Editoriales, Lucerna No. 4

Editorial de Lucerna No. 4

Portada de la cuarta edición de la revista Lucerna

Una revista literaria no tendría razón de ser si se limitara a ser eco o caja de resonancia de modas literarias u obras y autores que los mercados editoriales tratan de imponer. Si fuera el caso, estaría resignándose a no hacer más que una labor –legítima, por lo demás– de difusión, que ya la ejerce el diario con sus notas de prensa y sus glosas periodísticas. Renuncia a su función crítica y creadora si, por otro lado, se limita a replicar en sus páginas el vaivén del gusto de los lectores. Una revista literaria no puede ser un receptor pasivo del mercado o un mero estimulante del consumo literario. Por el contrario, una revista debe arriesgar y elaborar sus propias propuestas estético-literarias sin considerar factores extraliterarios como el prestigio o la mayor o menor popularidad que pueda alcanzar. Desde luego, aunque no se puede estar completamente al margen de los condicionamientos del mercado, una revista no debe someterse a su lógica y olvidar, por ejemplo, que cuanto mayor aparato publicitario requiere una obra para imponerse, mayores son las sospechas que se ciernen sobre sus méritos.

Por otro lado, una revista debe poder conducirse sin la mira puesta en quienes gozan pasajeramente del favor de público y crítica. Aunque siempre es saludable el debate y la crítica, mal harían revistas o autores en empeñar su tiempo y energías en petardear las bien o mal ganadas famas literarias para tratar de ocupar tal o cual sitial, pues se estaría prolongando el círculo vicioso de una literatura erigida a partir del nombre y el marketing antes que de la calidad y originalidad de las obras creadas. La guerra contra los mercaderes del arte y la literatura no se ganará con denuestos y pullas sino con obras de verdadero talento que con su brillo desnudarán cuánto de este falta en aquellos. La obra de arte auténtica es la única capaz de romper el cerco que algunos han alzado contra lo que hay de nuevo y vital en la literatura. Pero la obra de arte no puede nacer del odio, el resentimiento o mezquinas aspiraciones como el éxito editorial o el reconocimiento público, sino de la libertad que se alcanza cuando el alma del hombre creador, libre de envidias y afanes, se encuentra en plena posesión de sus poderes. La obra de arte es la única que rompe la lógica del mercado y la que, lenta y paulatinamente, termina por imponerse. Una revista que no quiere convertirse en mero reflejo de las modas y tendencias literarias, debe aspirar a la producción y publicación de obras como estas, originales y vigorosas. Estas son, en conclusión, algunas de las aspiraciones que nos proponemos en este cuarto número de Lucerna.

 

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Editoriales, Lucerna No. 5

Editorial de Lucerna N° 5

Portada revista Lucerna No. 5

Se vive actualmente un momento de intensa actividad literaria en todo el Perú. Como son cada vez mayores las facilidades que se encuentran para la publicación independiente, los nuevos escritores que quieren dar a conocer su obra, ya no dependen tanto de las grandes editoriales, mayormente reacias a apostar por lo nuevo y lo audaz, ni del favor de la crítica institucionalizada. Ahora pueden, sin intermediarios, mostrar sus creaciones directamente a sus potenciales lectores. Ello contribuye a estimular la creación literaria y a dinamizar el mercado editorial, que ya no depende de monopolios ni de un pensamiento crítico único y excluyente.

Esto, que sin duda es beneficioso para el mercado literario peruano, tiene, no obstante, como contraparte el que genera la atomización y dispersión de los esfuerzos por crear una literatura que refleje una experiencia colectiva y, en consecuencia, hace más difícil el surgimiento de una generación literaria que se articule en torno a un proyecto estético común, más ambicioso y verdaderamente renovador. Existen, desde luego, intercambios, pero estos se dan más como iniciativas individuales aisladas, pocas veces alrededor de ideales estético-literarios. Esto trae como resultado, la ausencia de una literatura que pueda ser considerada nacional, en el sentido de que pueda reflejar y ser reconocida como propia por los distintos actores que intervienen en el proceso literario peruano. Los proyectos literarios, por lo tanto, ya no serán más colectivos, sino únicamente individuales y los escritores ya no representarán a nadie más que a sí mismos. De esta situación pueden surgir algunos buenos autores, pero difícilmente una generación literaria que deje huella en la historia de la literatura peruana.

Hace falta, a nuestro modo de ver, sumar esfuerzos y propiciar un diálogo y un mayor intercambio entre los distintos grupos literarios, pero no alrededor de obras o personajes de culto, sino en torno a ideas y estilos literarios. Con cada nuevo número, Lucerna espera consolidarse como un proyecto con ideales estéticos bien definidos, pero con espíritu integrador y abierto a propuestas diferentes y renovadoras. Con este objetivo en la mira, anunciamos la creación del sello Lucerna Editores y el próximo lanzamiento de nuestras primeras publicaciones en lo que viene del presente año. La editorial y la revista serán dos proyectos paralelos que, aunque inspirados por objetivos comunes, tratarán de mantenerse independientes, pero siempre unidas por la devoción por el arte y la literatura.

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Editoriales, Lucerna No. 6

Editorial de Lucerna N° 6

Portada revista Lucerna No. 6

Un centenario o una efeméride literaria no pasarían de un vano ejercicio de la memoria, sino constituyeran una buena oportunidad para volver a poner en primer plano a autores que por razones de orden coyuntural, se leen hoy menos de lo que merecen o son, en el mejor de los casos, más citados que leídos. Toda celebración que no venga acompañada de una relectura crítica es antes que un homenaje al autor recordado, un tributo a nuestra propia vanidad y a esa superflua necesidad de celebrar lo que a todos complace.

Por ello, con la selección de los autores a los cuales rendimos homenaje en cada número lo que hacemos es ofrecer una propuesta personal de lectura que aunque sabemos que nunca será masiva ni mayoritaria, esperamos que sea compartida por una pequeña pero fiel comunidad de lectores. Esta propuesta, lejos de ser elitista, acepta el hecho de que lo que termina por gustar a todo el mundo corre el riesgo de caer en lo indiferenciado y lo carente de identidad. Recordemos aquella paradoja formulada por Paul Valéry, según la cual hace falta menos para complacer a tres millones de lectores que para agradar exclusivamente a cien personas. Gustar a pocos será, pues, de este modo, una labor mucho más exigente que complacer a miles. Por ello, aunque Lucerna se encuentra a disposición de cualquier persona a la que le guste la lectura, estará sobre todo dirigida a aquel lector atento, curioso y exigente para el cual la lectura no es un pasatiempo, sino un modo de vida y un camino de exploración. Antes que intentar gustar a miles, a este tipo de lector van consagrados nuestros esfuerzos.

Entre los muchos centenarios de este año, hemos querido rendir un modesto tributo a poetas como Georg Trakl, en nuestro número anterior, y a Dylan Thomas en el presente, con la traducción de cinco de sus poemas. Reservamos el homenaje central de esta edición al autor que, después de olvidadas las modas críticas, continuará siendo uno de los pilares vivos de la literatura occidental: William Shakespeare. Lo hacemos bajo la convicción de que la apuesta por la lectura de un clásico desde una perspectiva moderna puede ser de mayor utilidad en la actualidad que la ansiedad contemporánea por crear figuras cuya obra aún no ha superado la prueba del tiempo. Pero ello no significa que deba renunciarse a la búsqueda de nuevos creadores, como lo atestigua nuestra sección de creación. Antes bien, cada nuevo número de Lucerna significa un renovado y pertinaz intento de alcanzar un imposible equilibrio entre lo nuevo y lo clásico.

 

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Editoriales, Lucerna No. 7

Editorial de Lucerna N° 7

Portada de revista Lucerna No. 7

Asistimos en la actualidad a una banalización cada vez mayor de la lectura y la escritura. Como poco es lo que podemos esperar de quienes se benefician de ella, deberían ser los propios escritores y artistas los llamados a impedirla, pero vemos que muchas veces son los primeros en alentarla. Es el caso de los escritores que, habiendo claudicado de su labor crítica y creadora, pretenden hacer pasar como compromiso intelectual su tendencia natural al exhibicionismo, el cual ponen de manifiesto en su infantil ansiedad por comentar las minucias del día con el fin de mendigar las migajas de la atención pública, con lo cual no hacen otra cosa que desnudar su ausencia de toda interioridad, profundidad analítica y discernimiento acerca de lo que es verdaderamente importante. Lo que terminan escribiendo, en consecuencia, está lejos de alcanzar algún logro artístico o contribución intelectual y se queda en el terreno de la más impúdica opinología.

En Lucerna no pretendemos ofrecer una fórmula de lo que debe ser o no la escritura. Pero sí sostenemos la convicción de que esta debe ser afrontada con la máxima seriedad posible y con una consagración vital que excluye toda vanidad, oportunismo o lobbismo literario. Necesitamos escritores y artistas que trabajen para el engrandecimiento de su arte y no pretendan erigirse por encima de él; autores como los que T. S. Eliot propone al final de la siguiente cita: “El artista de segunda categoría, naturalmente, no se puede permitir la entrega a ninguna causa común; pues su tarea principal consiste en la afirmación de las diferencias insignificantes que los distinguen: solamente el hombre que tiene tanto que dar que puede olvidarse de sí en su trabajo, puede permitirse colaborar, permutar, contribuir.” Este “olvidarse de sí en su trabajo” al que se refiere Eliot es, por supuesto, lo contrario del exhibicionismo que reclama la banalización de la escritura, pues impide que se comercie con la figura del escritor por encima de su obra, gracias a lo cual esta pasa a ser lo único importante.

Esta banalización de la escritura es, desde luego, una de las consecuencias de la mercantilización de la literatura, que ha invadido todo los aspectos de la producción literaria, hasta el que se suponía que era el último refugio del arte, el taller del escritor, que ha reemplazado sus principios estéticos por consideraciones pecuniarias. Por ello es que guiados bajo este convencimiento y aplicándolo al campo que nos compete, podemos afirmar que una revista literaria podrá ser buena, regular o mala, pero nunca una franquicia o una idea de negocios. No al menos si pretende hablar, con todas las limitaciones que puedan existir, desde algún lugar, desde una experiencia única e irrepetible que no puede ser exportada ni trasplantada a otras latitudes. No al menos si en su concepción pretende responder a un proyecto estético o literario. Una revista como un todo debe aspirar, ya sea que lo logre o no, a ser una obra de arte, aun si cada una de sus partes, consideradas individualmente, tal vez no lo sea. Esto es lo que pretendemos con Lucerna y lo que el lector juzgará si hemos conseguido o no.

En este séptimo número continuamos la colección Los alimentos terrestres, dedicada a clásicos de la literatura universal, e iniciada en nuestra quinta edición con la publicación de El caballero avaro de Pushkin. En esta ocasión, conmemorando los cincuenta años de la muerte de T. S. Eliot, publicamos La tierra agostada y otros poemas en traducción de Ricardo Silva-Santisteban, que incluye no solo su versión de The Waste Land, sino una amplia antología que comprende diversos periodos de su producción poética. En las próximas entregas de Lucerna esperamos continuar compartiendo con nuestros lectores muchos más de estos alimentos.

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Editoriales, Lucerna No. 8

Editorial de Lucerna N° 8

Portada revista Lucerna No. 8

Si algún futuro investigador se propusiera escribir la historia de la literatura de nuestra época se sorprendería al no encontrar en ella ningún atisbo de los valores artísticos que mañana se considerarán perdurables, y no tardaría en preguntarse: ¿en qué estuvo ocupada la atención de la crítica y de los lectores, y por qué nada de lo que entonces trataron de vendernos logró sobrevivir? La respuesta es clara: estuvo tratando de vender libros y autores, no literatura ni arte. Esto que podría aceptarse como un mal necesario, ha llegado a convertirse en la razón de ser del mercado literario, al punto de que ya no hay lugar en él para el arte y la literatura que no pueden ser reducidos a mercancía explotable, ni para los autores que no estén dispuestos a representar la comedia de parecer personajes interesantes con el fin de vender libros.

Por ello no debe sorprendernos que entre los libros más vendidos y los autores más promocionados del año encontremos siempre a escritores de segunda o tercera fila que encajan perfectamente en esta pantomima y aceptan gustosos un papel dentro de ella. Pero esta farsa se ha hecho tan generalizada que incluso gente que no carece de talento no ha tenido el menor inconveniente en poner en juego su prestigio y sacrificar todo crédito y autoridad para defender las medianías impulsadas por el mercado, asegurando con ello los beneficios con que este retribuye a sus custodios. Para que este mecanismo pueda funcionar sin fisuras es necesario que la crítica y los medios no sean, por un lado, otra cosa que satélites y elementos de refracción de sus fines comerciales, y, por el otro, que arrojen un manto de silencio sobre cualquier voz divergente o talento que no se ajuste a dichos fines. Los aspirantes a la fama literaria que mendigan menciones y sueñan con reemplazar al autor de moda, también defenderán este sistema con uñas y dientes porque, al carecer de existencia propia, esperan existir a través de él. Los lectores de ferias de libros hacen dentro de este sistema el papel de tontos útiles cuya vanidad se halaga con el prestigio que aún le queda a la lectura y cuya complacencia se alienta al ahorrarles el trabajo de pensar y darles de leer lo que todo el mundo está leyendo. Este engranaje funciona tan bien que parece que no hubiera vida más allá de él. Todos salen ganando: autores, críticos y lectores. Todos, excepto el propio arte literario.

Por supuesto, nadie aquí está hablando de proponer temas o estilos como más elevados o profundos que otros. Ya sabemos que cualquier intento de impulsar una literatura que aspire a alguna trascendencia parece una exigencia demasiado onerosa para los que viven satisfechos con sus naderías y no pueden ver más allá de sus narices. Pero si tuviéramos que realizar alguna exigencia a la literatura, sería esta a la que se refiere el historiador del arte Arnold Hauser: “Lo que otorga a una obra significación social, moral y humana no yace en el motivo, en su acción, sus personas o la tendencia manifiesta que exprese, sino que subsiste en la seriedad, la inteligencia y el rigor, en suma, en la madurez espiritual con que ataque los problemas de la vida”. ¿Será esta también una exigencia excesiva para los egocéntricos autores de hoy?

Lamentablemente, en el mercado literario tal como se ha configurado en la actualidad ya no hay lugar para un arte de esta naturaleza. Si amamos el arte y la literatura debemos negarnos a participar en el festín de complacencia en que se ha convertido hoy en día. No se puede desear realizar obras de arte perdurables –y si no se anhela ello, ¿para qué se quisiera escribir?– y al mismo tiempo aspirar a ser parte de un sistema que vive de espaldas a todo lo que es verdaderamente grande y hermoso. ¿Qué hacer, entonces? Es necesario buscar y abrir nuevas vías, crear nuevas moradas que sean el refugio de la belleza en estos tiempos de miseria intelectual en que vivimos.

Acompaña a esta octava edición de Lucerna una nueva entrega de la colección «Los alimentos terrestres». En esta ocasión se trata de Catay (1915) del poeta Ezra Pound, que publicamos conmemorando los 100 años de su primera edición.

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Lucerna No. 9, Noticias

Presentación de revista Lucerna N° 9 + Recital poético

Presentación de la revista Lucerna No. 9 & Recital poético

La revista literaria Lucerna presenta su novena edición el viernes 9 de diciembre a las 7:30 p.m. en la Instituto Raúl Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores). Con la revista se presentará una edición bilingüe e ilustrada de La siesta de un fauno, de Stéphane Mallarmé. Ricardo Silva-Santisteban, autor de la traducción, comentará la publicación. Al final de la presentación se llevará a cabo un recital poético con las poetas Lena Orduña, Lisbeth Curay y Erika Aquino.

La novena edición de Lucerna trae como rescate literario la publicación facsimilar de un texto inédito del poeta peruano Xavier Abril. En la sección de crítica se publican artículos sobre los escritores peruanos Alberto Hidalgo, Sebastián Salazar Bondy y Carlos Calderón Fajardo, los narradores Saul Bellow, Samanta Schweblin y Yuri Herrera. Además, inauguramos nuestra sección de entrevistas con una larga conversación con el poeta peruano radicado en Alemania, José Morales Saravia. En nuestra sección de homenajes rendimos tributo a los poetas Eduardo Chirinos y Luzgardo Medina. En nuestra sección de traducciones, incluimos versiones castellanas del «Rezo en la Acrópolis» de Ernest Renan, «El ángel», último texto de Paul Valéry, y una selección de poemas de la poeta norteamericana Tracy K. Smith. En nuestra sección de creación literaria, poemas y cuentos de autores y autoras de diversas regiones del Perú. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

Se agradece su cordial asistencia. El ingreso es libre.

 

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Los alimentos terrestres, Lucerna No. 8

Catay de Ezra Pound (Traducción de Ricardo Silva-Santisteban)

Catay de Ezra Pound

Con el octavo número de revista Lucerna, se publica el libro de poemas Catay del poeta norteamericano Ezra Pound, con traducción y prólogo del poeta y editor Ricardo Silva-Santisteban. Este libro es la tercera entrega de la colección «Los alimentos terrestres» de clásicos universales, y se publica en conmemoración de los cien años de su primera edición (1915). Este libro-separata se entrega gratuitamente con el octavo número de Lucerna. Silva-Santisteban señala en el prólogo: «Debe reconocerse también a Cathay el haber impulsado el acercamiento a la poesía china desconocida todavía en Occidente por falta de un gran intérprete que, como Pound, mostrara ese rico universo en todo su primor y exquisitez revelando a lectores asombrados una de las tradiciones más ricas con que cuenta la literatura universal. Con la publicación de Cathay, Pound recibió el reconocimiento de crítica y de público. Cathay es, sin lugar a dudas, su libro más hermoso y uno de los que se puede releer con más placer».

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Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de Ríos de ceniza de Félix Terrones (Lucerna No. 8)

Rios.de.ceniza

RÍOS DE CENIZA
Autor: Félix Terrones
Editorial: Textual Editores
Páginas: 311
Año: 2015

Por: Coralie Pressacco

Félix Terrones (Lima, 1980) es seguramente uno de los rostros más prometedores de la literatura peruana actual. Doctor en estudios hispanoamericanos, escritor, crítico y traductor, es autor de la novela corta A media luz (2003), de la novela El silencio de la memoria (2008), del libro de cuentos Cenizas y ciudades (2008) y del libro de microrrelatos El viento en tu cara (2014).

Su última obra, Ríos de ceniza, es una novela que aborda la experiencia de un joven peruano que decide dejar el Perú y viajar a Francia para continuar sus estudios y convertirse en un escritor famoso. El narrador anónimo comparte con el lector su recorrido por distintas ciudades descritas en sus mínimos detalles. La narración tiene como punto de partida la “mortecina” ciudad de Lima de la que el protagonista desea evadirse para acceder a la cultura viajando a Francia. Allí se mudará varias veces, viviendo en Burdeos, Tours, París y Lyon, cuatro ciudades atravesadas por un río. Sin embargo, la novela no es sólo el descubrimiento de un país o de una cultura sino también una novela de educación sentimental, una reflexión sobre la memoria, el exilio y la escritura, la búsqueda permanente y el descubrimiento de sí mismo. En Francia, el joven peruano se encuentra en el camino con varias mujeres que pautarán su vida amorosa. Pero los amores frustrados, imposibles, que son una constante en las obras de Flaubert y de Balzac que tanto influenciaron la novela de nuestro joven escritor, serán también parte de la experiencia del protagonista.

Sin duda, un tema importante es el exilio, la diáspora peruana. El viaje del narrador recuerda la estancia parisina de autores peruanos como Mario Vargas Llosa o César Vallejo que buscaron en la capital de las letras, el aire que respiraron los grandes de la literatura francesa y la inspiración que les ayudara a convertirse en verdaderos escritores. En la parte central del relato, el autor se identifica con el poeta y traductor Paul Celan, quien precedió sus huellas en la ciudad de Tours y vivió un exilio completo: “Exiliado de su familia, exiliado de su país, exiliado en el amor”. Conforme realiza su experiencia, el escepticismo se apodera del protagonista, quien poco a poco descubre el verdadero significado de la palabra “exilio”. La ambición y el entusiasmo que lo trajeron a Francia, desaparecen paulatinamente para dejar paso a los temores y conflictos internos que ponen en duda su vocación de escritor. La nostalgia atraviesa la novela como un río, la nostalgia y el temor de no saber dónde está ni adónde va.

A medida que avanzamos en el relato, las aguas del Loira se vuelven turbias, agitadas. Pero el río, como fluir del tiempo, metáfora del viaje, es también lo que conduce al narrador a la búsqueda de sí mismo. Porque la vida no es sino un viaje de descubrimientos y de reflexiones, como un río que nos lleva entre sus aguas turbulentas hacia un destino desconocido. Un destino, símbolo del renacimiento entre las cenizas, que bien puede ser el comienzo de una nueva vida.

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Lucerna No. 7, Reseñas

Reseña de Para ahorcar pájaros con tu cabello de Alejandro Mautino (Lucerna No. 7)

Para ahorcar pájaros con tu cabello de Alejandro Mautino

PARA AHORCAR PÁJAROS CON TU CABELLO
Autor: Alejandro Mautino Guillén
Editorial: Killa
Páginas: 55
Año: 2015

Por: Jim Anchante Arias

Para ahorcar pájaros con tu cabello es el tercer poemario de Alejandro Mautino Guillén. A nivel de su estructura externa, lo primero que se aprecia es una recia simetría: la agrupación de siete poemas en cada una de sus tres partes. En total,  21 poemas cuyos títulos van desde “Pájaro 1” hasta “Pájaro 21”. Pero no es lo único: cada parte representa una etapa del día: “Los pájaros del alba”, “Los pájaros del mediodía” y “Los pájaros de la noche”. Organización no gratuita en lo absoluto,  como apunta atinadamente Camilo Fernández en el prólogo. La lectura de los poemas se desenvuelve como un recorrido temporal, pero no de una temporalidad lineal, sino cíclica o mítica, como nos sugiere el locutor del “Pájaro 10” cuando nos dice: “oigo morir  a todos los hombres / por ese tres tan mortal / de repente / la serpiente se muerde la cola / ipso facto” (p. 29). Tres tan mortal. La muerte como oposición a la vida, pero a la vez como complemento de un viaje circular o cíclico, como el vuelo de las aves. Porque no olvidemos que el símbolo-base del poemario es el ave, como pájaro sagrado de o para el amor.

Pues debemos señalar que, ante todo, el presente es un libro de amor. Experiencia gozosa del amor, representada a través de imágenes alucinantes, surrealizantes, que nos recuerdan la sensorialidad y versatilidad nerudiana, así como la sobrecogedora imaginería alexandriana. Pues, como evoca el autor de La destrucción o el amor, el sentimiento esencial del universo establece una comunión no necesariamente calma, sino las más de las veces cargada de violencia: la misma acción de “ahorcamiento” en el título connota una acción belicosa pero a la vez profunda: sobre los restos inertes brota vida, una nueva vida lista para amar: “Porque debajo del sol todos somos solo sombras / alimentando a las horas y a los gusanos más tarde”. Y en el mismo poema: “Porque el amor invoca a todos los muertos / y los conduce a otro infierno memorable” (p. 15). La fiesta memorable del amor es la fusión de Eros y Tánatos. Por eso “desollo a las fieras de la noche que me hablan de ti” (p. 45).

La solemnidad, sin embargo, da paso en ciertos momentos al humor coloquial y al prosaísmo. Por eso, “tú y yo por eso somos en el aire uno solo / chanchos como caballos montados en el charco del amor / cogoteándonos los cuerpos” (p. 44). Hay, así, una visión ecuménica que traspasa las acciones de los pájaros y de las voces que alimentan el poema. Y esos pájaros son víctimas y a la vez victimarios, enemigos y aliados. Esa aparente contradicción explica el amor, como nos recuerda el famoso soneto quevediano. Por eso, en “Pájaro seis” se llega a la desfachatez de enseñarnos cómo serle infiel a una mujer con ella misma. Desfachatez que mantiene vivo el vuelo diurno (o nocturno, son lo mismo) del amor.

Mautino no inventa nada. Pero sí continúa, con peculiar sensibilidad e imaginería, una tradición amatoria cuya llama se apaga y se enciende, casi infinitamente. Como el paso de los días.

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Lucerna No. 5, Reseñas

Reseña de Aguas oscuras del sueño de Joe Montesinos Illesca (Lucerna No. 5)

Aguas oscuras del sueño de Joe Montesinos

AGUAS OSCURAS DEL SUEÑO
Autor: Joe Montesinos Illesca
Editorial: Cascahuesos
Páginas: 61
Año: 2013

Por: Pamela Medina García

Desde Guardián de acantilados (2010), la poesía de Joe Montesinos viaja simbólicamente a través de ciudades como alertando, en esta lógica de desplazamiento externo, la necesidad interna de movimiento e inquietud creativa. El mismo ímpetu viajero se prolonga en Aguas oscuras del sueño (2013), poemario escrito paralelamente a su primera producción, que profundiza en la experiencia del ahora navegante. Esto se anuncia en los títulos de sus tres secciones: “un bote en la niebla”, “exploración a la isla lejana” y “destierro (paisajes nocturnos)” que no solo cohesionan la propuesta del poeta, sino también señalan una voluntad de alejamiento y movilidad, como la del viajero que deja correr su barca sobre el agua, con la misma fluidez de los símbolos convocados en cada poema.

En este universo, las aguas son un refugio de ensoñación donde la voz poética anhela sumergirse o ahogarse para renacer en imágenes cada vez más alucinadas y llenas de onirismo. Los paisajes neblinosos del trayecto descubren ante el pasajero y su bote una realidad desorbitante que la propia voz intentará enunciar a través de efectos plásticos. Por eso, no es casual que la atmósfera enrarecida de Aguas oscuras del sueño esté rodeada de “horizontes impresionistas” entre nenúfares y cielos estrellados, que aclimatan esa pulsión interna por recrear los paisajes e ilustrar el ingreso a la isla. A esto se suma cierta deuda con el surrealismo de Magritte, no solo por la referencia a los sombreros, los paraguas y las manzanas que el enunciador actualiza como símbolos de su poesía, sino por los golpes de irreverencia necesarios para alejarse de una entrega total a la melancolía y seriedad de la que el poeta rehúye, como en el poema “me enamoré de una manzana”.
La misma voz que construye este “poema-cuadro” anticipa en su universo una consciencia de finitud que dinamiza internamente la obra: el hombre acechado en su entorno por la agonía. Es la manifestación de que todo puede acabar, como en un diluvio bíblico, donde el personaje avanza mientras el enunciador reviste a su balsa de dos formas: un arca inacabada a la que el hombre se aferra y un símbolo noble que la voz poética afirma. Porque solo la barca, góndola, bote o balsa es para este universo onírico el único testimonio de su “viaje azul”, la verdad innegable contrapuesta al carácter fugaz de las figuras ensoñadas, y el único recipiente que alberga las ilusiones y los “paisajes estelares” cosechados por el viajero en sus duras estancias. Esta es la teoría vital del poemario: después de navegar la única prueba del viajero es su bote y su cuerpo; ambos, refugio de sus vivencias difusas.

A pesar del desequilibrio y la inquietud discursiva, la poesía de Joe Montesinos ha entendido, muy silenciosamente, que su impulso para seguir respirando es un conocimiento clave de la finitud. Esto se vislumbra en esa pretensión y necesidad de sumergirse en un agua oscura teñida de duelo de la que vuelve a nacer reinventando todo en símbolos luminosos y nobles.

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