Lucerna No. 9, Traducciones

Poemas de La vida en marte de Tracy K. Smith (Lucerna N° 9)

Tracy K. Smith. Fotografía de Marlene Lillian.

Tracy K. Smith. Fotografía de Marlene Lillian.

En la sección de traducciones del noveno número de Lucerna, además de dos clásicos como Ernest Renan y Paul Valéry, incluimos también traducciones de poemas de la poeta norteamericana Tracy K. Smith, nacida en Massachusetts en 1972, y autora de tres libros de poesía: The Body’s Question (2003), Duende (2007) y Life on Mars (2011), libro que en 2012 recibió el premio Pulitzer de Poesía y del cual hemos seleccionado diez poemas. La selección, traducción y presentación estuvo a cargo del poeta, crítico y traductor José Miguel Herbozo.

Sacramento

Todas las mujeres cantan cuando el dolor es demasiado.

Pero primero hay un silencio profundo y perturbador.

No sé qué se mueve en ellas, qué es lo que quiere

derribarlas por completo. No es el niño

que solo sabe obedecer. Este algo

las saca de la conversa a una danza tonta,

que las pone de rodillas, suplicando morir. Luego

las levanta del cabello, o las recuesta de espaldas

y las golpea en la cabeza. Es así como lo ven,

tan intenso como la muerte, controlando el ahora.

Y otra vez, tras una pausa. Ahora. Nada más

existe allí entre ellas y eso. Quema el aire,

chamusca el sonido. Sus voces se hunden profundo en ellas

adentro, a través de la carne, en el infierno del cuerpo. A veces

toma una eternidad a esa canción que solo los animales saben

para trepar de vuelta el aire o hacer estallar la garganta.

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Entrevistas, Lucerna No. 9

«Mi poesía es elogio del mundo». Entrevista al poeta José Morales Saravia (Lucerna N°9)

En la novena edición de Lucerna inauguramos nuestra sección de entrevistas con una larga conversación con el poeta y crítico José Morales Saravia, quien es autor de uno de los proyectos poéticos más ambiciosos y orgánicos dentro de la poesía peruana contemporánea, iniciado con Cactáceas en 1979 y que ha sido ampliado sucesivamente en posteriores publicaciones. Desde hace décadas radica en Alemania, donde se desempeña como profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Católica de Eichstätt y de la Universidad de Würzburg. La entrevista estuvo a cargo de Mateo Díaz Choza y Yoni Príncipe Hernández.

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Lucerna No. 9, Traducciones

El rezo en la Acrópolis de Ernest Renan (Traducción de Rigas Kappatos)

En nuestra sección de traducciones de la novena edición de Lucerna se incluye el famoso «Rezo en la Acrópolis» del escritor francés Ernest Renan (1823-1892), un hermoso y exaltado texto de devoción por la belleza y la perfección de la cultura griega, encarnadas en la Acrópolis y la diosa Palas Atenea. Este texto fue publicado en 1883 y tuvo su origen en un viaje a Grecia realizado por Renan en 1865. La traducción estuvo a cargo del escritor y traductor griego Rigas Kappatos. Compartimos un fragmento de la introducción.

 

ERNEST RENAN

INTRODUCCIÓN AL REZO EN LA ACRÓPOLIS

No fue sino muy tarde en mi vida cuando empecé a tener recuerdos. La necesidad imperativa que me obligaba en mi juventud a solucionar por mí mismo mis problemas, sin el descuido del intelectual –sino con la fiebre del que lucha para vivir– hacia los altos problemas de la filosofía y de la religión, no me dejaba ni un cuarto de hora para mirar hacia atrás. Tirado seguidamente en la corriente de mi siglo, la que hasta entonces desconocía completamente, me enfrentaba con un espectáculo de la realidad tan novedoso para mí, como sería la sociedad de Crono y de Afrodita para aquellos que llegarían hasta allá a conocerlas desde cerca. Lo encontraba todo insignificante y moralmente inferior a lo que había vivido en Issy3 y en Saint-Sulpice.4 Mientras tanto la superioridad de la ciencia y los importantes logros de gentes como Eugenio Burnouf, la incomparable vida que emitía la discusión por M. Couzin, la gran renovación que Alemania introducía en casi todas las ciencias conocidas y luego mis viajes y el ardor de producir, me encadenaban y no me dejaban soñar con años que se habían alejado de mí, formando mi pasado. Mi permanencia en Siria me alejó aún más de mis recuerdos anteriores. Las sensaciones enteramente nuevas de ese país, las visiones que tuve de un mundo divino, la cumbre de Safed, tan ajenas en nuestros países fríos y melancólicos, me absorbieron completamente. Desde hacía ya tiempo mis sueños eran la quemada sierra del monte Galaad, donde apareció el Mesías, el Carmel y sus valles de anémonas sembradas por la mano de dios; el báratro de Afaca, de donde emana el río Adonis. Todas experiencias únicas.

Fue en Atenas, en 1865, donde sentí por primera vez una viva sensación de retorno al pasado y la sensación de una brisa de frescor penetrante que llegaba desde muy lejos. El sentimiento que me provocó Atenas fue mucho más fuerte que cualquier otro que había vivido hasta entonces. Hay solamente un lugar donde existe la perfección. No hay dos. Y ese lugar es Atenas. Nunca antes me imaginé algo semejante. Fue el ideal mismo de la perfección que apareció delante de mí cristalizado en mármol pentélico. Hasta entonces creía que la perfección existía fuera de este mundo; solo una revelación me parecía que podía aproximarse a lo absoluto. Ya, desde hacía tiempo, había dejado de creer en milagros como tales; aunque el único destino del pueblo hebreo, terminando en el cristianismo, me parecía algo completamente distinto. Y ahora, de repente, junto al milagro hebraico llegaba, para mí, el milagro griego, algo que existió solo una vez, y que anteriormente no existió en ninguna otra parte, y que no existirá jamás en ningún otro lugar, pero cuya influencia durará por los siglos de los siglos como una belleza eterna. Sabía muy bien, antes de viajar allá, que Grecia era la creadora de las ciencias, de las artes, de la filosofía, de la civilización, pero desconocía el grado de la extensión de sus logros. Cuando vi la Acrópolis, sentí la revelación de lo divino, como lo sentí una vez enfrentando la viva revelación del Evangelio, viendo el valle del río Jordán desde las alturas de Kasiún. Después de haber visto la Acrópolis, todo el mundo me pareció bárbaro. El Oriente me disgustó con su pomposa ostentación, sus imposturas. Los romanos no fueron más que soldados incultos; la majestuosidad de un hermoso romano, de un Augusto, de un Trajano, no me pareció más que una discreta pose delante de la simple nobleza de esos ciudadanos griegos tranquilos y orgullosos.

 

Rigas Kappatos (Cefalonia, 1934). Poeta, cuentista y traductor. Estudió literatura, música y lenguas extranjeras, pero su actividad central de traductor se relaciona con el castellano y principalmente con la literatura hispanoamericana. Su trabajo en este campo incluye las obras poéticas completas de Federico García Lorca y César Vallejo, selecciones de Pablo Neruda, Nicanor Parra, Antonio Machado, antologías del cuento peruano y chileno, etc. Ha traducido el Diccionario de símbolos de Juan-Eduardo Cirlot y, en colaboración con el mexicano Carlos Montemayor, la Antología de la poesía griega del siglo XX (2006), publicada en la colección El Manantial Oculto.

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Reseñas

Reseña de Archipiélago de María Belén Milla

archipielago

ARCHIPIÉLAGO
Autor: María Belén Milla
Editorial: Celacanto
Páginas: 51
Año: 2016

Por: Julio Isla Jiménez

Considerar a Archipiélago (Celacanto, 2016), debut poético de María Belén Milla, únicamente como un buen primer libro de una joven poeta, es emplear con él una condescendencia que, a la vista de los resultados obtenidos, se encuentra fuera de lugar. Porque de un libro como este, que no exhibe las costuras de una hechura primeriza ni la ansiedad por impresionar al lector con la poca o mucha originalidad de su autor(a) –algo que lastra muchas veces las primeras publicaciones de algunos poetas–, debe decirse que es un buen libro a secas, cuyos logros nos hacen olvidar por completo que estamos ante el primero de su autora. Archipiélago es, pues, un buen libro de poesía –con todo lo que esto todavía puede significar para quien no ha perdido la fe en sus poderes– que se propone un objetivo mucho más modesto, pero a la vez más duradero, que otros poemarios. No pretende ser la catarsis de una conciencia desgarrada o el testimonio de una generación que busca diferenciarse de la anterior. El modesto propósito de Archipiélago es hacer poesía únicamente con las viejas armas de toda la vida: ritmo, musicalidad, imágenes, símbolos. Y lo consigue con una sobriedad que se evidencia desde la elección del título, una sola pero resonante palabra, que evoca un horizonte geográfico y simbólico abierto, al cual no se le ha querido añadir ninguna carga semántica que pueda direccionar y, por lo tanto, limitar las posibilidades de lectura, confiando a los propios poemas la tarea de revelar la última significación del libro.

De las viejas armas poéticas a las que nos referimos, las más profusamente utilizadas por la poeta son la metáfora, la imagen y la comparación, y lo hace con pareja eficacia en las tres secciones del libro. En los poemas amorosos de la primera sección, «Tres misivas», encontramos una gran variedad de estos recursos: «caridad de bosque», «dedos / de ciruelas maduras», «soledad de convento», «largas y amanecidas / plumas», «blancos / como las capillas arequipeñas, / lejanos / como dos Apus coloniales», que nos revelan una capacidad inventiva de un gran poder de sugestión. En «Puentes breves», segunda sección, predominan más bien las metáforas e imágenes relativas al nacimiento y la muerte, como en los poemas dedicados a la madre y al padre, pero con la constante presencia de elementos del reino vegetal que, detrás de su apariencia de inmutable y pasiva serenidad, preservan un caudal de saberes primordiales cuyo vislumbre constituye la forma más directa de acceder a lo más profundo de la existencia. Es lo que sugieren versos como: «Quizás en algún lugar del mundo / el sueño de un helecho / es materia sagrada / y un portal de caminos». La filosofía poética que se desprende de estos versos –esto es: que solo el acercamiento y la comprensión de la naturaleza nos permiten vislumbrar y experimentar lo sagrado– está sintetizada admirablemente en dos versos del poema «La ofrenda»: «Los rituales de la savia / rebasan al lenguaje». Finalmente, en «Fábulas», última y más heterogénea sección del libro, se revisita personajes, episodios y mitos de la historia peruana y universal para caracterizar a sus protagonistas a partir de aspectos geográficos o naturales; por ejemplo, a Santa Rosa de Lima, como una playa norteña, en la que «los mui muis / le rezan». Asimismo, son evocados personajes como Alejandro Magno e Ismene y escenas como la muerte de una gaviota en «Muerte en el norte» y una boda rural en «Nupcias en Santa Eulalia», donde el elemento vegetal vuelve a ser preponderante.

Apelar a las viejas armas poéticas de siempre, ¿hace de este libro un trabajado pero inane ejercicio poético que no tiene mucho que decir al lector actual? En absoluto. Archipiélago dice mucho y, gracias a su gran poder metafórico, lo hace con una resonancia mayor que la poesía que solo quiere expresar un mensaje y se agota al decirlo. La sensibilidad poética que se adivina en los poemas de este libro no ha soltado las amarras de lo contemporáneo, al grado que no tiene inconvenientes en echar mano de un hecho luctuoso que bien podría haber quedado olvidado en las páginas policiales si no fuera porque la visión empática de la poeta lo rescata, transfigura y eleva al rango de poesía. Se trata del poema «A una muchacha en la torre más alta del Sheraton», uno de los más originales del libro, inspirado en el suicidio de una adolescente desde la azotea del famoso hotel. La voz poética se dirige a la suicida con un tono de íntima complicidad, pero no para indagar o cuestionar las razones de su mortal decisión, o intentar disuadirla, desde la posición de superioridad moral de quien siente compasión por otro, sino para convencerla de que no debe temer por su acto, pues tras consumarlo, su ser se transmutará en algo más grande y eterno: «No importa la palabra: / para mí eres toda de lluvia / y has caído infinitas veces / en la hierba y las hortalizas. / Ahora eres lluvia, te digo».

Que la poesía que solo quiere ser poesía sea vista hoy con desconfianza o altivez por lectores que buscan en ella compensaciones personales particulares, no quiere decir que sus cualidades no puedan ser apreciadas por quienes todavía son capaces de escuchar la «callada y triste música de la humanidad». La poesía de Archipiélago nos devuelve la confianza en que las viejas armas poéticas de toda la vida no han perdido nada de su filo ni de su capacidad para seguir creando nuevas formas de belleza.

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Lucerna No. 9, Sumarios

Sumario de Lucerna N°9 (Noviembre 2016)

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El noveno número de la revista literaria Lucerna  se publica con una edición bilingüe e ilustrada de La siesta de un fauno de Stéphane Mallarmé, con traducción y comentario de Ricardo Silva-Santisteban y grabados de René Demeurisse. Esta publicación es la cuarta entrega de nuestra colección de clásicos universales «Los alimentos terrestres».

La novena edición de Lucerna trae como rescate literario la publicación facsimilar de un texto inédito del poeta peruano Xavier Abril. En la sección de crítica se publican artículos sobre los escritores peruanos Alberto Hidalgo, Sebastián Salazar Bondy y Carlos Calderón Fajardo, los narradores Saul Bellow, Samanta Schweblin y Yuri Herrera. Además, inauguramos nuestra sección de entrevistas con una larga conversación con el poeta peruano radicado en Alemania, José Morales Saravia. En nuestra sección de homenajes rendimos tributo a los poetas Eduardo Chirinos y Luzgardo Medina. En nuestra sección de traducciones, incluimos versiones castellanas del «Rezo en la Acrópolis» de Ernest Renan, «El ángel», último texto de Paul Valéry, y una selección de poemas de la poeta norteamericana Tracy K. Smith. En nuestra sección de creación literaria, poemas y cuentos de autores y autoras de diversas regiones del Perú. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

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Los alimentos terrestres, Lucerna No. 9

La siesta de un fauno de Stéphane Mallarmé (Traducción de Ricardo Silva-Santisteban)

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Con el noveno número de la revista Lucerna, se publica la cuarta entrega de nuestra colección de clásicos universales «Los alimentos terrestres». Se trata de una edición bilingüe e ilustrada de La siesta de un fauno del poeta francés Stéphane Mallarmé, con traducción y comentario del poema a cargo de Ricardo Silva-Santisteban, y grabados de René Demeurisse. Desde su primera publicación en 1876, La siesta de un fauno es considerado un hito del simbolismo francés y uno de los poemas fundamentales de la literatura universal, cuyo influjo ha ido más allá de lo literario y contribuyó a la modernidad de artes como la música y la danza, inspirando obras maestras musicales como el Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy y el ballet y coreografía de Vaslav Nijinsky. Este libro separata se entrega de forma gratuita con la novena edición de la revista Lucerna.

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Editoriales, Lucerna No. 9

Editorial de Lucerna N°9 (2016)

Para cualquiera que conoce aunque sea un poco de lo que se viene haciendo y leyendo en la literatura peruana actual, no deja de sorprender el divorcio existente entre lo que un sector de la crítica académica mediática pretende postular como relevante a nivel literario y su absoluta falta de significación para el lector que se encuentra fuera de las redes de transmisión de un poder que se alimenta de sí mismo y que vive de espaldas a la realidad. Este poder alcanza notoriedad y homogeneidad a costa de aislarse del flujo vivo de la diversidad y heterogeneidad de la creación literaria peruana, para reproducir únicamente aquello que contribuye a repetir sus modos y a consolidar el statu quo.

En un país como el nuestro, donde las formas de difusión literaria son inexistentes o precarias, y es necesaria una labor crítica que contribuya a conocer mejor, ordenar y generar un diálogo entre las diversas literaturas que coexisten en nuestro territorio, muchos académicos peruanos han renunciado a su rol de intermediarios entre los lectores y los creadores literarios, para intentar erigirse en un poder paralelo que solo busca engrandecerse por encima de la auténtica creación, mostrando un total desinterés por el estado actual de la literatura, la discusión de sus procesos y la forma en que estos afrontan la cambiante realidad peruana. De este modo, no solo incumplen una labor crítica esencial, sino que con agendas personales o de mercado, intentan fungir de árbitros de la cultura, ofreciendo un panorama deformado e interesado de la literatura. Porque no sirven a esta: se sirven de ella para su propio y estéril estrellato.

Una impostura semejante solo puede mantenerse construyendo una virtualidad que, ante el caos de la producción literaria actual y su falta de análisis y ordenamiento críticos, proyecta una imagen de consenso que ofrece un cómodo refugio a quienes por pereza o desinterés han renunciado a la búsqueda de lo nuevo y lo original dentro de lo que no hace más que repetirse. El crítico y el creador que no han renunciado a sus deberes artísticos, deben resistirse a entronizar dicho poder y ser parte de sus redes de clientelismo literario que, a cambio de una precaria y prestada visibilidad, lo único que logran es ocultar y silenciar todo cuanto hay de vivo en las letras peruanas y condenar al arribista literario a la insignificancia e irrelevancia para el lector real.

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Editoriales, Lucerna No. 1

Editorial de Lucerna N° 1

Portada del primer número de la revista Lucerna

No son pocos los problemas que actualmente aquejan al arte literario. Por un lado, se quiere hacer de él un negocio más, y de las creaciones literarias, simples mercancías que otorguen vana distracción y placeres efímeros. Se quiere vivir de la literatura y no para la literatura, hacer de ella un medio para satisfacer apetitos personales. Para cambiar esta oscura perspectiva necesitamos mirar más allá y fundar o resucitar antiguos, pero nobles ideales. Por ejemplo, hoy son pocos los que aún creen en el viejo ideal de la inmortalidad literaria, y trabajan abnegadamente para alcanzarla, sin distraerse con el engañoso y fugaz aplauso de la época, que adormece la sublime ambición de crear una obra perdurable, que dialogue con los hombres que vendrán.

Por el lado de los creadores, se advierte las miras de corto plazo, la falta de proyectos artísticos de largo aliento que aspiren a perdurar, a generar un cambio en la sensibilidad, a enriquecer el espíritu humano. Aspiraciones como estas son vistas con cinismo y soberbia por quienes quisieran hacer de la literatura un vehículo de desahogo personal o un caprichoso ejercicio lúdico, sin ningún asidero ni influjo en la realidad. Con ello se inculca la apatía y la desconfianza de la tradición literaria, para hacer de la creación mero espejo de lo inmediato e impedir el surgimiento de una literatura que refleje pero a la vez trascienda su época. Necesitamos, pues, un arte literario que nos interpele, que nos libere y expanda el caudal de la experiencia humana, abriendo nuevos caminos hacia formas de vida antes no concebibles.

Y por el lado de la crítica, necesitamos que esta no sea solamente estéril sahumerio de las reputaciones presentes, sino un instrumento que nos permita reconsiderar los valores artísticos de nuestra época, y ser la guía que nos ayude a abrirnos paso y distinguir lo que hay de valioso en el arte actual. Necesitamos que la crítica literaria se encuentre, por un lado, al servicio del lector y no del mercado editorial, y por el otro, al servicio de la obra literaria y no al de sí misma, como sucede cuando la crítica se vuelve un ejercicio solipsista, monopolio de especialistas, para los cuales el texto literario es algo completamente secundario y nada más que un pretexto para echar a andar su jerigonza incomprensible.

En suma, para hacer frente a estos problemas el arte literario necesita una creación y una crítica con gran amplitud de miras. Nuestra revista apunta hacia estos objetivos, y para ello creemos que no es necesario fundar alguna nueva estética, algún descartable ismo o lanzar algún ruidoso manifiesto, tan solo consagrar todos nuestros esfuerzos para que el arte literario recupere el sitial que se merece. En este sentido, Lucerna espera convertirse en un espacio vital en que se integren el aliento inspirador de la tradición literaria con las nuevas sensibilidades que aún están por forjarse.

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Editoriales, Lucerna No. 2

Editorial de Lucerna N° 2

Contenidos del segundo número de revista Lucerna

Ningún otro producto literario tiene una vida tan frágil como una revista. Una novela, un poemario son autosuficientes y fines en sí mismos. La vida de una revista, en cambio, está supeditada a su continuidad. No bastan uno, dos o tres números, por más brillantes que fueran, pues podríamos compararlos con la vida de artista joven segada antes de alcanzar su madurez creativa, dejándonos en ascuas acerca de qué obras no hubiera sido capaz de emprender de haber vivido más y haber encontrado mejores condiciones para la floración de su talento. Como a estos artistas malogrados, multitud de adversidades amenazan la vida de las revistas y parecen condenarlas a una efímera existencia: la incomprensión de los contemporáneos, la disolución de las fuerzas, la inconstancia propia y ajena. Pero si aún no han agotado su mensaje, las revistas deben aspirar a continuar y permanecer, así como los artistas tempranamente desaparecidos nunca se hubieran conformado con los frutos que dieron en su juventud de solo pensar en los que hubieran dado en su madurez.

Sin embargo, como no existe receta de cuántos números son necesarios para acreditar la continuidad y permanencia de una revista, estas vendrán dictadas por la capacidad con que sepa identificar y afrontar las más íntimas necesidades de su época y plasmar sobre ella los aportes con que pretenden renovarla. Habíamos dicho que no había producto literario como la revista cuya vida fuera más frágil, pero asimismo, ninguna como ella para tomar el pulso a la época e incidir sobre ella. El libro tarda en gestarse, publicarse y asimilarse. La revista tiene –o debería tener– esa inmediatez que nos permite tomar la temperatura al arte literario contemporáneo y ver hacia qué derroteros se conduce.

En Lucerna somos conscientes, al mismo tiempo de la fragilidad inherente a nuestra empresa, pero también de su capacidad para reflejar la vida literaria actual, capacidad que no podría alcanzarse sin la necesaria inmediatez que da la continuidad. Cada número lanzado es ciertamente una victoria contra la disolución y la apatía, pero este esfuerzo podría no lograr su efecto si entre una edición y la siguiente media demasiado tiempo. Por ello, y gracias a la aceptable acogida de nuestro primer número, nos hemos propuesto realizar tres ediciones al año, que serán lanzadas en marzo, julio y noviembre, esperando con ello ganar la continuidad necesaria que toda revista literaria debería tener.

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Editoriales, Lucerna No. 3

Editorial de Lucerna N° 3

Portada del tercer número de la revista Lucerna

En esta tercera edición de Lucerna queremos reafirmar la propuesta que adoptamos desde nuestro primer número, con la publicación de un ensayo la pintura de Edvard Munch: que aunque la literatura es y será el centro de gravedad de la revista, la literatura sola y aislada no puede dar efectiva cuenta de toda la complejidad de la existencia y de todo el movimiento espiritual del hombre de nuestro tiempo. Pues para esta tarea es menester el concurso de otras artes y de otras disciplinas, que enriquezcan nuestro quehacer literario y nuestra visión del mundo. Por ello es que en este número incluimos un artículo sobre una de las manifestaciones artísticas más valiosas del espíritu humano y que guarda estrechos vínculos con la literatura, la música, representada en la figura del compositor Gustav Mahler y en el carácter humano de sus sinfonías. En las próximas entregas de Lucerna continuaremos con esta apertura a otras manifestaciones artísticas igualmente valiosas como la pintura, el cine o el teatro.
De este modo, intentamos mostrar que el arte literario no puede vivir aislado, mirándose únicamente a sí mismo, pues corre el riesgo de volverse inofensivo, de no ser nada más que «literatura», como César Vallejo llamaba despectivamente a la literatura que se había profesionalizado. Pero este enriquecimiento mutuo que debe haber entre las artes, entre la literatura y el pensamiento, no implica entregarse a un afán meramente experimentador cuyo único fin sea la novedad por la novedad. Como el propio Vallejo lo comprendió en su momento, la experimentación que no viene dictada por íntimas necesidades creativas ni tiene su origen en un sentimiento profundamente humano, no es más que un inane divertimento que de moderno y vanguardista tiene solo la forma. Por nuestra parte creemos que el arte y la literatura que dan forma y expresión a las más hondas preocupaciones del ser humano siempre serán un arte y una literatura auténticamente modernos y de vanguardia.
Desde el punto de vista de la creación, una literatura que, sin renunciar al lenguaje artístico que le es propio, se nutre y enriquece de otras artes y disciplinas, logrará mostrar una visión más compleja y aguda de los problemas humanos. Y de esta forma, será una literatura que, al igual que el verso final del poema «Torso arcaico de Apolo» de Rilke, sea capaz de decirnos, aun de gritarnos: «Debes cambiar tu vida».

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