Lucerna No. 9, Poesía

Tres poemas de Lisbeth Curay (Lucerna N° 9)

Lisbeth Curay (Lima, 1993)

NN

I
Lijamos una silla sobre tu cabeza
Y tu cara se hizo barro
¿Qué hacer?
Deslizar un dedo sobre tu boca
Que ya no es boca
O ponerle un lunar a tu ojo
Que ya no es ojo
Sembré un diente en la maceta
Para darte otra lengua
Y aún
No dices mi nombre

II
¿Cómo debemos nombrarte
Antes de sumergirte en la tierra?
Salmón, grulla o erizo

III
La espesura del paisaje
No cabe sobre tus nalgas
–Salmón–
Sigue lamiendo lo que el viento lame
Aguza el filo de tus dientes
Cuando la tierra
Te toque
Abre la boca
Grande
Abre la Boca

IV
Los muertos que (no) son de uno
Gritan:
Quemaremos nuestra carne
¡No más cáscara humana!

 

Sabor alambre

Este olor a leche y veredas meadas es parecido al amor / mordida inocua en la pata que parece doler ante la luz / distante como las lúcumas, así, eres a veces / logras matizar tu piel en la corteza de cualquier árbol / pero nunca inclinas la espalda al dormir sobre la mesa / vemos niñas lamerse las uñas / He visto niños limpiarse los oídos / nada cuaja en este charco / otras voces entrarán en él / Yo / muerdo la tibia cresta de mi gallo continuamente bajo el sueño / atribuyo mi cansancio al otoño / hoja incrustada entre mis sienes / ¿sigues siendo sonámbula hiedra que se abre paso entre las lianas? / No / soy un reptil / mi infancia es un gerundio que se repite una y otra vez bailando / No ignoro la lluvia / tampoco olvido tu miedo a los bordes / mantengo una luz entre las piernas / junto un viejo cartel que dice se vende / Esperanza en buen estado / es mi sabor / ¿sabor-alambre?

 

Luz insuficiente

Todas las superficies ásperas
me seducen,
al pintar una pared de blanco
y no tener las manos vacías
encuentro un placer primordial
en las lijas pequeñas
en los contornos de los vidrios
en todas las ventanas
dos veces fue demasiado sombra
guardo el fuerte olor de la
vainilla derramada
siento el ardor de los bosques
que se incendian
allá, muy lejos
las víboras escapan
y estás cavando una zanja
para sembrar azucenas amarillas
se pierden los muertos que
dejé olvidados
los árboles se quejan de sus frutos
la partícula se asienta (¿dónde?)
la mujer desaparece (eso fue un sueño)
llegan las lluvias, la barca se pone en marcha (lo dice la biblia)
no sé quién toco la puerta (seguro un niño y se fue corriendo)
cada escama de pez
es un trozo de mar
lo dijo un pescador
entre sus redes
germinan algas
las tortugas vienen a comer
He permanecido inmóvil
Al borde de un abismo fulgurante
Nada se ve
no sé quién pudo dejarme
ahora que amo el día
y esta pequeña luz es
insuficiente.

 

Lisbeth Curay (Lima, 1993). Estudió Antropología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Forma parte de Cinco Minutos Cinco, asociación cultural que se encarga de promover las artes audiovisuales en el distrito de Villa María del Triunfo. Ha publicado poemas en revistas diversas y prepara la publicación de su primer poemario.

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