Poesía

Tres poemas de Liz Norton

Liz Norton (Lima, 1993)

Foto: Walter Villanueva Azaña

La fluoxetina de las tres Marías

Nuestra máquina espacial llegaba cuando se apagaba la última luz. Había una cabina donde una podía ver el infinito, tres estrellas con tu nombre. Me susurrabas que si las lograba ver había que pedir un deseo, no uno mundano, no uno muy complicado, no uno que vaya a cambiar la lógica del tiempo, pero uno sí que te apretara con más de tres dedos el corazón.
-no pasa todos los días-
Pero pasaba todas las noches. Cuando se apagaban las luces, volvías a una de las estrellas y yo me escabullía dentro de un hoyo negro. Me sentaba y mi lengua perdía el tacto.
era yo convirtiéndome en roca
era yo en el espacio sin colocarme bien el traje
Se me termina el aire y me regreso a la nave. Meto mi cabeza bajo la cama. Me como tu vómito escondido desde hace tres días. Me como los químicos que te quitan la risa, que salen bailando por tu oreja izquierda. Saco con cuidado mi spray y lo echo de costado, para no despertarte.
a las once y once
nos
tocará pedir
otro
deseo
deseante
de nosotras
deseante
de
ser el
deseo
temporal
de las manecillas
del reloj
con la lengua a 100 kilómetros por hora
con los ojos abiertos
sin los mocos
deseantes de
ser
el
deseo
que
no
se
medica
deseante
de ser
el
deseo de los que desean
dormir sin
el
deseo
de
cumplir
la rutina
Te digo que deseo mirar las estrellas contigo. Pero tú, tú, continúas en esa otra galaxia donde te vuelves la capitana de una tripulación fantasma. Miras en tu mapa, dentro de tu camino empedrado del sonambulismo una ruta para el próximo escape.
yo solo quiero ver las estrellas
Dejar de jugar a las cigarras y creernos que podemos ser hormigas, porque nos duelen las manos de tanto trabajo, como nos duelen los llantos y las lágrimas que forman castillos cuando se transforman en nuestros legos interplanetarios.
yo solo quiero escuchar tus voces
ver también a tus fantasmas
Fracasar contigo como se fracasa de verdad. Saltar rápido de un auto en marcha. Comprar un boleto de ida hacia un país lejano. Morirnos de algún vicio que nos destruya los órganos vitales. Fracasar como fracasan los humanos en esta tierra.
en esta sala de psiquiatría
En este otro planeta, con sus seis lunas, con el lago creado por nuestras lágrimas que tienen patas y cola, y una tijera y te cortan los brazos cuando las botas con demasiada fuerza.
deseo mirar las estrellas a cielo abierto
fuera de aquí
cuando dejemos de ser alienígenas terrestres
Cuando el fracaso, nos fracase y nos acepte nuestra decimocuarta solicitud de fracaso real, cuando se destruyan las tres estrellas, cuando termines de despertar, de despertar como despiertan los muertos vivientes, pero en vez de demandar la sangre o las neuronas, desees
desear conmigo
este
deseo
que nos implora
liberar
a
nuestras minúsculas lágrimas
también
deseantes.

 

 

HAY que saber caer
Como se aprende a morir
Como se abre la mandíbula para meterse a la boca una cuchara
Como se saca el botón intermedio del saco
Y luego
Nos arrastramos hasta llenarnos de lodo
Hay que saber caer y comerse el corazón en la bahía de los amantes tuertos, donde ya nos hicimos una cabaña y nos amamos entre pastilleros.
Y
Al
Tercer día
Resucitamos

 

 

La noche de Walpurgis

Nos quedamos los tres arrodillados sobre los pergaminos de Urdanivia, como en el inicio…

Antes de la creación de nuestras piernas, se sabía que todo terminaría así. Seis ojos mascando cassettes antiguos para, entre las sombras de los fotogramas, encontrar la torpeza del presente.

Y me tomaste de la mano esperando que Catalina no nos viera y dijiste: las brujas todavía nos aclaman. Lo imposible no se acabará entre su pluma, Delia.

Delia, las brujas te esperan con el monigote despeinado sentado en medio de la hoguera.

Las brujas del oeste, norte, sur y países bajos (que bien podrían ser nuestros países o los de los otros o los de los otros que pudieron ser nosotros).
Las brujas del oeste, norte, sur y las que caminan cojeando desde las praderas de las fosas del desencanto.
Las brujas sangrantes con las que terminabas botellas enteras de vino sin chistar, las que te miraron con desprecio mientras sostenían el crucifijo con la mano izquierda, las brujas de las blusas celestes y las piernas manchadas por primera vez, las que escupieron tu nombre en medio de las olas crecientes de la bahía de las desquiciadas.

Las brujas del norte, sur y oeste.
Las brujas del destierro y las que aún no terminan de lamer la sangre de los no nacidos, Delia, te dijo, el final se acerca.

Soy culpable, dijiste:

La madrugada del 18 de diciembre le entregué mis ojos envueltos en papeles que fueron en realidad los mapas de landing. Le serví mis piernas entre un festín de cuervos mientras el rostro de Patty, Catalina y Emilia se reflejaban en sus pupilar. Y soy culpable, camaradas, porque la noche del 18 de diciembre dije:
he caído.
Me eché de espaldas, mientras su cabeza me decía sobre mi pecho que debía aguantar. Soy culpable, porque tuve al enemigo atrapado entre mi pelvis y lo dejé ir. Las navajas se perdieron entre las voces que me pedían nuestra liberación.
Y soy culpable porque me entregué al señor
homúnculo cuando el cielo aún no era cielo.

Guillotina, cadalso, bomba, espada

Las noche de los colegios de Lince, los arenales de Villa El Salvador, la madrugada del aeropuerto de Nuevo México y los pasaportes falsos
La falsa lactancia, my love, I still miss you y el bicho insolente que se construyó un nicho entre tus bajos vellos.
Culpable
Delia, dijiste, no serás mártir.
Delia, querida, los ídolos de cera no serán en tu nombre.
Delia, estira bien tu cuello que hoy serás el adobe de la nueva historia.
Delia, me dijiste tomando mi mano:
Hemos sido las peores.

 

 

María Claudia Torres (Liz Norton o María Font) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se especializó en Gestión Cultural en el Museo de Arte de Lima. Ha publicado artículos de opinión en la revista Pikara magazine, cuentos en el blog Errror de imprenta y en 2018 publicó su primer poemario Blue tragedy o el panfleto del gatito negro con la Editorial Feminista La Otra Voz. Es parte de la colectiva artística feminista Fugitivas, cada veinte meses postea relatos o artículos en su página de facebook On the borders y actualmente escribe dos proyectos poéticos nuevos, mientras guarda fotos de gatitos de tumblr.

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