielo que aparece
repentinamente entre
dos ramas de pino, sus finas agujas

ahora grabadas sobre la superficie radiante
y sobre este
alto, alado cielo,

huele el aire. Es el olor del pino blanco,
más intenso cuando el viento sopla a través de él
y el sonido que hace, igualmente extraño,
como el sonido del viento en una película,

sombras moviéndose. Las cuerdas
haciendo el sonido que hacen. Lo que escuchas ahora
será el sonido del ruiseñor, Chordata,
el pájaro macho cortejando a la hembra.

Las cuerdas se balancean. La hamaca
oscila en el aire, atada
firmemente entre dos árboles de pino.

Huele el aire. Es el olor del pino blanco.

Es la voz de mi madre la que escuchas
o es solo el sonido que hacen los árboles
cuando el aire pasa entre ellos

porque ¿qué sonido haría
al pasar entre la nada?

De: Faithful and Virtuous Night (2014)

Miluska Benavides (Lima, 1986). Narradora y traductora. Ha publicado la traducción de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (Academia Peruana de la Lengua, 2017) y el libro de cuentos La caza espiritual (Celacanto, 2015). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder y docente de la carrera de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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Lucerna No. 10, Traducciones

Diez poemas de The Continuous Life de Mark Strand (Lucerna N° 10)

Traducción y presentación de José Miguel Herbozo

«[…] Los diez poemas de esta muestra proceden de The Continuous Life (1990). Tras diez años sin publicar, Mark Strand presenta una publicación madura sobre los asuntos que dominaban su producción anterior, con una mayor voluntad conceptual y reflexiva sobre la poesía. Atento al vinculo entre lo sagrado, el delirio, la experiencia trascendente y la manifestación de la naturaleza, The Continuous Life es uno de sus libros más logrados. […]»

El fin

No todo hombre sabe qué debería cantar en el fin,
al mirar el muelle cuando parte el barco, o cómo se verá
cuando sea detenido por el rugido marino, inmóvil allí al fin,
o qué debiera esperar cuando esté claro que no va a regresar.

Cuando haya pasado el tiempo de podar la rosa o acariciar al gato,
cuando el atardecer que ilumina la hierba y la luna llena que la derrite
no aparezcan más, pocos hombres saben de lo que encontrarán.
Cuando el peso del pasado se apoya contra nada, y el cielo

no es más que luz recordada, y las historias sobre cirros
y cúmulos estén por concluir, y todas las aves queden detenidas al vuelo,
no todo hombre sabe qué le está esperando, o qué debería cantar
cuando el barco en que navega entre a la oscuridad, allí al final.

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Lucerna No. 9, Traducciones

Poemas de La vida en marte de Tracy K. Smith (Lucerna N° 9)

Tracy K. Smith. Fotografía de Marlene Lillian.

Tracy K. Smith. Fotografía de Marlene Lillian.

En la sección de traducciones del noveno número de Lucerna, además de dos clásicos como Ernest Renan y Paul Valéry, incluimos también traducciones de poemas de la poeta norteamericana Tracy K. Smith, nacida en Massachusetts en 1972, y autora de tres libros de poesía: The Body’s Question (2003), Duende (2007) y Life on Mars (2011), libro que en 2012 recibió el premio Pulitzer de Poesía y del cual hemos seleccionado diez poemas. La selección, traducción y presentación estuvo a cargo del poeta, crítico y traductor José Miguel Herbozo.

Sacramento

Todas las mujeres cantan cuando el dolor es demasiado.

Pero primero hay un silencio profundo y perturbador.

No sé qué se mueve en ellas, qué es lo que quiere

derribarlas por completo. No es el niño

que solo sabe obedecer. Este algo

las saca de la conversa a una danza tonta,

que las pone de rodillas, suplicando morir. Luego

las levanta del cabello, o las recuesta de espaldas

y las golpea en la cabeza. Es así como lo ven,

tan intenso como la muerte, controlando el ahora.

Y otra vez, tras una pausa. Ahora. Nada más

existe allí entre ellas y eso. Quema el aire,

chamusca el sonido. Sus voces se hunden profundo en ellas

adentro, a través de la carne, en el infierno del cuerpo. A veces

toma una eternidad a esa canción que solo los animales saben

para trepar de vuelta el aire o hacer estallar la garganta.

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Lucerna No. 9, Traducciones

El rezo en la Acrópolis de Ernest Renan (Traducción de Rigas Kappatos)

En nuestra sección de traducciones de la novena edición de Lucerna se incluye el famoso «Rezo en la Acrópolis» del escritor francés Ernest Renan (1823-1892), un hermoso y exaltado texto de devoción por la belleza y la perfección de la cultura griega, encarnadas en la Acrópolis y la diosa Palas Atenea. Este texto fue publicado en 1883 y tuvo su origen en un viaje a Grecia realizado por Renan en 1865. La traducción estuvo a cargo del escritor y traductor griego Rigas Kappatos. Compartimos un fragmento de la introducción.

 

ERNEST RENAN

INTRODUCCIÓN AL REZO EN LA ACRÓPOLIS

No fue sino muy tarde en mi vida cuando empecé a tener recuerdos. La necesidad imperativa que me obligaba en mi juventud a solucionar por mí mismo mis problemas, sin el descuido del intelectual –sino con la fiebre del que lucha para vivir– hacia los altos problemas de la filosofía y de la religión, no me dejaba ni un cuarto de hora para mirar hacia atrás. Tirado seguidamente en la corriente de mi siglo, la que hasta entonces desconocía completamente, me enfrentaba con un espectáculo de la realidad tan novedoso para mí, como sería la sociedad de Crono y de Afrodita para aquellos que llegarían hasta allá a conocerlas desde cerca. Lo encontraba todo insignificante y moralmente inferior a lo que había vivido en Issy3 y en Saint-Sulpice.4 Mientras tanto la superioridad de la ciencia y los importantes logros de gentes como Eugenio Burnouf, la incomparable vida que emitía la discusión por M. Couzin, la gran renovación que Alemania introducía en casi todas las ciencias conocidas y luego mis viajes y el ardor de producir, me encadenaban y no me dejaban soñar con años que se habían alejado de mí, formando mi pasado. Mi permanencia en Siria me alejó aún más de mis recuerdos anteriores. Las sensaciones enteramente nuevas de ese país, las visiones que tuve de un mundo divino, la cumbre de Safed, tan ajenas en nuestros países fríos y melancólicos, me absorbieron completamente. Desde hacía ya tiempo mis sueños eran la quemada sierra del monte Galaad, donde apareció el Mesías, el Carmel y sus valles de anémonas sembradas por la mano de dios; el báratro de Afaca, de donde emana el río Adonis. Todas experiencias únicas.

Fue en Atenas, en 1865, donde sentí por primera vez una viva sensación de retorno al pasado y la sensación de una brisa de frescor penetrante que llegaba desde muy lejos. El sentimiento que me provocó Atenas fue mucho más fuerte que cualquier otro que había vivido hasta entonces. Hay solamente un lugar donde existe la perfección. No hay dos. Y ese lugar es Atenas. Nunca antes me imaginé algo semejante. Fue el ideal mismo de la perfección que apareció delante de mí cristalizado en mármol pentélico. Hasta entonces creía que la perfección existía fuera de este mundo; solo una revelación me parecía que podía aproximarse a lo absoluto. Ya, desde hacía tiempo, había dejado de creer en milagros como tales; aunque el único destino del pueblo hebreo, terminando en el cristianismo, me parecía algo completamente distinto. Y ahora, de repente, junto al milagro hebraico llegaba, para mí, el milagro griego, algo que existió solo una vez, y que anteriormente no existió en ninguna otra parte, y que no existirá jamás en ningún otro lugar, pero cuya influencia durará por los siglos de los siglos como una belleza eterna. Sabía muy bien, antes de viajar allá, que Grecia era la creadora de las ciencias, de las artes, de la filosofía, de la civilización, pero desconocía el grado de la extensión de sus logros. Cuando vi la Acrópolis, sentí la revelación de lo divino, como lo sentí una vez enfrentando la viva revelación del Evangelio, viendo el valle del río Jordán desde las alturas de Kasiún. Después de haber visto la Acrópolis, todo el mundo me pareció bárbaro. El Oriente me disgustó con su pomposa ostentación, sus imposturas. Los romanos no fueron más que soldados incultos; la majestuosidad de un hermoso romano, de un Augusto, de un Trajano, no me pareció más que una discreta pose delante de la simple nobleza de esos ciudadanos griegos tranquilos y orgullosos.

 

Rigas Kappatos (Cefalonia, 1934). Poeta, cuentista y traductor. Estudió literatura, música y lenguas extranjeras, pero su actividad central de traductor se relaciona con el castellano y principalmente con la literatura hispanoamericana. Su trabajo en este campo incluye las obras poéticas completas de Federico García Lorca y César Vallejo, selecciones de Pablo Neruda, Nicanor Parra, Antonio Machado, antologías del cuento peruano y chileno, etc. Ha traducido el Diccionario de símbolos de Juan-Eduardo Cirlot y, en colaboración con el mexicano Carlos Montemayor, la Antología de la poesía griega del siglo XX (2006), publicada en la colección El Manantial Oculto.

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