Revista Lucerna participó en el Tercer Encuentro Nacional de Revistas Literarias, «El editor como agente cultural», organizado por la Casa de la Literatura Peruana, que se llevó a cabo del 28 al 30 de setiembre de 2017. Nuestro director formó parte de la mesa redonda «Revistas literarias en su diálogo con otras artes» junto con las revistas Estepario de Huancayo y Muestra de Lima, que se realizó el viernes 29 a las en el auditorio de la Casa de la Literatura Peruana. Además, ejemplares de nuestras ediciones estuvieron disponibles en la feria de revistas literarias que se habilitó los días que duró el congreso.
Archivo del Autor: Revista Lucerna
Ocho poemas de Louise Glück (Lucerna N°7: 2015)
(Fotografía de Gasper Tringale)
Selección, traducción y presentación de Miluska Benavides
Louise Glück nació en Nueva York, en 1943, y creció en el seno de una familia de origen judeo-húngaro. Su larga trayectoria poética, de más de trece volúmenes, entre los que se encuentran The House on Marshland (1976), Descending Figure (1980), The Triumph of Achilles (1985), Ararat (1990), The Wild Iris (1992), Vita Nova (1999), Averno (2006), le ha valido reconocimientos como el Pulitzer de Poesía (1993) y el título de Poeta Laureada (2003-2004). Glück vive en Cambridge, Machassusetts, y se dedica a la enseñanza de escritura creativa en la Universidad de Yale.
La poesía de Louise Glück habla de la cambiante identidad del yo al abordar la relación entre la experiencia cotidiana, el espacio natural y el mito. El mito transfigura la experiencia de la persona como entidad mortal, y la traslada a un relato “completo” y por el que el “yo” accede a una experiencia reveladora. Por otro lado, el espacio natural se convierte en un modelo, porque revela el carácter transitorio del “yo”: el cuerpo es el medio a través del cual se descubre y experimenta el “devenir”. Los poemas se construyen a partir de un “yo-testigo” o personae cuyas experiencias ponen en crisis la objetividad del lenguaje. El lenguaje poético no sirve para la expresión del “yo”, los poemas desnudan la ineficacia del lenguaje frente a la experiencia vivida, a pesar de que se pretende codificarla desde su carácter más material.
En el plano formal, Glück –sobre todo en la primera etapa de su obra– trabaja con el metro corto que privilegia la concisión. Esta decisión formal concentra la mirada “objetivada” o la relación declarada entre el sujeto y el objeto. Su postura en relación a esta poética ha ido evolucionando desde su temprana afiliación a la poética objetivista, hasta sus últimos poemarios, en el que la elipsis se convierte en un mecanismo de expresión de la nada y la quietud.
Esta selección incluye poemas desde sus primeras entregas hasta su último libro, Faithful and Virtuous Night (2014), del que he seleccionado dos poemas.
LOS NIÑOS AHOGADOS
Ves, no tienen juicio.
Así que es natural que se ahoguen,
primero se los tragó el hielo
y después, todo el invierno, sus bufandas de lana
flotaban tras ellos mientras se hundían
hasta que al fin se quedaron quietos,
y la laguna los alzaba con sus múltiples y oscuras manos.
Pero la muerte deberá llegarles de una forma diferente,
tan parecida al comienzo,
a pesar de que siempre habían sido
ciegos y ligeros. Por eso
el resto es soñado, la lámpara,
la gran manta blanca que cubría la mesa,
sus cuerpos.
Y aún escuchan los nombres que usaban
como señuelos deslizándose sobre la laguna:
¿Qué estás esperando?
Vuelve a casa, vuelve a casa, perdidos
en las aguas, azules y permanentes.
De: Descending Figure (1980)
EL TRIUNFO DE AQUILES
En la historia de Patroclo
nadie sobrevive, ni siquiera Aquiles
quien era casi un dios.
Patroclo se parecía a él: usaban
la misma armadura.
Siempre en estas amistades
uno sirve al otro, uno es menos que el otro:
la jerarquía
es siempre aparente, aunque las leyendas
no pueden ser confiables;
la fuente es quien sobrevive,
quien ha sido abandonado.
¿Qué importarían los barcos griegos en llamas
comparados con esta pérdida?
En su tienda, Aquiles
se lamentaba con todo su ser
y los dioses observaban
que era ya un hombre muerto, víctima
de la parte que más amaba,
una parte mortal.
De: The Triumph of Achilles (1985)
MÚSICA CELESTIAL
Tengo una amiga que aún cree en el cielo.
No es tonta, incluso con todo lo que sabe, literalmente habla con Dios.
Piensa que alguien escucha en el cielo.
En la tierra es inusualmente competente,
valiente también, dispuesta a enfrentar la adversidad.
Encontramos en el suelo una oruga en agonía: las hambrientas hormigas trepaban sobre ella.
Me conmueve siempre el desastre, siempre dispuesta a resistirme a la vitalidad,
aunque también con timidez, lista para cerrar los ojos;
mientras mi amiga podía esperar y dejar que los eventos pasaran
según la naturaleza. Para mi consuelo, ella intervino
quitando algunas hormigas encima del animal caído, y la puso
al lado del camino.
Mi amiga dice que yo cierro mis ojos a Dios, que solo eso explica
mi aversión a la realidad. Dice que soy como un niño que entierra su cabeza en la almohada
para no ver, el niño que se dice a sí mismo
que la luz produce tristeza.
Mi amiga es como la madre. Paciente, exhortando a
que me despierte adulto como ella, una persona osada.
En mis sueños, mi amiga me reprocha. Estamos yendo
por el mismo camino, aunque ahora es invierno;
me está diciendo que cuando uno ama al mundo escucha la música celestial:
mira arriba, dice. Cuando miro arriba, no hay nada.
Solo nubes, nieve, un blanco movimiento en los árboles
como novias saltando a gran altura.
Entonces temo por ella; la veo
atrapada en una red puesta intencionalmente sobre la tierra.
En la realidad, nos sentamos al lado del camino, viendo el sol caer;
de rato en rato un canto de pájaro atraviesa el silencio.
En este momento ambas tratamos de explicar el hecho de
que estamos en paz con la muerte y la soledad.
Mi amiga dibuja un círculo en la tierra; dentro, la oruga no se mueve.
Siempre está tratando de hacer algo definitivo, hermoso, una imagen
que exista separada de ella.
Nos quedamos muy calladas. Es muy tranquilo sentarse aquí, sin hablar, la composición
fija, el camino que se vuelve oscuro de repente, el aire
que se enfría, aquí y allá las rocas brillan y relumbran.
Esta es la quietud que ambas amamos.
El amor de la forma es el amor de los finales.
De: Ararat (1990)
EL IRIS SALVAJE
Al final de mi sufrimiento
había una puerta.
Escúchame bien: aquello que llamas muerte
recuerdo.
Sobre mí, ruidos, ramas de un pino moviéndose.
Luego nada. El débil sol
parpadeaba sobre la superficie seca.
Es terrible sobrevivir
como conciencia
enterrada en la oscura tierra.
Luego se acabó: aquello que temes, ser
un espíritu, incapaz de
hablar, terminar abruptamente, la rígida tierra
se inclina un poco. Y lo que pensé eran
aves lanzándose sobre los bajos arbustos.
Tú que no recuerdas
tu paso desde el otro mundo
podría decírtelo otra vez: lo que sea
que regrese del olvido vuelve
para encontrar una voz:
desde el centro de mi vida vino
una gran fuente, sombras de azul intenso
en celeste agua de mar.
VÍSPERAS
En tu prolongada ausencia me permitiste
el uso de la tierra, como quien anticipa
algún retorno de la inversión. Debo dar cuenta
del fracaso en mis deberes, especialmente
respecto a los sembríos de tomate.
Pienso que no se me debe alentar al cultivo
de tomates. Si lo haces, debes detener
las lluvias copiosas, las noches frías que ocurren
aquí con tanta frecuencia, mientras que otras regiones
tienen doce semanas de verano. Todo esto
te pertenece: yo por mi parte
planté las semillas, vi los primeros brotes
como alas quebrando la tierra, y mi corazón
quebrado por la plaga, por los puntos negros
multiplicándose veloces en las filas. Dudo
que tengas corazón, en nuestro entendimiento
del término. Tú quien no discriminas
entre los vivos y los muertos, que son, de hecho,
inmunes al augurio, podrías no saber
cuánto terror enfrentamos, la hoja manchada,
las hojas rojas del arce cayendo
incluso en agosto, en la temprana oscuridad: soy responsable
de estas vides.
De: The Wild Iris (1992)
UN MITO DE DEVOCIÓN
Cuando Hades decidió que amaba a esta muchacha
construyó para ella una réplica de la Tierra
toda igual, hasta la pradera,
pero con una cama agregada.
Todo era igual, incluyendo la luz del día,
porque sería duro para una jovencita
pasar rápidamente de la luz brillante a la densa oscuridad.
Gradualmente, pensó, introduciría la noche,
primero como sombras de las hojas agitadas.
Luego la luna, luego las estrellas. Luego no habría luna, ni estrellas.
Deja que Perséfone se acostumbre lentamente.
Al final, pensó, le parecerá cómodo.
Una réplica de la Tierra
excepto que aquí habría amor.
¿Acaso no todos quieren amor?
Esperó tantos años,
construyendo un mundo, observando
a Perséfone en la pradera.
Perséfone, la que huele, la que prueba.
Si tienes un gusto, pensó,
los tienes todos.
Acaso no todos quieren sentir en la noche
el cuerpo amado: compás, estrella polar,
para escuchar el quieto aliento que dice
Estoy vivo, que también significa
tú estás vivo porque me escuchas,
estás aquí conmigo Y cuando uno gira,
el otro vuelve.
Esto sentía el señor de las tinieblas,
mirando hacia el mundo que había
construido para Perséfone. Nunca se le ocurrió
que aquí no habría más olores,
no habría más comida.
¿Culpa? ¿Terror? ¿Miedo de amar?
Cosas que no podría suponer,
que ningún amante imagina.
Sueña, imagina cómo llamará a este lugar.
Primero piensa: El Nuevo Infierno. Luego: El Jardín.
Al final, decide llamarlo
La Infancia de Perséfone.
Una luz tenue se alza sobre el ras de la pradera,
detrás de la cama. La lleva en sus brazos.
Quiere decirle te amo, nada puede lastimarte
pero piensa
que es mentira, así que finalmente dice
estás muerta, nada puede lastimarte
lo cual le parece
un comienzo más promisorio, o verdadero.
De: Averno (2006)
UNA AVENTURA
1.
Se me ocurrió una noche mientras quedaba dormida,
que había terminado con esas aventuras amorosas
de las que fui largo tiempo esclava. ¿Acabada para el amor?
mi corazón murmuró, a lo que respondí que muchos densos descubrimientos
nos aguardaban, esperando, al mismo tiempo, que no se me pidiera
nombrarlos, porque no podría. Pero la convicción de que existían,
¿en realidad servía de algo?
2.
La siguiente noche trajo el mismo pensamiento,
esta vez vinculado a la poesía, y en las noches que siguieron
otras varias pasiones y sensaciones, de la misma forma,
se apartaron para siempre, y cada noche mi corazón
protestaba por su futuro, como cuando a un pequeño se le priva de su juguete favorito.
Pero estas despedidas, dije, son el curso de las cosas.
Y una vez más aludí al vasto territorio
que se abre ante nosotros con cada despedida. Y con esa frase me convertí
en un caballero glorioso que marcha hacia el crepúsculo, y mi corazón
se convirtió en el corcel sobre el cual cabalgaba.
3.
Yo estaba, como sabrás, ingresando al reino de la muerte,
aunque por qué este paisaje era tan convencional
no sabría decir. Aquí también los días eran muy largos
mientras los años cortos. El sol se hundía tras la distante montaña.
Las estrellas brillaban, la luna oscilaba. Pronto
los rostros del pasado aparecieron frente a mí:
mi madre y mi padre, mi pequeña hermana; ellos no habían, al parecer,
terminado lo que tenían que decir, aunque ahora
podía escucharlos porque mi corazón estaba tranquilo.
4.
En este punto alcancé el precipicio
aun no la senda, la vi descender hacia el otro lado;
aun habiéndose igualado al terreno, continuaba a esta altura,
tan lejos como el ojo puede ver, aunque gradualmente
la montaña que la sostenía se disolvió del todo
así que me encontré a mí misma cabalgando firmemente sobre el aire.
Por todas partes los muertos me alentaban, la alegría de encontrarlos
desaparecía por la labor de responderles.
5.
Así como todos fuimos de carne,
ahora éramos tiniebla.
Así como antes éramos objetos con sombra,
ahora éramos sustancia sin forma, químicos vaporizados.
Sho, sho, decía mi corazón,
o quizá no, no. Era difícil saber.
6.
Aquí acabó la visión. Estaba en mi cama, el sol de la mañana
se elevaba, el edredón de plumas
se apilaba sin criterio sobre la parte inferior de mi cuerpo.
Tú estuviste conmigo;
había una hendidura en la almohada de a lado.
Habremos escapado de la muerte,
o ¿sería esta la vista desde el precipicio?
EL PASADO
Pequeña luz en el cielo que aparece
repentinamente entre
dos ramas de pino, sus finas agujas
ahora grabadas sobre la superficie radiante
y sobre este
alto, alado cielo,
huele el aire. Es el olor del pino blanco,
más intenso cuando el viento sopla a través de él
y el sonido que hace, igualmente extraño,
como el sonido del viento en una película,
sombras moviéndose. Las cuerdas
haciendo el sonido que hacen. Lo que escuchas ahora
será el sonido del ruiseñor, Chordata,
el pájaro macho cortejando a la hembra.
Las cuerdas se balancean. La hamaca
oscila en el aire, atada
firmemente entre dos árboles de pino.
Huele el aire. Es el olor del pino blanco.
Es la voz de mi madre la que escuchas
o es solo el sonido que hacen los árboles
cuando el aire pasa entre ellos
porque ¿qué sonido haría
al pasar entre la nada?
De: Faithful and Virtuous Night (2014)
Miluska Benavides (Lima, 1986). Narradora y traductora. Ha publicado la traducción de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (Academia Peruana de la Lengua, 2017) y el libro de cuentos La caza espiritual (Celacanto, 2015). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder y docente de la carrera de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.
Editorial de Lucerna N°10 (2017)
Diez números no deben dar ocasión a la celebración ni al ejercicio de la autocomplacencia. La constancia no es un valor en sí mismo, y sea cual fuere el mérito relativo de cada edición de Lucerna, no creemos que ello nos haya investido de autoridad alguna que nos permita dirigirnos a nuestros contemporáneos desde algún pedestal imaginario. La única autoridad posible –siempre parcial y relativa–, es la que emana de las valoraciones críticas acertadas y de la originalidad y autenticidad de las obras publicadas. Este tipo de autoridad no exige obediencia ni reclama nada para sí, pues la irradiación de sus poderes se realiza de manera libre y espontánea sobre aquellos que la requieren, dejando indemnes a quienes no. Es una autoridad tan distinta del estrellato mediático que exige la sumisión acrítica de su comunidad de acólitos. Tan diferente de la que se arroga para sí la autoproclamada antiliteratura o antipoesía, contestataria mientras el viento sopla en contra, pero despótica cuando este es favorable. Pues no pocas veces se ha visto que la misma vehemencia e intransigencia que ponen en tratar de abrirse paso, la emplean, una vez alcanzada alguna posición de poder, en intentar entronizarse de manera exclusiva y excluyente, eliminando o silenciando las voces divergentes y las que no contribuyan a su mayor gloria, sirviéndose, para tal fin, de las prácticas y los métodos empleados por los representantes de la cultura oficial o el establishment, a quienes, por estrategia, aseguran combatir. Replicar y perpetuar estos mecanismos de exclusión antidemocráticos no tiene, por supuesto, nada de «antisistema» y menos de «vanguardista», solo desnudan el talante reaccionario y acomodaticio de algunas figuras estratégicamente contestatarias.
Por nuestra parte, como no aspiramos a ninguna autoridad más allá del valor de lo estrictamente publicado, no intentamos producir ningún tipo de mercancía cultural o «capital simbólico» que pretendamos canjear por fama, renombre o posicionamiento, y es por ello que nos negamos a recurrir al gesto hueco, al efectismo de la frase altisonante con la finalidad de atraer o entretener lectores que necesitan ser atraídos o entretenidos.
Al hacer esta revista, en suma, no le ofrecemos al lector otra cosa que una propuesta de lectura. No nos engañamos ni pretendemos engañarle prometiéndole un aura de cultura del cual envanecerse, ni la pertenencia a una comunidad en la cual podrá comentar o encontrar comentado el libro de la semana del suplemento dominical. Antes que nada, somos lectores, y respetamos demasiado al lector para intentar embaucarlo de esa manera. ¿Qué pretendemos, entonces con Lucerna? Nada que no pueda saltar a simple vista de sus páginas, con flagrante desnudez y transparencia. Renunciamos, pues, a disputar algún espacio o posición de poder con las mismas armas que contribuyen a preservarlo. Pero a lo que no podemos renunciar es a lo único que podría preservar nuestra integridad en tiempos de confusión general: nuestra lucidez para, por lo menos, reconocer la medida de nuestras fuerzas y saber lo que podemos y no podemos ofrecer al lector.
Diez poemas de The Continuous Life de Mark Strand (Lucerna N° 10)
Traducción y presentación de José Miguel Herbozo
«[…] Los diez poemas de esta muestra proceden de The Continuous Life (1990). Tras diez años sin publicar, Mark Strand presenta una publicación madura sobre los asuntos que dominaban su producción anterior, con una mayor voluntad conceptual y reflexiva sobre la poesía. Atento al vinculo entre lo sagrado, el delirio, la experiencia trascendente y la manifestación de la naturaleza, The Continuous Life es uno de sus libros más logrados. […]»
El fin
No todo hombre sabe qué debería cantar en el fin,
al mirar el muelle cuando parte el barco, o cómo se verá
cuando sea detenido por el rugido marino, inmóvil allí al fin,
o qué debiera esperar cuando esté claro que no va a regresar.
Cuando haya pasado el tiempo de podar la rosa o acariciar al gato,
cuando el atardecer que ilumina la hierba y la luna llena que la derrite
no aparezcan más, pocos hombres saben de lo que encontrarán.
Cuando el peso del pasado se apoya contra nada, y el cielo
no es más que luz recordada, y las historias sobre cirros
y cúmulos estén por concluir, y todas las aves queden detenidas al vuelo,
no todo hombre sabe qué le está esperando, o qué debería cantar
cuando el barco en que navega entre a la oscuridad, allí al final.
Tres poemas de Lisbeth Curay (Lucerna N° 9)
Lisbeth Curay (Lima, 1993)
NN
I
Lijamos una silla sobre tu cabeza
Y tu cara se hizo barro
¿Qué hacer?
Deslizar un dedo sobre tu boca
Que ya no es boca
O ponerle un lunar a tu ojo
Que ya no es ojo
Sembré un diente en la maceta
Para darte otra lengua
Y aún
No dices mi nombre
II
¿Cómo debemos nombrarte
Antes de sumergirte en la tierra?
Salmón, grulla o erizo
III
La espesura del paisaje
No cabe sobre tus nalgas
–Salmón–
Sigue lamiendo lo que el viento lame
Aguza el filo de tus dientes
Cuando la tierra
Te toque
Abre la boca
Grande
Abre la Boca
IV
Los muertos que (no) son de uno
Gritan:
Quemaremos nuestra carne
¡No más cáscara humana!
Sabor alambre
Este olor a leche y veredas meadas es parecido al amor / mordida inocua en la pata que parece doler ante la luz / distante como las lúcumas, así, eres a veces / logras matizar tu piel en la corteza de cualquier árbol / pero nunca inclinas la espalda al dormir sobre la mesa / vemos niñas lamerse las uñas / He visto niños limpiarse los oídos / nada cuaja en este charco / otras voces entrarán en él / Yo / muerdo la tibia cresta de mi gallo continuamente bajo el sueño / atribuyo mi cansancio al otoño / hoja incrustada entre mis sienes / ¿sigues siendo sonámbula hiedra que se abre paso entre las lianas? / No / soy un reptil / mi infancia es un gerundio que se repite una y otra vez bailando / No ignoro la lluvia / tampoco olvido tu miedo a los bordes / mantengo una luz entre las piernas / junto un viejo cartel que dice se vende / Esperanza en buen estado / es mi sabor / ¿sabor-alambre?
Luz insuficiente
Todas las superficies ásperas
me seducen,
al pintar una pared de blanco
y no tener las manos vacías
encuentro un placer primordial
en las lijas pequeñas
en los contornos de los vidrios
en todas las ventanas
dos veces fue demasiado sombra
guardo el fuerte olor de la
vainilla derramada
siento el ardor de los bosques
que se incendian
allá, muy lejos
las víboras escapan
y estás cavando una zanja
para sembrar azucenas amarillas
se pierden los muertos que
dejé olvidados
los árboles se quejan de sus frutos
la partícula se asienta (¿dónde?)
la mujer desaparece (eso fue un sueño)
llegan las lluvias, la barca se pone en marcha (lo dice la biblia)
no sé quién toco la puerta (seguro un niño y se fue corriendo)
cada escama de pez
es un trozo de mar
lo dijo un pescador
entre sus redes
germinan algas
las tortugas vienen a comer
He permanecido inmóvil
Al borde de un abismo fulgurante
Nada se ve
no sé quién pudo dejarme
ahora que amo el día
y esta pequeña luz es
insuficiente.
Lisbeth Curay (Lima, 1993). Estudió Antropología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Forma parte de Cinco Minutos Cinco, asociación cultural que se encarga de promover las artes audiovisuales en el distrito de Villa María del Triunfo. Ha publicado poemas en revistas diversas y prepara la publicación de su primer poemario.
Poema de Joe Montesinos Illesca (Lucerna N° 6)
Joe Montesinos Illesca (Lima, 1980)
LA VIGILIA DEL ERIZO
Criarás un erizo en la memoria
y le pondrás una diadema
un reloj de arena en su ventana
la efigie de una serpiente en tu cabeza
Se comerán tus ojos las orillas
serás fosforescente en las tinieblas
y los rituales de la escarcha la furia
de los ramajes, los entierros y la vigilia
Dormirás en una hoja en una gota
y el bosque será un caracol
descifrarás el manuscrito de los condenados
y los violáceos monjes te mostrarán la marca en sus cabezas
En un tren encontrarás el amor
y en el boleto de retorno la muerte
la marea del escarabajo y la liebre
será el cauce de tus remeros sonrientes
organillero embustero, mirarás tus manos arder
Soñarás con un museo en medio del desierto
y al despertar los lamentos serán de las estatuas
será como la gloria de los caparazones y el reino de los capullos,
bajo el cielo de cometas una canción que congela la lluvia
te volverá a la vida
Será tu huida y tu espesura
la calvicie de los mandriles tu lujuria
la constelación de un girasol tu laberinto
¿Quién descifrará tu ciencia y el secreto de tus púas?
¿Hasta cuándo las estacas en tus manos y la condena?
¿Hasta cuándo el hechizo de tu cuerpo en las hogueras?
Joe Montesinos Illesca (Lima, 1980). Estudió literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, diseño gráfico en el Instituto Peruano de Arte y Diseño. Publicó los poemarios Guardián de acantilados (Pájaros en los Cables, 2010), Aguas oscuras del sueño (Cascahuesos, 2013) y Herbarium (Ciempiés, 2016). Dirige el sello editorial Pájaros en los Cables Editores, los Cuadernos de Poesía Ciempiés y la editorial Bisonte.
El bosque de las plumas de Li Tai Po
Con el décimo número de la revista Lucerna, se publica la quinta entrega de nuestra colección de clásicos universales «Los alimentos terrestres». Se trata de El bosque de las plumas, una antología poética del gran poeta clásico chino Li Tai Po, en edición bilingüe e ilustraciones a todo color. La traducción ha sido realizada de manera conjunta por Fernán Alayza Alves-Oliveira y Ricardo Silva-Santisteban.
Poema de Osman Alzawihiri (Lucerna N° 8)
Osman Alzawihiri (Puno, 1982)
EN ESTE OJAL CREPA LA VOZ DE LA HUACA | hoy día he visto bajar como hilo invisible | mientras en el hoyo del ojo se mira hasta perderse al insomnio lúdico | y vuela hacia mis manos y percibo la señal de alas desbandándose en la puerta de la casa y las ventanas como si fueran pitos | mientras abrí la puerta las aves se perdían entre mis huesos | cuando quise tocar se habían desaparecido | un día los vi sobrevolar y rondar en sus vuelos volátiles | pero sólo eran manchas de color negro esparciéndose como charco oscuro | un día | ya no lo vi | pero al final | hallé entre los árboles de la calle | porque oí el trinar ovíparo | entonces cerré los ojos y me fui hacia mis cabellos | HACE VARIOS DÍAS MI MADRE TEJE VIÉNDOME CON LA PACIENCIA DE SUS MANOS | A VECES ME CAE SUS LÁGRIMAS COMO GOTAS DE LLUVIA | SERÁ LOS HILOS BLANCOS DONDE ME DEJA EL TAÑER DE SUS FLORES | SERÁ TAMBIÉN LAS AVES QUE TEJEN LAS TARDES Y LAS NOCHES DONDE SE ME VEN ESCRIBIR EN EL PAÑOLÓN DE LAS HOJAS | SERÁ LOS SUEÑOS QUE ME VUELVE AL PATIO DE LA CASA DESHABITADA PARA NO HALLAR A NADIE | POR ESO CAMINO HACIA MI CUERPO DE LIMBO Y DE BARRO.
Osman Alzawihiri (Puno, 1982). Es docente de literatura y poeta. Ha publicado la plaquette de poesía Chuspa del café (2009), Sudario 2981 (2010), Herbaje de incienso (2011), Ichus negro (2013). Primer premio Horacio de Educación en el área de poesía 2011. Ha participado en el Festival de poesía «Enero en la palabra» (2014). Organizó el I Recital de poesía «Transito de Humo». Actualmente trabaja como docente en la Institución Educativa Secundaria «Serapio Calderón Lazo de la Vega» en Paucartambo, Cusco. Es Director y compilador de la revista de literatura Hado Tártaro.
Poema de Yemira Maguiña (Lucerna N° 9)
Yemira Maguiña (Puno, 1990)
ESPEJOS, PAPÁ, ESPEJOS
I
Nadie sabe que te escondes
en las callejuelas de un pueblo fantasma
y sin embargo saben
que esas calles las pintaste tú
Padre, mi fiebre empeora
te he llamado
mi voz se apaga
veo los últimos recuerdos
y ya no sé cómo llamarte
si etéreo o vacío.
II
Hay un espejo en la pared
me veo el cabello corto y lacio
debo pesar unos kilos arruinados
soy de arena
un canela amarillento
llena de burbujas y aire putrefacto
Se acerca el espejo
con tristes mensajes
ah…
mi vida ha dormido tantos soles…
III
Bailo al compás de tus zapatos
bien lustrados
con un vestido triste
roído
infeliz
¿qué será esta pieza?
¿serán nuestros cielos?
Voy a dar vueltas
voy a girar
los malos presagios vienen
qué importa, padre
giremos, giremos, giremos.
Yemira Maguiña (Puno, 1990). Estudió la especialidad de Lengua, Literatura, Psicología y Filosofía en la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno. Egresada de la Maestría de Lingüística Andina y Educación de la misma universidad. Ha publicado un poemario titulado Arco Amoris (2015). Actualmente dirige Anaquel Editores y colabora con columnas de opinión en distintos medios de comunicación.
Sumario de Lucerna N°10 (Noviembre 2017)
Con el décimo número de Lucerna se publica El bosque de las plumas, una antología poética del gran poeta clásico chino Li Tai Po, con traducción directa del chino de Fernán Alayza y Ricardo Silva-Santisteban, en edición bilingüe y con ilustraciones a color. Esta publicación es la quinta entrega de nuestra colección de clásicos universales «Los alimentos terrestres».
La décima edición de Lucerna trae como rescate literario la publicación facsimilar de un texto inédito de Abraham Valdelomar, presentado por Ricardo Silva-Santisteban. En la sección de crítica se publica una nota sobre el Boletín Titikaka, artículos sobre los poetas peruanos José María Eguren, César Moro, Carlos López Degregori, y los novelistas Jane Austen y Honoré de Balzac. Rescatamos una entrevista, nunca antes publicada, realizada al desaparecido narrador Jorge Ninapayta. En nuestra sección de traducciones, incluimos versiones castellanas de poemas de los poetas norteamericanos e.e. cummings y Mark Strand, y una selección de Galáxias del poeta brasileño Haroldo de Campos. En nuestra sección de creación literaria, un cuento y poemas de poetas de Apurímac, Chimbote, Chiclayo, Piura y de Colombia, Chile y Uruguay. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.








