Lucerna No. 4, Reseñas

El deseo de Berenice de Helmut Jerí Pabón (Lucerna No. 4)

El deseo de Berenice

EL DESEO DE BERENICE
Autor: Helmut Jerí Pabón
Editorial: Paracaídas Editores
Páginas: 95
Año: 2013

Por: Daniel Romero Suárez

«Existen amores demagogos: de esos hay que desconfiar». Con este epígrafe, Helmut Jerí Pabón (Coracora, 1982) empieza su novela El deseo de Berenice, que este mismo año ha sido reeditada por el sello mexicano «Centro Cultural Zona Rosa» como parte de una colección de narrativa erótica. Esta breve novela narra, de manera alternada, las historias de Remigio Figueroa y Berenice Ramírez. El primero es el alcalde de un pueblo imaginario que se entrega a la adoración de una caja que aparece de manera «milagrosa». La burla y el sarcasmo del narrador nos muestra un pueblo corrupto y mermado por una doble moral. El cura se aprovecha de la docilidad e ingenuidad del alcalde; este se aprovecha de su poder para llenarse los bolsillos; los regidores municipales están dispuestos a promover proyectos porque saben que encontrarán «en sus cuentas bancarias un dinero extra que aparecerá así, por obra y gracia del Espíritu Santo» (47).

Por otro lado, la novela nos brinda un retrato de Berenice. Desde pequeña, su belleza fue proporcional a su inutilidad para desempeñar algún oficio. Al morir su madre, Berenice, sola, se enfrenta a un problema: debe saciar su hambre de alguna manera. Por ello, luego de limpiar y arreglar un poco la covacha en que vivía (y que sus clientes bautizarían como «la casita del placer»), Berenice pasó de ser la mujer a la que todos los hombres del pueblo deseaban a la mujer a la que todos podían tener acceso con la suma adecuada.

Sin embargo, el atractivo de El deseo de Berenice no se reduce a sus dos historias que, gracias al ingenio del narrador, confluyen para revelarse parte de una sola trama. Lo admirable de la novela no es el velo que se mantiene sobre lo que une las dos historias, sino que, en el fondo, ambas son un reflejo de la otra. Los habitantes del pueblo de Figueroa se entregan a la adoración de una caja que aparece de manera «milagrosa». Mediante esta caricatura de las creencias populares, se muestra a sus pobladores entregados al «opio del pueblo»; pero, principalmente, se ve cómo el alcalde obtiene un provecho político de la devoción popular. Por otro lado, Berenice es también un opio de aparición excepcional: el pueblo se entrega a ella sin mayor reflexión. En ambos casos, estamos frente a amores fallidos, amores demagogos: la caja es una devoción si no creada, al menos magnificada por la hipocresía del cura y el interés del alcalde en obtener la aprobación del pueblo; los feligreses de Berenice acuden a ella no solo por la lujuria, sino, también, por el espectáculo popular que supone tan bella mujer. De ahí que sus feligreses reclamen: «¡No es justo señores, no a la privatización del placer!» y «Berenice Ramírez, no te olvides del pueblo» (52) cuando se anuncia que trabajará en un exclusivo club. Si bien El deseo de Berenice no muestra personajes de motivaciones hondas o grandiosas, los personajes-arquetipos ayudan a conseguir la universalidad de un tema central en la novela: la falsedad de algunos amores.

Estándar
Lucerna No. 4, Reseñas

Reseña de Gravitaciones de Ethel Barja (Lucerna No. 4)

Ethel Barja - Gravitaciones

GRAVITACIONES
Autora: Ethel Barja Cuyutupa
Editorial: Paracaídas Editores
Páginas: 69
Año: 2013

Por: Daniel Romero Suárez

Gravitaciones es un poemario de la Tierra. La voz poética tiene una sensibilidad de la tierra y esto no solo por la clara presencia estructuradora de la diosa clásica Gea, sino también por la presencia, menos explícita, de la Pachamama andina. En Gravitaciones, la voz poética concibe el mundo en términos de los frutos de la tierra, de ahí que un grito pueda ser «ají recién triturado» («Vigilia», 15).

En «Día de campaña» (23), descubrimos que la diosa Gea está desdoblada y en «Sombra» (27) que la duplicación es una condena: ¿la imposibilidad de forjar una identidad? Sin embargo, esa posible falta de identidad a nivel personal, no es el único peligro, pues existe la posibilidad de que la poesía, «palabra orgánica», se extinga. Al elegir Gea purificarse a través de la muerte («Muerte de Gea», 25) cabe la posibilidad de que no vuelva a la vida: «si sus ojos no se levantan / se ahogará la palabra orgánica / el cristal se hará hierro firme / prefiguración del barrote» («Sombra»). Y si Gea no abre los ojos, no podrá renacer «en el animal vivo aprisionado en la lengua» y, por tanto, no comenzará el canto («1 de noviembre», 29), la palabra orgánica, viva.

En Gravitaciones, Gea es, por lo tanto, «musa». No obstante, no es una musa que habla a través de la poeta, sino que alimenta y guía: «en esta sordera navegamos / mientras Gea nos nutre / con su seno cercenado / cuna de la flecha encendida / que abrirá los labios» («Legión», 55). Gea anuncia aquel futuro en que la boca cantará. De ahí la imagen del «arco tensado» en poemas como «Núcleo» (41): «asentarse es no asentarse / […] asentarse es agitar el arco firme» y «Pasaje» (57): «y salgo a la calle con la piel roída / […] para atravesar el centro de tu pecho / para hacerlo madurar / hacerlo arco». Pero, especialmente, es en el último poema, «Gravitaciones» (67) donde vemos la importancia de la imagen del arco. La voz poética ya navega con Gea: «navega el oído en la lechosa sordera de Gea». La epifanía se acerca, pero no se le puede aprehender: «metamorfosis bajo la escama / lo tomas innumerables veces entre tus dedos / y no puedes sostenerlo». Por eso, al igual que el último poema de Trilce, se anuncia lo que está por venir. Se prepara el arco para el disparo final, para el canto definitivo.

En Gravitaciones, la ciudad está casi ausente. Y cuando aparece, es signo de alienación. Pero la solución no es escapar de ella, sino que Tierra se haga presente. Así, en «Reflejos» (35-36), gracias a Gea se mastican las «raíces», signo de la costumbre o rutina que surge «ante cualquier mostrador o en medio de la calle». En «Víspera» (39), el caminar convulso entre las calles fermentadas puede aligerarse al «roturar la tierra» lo que, en última instancia, nos lleva a una poética: «la música no aprendida / descenderá sobre tu lengua».

Estándar
Lucerna No. 5, Reseñas

Reseña de Solo un punto de Julio Meza (Lucerna No. 5)

Julio Meza Díaz - Solo un punto

SOLO UN PUNTO
Autor: Julio Meza Díaz
Editorial: Cinosargo
Páginas: 136
Año: 2014
Segunda edición

Por: Carlos Morales Falcón

Cuando leí por primera vez Solo un punto me agradó la agilidad de la narración que iba sucediéndose en escenas que conformaban un todo organizado. La segunda edición de esta novela, más cuidada, le hace justicia a este contenido. Solo un punto es una novela grupal, en un colegio autoritario, el San Augusto, en donde se ejerce la violencia como método de formación. En esa estructura vertical, con rituales de racismo y sexualidad desembozada, un grupo de alumnos se une y rebela formando una revista, es decir, esgrimiendo contra la brutalidad la palabra escrita. La novela se inscribe así en una larga tradición de nuestra literatura situada en la insurrección del ambiente escolar y adolescente, como Los jefes, La ciudad y los perros, El viejo saurio se retira, Los hijos del orden o “Sobre los modos de ganar la guerra”. ¿Qué diferencia y hace especial la novela de Julio Meza? Creo que la forma en que ha construido sus personajes. Estos no llevan nombres precisos sino apodos que los distinguen: Él, El amigo talentoso, El andino profundo, Tontito, El cándido, El loco degenerado, El Perro, El idiota muy idiota y, en el lado de los profesores, El Padre Director, El Italiano Salvaje, El maldito, El profesor cervecero, La profesora del calzón, La profesora cremosa.

Este uso de los apodos, frecuente en los colegios, es llevado al extremo por la violencia instituida en el San Augusto que reproduce, con regocijo, las condiciones sociales y las normas de valores de un país cercado por prejuicios, apagones y amenazas de bombas terroristas. Este verticalismo brutal en el trato normal ha construido la subjetividad de los personajes a través de la mirada del otro, de manera que, en la novela, uno no se llama, sino que lo dicen, lo nombran y lo catalogan con apelativos que los definen. Esa mirada del otro que, en otras circunstancias, modelaría la individualidad y alentaría la diferencia, en Solo un punto subordina y cosifica, por eso la búsqueda de los alumnos disidentes porque su individualidad sea reconocida.

Pero este uso de apodos se explica, además, por un deseo de caricaturizar. Hacer caricatura mediante apelativos, acentuando los defectos o estereotipos, con sarcasmo y situaciones de humor, es también un cuestionamiento moral a través del absurdo. Cada escena se construye como una “viñeta” en donde a un personaje lo persigue una nube negra de lluvia, otro empolla en situaciones de crisis un huevo y se alargan por los recuadros las risas macabras de los villanos. Siendo una novela realista, estos rasgos trasgreden a su vez las pretensiones referenciales del realismo y reafirman la naturaleza ficticia de la narración. A menudo, es una apelación, un extrañamiento para llamarnos la atención sobre una referencialidad que se niega. En esa dirección, Julio Meza concilia la alta y baja cultura para ordenar en su novela el rigor violento, el racismo, la ciudad y lo desmesurado, fijando una posición: la de un escritor que se sitúa del lado de los justos.

Estándar
Lucerna No. 4, Reseñas

Reseña de Un mar alcoholizado de Mario Morquencho (Lucerna No. 4)

Portada de Un mar alcoholizado de Mario Morquencho

UN MAR ALCOHOLIZADO
Autor: Mario Morquencho
Editorial: Paracaídas Editores
Páginas: 61
Año: 2013

Por: Javier Muñoz Díaz

Tres años después de su primer poemario, Ciudadelirio, un texto sobre la degradación en la ciudad de Lima, Mario Morquencho publica Un mar alcoholizado. Este es un poemario sobre su ciudad natal, el puerto piurano de Los Órganos, y su experiencia «provinciana pueblerina playera». Es un texto de cierta complejidad, que aspira a ser tanto un documento social como un testimonio de la intimidad. Dentro del conjunto de temas que abordan sus veinte poemas (la marginalidad y la pobreza material, la nostalgia por la infancia perdida, la urgente necesidad expresiva, los elementos típicos del puerto), se desprende un impulso vital de gran intensidad y de proyecciones cósmicas. El poemario es el itinerario de una voz que se reconoce en el paisaje marítimo y afirma con júbilo su identidad.

Dividido en dos secciones de variada extensión, Un mar alcoholizado está articulado por una voz poética que, conforme avanza el libro, va adquiriendo mayor solidez y vigor. La primera sección, titulada «Bajo los algarrobos paren mis lágrimas de exilio», aborda en diecinueve poemas las diferentes facetas de la experiencia en el puerto desde una voz poética que, pese a la conciencia de su precariedad, siente la urgente necesidad de comunicarse. La escritura es frenética pero entrecortada, con versos de diversa extensión y dispuestos libremente por el papel. El léxico incorpora expresiones coloquiales para afirmar su identificación con lo popular. Hay una tendencia general a la anáfora y al caligrama que se combinan con éxito en la segunda sección del libro «Bajo el océano cesa el bullicio del mundo», conformado por el único poema «Desde los orígenes», sin duda uno de los mejores del libro. La premura de la anáfora surgiere un tono de conjuro y de liturgia, mientras que el caligrama expresa el deseo de fijar las formas del paisaje marítimo en el cuerpo de la voz poética y en el cuerpo del texto escrito. El mar y el poema son una sola entidad después del bautismo del poeta.

Se reconoce un impulso de desquite en la escritura de este libro. El pobre muchacho borracho de los primeros poemas se convierte al final en el profeta ungido por un mar alcoholizado, nocturno e insomne: «Mar que abarca todas las miradas / Me ahogaré en tus aguas mientras bailas». El proyecto es ejecutado con eficacia, pero en su trayectoria se incluyen poemas menores o versos dudosos. De la primera sección del libro destacan los poemas sobre la intimidad como «Aquí transbordan  mi cuerpo…», «Dirán que vuelo alrededor…» y «¡Cómo te extraña el gato…». También son de interés las canciones a elementos del paisaje como la barca o la gaviota. Sin embargo, aquellos poemas que tratar de describir lo marginal caen en el lugar común o en una trivial idealización. Pese a todo, Un mar alcoholizado es un buen poemario, con momentos sorprendentes y un proyecto artístico al que es necesario seguirle el rastro.

Estándar
Lucerna No. 2, Reseñas

Reseña de Poesía completa de Edith Södergran (Lucerna No. 2)

Portada de Poesía completa de Edith Södergran

POESÍA COMPLETA
Autor: Edith Södergran
Traducción e introducción de Renato Sandoval
Editorial: Biblioteca Abraham Valdelomar
Páginas: 226
Año: 2012

Por: Renato Guizado

Se ha publicado la tercera edición, revisada y corregida, de la Poesía completa de Edith Södergran (1892-1923), que recoge todos los poemas publicados en libros, incluyendo el póstumo La tierra que no es, que reúne poemas escritos entre 1915 y 1923. Traducida y prologada por el poeta y traductor Renato Sandoval, con esta obra se inaugura la colección «La fuente escondida», nuevo proyecto editorial del poeta y traductor Ricardo Silva-Santisteban, que ve la luz gracias al auspicio de la Biblioteca Abraham Valdelomar de la Huacachina (Ica).

¿Por qué leer hoy a Edith Södergran? Si acaso no fuera suficiente motivo su gran originalidad –que hace difícil encontrar obras análogas a pesar de sus rastreables influencias–, nos encontramos ante una poesía intimista en la que un auténtico yo poético se afirma en sus versos, instrumenta sus imágenes y nos habla como un ser real en cuya voz encontramos una preocupación por el misterio de la vida, la existencia y la relación que une a todos los seres con la naturaleza.
Como ocurre con los grandes poetas, en los versos de Södergran la experiencia poética se da en dos niveles: el goce sensitivo inicial y el desciframiento posterior de un sentido profundo. Pues bien, nos topamos con una poesía heredera de la sensorialidad simbolista, que exige involucrar más de un sentido para una completa apreciación de sus ritmos e imágenes. Y en este punto encontramos la primera bondad de la traducción de Renato Sandoval: nos ofrece la posibilidad de disfrutar de cada poema en sus dos niveles, con un lenguaje especialmente plástico y de gran colorido.

En el plano de la musicalidad del verso también acierta plenamente. Como se indica en la introducción, Södergran opta desde el inicio por la flexibilidad del ritmo para dar libertad a la imagen y otorgar a su verso un ritmo semejante al del habla natural. Sandoval encuentra una música capaz de expresar un tono congruente a las imágenes; «libertad», en este caso, implica suprimir casi por completo la rima y la isometría, de modo que la eufonía reposa por lo general en los acentos y en la correcta combinación de metros. Es en el plano rítmico-melódico donde traducir se convierte en una proeza creativa, donde más decisiones se toman y más se puede perder; sin embargo, Renato Sandoval nos demuestra su amplio conocimiento de las posibilidades expresivas del verso castellano.

Estándar
Lucerna No. 3, Reseñas

Reseña de Cuatro poemas secretos de Ricardo Silva-Santisteban (Lucerna No. 3)

Cuatro poemas secretos de Ricardo Silva-Santisteban

CUATRO POEMAS SECRETOS
Autor: Ricardo Silva-Santisteban
Editorial: Lustra Editores
Páginas: 17
Año: 2012

Por: Jim Anchante Arias

Cuatro poemas secretos (Lustra Editores, 2012) es la última publicación poética de Ricardo Silva-Santisteban (Lima, 1941), quien, como sabemos, ha reunido toda su obra lírica anterior bajo el título de Terra incognita. En este nuevo libro nos encontramos ante unos breves poemas en los que, en gran medida, persisten ciertos elementos que caracterizan su poética: la obsesiva búsqueda de la palabra precisa, la eufonía y el encadenamiento de imágenes sugestivas, sensoriales y surrealizantes, entre otros.

Quisiera detenerme rápidamente en ciertos temas de este breve conjunto. Uno de ellos se relaciona con el título, vale decir, el tópico del secreto. Silva-Santisteban, fiel a su simbolismo, entreteje una naturaleza mágica y casi cosmogónica, misteriosa, donde «debemos completar la estela de los signos» para adentrarnos al sentido de su universo. Sin embargo, a nuestro parecer, dos son los ejes que moldean y animan este secreto: la sorpresa y la muerte. Hay cierta estela de acabamiento impregnada en algunos de sus versos, una suerte de conciencia de finitud «cuando las rosas se extinguen / y adquieren el color de lo invisible». Y, como siempre, queda inconcluso el conocimiento que más nos angustia, el ontológico, pues el poeta se dice a sí mismo: «Debo aceptar el tiempo y la desdicha de su curso / Pues solo parece enhiesto con su punta de lanza / El cuerpo no resiste ya la plenitud del ser». Pero he ahí de súbito la aparición del tiempo mítico, donde la idea de acabamiento se encadena con la de un cíclico empezar, donde «la vid podrida renace de sí misma» y «la vida ocupa de nuevo el esplendor de la luz». Y ello genera una desmedida sorpresa en el poeta, creador de una realidad simbólica: aquella que está tras la búsqueda de una verdad que no llega a asir. Esa es la razón por la cual el poeta le sugiere a su amada que «la ilusión se despliega inalterable / cuando casi estrujamos el hilo de la flor / y nos sorprendemos de estar vivos todavía».

Nos abstenemos de continuar trazando una línea de lectura que rebasaría los límites de esta primera aproximación. Solo quisiéramos terminar recomendando la lectura y el goce de estos poemas secretos de Ricardo Silva-Santisteban, un escritor cuyo trabajo con la palabra, en una época dominada por el prosaísmo, nos devuelve a esa visión cuasi-hechiza de la tradición poética. Su compromiso con la Poesía Mayor (con mayúscula) se manifiesta en esta representación eufónica y delicada de una angustia, una emoción, un misterio, en fin, que nos sigue acechando.

Estándar
Lucerna No. 3, Reseñas

Reseña de La última sombra del agua de César Panduro (Lucerna No. 3)

Portada de La última sombra del agua de César Panduro

LA ÚLTIMA SOMBRA DEL AGUA
Autor: César Panduro Astorga
Paracaídas Editores
Páginas: 113
Año: 2013

Por: Julio Isla Jiménez

Cuando un narrador es también poeta –y más cuando es más poeta que narrador– antes que urdir enrevesadas tramas, improbables vueltas de tuerca o insospechados finales, se ocupa más de dotar a sus narraciones de un aliento lírico y a sus historias de un auténtico calor humano. Cuando una voz íntima y tierna nos habla de forma directa de amores frustrados («Sofía»), desengaño adolescente («Los ojos de Rodrigo») u obsesión sexual («Cristina»), valores narrativos como la economía de recursos y la necesidad de un final redondo, no son tan echados de menos. Este es el caso de los relatos que componen La última sombra del agua del poeta y narrador iqueño César Panduro Astorga. En ellos asoma constantemente la mano del poeta, y no solo por teñir de lirismo a los relatos («la ventana daba al cielo, y en las estrellas podía leer los poemas de ese poeta loco que llaman Dios». [«Paredes de palabras»]), sino al hablarnos de los sueños e ilusiones de hombres y mujeres enfrentados a la adversidad, ya sea por la falta de un terno para una fiesta («El terno del quince»), la incomprensión e ingratitud de la gente («Justin»), la violencia familiar («Esos lentes negros») o la imposibilidad de dar vida («El niño de oro»).

Pero no por ello debe creerse que su narrativa es morosa o desaliñada. Panduro es poeta no solo por la ternura y el lirismo, sino también porque consigue el equilibrio entre tono y expresión, y es eficaz sin ser lacónico y musical sin ser ampuloso, rehuyendo la excesiva verbosidad de muchos poetas narradores. Es poeta también porque predomina en sus relatos un tono melancólico y de nostalgia: «Esos lentes negros», «Una carta para Santiago», etc. Pero la pintura de hombres y pueblos no estaría completa si faltara en ella el humor, que se presenta con elementos grotescos en «Performance», picardía popular en «Canito», juguetona malicia en «Don Andrés» y pleno de color local en «Pablito».

En algunos relatos los triunfos y fracasos trascienden lo individual e involucran al colectivo: el pueblo de Ica. No importa si es un partido de fútbol; si ello sirve para despertar la solidaridad y unir y alegrar a grandes y humildes, no puede ser algo malo: «En ese instante no me importaba nada, solo la alegría que se celebra de verdad: la alegría de todos», dice el protagonista de «Paredes de palabras». Este sentir común se gráfica de un modo notable en «Pablito», en el que las alegrías y esperanzas de todo un pueblo son relatadas con espíritu festivo. Y este tal vez sea uno de los mayores aciertos de estos relatos: mostrarnos que las tragedias individuales nunca dejan de estar imbricadas al destino común de los hombres.

Estándar
Lucerna No. 1, Reseñas

Reseña de Narrativa completa de María Rosa Macedo (Lucerna No. 1)

Portada de Narrativa completa de María Rosa Macedo

NARRATIVA COMPLETA
Autora: María Rosa Macedo
Editorial: PUCP
Páginas: 696
Año: 2011

Por: Daniel Romero Suárez

La entrega que pone fin a la colección Obras Esenciales consiste en una recopilación de la obra narrativa de María Rosa Macedo (1909-1991). Además de los textos narrativos, se agregan dos retratos a color de la autora, pintados por Enrique Camino Brent y José Sabogal, así como las portadas y contraportadas originales. Narrativa completa inicia con una presentación de Alfredo Bryce Echenique. Con palabras cargadas de emoción y ternura, Bryce ofrece el testimonio de su relación con la familia Macedo. Revela datos biográficos que ayudan a comprenden la sensibilidad artística de Macedo: su vida infantil en la Hacienda Montesierpe y la lectura de Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, entre otros.

A continuación se tiene el primer acercamiento que intenta abarcar de manera total la obra de Macedo: «La narrativa de María Rosa Macedo: acertada exploración de personajes del escenario rural» de Eduardo Huárag Álvarez. En primer lugar, se esboza el contexto literario en que se inserta la obra de la narradora: el llamado «posmodernismo» o «regionalismo». Esto por su clara mirada hacia el interior del país, a diferencia de la narrativa posterior que sería, predominantemente, urbana: «[Macedo] con el estilo que la vincula al modernismo, se propone recrear –ficcionalmente, aunque se insistirá en que se trata de personajes reales y auténticos– el mundo de los campesinos de esa zona del país. Su realismo la llevará a presentar a sus personajes con los rasgos propios de la oralidad coloquial, consiguiendo con ello un matiz de autenticidad» (p.31). En la sección dedicada a Ranchos de caña, se establece una clasificación de los relatos. Así, tenemos narración ficcional, recreaciones literarias a partir de la oralidad popular, entre otros. Luego se exploran las motivaciones sociales y estéticas de la escritora.

Superando la «poca profundidad» que se les adscribe a otros autores de la época, Macedo logra crear sujetos en conflicto («Voces junto al río»). Según Huárag, el personaje con una conciencia propia más lograda se halla en «Don Costán». En este cuento «estamos ante un relato que se aparta de los rasgos propios del cuento moderno. No se estructura en función de una pericia o un hecho anecdótico […] comprende un conjunto de episodios de la vida del protagonista, sus momentos de felicidad, pero también sus frustraciones y su inevitable deterioro por su adicción al alcohol» (p.65). Este cuento, además, se estructura gracias al uso moderado de la elipsis, recurso narrativo muy utilizado por la narrativa posterior. Las dos últimas secciones del estudio ahondan en la novela Rastrojo y en los llamados Relatos sueltos a través de diversos tópicos. La edición presenta, asimismo, una recopilación de la escasa bibliografía dedicada a Macedo.

La primera publicación de Macedo que se incluye es Ranchos de Caña (1941), que está dividida en dos secciones: «Ranchos de Caña» y «Viento Andino». En esta última, el lector se sumerge en descripciones incisivas del paisaje peruano. Casi la mitad de ellas publicadas en diarios nacionales, superan su carácter de crónica para transformarse, por momentos, en prosa poética. En la primera parte, por otro lado, existe una mayor tendencia hacia la narrativa ficcional. Son nueve los cuentos en que el lector descubre personajes de la costa sur, en situaciones tanto festivas («Martes de Carnaval») como plagadas de violencia y sangre («El disgraciau»).

Narrativa completa nos presenta a continuación Rastrojo, seleccionada para representar al Perú en el Concurso hispánico de novela. La novela se estructura en torno a Martina, mujer trabajadora y solidaria, que sobrevive a dos generaciones posteriores, por lo que vive la introducción de la «modernidad» a Vitoy, pueblo que solo dejaría durante poco tiempo. Novela que intenta describir la totalidad de la vida social del pueblo, Rastrojo abarca una línea temporal que, podría decirse, se inicia a mediados del S. XIX y se extiende hasta la década de los treinta o cuarenta del siglo XX.

En el prólogo, Macedo revela su objetivo: «La novela de la Costa está por escribirse. La Sierra y la Montaña han tenido magníficos intérpretes, que supieron ver toda su apasionante hermosura y la describieron en obras de gran categoría literaria y hondo sentimiento humano» (p. 251). Hombres de tierra adentro, colección de cuentos de 1948, representa una evolución en la narrativa de Macedo. Como ya se mencionó, presenta algunos ejemplos de una técnica narrativa de avanzada y, por otro lado, continúa en la configuración del universo narrativo de las haciendas costeñas. En la sección «Otros Cuentos», se reproducen cuentos publicados en diarios entre 1936 y 1965.

Paisaje y hombres de mi tierra (1945) puede considerarse como reflexiones sobre el oficio literario. Macedo se remite a experiencias de su infancia como motivadoras de su narrativa: «Referirme a cualquiera de mis producciones literarias es remontarme a los días de mi infancia» (p. 667). Sin embargo, no nos enfrentamos a un texto académico y hermenéutico, sino que la conciencia de Macedo fluye libremente, por lo que, por momentos, la lectura se asemeja a la de un relato.
La edición reproduce en sus páginas finales la entrevista que Mario Vargas Llosa hizo a la autora, publicada en el diario El Comercio el 23 de octubre de 1955.

Como comentario final, es importante resaltar que la obra de María Rosa Macedo conforma un solo cosmos: sus cuentos pueden considerarse parte del universo narrativo de la novela Rastrojo (del mismo modo ocurre con los cuentos de Gabriel García Márquez y Cien años de soledad).

Estándar
Lucerna No. 5, Reseñas

Reseña de (ella) de Jennifer Thorndike (Lucerna No. 5)

Portada de (ella) de Jennifer Thorndike

(ella)
Autora: Jennifer Thorndike
Borrador Editores
Páginas: 108
Año: 2014
Segunda edición

Por: Julio Isla Jiménez

En el tan pujante como ingrato mercado de la publicación independiente, una reedición puede valer tanto o más que un premio literario: significa el espaldarazo del lector y el beneplácito de la crítica independiente. Pero esta temporal aquiescencia no exime a las obras reeditadas de que sean nuevamente examinadas con el mismo ojo avizor que se pone sobre los libros publicados por primera vez. De esta manera podremos comprobar cuán justificada estuvo dicha reedición. Como en efecto veremos que lo está, esta nueva edición de (ella), la primera novela de Jennifer Thorndike (Lima, 1983), publicada hace dos años.

Y lo está porque en tiempos en que el carácter inconmovible y pretendidamente sagrado de algunas instituciones sociales se ha tornado insostenible, son necesarias ficciones con el poder cuestionador y transgresor de (ella). La transgresión consistirá, pues, a grandes rasgos, en la desacralización del que se supone que es el último reducto de pureza en un mundo de valores en perpetuo entredicho: el amor parental. Cuando las perversas leyes de dominación que dan cuerda al tejido social se reproducen también en este ámbito, pueden dar lugar a extremos de crueldad inusitados. La indisolubilidad del vínculo natural puede constituir, en este sentido, un cepo aún más férreo que cualquier otro, y cuando extrema sus demandas puede llegar a exigir, no solo una sumisión absoluta, sino la total enajenación de la persona, su transformación en un espectro que no es más que la proyección de una dependencia y un control enfermizos que no parecen terminar con la muerte.

Todo este proceso de degradación y aniquilamiento es vívidamente experimentado por la protagonista sin la menor posibilidad de consuelo o redención. No encontraremos, pues, aquí a una heroína que, a pesar de su derrota, obtenga cierta dignidad con su caída. Pues aunque hay un tenue intento de volver a empezar, el dominio ha sido tan absoluto que al desaparecer el agente que lo ejercía, la madre, con ello le ha privado al mismo tiempo del sustrato vital que le suministraban el odio y la culpa. Si no hay rebelión y la aniquilación es completa, ¿en dónde radica, pues, el poder transgresor de (ella)? Pues de la misma forma en que un martirio voluntariamente aceptado, al poner de manifiesto la crueldad e irracionalidad de las reglas de un sistema, termina por socavar sus fundamentos, en la cruda y minuciosa descripción de los extremos de sometimiento a los que es empujada la protagonista en nombre del amor filial, encontramos el más severo cuestionamiento de una institución, cuyos imperativos morales se distorsionan cuando sus mandatos son considerados más importantes que la vida de los hombres y mujeres que están al amparo de sus leyes. Sueños, ilusiones, sentimientos, todo en cuanto brote algo de aliento vital, es sacrificado en el altar filial para mostrarnos el potencial deshumanizador implícito en algunos de nuestros valores más sagrados. Más allá de otras virtudes narrativas, en este poder cuestionador creemos que se encuentran los valores más permanentes de (ella) y la mejor justificación para su reedición.

Estándar
Lucerna No. 5, Reseñas

Reseña de Austin, Texas 1979 de Francisco Ángeles (Lucerna No. 5)

Portada de Austin, Texas 1979

AUSTIN, TEXAS 1979
Autor: Francisco Ángeles
Editorial: Animal de invierno
Páginas: 141
Año: 2014

Por: Julio Isla Jiménez

Aunque la crisis existencial de Pablo, protagonista de Austin, Texas 1979 –la segunda novela de Francisco Ángeles (Lima, 1977)– sea el hilo conductor y el eje que articula las dos historias intercaladas en su relato, son estas dos historias las que, a mi modo de ver, concentrarán el mayor interés de la novela y entre las cuales se encuentran sus páginas más memorables. Las historias del psicólogo y del padre de Pablo, aunque encuadradas dentro del relato de la crisis del protagonista, adquieren cierto grado de independencia al ser referidos en extenso y con gran profusión de detalles hasta la conclusión de cada uno, terrible en el caso de la historia del psicólogo, más esperanzadora en el caso del padre.
Esta independencia se consigue gracias a una voz narrativa detallista, intensamente subjetiva, rica en matices e inflexiones, que aun cuando cede su lugar a otros narradores –la hija del psicólogo y el padre de Pablo–, no deja de engarzar constantes observaciones y acotaciones en los relatos ajenos. Esta continua intromisión, que en un narrador con menos oficio podría resultar cansina y morosa para la fluidez del relato, en Austin, Texas 1979 nos muestra más bien a un autor con grandes dotes de observador y una mirada atenta a todos aquellos sucesos que, aparentemente inofensivos, esconden un potencial revelador, y que es consciente de que los efectos de ciertas acciones pasadas, lejos de agotarse por el mero paso del tiempo, necesitan ser desentrañados y examinados a la luz del presente.

En ambas historias alienta la convicción de que no existe nada fijo ni estable en aquello que llamamos realidad, pues aun lo que parece más sólido puede ser trastornado de un momento a otro, como confiesa el padre del protagonista: “No entendía cómo podía abrirse una grieta tan fácilmente en una vida consolidada, en una vida que me había costado tanto enrumbar. Y de pronto, con gran esfuerzo, consigues un rumbo, un horizonte, una dirección, y después, de improviso, […] te das cuenta de lo precaria que es esa estabilidad que juzgabas segura” (113). Cuando se abren estas grietas, la única forma de evitar el total descalabro será mediante la adopción de medidas que, aunque no nos dejarán del todo indemnes, lograrán mantenernos a flote. Estas medidas pueden ser crueles, como en la historia del psicólogo, o de abnegada renuncia voluntaria, como en la historia del padre del Pablo, pero en ambos casos, la fuerza de los acontecimientos exige una decisión arriesgada, que no dejará de tener consecuencias en el futuro. Funestas para el psicólogo, pues deberá hacer frente al incontenible odio de su hija, y agridulces para el padre, que no deja de preguntarse por el rumbo que podría haber tomado su vida si hubiera llevado las cosas hasta el final, aquel lejano día de 1979 en Austin, Texas. Confrontarnos con la inestabilidad esencial de la existencia, a través de una narración que conjuga una notable capacidad para la observación y el detalle con una gran destreza narrativa, constituyen los mayores méritos de la novela.

Estándar