Artículos, Lucerna No. 4

El cine de lo sagrado de Andrei Tarkovski: notas sobre las imágenes de la fe (Lucerna No. 4)

Andrei Tarkovski

[Extracto del artículo «El cine de lo sagrado de Andrei Tarkovski: notas sobre las imágenes de la fe» publicado en Lucerna No. 4 (Diciembre 2013)]

Por: Miluska Benavides

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El sacrificio y la responsabilidad del artista: Esculpir en el tiempo
Referirse a la particular mirada de Andrei Tarkovski es detenerse necesariamente en el estilo trascendental. Paul Schrader lo define como un estilo que expresa la experiencia humana con lo sagrado. Sostiene que el estilo trascendental no se trata de un arte religioso, se trata de un cine de la experiencia mística. El estilo trascendente es la manifestación de la estasis, la inmovilidad de la imagen, y que produce en el espectador un efecto de «milagro», de experiencia del arte de lo sagrado, pero a través de un proceso propio del cine, es decir, en movimiento. La predilección de Tarkovski por este tipo de estilo responde a sus creencias y métodos como cineasta. Afortunadamente, dejó escritos agrupados en un libro, Esculpir en el tiempo (1988), que ha sido mal llamado «reflexiones sobre cine», cuando en realidad es más ambicioso: se trata de reflexiones sobre el arte, el tiempo y su representación. Estas reflexiones giran, sobre todo, en torno a la naturaleza sagrada del arte y la responsabilidad del artista.

Tarkovski realiza una serie de consideraciones sobre el arte que parten de su experiencia como espectador de diversos tipos de arte: literatura, pintura, cine, etc. Antes que como simple narrador de anécdotas en sus creaciones, es un observador atento de la técnica y las preocupaciones de sus artistas predilectos: Buñuel, Dostoyevski y Tolstoi, los pintores renacentistas. Sus juicios sobre el ejercicio del artista parten de sus lecturas y experiencias frente a lo que él denomina «obras de arte»: «un juicio de la realidad, completa y culminada […] que da una expresión completa de la personalidad de los seres humanos en interacción con el espíritu». Los planteamientos de Tarkovski podrían ser calificados de ingenuos por un auditorio suspicaz. Habla siempre en términos de «espíritu», «iluminación», «sacrificio», «arte» y «belleza»; sin embargo, plantea los argumentos que articulan su poética con un razonamiento que no es especulativo sino que es resultado de una observación y maduración de ideas que confluyen en su experiencia como espectador, lector, y creador. Siempre hay una secuencia resaltada por ejemplos, citas o un análisis de una experiencia artística detallada. La lógica de la argumentación de Esculpir en el tiempo se distancia de la lógica de la asociación (o de su ruptura) que el cineasta exige en el arte, porque se encuentra en confrontación con una época difícil para una sensibilidad como la suya.

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Artículos, Lucerna No. 2

Retrato de un artista: las memorias de John Maxwell Coetzee (Lucerna No. 2)

John Maxwell Coetzee

[Extracto del artículo «Retrato de un artista: las memorias de John Maxwell Coetzee» publicado en Lucerna No. 2 (Marzo 2013)]

Por: Miluska Benavides

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Infancia, Juventud y Verano: escenas de la vida de provincia
A pesar de la notoriedad por el Nobel, Coetzee ha sabido mantener su vida en reserva; son pocas las entrevistas que otorga a los medios, y sus conferencias se caracterizan por la sobriedad propia de una persona entregada al oficio de la soledad. En 1997 apareció Boyhood, a la que siguió Youth (2002) y finalmente, Summertime (2009).

El título de la serie evoca a Infancia, adolescencia y juventud, autobiografía de León Tolstoi planificada en cuatro partes, pero publicada solo en tres; el subtítulo, «escenas de la vida de provincia» es un guiño a la serie de Balzac, «Scènes de la vie de province», que abarca dos novelas sobre la herencia paterna: Eugénie Grandet y Ursule Mirouët. Las memorias de Coetzee acaso deben leerse bajo estas coordenadas: la dimensión «tiempo» en la vida del artista, como en la biografía de Tolstoi, y además el espacio de la provincia, la herencia familiar y los vínculos de sangre.

La variación sustancial que realiza Coetzee en los dos primeros libros de sus memorias es la supresión de la primera persona y del tiempo verbal del pasado. Infancia y Juventud comparten una estructura y coherencia similar, de casi veinte capítulos cada uno, escritos en primera persona y en presente histórico, mientras que Verano presenta la variación más significativa y más arriesgada: se trata del conjunto de entrevistas que el académico Mr. Vincent –que está escribiendo la biografía del «fallecido» John Coetzee– realiza a cuatro mujeres y a un amigo, así como extractos de los cuadernos del escritor. El hecho de que las memorias de la vida adulta de Coetzee se centren en él como persona fallecida y a través de mecanismos que no son propios de una memoria convencional, como la entrevista y trozos dispersos de diarios, no solo cuestiona los principios básicos del género, sino que además resulta una reflexión sobre la manera en que se escribe (y lee) una biografía, y en especial, una biografía de escritor.

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