Poesía

Tres poemas de Liz Norton

Liz Norton (Lima, 1993)

Foto: Walter Villanueva Azaña

La fluoxetina de las tres Marías

Nuestra máquina espacial llegaba cuando se apagaba la última luz. Había una cabina donde una podía ver el infinito, tres estrellas con tu nombre. Me susurrabas que si las lograba ver había que pedir un deseo, no uno mundano, no uno muy complicado, no uno que vaya a cambiar la lógica del tiempo, pero uno sí que te apretara con más de tres dedos el corazón.
-no pasa todos los días-
Pero pasaba todas las noches. Cuando se apagaban las luces, volvías a una de las estrellas y yo me escabullía dentro de un hoyo negro. Me sentaba y mi lengua perdía el tacto.
era yo convirtiéndome en roca
era yo en el espacio sin colocarme bien el traje
Se me termina el aire y me regreso a la nave. Meto mi cabeza bajo la cama. Me como tu vómito escondido desde hace tres días. Me como los químicos que te quitan la risa, que salen bailando por tu oreja izquierda. Saco con cuidado mi spray y lo echo de costado, para no despertarte.
a las once y once
nos
tocará pedir
otro
deseo
deseante
de nosotras
deseante
de
ser el
deseo
temporal
de las manecillas
del reloj
con la lengua a 100 kilómetros por hora
con los ojos abiertos
sin los mocos
deseantes de
ser
el
deseo
que
no
se
medica
deseante
de ser
el
deseo de los que desean
dormir sin
el
deseo
de
cumplir
la rutina
Te digo que deseo mirar las estrellas contigo. Pero tú, tú, continúas en esa otra galaxia donde te vuelves la capitana de una tripulación fantasma. Miras en tu mapa, dentro de tu camino empedrado del sonambulismo una ruta para el próximo escape.
yo solo quiero ver las estrellas
Dejar de jugar a las cigarras y creernos que podemos ser hormigas, porque nos duelen las manos de tanto trabajo, como nos duelen los llantos y las lágrimas que forman castillos cuando se transforman en nuestros legos interplanetarios.
yo solo quiero escuchar tus voces
ver también a tus fantasmas
Fracasar contigo como se fracasa de verdad. Saltar rápido de un auto en marcha. Comprar un boleto de ida hacia un país lejano. Morirnos de algún vicio que nos destruya los órganos vitales. Fracasar como fracasan los humanos en esta tierra.
en esta sala de psiquiatría
En este otro planeta, con sus seis lunas, con el lago creado por nuestras lágrimas que tienen patas y cola, y una tijera y te cortan los brazos cuando las botas con demasiada fuerza.
deseo mirar las estrellas a cielo abierto
fuera de aquí
cuando dejemos de ser alienígenas terrestres
Cuando el fracaso, nos fracase y nos acepte nuestra decimocuarta solicitud de fracaso real, cuando se destruyan las tres estrellas, cuando termines de despertar, de despertar como despiertan los muertos vivientes, pero en vez de demandar la sangre o las neuronas, desees
desear conmigo
este
deseo
que nos implora
liberar
a
nuestras minúsculas lágrimas
también
deseantes.

 

 

HAY que saber caer
Como se aprende a morir
Como se abre la mandíbula para meterse a la boca una cuchara
Como se saca el botón intermedio del saco
Y luego
Nos arrastramos hasta llenarnos de lodo
Hay que saber caer y comerse el corazón en la bahía de los amantes tuertos, donde ya nos hicimos una cabaña y nos amamos entre pastilleros.
Y
Al
Tercer día
Resucitamos

 

 

La noche de Walpurgis

Nos quedamos los tres arrodillados sobre los pergaminos de Urdanivia, como en el inicio…

Antes de la creación de nuestras piernas, se sabía que todo terminaría así. Seis ojos mascando cassettes antiguos para, entre las sombras de los fotogramas, encontrar la torpeza del presente.

Y me tomaste de la mano esperando que Catalina no nos viera y dijiste: las brujas todavía nos aclaman. Lo imposible no se acabará entre su pluma, Delia.

Delia, las brujas te esperan con el monigote despeinado sentado en medio de la hoguera.

Las brujas del oeste, norte, sur y países bajos (que bien podrían ser nuestros países o los de los otros o los de los otros que pudieron ser nosotros).
Las brujas del oeste, norte, sur y las que caminan cojeando desde las praderas de las fosas del desencanto.
Las brujas sangrantes con las que terminabas botellas enteras de vino sin chistar, las que te miraron con desprecio mientras sostenían el crucifijo con la mano izquierda, las brujas de las blusas celestes y las piernas manchadas por primera vez, las que escupieron tu nombre en medio de las olas crecientes de la bahía de las desquiciadas.

Las brujas del norte, sur y oeste.
Las brujas del destierro y las que aún no terminan de lamer la sangre de los no nacidos, Delia, te dijo, el final se acerca.

Soy culpable, dijiste:

La madrugada del 18 de diciembre le entregué mis ojos envueltos en papeles que fueron en realidad los mapas de landing. Le serví mis piernas entre un festín de cuervos mientras el rostro de Patty, Catalina y Emilia se reflejaban en sus pupilar. Y soy culpable, camaradas, porque la noche del 18 de diciembre dije:
he caído.
Me eché de espaldas, mientras su cabeza me decía sobre mi pecho que debía aguantar. Soy culpable, porque tuve al enemigo atrapado entre mi pelvis y lo dejé ir. Las navajas se perdieron entre las voces que me pedían nuestra liberación.
Y soy culpable porque me entregué al señor
homúnculo cuando el cielo aún no era cielo.

Guillotina, cadalso, bomba, espada

Las noche de los colegios de Lince, los arenales de Villa El Salvador, la madrugada del aeropuerto de Nuevo México y los pasaportes falsos
La falsa lactancia, my love, I still miss you y el bicho insolente que se construyó un nicho entre tus bajos vellos.
Culpable
Delia, dijiste, no serás mártir.
Delia, querida, los ídolos de cera no serán en tu nombre.
Delia, estira bien tu cuello que hoy serás el adobe de la nueva historia.
Delia, me dijiste tomando mi mano:
Hemos sido las peores.

 

 

María Claudia Torres (Liz Norton o María Font) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se especializó en Gestión Cultural en el Museo de Arte de Lima. Ha publicado artículos de opinión en la revista Pikara magazine, cuentos en el blog Errror de imprenta y en 2018 publicó su primer poemario Blue tragedy o el panfleto del gatito negro con la Editorial Feminista La Otra Voz. Es parte de la colectiva artística feminista Fugitivas, cada veinte meses postea relatos o artículos en su página de facebook On the borders y actualmente escribe dos proyectos poéticos nuevos, mientras guarda fotos de gatitos de tumblr.

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Poesía

Tres poemas de Paulo Caffo

Paulo Caffo (Huánuco, 1987)

ECO DE LA NOCHE

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la lumbre
la noche no la música
la música no la noche
«ya deberíamos saber cómo es el destino» —me decías
cada quien escoge el luto de sus propias heridas
cada quien va borrando sus huellas de vuelo
irrepetibles
como un ciego extranjero en otro ciego
como un rostro en el límite deshabitado de otro rostro

escucho el eco de las altas ramas de la noche
como una música que inaugura el silencio de la vida

 

VESTIDA DE PÁJAROS

la mañana vestida viene de pájaros
y es la migración de su canto
como el ánfora que guarda de una muchacha su llanto

no habrá otras mañanas ni otros rostros
más que la frontera de la muerte en su muerte
que a otro lecho a su amado lleve en desventura

«vendrá otro amor» —se mentía
vendrán otros ojos           otros lirios como nunca
nunca el acecho anhelante de la primera e inquietante rozadura

la mañana viene vestida de pájaros
nunca como se tiende el sol en su algarabía
nunca como el viaje a los trópicos suicidas

 

EL OTOÑO Y LA MARIPOSA

gira el sol reciente como todas las mañanas
e irá con su vigor el girasol de casa en casa a
robar la ilusión de la lluvia que se entrega y canta

a veces como una mariposa amarilla y gallarda
libre para anunciar en el otoño su mayor nostalgia
donde todo beso se enciende y donde toda soledad se apaga

imitando lo que antaño el corazón defiende y calla
nada que temer que el tiempo fatigado no alcanza
escapa donde no se encuentre perdida la esperanza

 

paulo caffo. (amarilis, huánuco, 1987). estudió ingeniería de computación y sistemas. miembro asociado fundador y  tallerista en la asociación cultural «sembrando lectores. cosechando un mundo mejor» desde el 2013. ha publicado poemas en las revistas de arte y literatura canto general (lima), malón malón (argentina) y delirium tremens (lima), en los suplementos literarios librescritura y aspaviento (huánuco), en la antología poética 12 gramos (trujillo). obtuvo el primer puesto, en poesía, en el 2° concurso de poesía y cuento «premio diario ahora 2016», de la ciudad de huánuco. actualmente colabora en librescritura y reside en lima.

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Poesía

Tres poemas de Fredy León Tuya

Fredy León Tuya (Cátac, Áncash, 1988)

VOCES

A la «C.C.C», mi techo, en cualquier cielo.

                          CORTEJOS DEL FUEGO EN ESPUMOSO CAMPO

Pájaros míos donde cavo la muerte

Frío dorado de eléctricas chacras

Sombreros         nieve que desata nudos del icho

Bueyes de aire   atravesando la noche

Pájaros disecados del corazón

                           Negaron la herrumbre donde bruñía el quebranto

Lenguas             donde van a parar los caballos desollados del frío

Fósiles en el sueño de mis hombros

                                                                    Plato fúnebre de cuchillos del amanecer

Lagos de tiempo     donde humean serpientes

Oscuras             quimeras desfigurando las caras niñas del día

                           Negaron los secos dioses mutilados de la carne

Míos son los espasmos inasibles del amor

Enjambre de ceniza que cuece mi lengua

Voces interminables

Las oigo   arder en la música

En el luto perfumado de la última Puya

Las que oirás escribir

Cuando haya muerto.

 

 

FÉRETROS

EL RUISEÑOR NO HA SOÑADO SONIDO LISONJEROS
En su cola hierven los carruseles del amanecer

Cruces y más cruces atraviesan senderos de herida
El bosque níveo del pensamiento

Me hablan cartílagos prohibidos del lenguaje
Habitan las telarañas de la palabra

Holocaustos en mitad de la noche
Racimo invisible de cuervos apolillados

Han venido a regar escarabajos
En vergeles de belleza

He visto desmembrarse la transparencia
En el embrión oscuro de los juzgados

 

 

AZAR PODRIDO

LAVANDA DE TIEMPO ATRAVIESA MIS PÁRPADOS

Efímeros retazos, líquidos enfermos
Oquedades para habitar el suicidio
Lluvias para lavar el duelo
Pensé en el hambre que estornudan las calles

En los pasos sin huella, en la fiebre sin frente

En mi cuerpo inventando ruinas
En cartílagos enfermos de luz

Cuánta carne vivaz

Se apaga. Se apaga de repente

Cuánto hielo en el seno de la Muerte

Mi

Estómago

Lleno de hambre
devora la Felicidad.

 

 

Fredy León Tuya (Cátac, 1988) Nació en el distrito de Cátac, provincia de Recuay, región Áncash. Realizó estudios de Comunicación Lingüística y Literatura en la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo de Áncash, donde es fundador e integrante del Grupo Literario “Los hijos del orden”. Ha publicado la plaqueta Crepitario I (2014) y Crepitario III (2016). Obtuvo el tercer lugar en el Concurso Nacional de Cuento Breve “Ciudad de Marka” 2015. Fue finalista del Concurso de Cuento Killa 2016. Finalista del Concurso de Poesía Antenor Samaniego 2017. Actualmente ejerce la docencia en el colegio Trilce.

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Lucerna No. 10, Poesía

Tres poemas de Navale Quiroz Cano (Lucerna N°10)

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980)

Venimos del océano

Tengo un acuario, me levanto temprano para ver nadar a su único pez dorado,
para acariciarlo lo veo sacudirse y le apunto con el dedo como señalando al sol.
Todos los días crece y sacude su rostro en el vidrio que nos separa,
Yo, una completa imperfecta y él aún perfecto incompleto;
levanta su nado desde el fondo hasta hacerme una mueca.
Los dos nos sabemos en nuestras peceras.
Él me alimenta
mientras rocío migajas de pan sobre el agua.

 

Décimo planeta

Veo como marchan a la batalla de los doce planetas
Y tú ¿por qué me sostienes a la tierra?
Alguien cose los destinos del mundo con hilos de la vía láctea.

Dicen las trompetas que el cielo ya no existe,
sólo estamos tú y yo envueltos en polvo.

Quizá se haga la luz si abro los ojos
si hago un chasquido con los dedos
si estrello este par de piernas en las rocas
ellas no cuentan, si te tengo en mi ombligo.

Entre tanto frota mis manos que hace frío
sopla en mi nariz y abraza mi cintura
respira conmigo que viene la danza del parto.

Se han perdido todos los calendarios
no hay más libros, ni historia
sólo orquesta Dios
silba su viento estelar
sobre la nueva constelación de un nuevo planeta
en nuestro abrazo.

 

Horas

Parte el navío a la una
el calendario dice ser un día del año pasado
en mi abrazo dan las dos
se oye el océano completo en tu pecho,
unas redes han atrapado tu corazón que marca las tres.

Las orillas me dicen que no hay olas hoy
me aferro más a tu abrazo siendo las cuatro
los botones en la proa se abren con las aguas
y avanzan,
como los pasos que das
cuando no hay puerto
a las cinco avanzas, cruzas,
viajas con el sol,
y te vas dando las seis.

 

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980). Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica. Magíster en Docencia Universitaria por la Universidad Alas Peruanas donde es catedrática. También tiene estudios de maestría en Comunicación Social y Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vive en Ica desde los cinco años. Entre sus publicaciones están Algo de cierto, antología de poesía iqueña (Lustra, 2007), Nohombre, (Colección Piedra/Sangre, Lustra, 2008), Ondinas. El espíritu del agua (Ushuaia Ediciones, España, 2011) y Siembra de espirales (Alastor Editores, 2019). Además sus textos han sido publicados en revistas nacionales e internacionales. Ha participado en numerosos festivales de poesía.

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Lucerna No. 10, Poesía

Tres poemas de Micaela Paredes (Lucerna N°10)

Micaela Paredes Barraza (Santiago de Chile, 1993)

Micaela Paredes Barraza

NOCHE ADENTRO

Escucho una estampida de pájaros nocturnos,
el eco que repiten las piedras sin memoria.
Las hojas empozadas se sueñan en su rama
mientras las aguas callan el curso de las horas.

Solo he vivido un día y todo ha sido noche.

Herida de ceniza mi frente aún espera.
Oscuras mariposas en mis manos escampan.
Sus alas rotas cargan la errancia de otro entonces,
las esquirlas de un tiempo que en ofrenda se alza.

Vivir es soñar días sabiendo que es de noche.

 

VÍA

Caminas bajo un cielo que arde y llama.
Todo hoy es lejanía y cada paso
es tránsito al comienzo de otro fin.

Con tanta muerte a cuestas se consuma
la hora, condensada en un presente
erguido sobre tumbas de memoria.

La estrella que devana noche y día
te arrastra y tú, obediente, vuelto barro
recorres el camino de la sangre.

Las piedras todas lloran en silencio:
testigos indulgentes que en tu marcha
la voluntad del polvo ven cumplirse.

La tierra anochecida espera abierta
y todos tus finales hoy convergen
para iniciar el último comienzo.

 

FÁBULA DEL SILENCIO

Solo la noche sabe cuánta noche
cría un cuerpo atizado por la pena.
Los dos ojos vaciados buscan cielo
a la espera de un nombre y solo el eco
de su voz y del llanto de las horas
ven arder sin memoria entre la sombra.

La luz del día solo engendra sombra
y no es más que el augurio de la noche.
Sin nombre ni concierto van las horas.
Desierta es la humedad cuando la pena
no encuentra ya su origen, cuando el eco
nacido del olvido inunda el cielo.

Si toda claridad viene del cielo
y solo somos cuerpos dando sombra;
si somos solo el eco de otro eco
y nuestras aguas siempre están de noche
llorando sin saber de quién la pena
ni a dónde el cauce lento de las horas

¿a qué seguir llenando instantes, horas,
y con la voz quebrada hablar al cielo
para que extinga el rayo de esta pena
si el cielo se ha tornado un mar de sombra
y no es más que el reflejo de otra noche,
la noche en que Dios quiso oír su eco?

Quizás fuera más fácil, siendo eco,
dejar de preguntar por qué las horas
laceran en silencio día y noche
la verdad que creímos en el cielo…
Y ser en el abrazo de la sombra
y darse en el oficio de la pena.

Dios hizo a semejanza de su pena
la voz del hombre: las palabras eco
son del llanto vertido entre la sombra,
alzado para dar nombre a las horas.
No existen las distancias en el cielo:
sin tiempo todo empieza hacia la noche.

Quizás las horas muertas en la sombra
un día el cielo abran con su eco.
Y tanta noche nos valdrá la pena.

 

Micaela Paredes Barraza (Santiago, 1993). Licenciada en Letras Hispánicas PUC. Publicó su primer libro de poemas, Nocturnal, en 2017, por Cerrojo Ediciones, Chile. Ha recibido reconocimiento en diversos concursos, entre ellos el primer lugar en el Concurso Literario UC, mención poesía, en 2014 y 2015, y una mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño, categoría poesía, Ministerio de Cultura de Chile, 2014. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas de creación en Chile, España, Venezuela y Perú. Este año comenzará sus estudios en el Máster de Escritura Creativa en NYU.

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Lucerna N° 11, Poesía

Tres poemas de Thalia Tumes (Lucerna N°11)

Thalia Tumes (Cañete, 1992)

Miguel Ángel

Tus manos
son propias como las de pocos.
Muy aparte de ser musicales,
tienen las rayitas de la palma perfectamente dibujadas
y se puede armar tres rompecabezas al mismo tiempo.

Tu interior
es una algarabía rabiosa,
con uñas diáfanas pero adversas.
Se arma la riña entre adalid y soldados de chaquetas verdes;
pero tu palabra ya no es muda e inofensiva.

Ahora
Abraza mis manos
Atraviesa el olvido
tal vez esta noche no es nada
solo un pájaro que canta en un lenguaje extranjero
nadie lo reconoce
corre como el río
sufre como yo

Tal vez son tus ojos
o el silencio que grita
adiós para siempre.

 

Las falsas promesas

Tengo una vida que es pensada
una mente que es nuestro lugar de afecto

Coartada suficiente
para secar mis ojos oceánicos todas las mañanas,
enfriar estas ganas incendiarias,
observar la torpeza de mi cuerpo,
abrazar la torpeza de tu recuerdo

Con estos versos curo cuidadosamente mi corazón de repuesto

¿Quién eres tú
capaz de llevarme a las alturas en una mesa vacía?

¿por qué demora el tiempo
de tus promesas de madrugada?

¿oyes cómo mi poema va hacia ti
porque de ti yo vengo?

 

A Blanca Varela

Lo he dejado todo

Sí, Blanca
Todo

mis piernas debajo de la cama
mis oídos encima de la cama
mis ojos en el plato de sopa
mi nariz en la maceta
mis manos al lado de la lámpara
mi espalda en el parqué
mis labios en las sábanas
mis cabellos en la botella
mi cama, mi casa
mi árbol
mi memoria
todo
pero me voy lejos
muy lejos
hasta en contra de mis ganas

la libertad abrasadora del hedonista.
Repito.

 

 

Thalia Tumes (Cañete, 1992). Publicista. Participó en Poesía Femenina Río Luna (2010), Arte Poética (2011), Muestra Poética Territorio Huarco (2012), Boca del Río (2018). Ganadora de los Juegos Florales de la Universidad San Martín de Porres (2011, 2012 y 2013). Finalista en el Festival de Poesía de Lima (2018).

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Lucerna N° 11, Poesía

Tres poemas de Victoria Mallorga

Victoria Mallorga (Lima, 1995)

oleaje

soy, por tanto, la marea creciente

aunque no sea este mi puerto,
y no exista como antes al borde de su boca.

los minutos luz de mi ausencia se reproducen sin huella en las orillas.

si tengo que decir adiós,
que sea breve,
que sea frío,
que llore el agobio de arrastrar el mar conmigo.

 

tiempo de huir

todas las veces que he descrito el océano
me he quedado con las células en la boca
sal en aristas que queman mis labios antes
de que se pueda discernir la más
pequeña sección del todo

no sé si el recuerdo se enmudece
moho, morena, tierra en polvo de nuestras manos,
si tuviera que nombrar una memoria de nosotras
al borde del colapso serían todas las que ocurren al lado de un cuerpo de agua

eterno,
dadivoso,
(casi ocultando el paso del tiempo)

los reflejos de tu cabello oliendo a caracolas
la arena fosforecente
bajo el agua incierta de nuestros pasos

me haces olvidar los corales cuando camino por la playa.
todos los horrores, ojos despiertos en la noche, pieles cambiantes al roce de mis dedos
se repliegan como olas en temporada de tsunami

lejos
lejos
lejos,
hasta que preguntas
y a dónde han ido

pero todos sabemos que es hora de huir.

 

baby you thought we were giants
(but we were cacti)

cómo nos encontramos más allá de
la inconstancia y de la incertidumbre
de haber retenido en nuestros cuerpos
toda la esperanza de vida
de haber sorbido
del tiempo
toda la esencia
que necesitaban
campos enteros de flores
para sobrevivir el verano

así que ahora eres
el centro de este pastizal
y a tus pies germina la quinua
y las bayas de verano crecen donde vertiste
tus lágrimas hace unas horas
y cada cierto tiempo tienes que
escupir para que ese rosal sobreviva
y para que cada uno de tus pasos no
mate a los germinados has decidido
prescindir de cualquier tipo de calzado
así que no te preguntas por qué
cuando la primera ave hace su nido en tu cabello de ramaje
de primavera
porque al fin y al cabo
has bebido tanto de la fuente de la vida que
no puedes sino dejarte usar
por sus seres
como un hogar y
criadero a la espera de un relevo
como atlas
un atlas botánico
un atlas que sostiene un vivero sobre sus hombros
cuyo cabello son enredaderas de jazmines del cielo
azules sobre verde florido,
hasta
el relevo.

pero entonces,
cómo nos encontramos.

 

victoria mallorga | tauro, literata, trickster | nació en Lima en 1995. estudió literatura hispánica en la pontificia universidad católica del perú y actualmente trabaja como predocente en dicha institución. entre los tópicos que la despiertan figuran el amor queer, la ficción transformativa, anne carson, siken y pizarnik. en 2015 obtuvo una beca anual para estudiar en la university of bonn, alemania. es miembro del colectivo literario verboser y ha sido editora de esta revista. albión, su primer libro, será publicado en 2019.

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Lucerna No. 9, Poesía

Tres poemas de Lisbeth Curay (Lucerna N° 9)

Lisbeth Curay (Lima, 1993)

NN

I
Lijamos una silla sobre tu cabeza
Y tu cara se hizo barro
¿Qué hacer?
Deslizar un dedo sobre tu boca
Que ya no es boca
O ponerle un lunar a tu ojo
Que ya no es ojo
Sembré un diente en la maceta
Para darte otra lengua
Y aún
No dices mi nombre

II
¿Cómo debemos nombrarte
Antes de sumergirte en la tierra?
Salmón, grulla o erizo

III
La espesura del paisaje
No cabe sobre tus nalgas
–Salmón–
Sigue lamiendo lo que el viento lame
Aguza el filo de tus dientes
Cuando la tierra
Te toque
Abre la boca
Grande
Abre la Boca

IV
Los muertos que (no) son de uno
Gritan:
Quemaremos nuestra carne
¡No más cáscara humana!

 

Sabor alambre

Este olor a leche y veredas meadas es parecido al amor / mordida inocua en la pata que parece doler ante la luz / distante como las lúcumas, así, eres a veces / logras matizar tu piel en la corteza de cualquier árbol / pero nunca inclinas la espalda al dormir sobre la mesa / vemos niñas lamerse las uñas / He visto niños limpiarse los oídos / nada cuaja en este charco / otras voces entrarán en él / Yo / muerdo la tibia cresta de mi gallo continuamente bajo el sueño / atribuyo mi cansancio al otoño / hoja incrustada entre mis sienes / ¿sigues siendo sonámbula hiedra que se abre paso entre las lianas? / No / soy un reptil / mi infancia es un gerundio que se repite una y otra vez bailando / No ignoro la lluvia / tampoco olvido tu miedo a los bordes / mantengo una luz entre las piernas / junto un viejo cartel que dice se vende / Esperanza en buen estado / es mi sabor / ¿sabor-alambre?

 

Luz insuficiente

Todas las superficies ásperas
me seducen,
al pintar una pared de blanco
y no tener las manos vacías
encuentro un placer primordial
en las lijas pequeñas
en los contornos de los vidrios
en todas las ventanas
dos veces fue demasiado sombra
guardo el fuerte olor de la
vainilla derramada
siento el ardor de los bosques
que se incendian
allá, muy lejos
las víboras escapan
y estás cavando una zanja
para sembrar azucenas amarillas
se pierden los muertos que
dejé olvidados
los árboles se quejan de sus frutos
la partícula se asienta (¿dónde?)
la mujer desaparece (eso fue un sueño)
llegan las lluvias, la barca se pone en marcha (lo dice la biblia)
no sé quién toco la puerta (seguro un niño y se fue corriendo)
cada escama de pez
es un trozo de mar
lo dijo un pescador
entre sus redes
germinan algas
las tortugas vienen a comer
He permanecido inmóvil
Al borde de un abismo fulgurante
Nada se ve
no sé quién pudo dejarme
ahora que amo el día
y esta pequeña luz es
insuficiente.

 

Lisbeth Curay (Lima, 1993). Estudió Antropología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Forma parte de Cinco Minutos Cinco, asociación cultural que se encarga de promover las artes audiovisuales en el distrito de Villa María del Triunfo. Ha publicado poemas en revistas diversas y prepara la publicación de su primer poemario.

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Lucerna No. 6, Poesía

Poema de Joe Montesinos Illesca (Lucerna N° 6)

Joe Montesinos Illesca (Lima, 1980)

LA VIGILIA DEL ERIZO

Criarás un erizo en la memoria
y le pondrás una diadema
un reloj de arena en su ventana
la efigie de una serpiente en tu cabeza

Se comerán tus ojos las orillas
serás fosforescente en las tinieblas
y los rituales de la escarcha la furia
de los ramajes, los entierros y la vigilia

Dormirás en una hoja en una gota
y el bosque será un caracol
descifrarás el manuscrito de los condenados
y los violáceos monjes te mostrarán la marca en sus cabezas

En un tren encontrarás el amor
y en el boleto de retorno la muerte
la marea del escarabajo y la liebre
será el cauce de tus remeros sonrientes
organillero embustero, mirarás tus manos arder

Soñarás con un museo en medio del desierto
y al despertar los lamentos serán de las estatuas
será como la gloria de los caparazones y el reino de los capullos,
bajo el cielo de cometas una canción que congela la lluvia
te volverá a la vida

Será tu huida y tu espesura
la calvicie de los mandriles tu lujuria
la constelación de un girasol tu laberinto

¿Quién descifrará tu ciencia y el secreto de tus púas?
¿Hasta cuándo las estacas en tus manos y la condena?
¿Hasta cuándo el hechizo de tu cuerpo en las hogueras?

 

Joe Montesinos Illesca (Lima, 1980). Estudió literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, diseño gráfico en el Instituto Peruano de Arte y Diseño. Publicó los poemarios Guardián de acantilados (Pájaros en los Cables, 2010), Aguas oscuras del sueño (Cascahuesos, 2013) y Herbarium (Ciempiés, 2016). Dirige el sello editorial Pájaros en los Cables Editores, los Cuadernos de Poesía Ciempiés y la editorial Bisonte.

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Lucerna No. 8, Poesía

Poema de Osman Alzawihiri (Lucerna N° 8)

Osman Alzawihiri (Puno, 1982)

EN ESTE OJAL CREPA LA VOZ DE LA HUACA | hoy día he visto bajar como hilo invisible | mientras en el hoyo del ojo se mira hasta perderse al insomnio lúdico | y vuela hacia mis manos y percibo la señal de alas desbandándose en la puerta de la casa y las ventanas como si fueran pitos | mientras abrí la puerta las aves se perdían entre mis huesos | cuando quise tocar se habían desaparecido | un día los vi sobrevolar y rondar en sus vuelos volátiles | pero sólo eran manchas de color negro esparciéndose como charco oscuro | un día | ya no lo vi | pero al final | hallé entre los árboles de la calle | porque oí el trinar ovíparo | entonces cerré los ojos y me fui hacia mis cabellos | HACE VARIOS DÍAS MI MADRE TEJE VIÉNDOME CON LA PACIENCIA DE SUS MANOS | A VECES ME CAE SUS LÁGRIMAS COMO GOTAS DE LLUVIA | SERÁ LOS HILOS BLANCOS DONDE ME DEJA EL TAÑER DE SUS FLORES | SERÁ TAMBIÉN LAS AVES QUE TEJEN LAS TARDES Y LAS NOCHES DONDE SE ME VEN ESCRIBIR EN EL PAÑOLÓN DE LAS HOJAS | SERÁ LOS SUEÑOS QUE ME VUELVE AL PATIO DE LA CASA DESHABITADA PARA NO HALLAR A NADIE | POR ESO CAMINO HACIA MI CUERPO DE LIMBO Y DE BARRO.

 

Osman Alzawihiri (Puno, 1982). Es docente de literatura y poeta. Ha publicado la plaquette de poesía Chuspa del café (2009), Sudario 2981 (2010), Herbaje de incienso (2011), Ichus negro (2013). Primer premio Horacio de Educación en el área de poesía 2011. Ha participado en el Festival de poesía «Enero en la palabra» (2014). Organizó el I Recital de poesía «Transito de Humo». Actualmente trabaja como docente en la Institución Educativa Secundaria «Serapio Calderón Lazo de la Vega» en Paucartambo, Cusco. Es Director y compilador de la revista de literatura Hado Tártaro.

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