Lucerna No. 10, Poesía

Tres poemas de Navale Quiroz Cano (Lucerna N°10)

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980)

Venimos del océano

Tengo un acuario, me levanto temprano para ver nadar a su único pez dorado,
para acariciarlo lo veo sacudirse y le apunto con el dedo como señalando al sol.
Todos los días crece y sacude su rostro en el vidrio que nos separa,
Yo, una completa imperfecta y él aún perfecto incompleto;
levanta su nado desde el fondo hasta hacerme una mueca.
Los dos nos sabemos en nuestras peceras.
Él me alimenta
mientras rocío migajas de pan sobre el agua.

 

Décimo planeta

Veo como marchan a la batalla de los doce planetas
Y tú ¿por qué me sostienes a la tierra?
Alguien cose los destinos del mundo con hilos de la vía láctea.

Dicen las trompetas que el cielo ya no existe,
sólo estamos tú y yo envueltos en polvo.

Quizá se haga la luz si abro los ojos
si hago un chasquido con los dedos
si estrello este par de piernas en las rocas
ellas no cuentan, si te tengo en mi ombligo.

Entre tanto frota mis manos que hace frío
sopla en mi nariz y abraza mi cintura
respira conmigo que viene la danza del parto.

Se han perdido todos los calendarios
no hay más libros, ni historia
sólo orquesta Dios
silba su viento estelar
sobre la nueva constelación de un nuevo planeta
en nuestro abrazo.

 

Horas

Parte el navío a la una
el calendario dice ser un día del año pasado
en mi abrazo dan las dos
se oye el océano completo en tu pecho,
unas redes han atrapado tu corazón que marca las tres.

Las orillas me dicen que no hay olas hoy
me aferro más a tu abrazo siendo las cuatro
los botones en la proa se abren con las aguas
y avanzan,
como los pasos que das
cuando no hay puerto
a las cinco avanzas, cruzas,
viajas con el sol,
y te vas dando las seis.

 

Navale Quiroz Cano (Apurímac, 1980). Comunicadora Social, egresada de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica. Magíster en Docencia Universitaria por la Universidad Alas Peruanas donde es catedrática. También tiene estudios de maestría en Comunicación Social y Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vive en Ica desde los cinco años. Entre sus publicaciones están Algo de cierto, antología de poesía iqueña (Lustra, 2007), Nohombre, (Colección Piedra/Sangre, Lustra, 2008) y Ondinas. El espíritu del agua (Ushuaia Ediciones, España, 2011). Además sus textos han sido publicados en revistas nacionales e internacionales. Ha participado en numerosos festivales de poesía.

Anuncios
Estándar
Lucerna No. 10, Poesía

Tres poemas de Micaela Paredes (Lucerna N°10)

Micaela Paredes Barraza (Santiago de Chile, 1993)

Micaela Paredes Barraza

NOCHE ADENTRO

Escucho una estampida de pájaros nocturnos,
el eco que repiten las piedras sin memoria.
Las hojas empozadas se sueñan en su rama
mientras las aguas callan el curso de las horas.

Solo he vivido un día y todo ha sido noche.

Herida de ceniza mi frente aún espera.
Oscuras mariposas en mis manos escampan.
Sus alas rotas cargan la errancia de otro entonces,
las esquirlas de un tiempo que en ofrenda se alza.

Vivir es soñar días sabiendo que es de noche.

 

VÍA

Caminas bajo un cielo que arde y llama.
Todo hoy es lejanía y cada paso
es tránsito al comienzo de otro fin.

Con tanta muerte a cuestas se consuma
la hora, condensada en un presente
erguido sobre tumbas de memoria.

La estrella que devana noche y día
te arrastra y tú, obediente, vuelto barro
recorres el camino de la sangre.

Las piedras todas lloran en silencio:
testigos indulgentes que en tu marcha
la voluntad del polvo ven cumplirse.

La tierra anochecida espera abierta
y todos tus finales hoy convergen
para iniciar el último comienzo.

 

FÁBULA DEL SILENCIO

Solo la noche sabe cuánta noche
cría un cuerpo atizado por la pena.
Los dos ojos vaciados buscan cielo
a la espera de un nombre y solo el eco
de su voz y del llanto de las horas
ven arder sin memoria entre la sombra.

La luz del día solo engendra sombra
y no es más que el augurio de la noche.
Sin nombre ni concierto van las horas.
Desierta es la humedad cuando la pena
no encuentra ya su origen, cuando el eco
nacido del olvido inunda el cielo.

Si toda claridad viene del cielo
y solo somos cuerpos dando sombra;
si somos solo el eco de otro eco
y nuestras aguas siempre están de noche
llorando sin saber de quién la pena
ni a dónde el cauce lento de las horas

¿a qué seguir llenando instantes, horas,
y con la voz quebrada hablar al cielo
para que extinga el rayo de esta pena
si el cielo se ha tornado un mar de sombra
y no es más que el reflejo de otra noche,
la noche en que Dios quiso oír su eco?

Quizás fuera más fácil, siendo eco,
dejar de preguntar por qué las horas
laceran en silencio día y noche
la verdad que creímos en el cielo…
Y ser en el abrazo de la sombra
y darse en el oficio de la pena.

Dios hizo a semejanza de su pena
la voz del hombre: las palabras eco
son del llanto vertido entre la sombra,
alzado para dar nombre a las horas.
No existen las distancias en el cielo:
sin tiempo todo empieza hacia la noche.

Quizás las horas muertas en la sombra
un día el cielo abran con su eco.
Y tanta noche nos valdrá la pena.

 

Micaela Paredes Barraza (Santiago, 1993). Licenciada en Letras Hispánicas PUC. Publicó su primer libro de poemas, Nocturnal, en 2017, por Cerrojo Ediciones, Chile. Ha recibido reconocimiento en diversos concursos, entre ellos el primer lugar en el Concurso Literario UC, mención poesía, en 2014 y 2015, y una mención honrosa en el Premio Roberto Bolaño, categoría poesía, Ministerio de Cultura de Chile, 2014. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas de creación en Chile, España, Venezuela y Perú. Este año comenzará sus estudios en el Máster de Escritura Creativa en NYU.

Estándar
Lucerna No. 8

«Cuando César Moro se volvió César Moro». Una carta del poeta en edición facsimilar (Lucerna N°8)

En la octava edición de Lucerna publicamos, por primera vez de manera facsimilar, una carta poco conocida del poeta César Moro dirigida a su hermano Carlos Quizpez Asín. La carta viene precedida de una introducción de la investigadora Rosa Ostos, especialista en la obra del poeta, titulada «Cuando César Moro se volvió César Moro», puesto que se trata de la carta, tantas veces citada, en la cual el poeta habla de la elección de su nombre de artista, de las razones que lo llevaron a elegirlo y del lugar del que lo sacó, un libro de Ramón Gómez de la Serna. Como señala Rosa Ostos en su texto de presentación: «Más que un pseudónimo, en el caso de Moro, el nuevo nombre parece obedecer a una necesidad que atraviesa punzantemente su existencia, y responde a los imperativos de una identidad en fuga que huye de sí misma para rehacerse en un proceso de renuncias, destrucciones y renacimientos» (p. 37). Se trata, en suma, de una carta crucial para el conocimiento de la biografía del poeta.

Estándar
Lucerna N° 11, Traducciones

Debajo de tanto cielo: cinco prosas de Cecília Meireles (Lucerna N°11)

Cecília Meireles

En la sección de traducciones de Lucerna N°11 se incluyen cinco extensas prosas poéticas de la poeta brasileña Cecília Meireles (1901-1964), que dan testimonio de la profundidad de su pensamiento poético y la riqueza de su inventiva lírica. Compartimos el fragmento inicial de «La esperanza deshabitada». La selección, traducción y presentación de estas prosas ha sido realizada por el traductor Manuel Barrós.

Estándar
Lucerna N° 11, Poesía

Tres poemas de Thalia Tumes (Lucerna N°11)

Thalia Tumes (Cañete, 1992)

Miguel Ángel

Tus manos
son propias como las de pocos.
Muy aparte de ser musicales,
tienen las rayitas de la palma perfectamente dibujadas
y se puede armar tres rompecabezas al mismo tiempo.

Tu interior
es una algarabía rabiosa,
con uñas diáfanas pero adversas.
Se arma la riña entre adalid y soldados de chaquetas verdes;
pero tu palabra ya no es muda e inofensiva.

Ahora
Abraza mis manos
Atraviesa el olvido
tal vez esta noche no es nada
solo un pájaro que canta en un lenguaje extranjero
nadie lo reconoce
corre como el río
sufre como yo

Tal vez son tus ojos
o el silencio que grita
adiós para siempre.

 

Las falsas promesas

Tengo una vida que es pensada
una mente que es nuestro lugar de afecto

Coartada suficiente
para secar mis ojos oceánicos todas las mañanas,
enfriar estas ganas incendiarias,
observar la torpeza de mi cuerpo,
abrazar la torpeza de tu recuerdo

Con estos versos curo cuidadosamente mi corazón de repuesto

¿Quién eres tú
capaz de llevarme a las alturas en una mesa vacía?

¿por qué demora el tiempo
de tus promesas de madrugada?

¿oyes cómo mi poema va hacia ti
porque de ti yo vengo?

 

A Blanca Varela

Lo he dejado todo

Sí, Blanca
Todo

mis piernas debajo de la cama
mis oídos encima de la cama
mis ojos en el plato de sopa
mi nariz en la maceta
mis manos al lado de la lámpara
mi espalda en el parqué
mis labios en las sábanas
mis cabellos en la botella
mi cama, mi casa
mi árbol
mi memoria
todo
pero me voy lejos
muy lejos
hasta en contra de mis ganas

la libertad abrasadora del hedonista.
Repito.

 

 

Thalia Tumes (Cañete, 1992). Publicista. Participó en Poesía Femenina Río Luna (2010), Arte Poética (2011), Muestra Poética Territorio Huarco (2012), Boca del Río (2018). Ganadora de los Juegos Florales de la Universidad San Martín de Porres (2011, 2012 y 2013). Finalista en el Festival de Poesía de Lima (2018).

Estándar
Lucerna N° 11, Traducciones

Poemas de Cantos de pérdida y predilección de Hilda Hilst (Lucerna N° 11)

Hilda Hilst

En la sección de traducciones del undécimo número de Lucerna, incluimos una selección del libro Cantos de pérdida y predilección de la poeta brasileña Hilda Hilst (1930-2004). La selección, traducción e introducción estuvieron a cargo de la narradora y traductora Miluska Benavides. Compartimos uno de los poemas traducidos. Los restantes pueden ser leídos en nuestra edición impresa.

XIX

Cuerpo de carne
sobre un cuerpo de agua.
Suéñame a mí
contigo desplegada
sobre este cuerpo de río.
Guárdame
soledad y nombre
y vive el trayecto
de lo que corre
jamás llegando al fin.

Guarda esta tarde
y repón sobre las aguas
tus navíos. Piensa en mí.
Inmensa, iluminada
gran cuerpo de agua
gran río
olvidado de llagas y ahogados.

Piénsame río.
Lavado y calentado por tu carne.

Estándar
Editoriales, Lucerna N° 11

Editorial de Lucerna N° 11

Portada de Lucerna N° 11

Hablar de poesía joven –para no hablar de escritura joven en general– puede sonar tautológico a quien no ha olvidado que la poesía siempre es o debería ser, en cualquier época, aquello que nunca envejece y cuya perpetua juventud le permite avanzar a zancadas entre las cumbres de las generaciones. La poesía, si pretende mantener tal nombre, no puede ser otra cosa que joven, ajena a la cronología e inmune a los vaivenes de la sensibilidad. ¿Qué mayor prueba de la juventud de un poema que su capacidad para seguir hablando, sin agotar su mensaje, a varias generaciones de lectores en diversas lenguas y distintos lugares? No pretendemos conocer todos los secretos procedimientos por los que un poema adquiere dicha capacidad. Es posible que los que en algún momento fueron útiles, más adelante ya no lo sean. Pero podemos aventurar una de las cualidades que, a nuestro modo de ver, ayudan a que un texto poético mantenga cierta juvenil vitalidad a pesar del paso del tiempo, y esta es su «ilegibilidad» u «opacidad», inevitables cuando se trata de dar cuenta de realidades verbales, sensoriales o espirituales cada vez más complejas e inaprensibles. Por el contrario, el poema que puede ser fácilmente decodificado, agota demasiado pronto su capacidad para seguir hablando por sí mismo, desde sí mismo y, más temprano que tarde, envejece.

La «ilegibilidad» y «opacidad» a las que nos referimos no siempre están presentes en la poesía escrita por jóvenes. Por eso se hace necesario distinguir entre poesía joven, una cuestión valorativa, y poesía escrita por jóvenes, un mero hecho descriptivo. Lo escrito por jóvenes no siempre llega a ser, en efecto, joven. No lo es, por ejemplo, cuando lo nuevo hace depender el valor de su novedad de las diferencias más exteriores frente a sus contemporáneos, en lugar de buscar la originalidad en su propia circunstancia vital. Por otro lado, el poeta joven envejecerá prematuramente cuando busque la aprobación del poeta consagrado y oficial con el fin de abrirse paso en el mundo literario. Probablemente sea leído, pero también será legible, comprensible, oficial, y habrá puesto fecha de caducidad a su poesía.

La apuesta por la poesía escrita por jóvenes —poesía que esperamos que algún día también sea joven— es solo una faceta más de la apuesta por lo nuevo. La necesidad de adentrarse en territorio desconocido para traer al presente lo que pertenece al futuro, debería ser el objetivo de toda revista  literaria que se precie de tal. Está claro que la juventud cronológica no constituye ningún valor en sí misma si no viene acompañada de un nuevo sentir y la capacidad de crear o recrear nuevas y complejas realidades. Pero si como lectores o editores no estamos dispuestos a confiar en la obra de un talento desconocido como lo hacemos con uno que el tiempo y una serie de circunstancias arbitrarias ya consagró –lo que sea que esto signifique–, entonces tendríamos que renunciar al nombre de creadores y dedicarnos a repetir lo que todos ya dicen. Esperamos que nuestra decidida apuesta por la poesía joven escrita por jóvenes pueda hacer que Lucerna mantenga algo de vitalidad por algún tiempo más.

Estándar