Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de El libro de la enfermedad de Mateo Díaz Choza (Lucerna No. 8)

El libro de la enfermedad de Mateo Díaz Choza

EL LIBRO DE LA ENFERMEDAD
Autor: Mateo Díaz Choza
Editorial: Paracaídas Editores
Páginas: 65
Año: 2015

Por: Miluska Benavides

Desde su primer poemario, Av. Palomo (2013), Mateo Díaz Choza (Lima, 1989) se planteaba, desde escenarios urbanos, una preocupación formal y temática por la relación entre el sonido y el lenguaje. Esta preocupación adquiere mayor versatilidad técnica y aborda otros dominios de la imaginación en su poemario más reciente, El libro de la enfermedad, en que se cuestiona la materialidad de formas de representación de la realidad como la imagen y el lenguaje. La primera parte del libro se compone de fragmentos cuya imaginería gravita alrededor de la naturaleza invernal, y su tema es el lenguaje. Mientras la naturaleza provee experiencias formales como el sonido-música, el hombre intenta descifrarla a través del lenguaje (en sus facetas visual y sonora), que es útil para nombrar y escribir, pero no empata con el carácter perenne de las entidades del espacio natural. La primera parte enuncia los temas y mecanismos a los que regresará el libro: la tensión entre lenguaje / imagen, fugacidad / sonido y la relación entre ambas tensiones con la permanencia. Acaso por ello la segunda parte –en que se reelabora mitos bíblicos– comienza con un poema sobre el episodio de Saúl, continúa con un poema dramático sobre las visiones de un Sansón ciego, y cierra con el asombro del apóstol Tomás frente al cuerpo de Cristo. El ropaje métrico es versátil y genera dos efectos: la recreación del mito cantado –para ser memorizado– y la reelaboración de figuras ancladas en la tradición literaria, como la agonía del Sansón de Milton. Para el libro, revisitar la experiencia codificada de ver y oír se logra al sumergirse en el mito y re-experimentarlo.

Asimismo, los motivos del poemario se despliegan en la que considero la sección más interesante, “Elogio de los caminantes”, que diseña el recorrido del “yo” que culmina con la asunción de la disolución del cuerpo, y a su vez desnuda el ilusorio control del mundo por medio del lenguaje y el vacío que yace tras la imagen. Esta sección compuesta de cuatro partes y en versículos agrega motivos del paisaje y la antigüedad peruana, que ofrece insumos a la imaginación (hueso, polvo, humo, reflejo y fuego), sobre todo la experiencia frente a la permanencia de la piedra (“No soy la piedra divina,/ Sino la piedra humana”). En la tercera parte, un cuerpo desmembrado es escenario de una transformación (“No temo ya alejarme de la orilla, pues allí volveré de nuevo”), y finalmente se dramatiza la extinción del lenguaje, donde solo queda la canción, que se impone frente a otros elementos formales de materialidad “etérea”. Si hay algo que pueda reprochársele al libro es que su cuarta sección no parece encajar con el resto ni la noción de “enfermedad” parece apropiada para nombrar todo el conjunto poético desarrollado en él. Frente a estos reparos menores, la construcción de imágenes sobre la futilidad y la muerte, y la transfiguración altamente imaginativa de las paradojas de la sensibilidad contemporánea, muestran el proceso de maduración de una poética de motivos propios, preocupada por la materialidad de la poesía y el lenguaje, y a la que poco parecen afectar las fórmulas poéticas al uso.

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Lucerna No. 8, Reseñas

Reseña de Autorretrato del piloto de Paul Forsyth (Lucerna No. 8)

Autorretrato del piloto de Paul Forsyth

AUTORRETRATO DEL PILOTO
Autor: Paul Forsyth Tessey
Editorial: Celacanto
Páginas: 124
Año: 2015

Por: Julio Isla Jiménez

Si no nos dejamos distraer por el barullo que producen los poetas al tratar de convencernos de que sus poemas dicen lo que no alcanzan a decir por ellos mismos, estaremos en condiciones de escuchar la voz de aquella poesía que es capaz de hablar por sí misma sin recurrir a galimatías críticos ni cabildeos generacionales. Esta voz la encontramos en la obra reciente de Paul Forsyth Tessey (Lima, 1979). Después de Anatomía de Terpsícore (2014), una de las obras poéticas más ambiciosas y logradas que se haya publicado en los últimos años en nuestro país, Forsyth publica Autorretrato del piloto (2015), un libro no menos frondoso y abigarrado que el anterior, pero que logra encontrar su propia identidad en su diversidad, pues aunque su organización y unidad no resultan tan evidentes como en Anatomía…, un mismo clima espiritual se respira en todos los fragmentos que componen este autorretrato.

Este clima lo encontramos ya en «Treintaitrés», poema que abre el volumen y que, como en una obertura musical, es un compendio de las preocupaciones metafísicas, existenciales y metapoéticas que campean en la obra. En él vemos desplegarse la aguda conciencia de un yo poético que se sabe en un trance vital que lo ha colocado en una encrucijada de caminos sin claro derrotero. Los momentos más oscuros de este azoramiento no son escamoteados y son asumidos en toda su espinosa realidad. Es por ello que esta poesía adquiere una densidad existencial como pocas en la poesía peruana reciente.

Pero esta exploración no siempre se realiza de manera descarnada, sino también a través de máscaras, como la empleada en el poema «Responso del Minotauro en boca de Teseo», en el que el uso de este recurso no hace menos visceral la exploración; antes bien, como en la paradoja de Wilde de que somos más auténticos cuando hablamos a través de una máscara, la lleva a otro nivel de profundidad poética. En el relato que Teseo nos hace de su peregrinaje desfilan símbolos como el laberinto, el Minotauro, en los cuales no podemos evitar ver una autorrepresentación del autor / poeta / héroe enfrentado a su propio destino. Dice el héroe: «Yo, Teseo, el sinectista de Trecén, / […] / tuve en mi corazón un laberinto / en cuyo centro brillaba esta extraña sensación que hoy / solo entiendo / como la carrera del viento en el desierto». Pero algunos peligros amenazan su misión, como los «salteadores de caminos» que lo acechan «con retóricas engañosas y ardides que blandían como armas / con tal de reducirme, encajarme y malformarme», frente a las cuales se encuentra premunido únicamente de una fatal convicción: «No he de perderme». Este poema contiene, a nuestro modo de ver, más que una poética, una profesión de fe en el oficio poético y este «No he de perderme» bien podría servir de lema a un libro y a una obra poética que no se deja «reducir», «encajar» o «malformar» en el laberinto de indulgencia y medianía en que se encuentra extraviada buena parte de la poesía peruana actual.

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Lucerna No. 8, Sumarios

Sumario de Lucerna N°8 (Noviembre 2015)

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El octavo número de Lucerna trae como especial la publicación facsimilar de una carta poco conocida del poeta peruano César Moro, con una presentación de Rosa Ostos Mariño, estudiosa de la obra del autor de La tortuga ecuestre.

En la sección de crítica, se publican artículos sobre el poeta peruano Ricardo Peña Barrenechea, el poema extenso en Octavio Paz y José Gorostiza, el novelista argentino Ricardo Piglia, el poeta francés Paul Verlaine y el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En la sección de traducción literaria, versiones poéticas de tres poemas de Edgar Allan Poe, y O soldado raso del poeta brasileño Lêdo Ivo. Una semblanza del poeta puneño Efraín Miranda Luján y una lectura de Mascarón de Proa del poeta Jorge Nájar. En creación literaria, poemas, cuentos y microrrelatos de autores diversos. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

Acompaña a esta edición de Lucerna, Catay de Ezra Pound, tercera entrega de la colección Los alimentos terrestres, en traducción de Ricardo Silva-Santisteban, que publicamos en conmemoración de los cien años de su primera edición. Este libro-separata se entrega gratuitamente con el octavo número de Lucerna.

El octavo número de revista Lucerna ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Lima y está disponible para envíos dentro de Lima y a nivel nacional a través de Serpost. En la siguiente imagen se puede apreciar con más detalle los contenidos de esta edición.

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Artículos, Lucerna No. 7

El París de González Prada, la estatua de Diderot y la figura del escritor de combate (Lucerna No. 7)

[Extracto del artículo «El París de González Prada, la estatua de Diderot y la figura del escritor de combate», publicado en Lucerna No. 7 (Junio 2015)]

Por: Julio Isla Jiménez

Para todo intelectual hispanoamericano de fines del siglo XIX, el viaje a Europa, y sobre todo, a la que era por entonces su capital cultural, París, significaba un rito iniciático y una inmersión en la modernidad viviente. Como hombre de su tiempo, Manuel González Prada (1844-1918) no podía dejar de emprender este peregrinaje a la meca cultural de su época. Pero este viaje adquiere para él características peculiares, pues a diferencia de otros intelectuales hispanoamericanos cuyo espíritu cosmopolita despierta recién al contacto con el viejo continente, la estancia europea de González Prada (1891-1898) encuentra a un pensador ya maduro ideológicamente, de quien su esposa francesa diría que en París conocería “los centros de estudio donde había vivido mentalmente” y un “ambiente de civilización” al que “pertenecía espiritualmente”.

No hay que creer, sin embargo, que su estadía en tierras galas no dejó ninguna huella en el espíritu del autor de Pájinas libres. Su visión de la realidad y la cultura francesas no será de ingenuo deslumbramiento, sino que estará impregnada del mismo espíritu crítico con que ya juzgaba con severidad la realidad peruana. Las diversas observaciones y experiencias que hará en suelo europeo, aunque, ciertamente, no cambiarán lo esencial de su pensamiento, serán, no obstante, como intentaremos demostrar, decisivas para afianzar sus convicciones acerca de cuáles son los deberes de un escritor en la sociedad. A través de semblanzas y contrastes con otros hombres de letras de su época, González Prada va delineando la figura del escritor radical e implacable que encarnará a su retorno al Perú: un polemista que no tiene miramientos en escarnecer con acritud los males de la sociedad peruana.

Una visión crítica de la Francia de finales del siglo XIX
Son cinco los años que el matrimonio González Prada permanece en París (1891-1895), antes de continuar viaje hacia otras ciudades del sur de Francia y partir hacia España. La visión que el poeta peruano se forma de la capital francesa se debate entre la admiración de sus portentos y la reserva crítica, y será continuamente contrastada con la Francia y el París imaginarios que se había forjado gracias a las lecturas que hizo en Lima de los grandes escritores y pensadores franceses. Aunque en su formación literaria confluyen tradiciones como la alemana, inglesa, italiana y española, la francesa ocupa un lugar preeminente, tanto en su formación como poeta como en su desarrollo como pensador. Es difícil pensar en otro escritor de su época que conociera tan profundamente la literatura francesa antigua y moderna. González Prada fue un gran admirador no solo de los poetas románticos y parnasianos, sino también de los grandes pensadores franceses de su tiempo, pero, sobre todo, de ilustrados y enciclopedistas como Voltaire, Diderot y d’Alambert. El pensamiento ilustrado ejercerá una influencia decisiva en su ideario político y filosófico y será determinante en la visión crítica que se formará de la Francia de finales del siglo XIX, y en el modelo de escritor que encarnará a su retorno al Perú.

[…]

[Las notas a pie de página han sido omitidas para facilitar la lectura en línea]

 

Julio Isla Jiménez (Lima, 1980). Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha colaborado en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica, publicado en España, y elaborado estudios introductorios de Manfredo de Lord Byron y Antonio y Cleopatra de William Shakespeare. Ha editado y prologado el libro Más allá de los cielos. Antología poética y teatral del poeta peruano Carlos Germán Amézaga. Ha publicado la pieza teatral El sueño de Noé (2015).

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Lucerna No. 6, Reseñas

Reseña de El primer asombro de Denisse Vega Farfán (Lucerna No. 6)

Denisse Vega Farfán - El primer asombro

Denisse Vega Farfán – El primer asombro

EL PRIMER ASOMBRO
Autora: Denisse Vega Farfán
Editorial: Animal de invierno & Paracaídas Editores
Páginas: 85
Año: 2014

Por: Gabriel Canessa

Denisse Vega Farfán (1986) explora la anatomía del poema, rinde un tributo nostálgico con un ansia por el encuentro más allá del tiempo y el cuerpo con artistas que ya han muerto y cuya memoria resuena en los versos de la poeta, recreando pequeñas epifanías en las que la naturaleza confluye con paisajes extranjeros o proyecta un recuerdo ficticio donde el artista camina cual entidad vuelta a la vida en el poema.

Dividido en cinco secciones, El primer asombro inicia con un acercamiento a vuelo de pájaro sobre la constitución del poema: «A lo mejor hay una línea que sobrevuela la muerte / y respira en el poema». En «Manos» prosigue con la búsqueda de la palabra exacta para fijar el verso, donde cuenta «La destreza de detenerse cuando, del otro lado, / algo nos advierte del peligro de seguir acercándonos». Ausculta la cualidad esquiva del verso en «Preguntas por la sed» y «Máquina de coser» y la trascendencia sonora de la poesía en «Oído del poema». En «Justificación del poema», Vega Farfán interpela a la Inspiración. A continuación tiene una «Velada con Li Po» en la que departen sobre el fluir de la poesía, «Te he visto descender las colinas como un búfalo joven / incendiarte en las flores, beber hasta ser la corriente secreta / que arrastra el torrente».  Al final de la primera parte, «Enclave» enuncia la constitución de todo lo que viene «El poema está aquí, tiene forma humana, animal, / de mesa, calle, estrella. Ocupa mi espacio / que ya no es propio. Respira por mí, habla por mí, / en una olvidada lengua por nuestro cansancio. / El poema está listo (…)».

En El oído de los dioses, segunda sección del poemario, Denisse contempla las «fotografías de Georg Trakl» buscando el alma del poeta en los detalles. «Una visita Alejandrina» es un intenso encuentro con Kavafis. Caminamos con Pessoa en «Noche en Lisboa». En «Vincent» el poema en prosa revive la paleta de Van Gogh e «Historia de un Sonido» evoca el destino de Chet Baker unido al de su trompeta. Destaca el encuentro de la voz poética en «Concierto del Ángel». En Paisaje, los poemas surgen de la contemplación de la naturaleza y los objetos (tortuga, cigarras, una pipa de cuerno de Yak y un cuadro de Hopper) en momentos de revelación. Almuerzo sobre la hierba, penúltima sección del poemario, regresa sobre los temas literarios, desde Trakl a Gregorio Samsa. En «De Dónde la fijación de la línea» la poeta persigue el flujo de la pluma que convierte las líneas en letras, las letras en palabras y estas en imagen.

El primer asombro termina con «Recinto» («hasta aquí he venido con la palabra vacía / que soporta el inútil rigor de lo pronunciado»), un lugar de desasosiego –en el que concluye la visita a su memoria y la de sus influencias, los espacios del recuerdo y la génesis del acto poético–, hasta donde su corazón, «un animal de silicio», la ha llevado.

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Lucerna No. 7

Texto desconocido de Vicente Huidobro en Lucerna No. 7

Texto desconocido de Vicente Huidobro en Lucerna No. 7

Texto desconocido de Vicente Huidobro en Lucerna No. 7

La séptima edición de Lucerna trae como rescate literario la publicación facsimilar de «Alegoría de Atahualpa», texto desconocido del poeta chileno Vicente Huidobro, que no se encuentra en ninguna de las recopilaciones ni bibliografías dedicadas a su obra. El hallazgo del texto, realizado por Ricardo Silva-Santisteban, se publica con una presentación del poeta y académico chileno Pedro Lastra y cuenta con la autorización de la Fundación Vicente Huidobro de Chile.

Extracto del texto de presentación.

Alegoría de Atahualpa: un texto desconocido de Vicente Huidobro

Por: Pedro Lastra

Las páginas tituladas “Alegoría de Atahualpa” de Vicente Huidobro no han sido incluidas en las Obras completas, no aparecen mencionadas en sus bibliografías ni tampoco en el libro que reúne los “textos inéditos y dispersos” recopilados por José Alberto de la Fuente en 1993. Se trata, pues, según estas evidencias, de una pieza huidobriana poco o nada conocida, lo que confiere un particular interés de rescate documental a su reproducción en nuestra revista.

[…]

Ricardo Silva-Santisteban encontró este poema alegórico en un número especial de la revista chilena, dedicado en enero de 1935 a la celebración del IV Centenario de la Fundación de Lima. Esto explica tal vez el desconocimiento de estas páginas, porque se puede conjeturar que esa edición de Zig-Zag tuvo una escasa o menor circulación en el país y fue destinada principalmente a los lectores peruanos.

[…]

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Los alimentos terrestres, Lucerna No. 7

La tierra agostada y otros poemas de Thomas Stearns Eliot

La tierra agostada y otros poemas de Thomas Stearns Eliot

La tierra agostada y otros poemas de Thomas Stearns Eliot

Conmemorando los cincuenta años de la muerte de Thomas Stearns Eliot, publicamos como separata del séptimo número de revista Lucerna La tierra agostada y otros poemas , con traducción y presentación de Ricardo Silva-Santisteban. Esta segunda entrega de la colección Los alimentos terrestres, que iniciamos en nuestro quinto número con El caballero avaro de Alexandr Pushkin, se trata de una antología poética que no solo incluye The Waste Land en su integridad o poemas famosos como «La canción de amor de J. Alfred Prufrock» o «La figlia che piange», sino también poemas de juventud, madurez y algunos fragmentos de importancia como Sweeny agonista, los cuales nos permiten hacernos de un amplio panorama de la obra de uno de los poetas capitales de la modernidad poética.

La tierra agostada y otros poemas de T. S. Eliot

La tierra agostada y otros poemas de T. S. Eliot

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Lucerna No. 7, Sumarios

Sumario de Lucerna N°7 (Junio 2015)

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El séptimo número de Lucerna trae como especial la publicación facsimilar de Alegoría de Atahualpa, un texto desconocido del poeta chileno Vicente Huidobro, que no figura en ninguna recopilación de sus obras completas ni en las bibliografías dedicadas a su vasta obra. Este rescate literario viene precedido de una presentación del poeta y académico chileno Pedro Lastra.

En la sección de crítica, se publican artículos sobre Manuel González Prada, el poeta Alejandro Romualdo, un estudio sobre tres naufragios en la literatura colonial, el novelista mexicano Juan Pablo Villalobos y el novelista norteamericano Henry Miller. En la sección de traducción literaria, versiones poéticas de poemas de Louise Glück, William Carlos Williams, Frank O’Hara y un cuento de O. Henry. En creación literaria, poemas de autores diversos y una pieza teatral. Finalmente, reseñas de libros publicados recientemente.

Acompaña a esta edición de Lucerna, La tierra agostada y otros poemas de T. S. Eliot, segunda entrega de la colección Los alimentos terrestres, en traducción de Ricardo Silva-Santisteban. Se trata de una amplia antología que incluye no solo su versión de The Waste Land, sino poemas de diversas etapas de la obra del gran poeta inglés. Este libro-separata se entrega gratuitamente con el séptimo número de Lucerna.

El séptimo número de revista Lucerna ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Lima y está disponible para envíos dentro de Lima y a nivel nacional a través de Serpost. En la siguiente imagen se puede apreciar con más detalle los contenidos de esta edición.

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Lucerna No. 6, Traducciones

William Shakespeare 450 años: 1564-2014 (Lucerna N° 6)

William Shakespeare

[Extracto de la presentación de «William Shakespeare 450 años: 1564-2014», selección de traducciones de sonetos y escenas de Enrique V, Troilo y Cressida, Romeo y Julieta, Hamlet, Macbeth, El rey Lear y La tempestad, por parte de Ricardo Silva-Santisteban, en ocasión de los 450 años del nacimiento de William Shakespeare. Publicado en Lucerna No. 6 (Diciembre 2014)]

Por: Ricardo Silva-Santisteban

Así como decimos que Homero es un poeta, aunque se trate de un narrador, así también decimos que Shakespeare es un poeta aunque se trate de un dramaturgo. No solo porque se exprese en verso. Ya se sabe que puede existir verso sin poesía y que puede existir poesía en prosa. El instrumento utilizado por Shakespeare es el verso, pero hay momentos en que también utiliza la prosa. El artificio y la indudable calidad de su poesía, al igual que la vastedad de su concepción imaginaria y las espléndidas imágenes que colman sus obras ha hecho que se le considere como el más grande y representativo de los poetas ingleses. Sus dramas se encuentran henchidos de poesía. Sin embargo, en un tiempo como el actual que se ha restringido a nombrar como poesía solo a la poesía lírica, esto requiere una explicación.

El teatro de Shakespeare siempre se ha destacado por tratarse de la escritura de dramas poéticos, es decir, representaciones en las que la poesía toma el carácter principal de su creación. Debe tenerse en cuenta, en primer lugar, que sus dramas se escribieron para ser representados y que una obra dramática contiene personajes, argumento, convenciones, vestuario, etc. La expresión dramática es un arte de equilibrio y de ponderación. Es necesario en cualquier drama que la revelación del alma de los personajes se realice a través del desarrollo de la obra y además mantener el interés de una audiencia que sigue las peripecias del argumento. Se comprende cuán difícil es, además, insuflar un drama con una elevada poesía cuando existen tantos requerimientos a observar en una representación teatral. Al tratarse el teatro de la más social de las formas literarias, como bien dice George Steiner, se deduce la existencia de un conjunto educado que puede apreciar este tipo de representaciones. Al construir un drama con los ornamentos del poema, la habilidad del dramaturgo debe ser de un carácter superior. Se sabe que grandes poetas han escrito obras que superan o ignoran las posibilidades de la representación. No es el caso de Shakespeare que en el estilizado escenario del teatro isabelino construyó sus obras respetando, por ejemplo, el principio de la limitación temporal y del espacio de la puesta en escena. Así pudo expandirse en una obra tan larga como Hamlet o de tantos lugares escénicos como Antony and Cleopatra. Con un verso que se fue flexibilizando con el paso del tiempo, Shakespeare pudo dar vida poética a sus dramas con una economía cada vez más admirable. No se trata de momentos poéticos aislados que pueden seleccionarse de sus obras sino de una corriente poética continua que discurre a través de sus versos y de la estructura de las escenas.

[…]

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Artículos, Lucerna No. 6

Los territorios de la lengua poética en el primer Westphalen (Lucerna N°6)

[Extracto del artículo «Los territorios de la lengua poética en el primer Westphalen», publicado en Lucerna No. 6 (Diciembre 2014)]

Por: Ina Salazar

[…]

A diferencia de José María Arguedas y César Moro, Emilio Adolfo Westphalen no es un poeta bilingüe o multilingüe, su idioma de creación fue el castellano, nunca se sintió ni desgarrado ni minusválido en su lengua materna/natural, pero sí sintió la necesidad de una distancia crítica con respecto al castellano como lengua de creación. Admiraba como lo escribió en varias ocasiones a los escritores que manejaban en su creación dos o más lenguas, más precisamente a los muy cercanos Moro y Arguedas, y era consciente también de los desgarramientos que ese estar entre dos lenguas (la dominante y la acallada en el caso del autor de Los ríos profundos) podía ocasionar. Si bien se crió en un hogar donde se hablaba predominantemente español, en éste resonaban otros idiomas, el quechua, idioma de la servidumbre, lengua del otro silenciado, “realidad ofuscante”, como también “(la) pintoresca mezcla de vocablos genoveses, italianos y españoles” de la abuela materna, oriunda de Liguria, y finalmente de vez en cuando el alemán del padre con algún conocido o cliente. En el Colegio Alemán donde cursó estudios, curiosamente encontró más afinidad con el inglés que le dio “acceso a los mundos fascinantes de Dickens o Stevenson” (Westphalen, 1984). La pasión por la literatura fue también lo que lo llevó a aprender solo el francés al sospechar poco fidedignas las traducciones que circulaban. Desde esos primeros tiempos, por consiguiente, como lo dice él mismo, una de sus mayores satisfacciones fue la lectura de autores de habla francesa e inglesa. Esta temprana curiosidad y apertura a la literatura y a la poesía en otras lenguas fue fundamental en la formación del poeta: “en cierta manera podría decir que mi comprobación de las virtudes y deficiencias del español para la trasmisión de unas experiencias especiales que llamaré poéticas, estuvo supeditada al descubrimiento de las posibilidades distintas —acaso a veces adaptables de riqueza expresiva que poseen esos idiomas.” (Westphalen, 1984).

El manejo de otras lenguas forma parte del bagaje cultural del joven Westphalen que a fines de los veinte e inicios de los treinta empieza a escribir y publicar sus primeros poemas. Podemos definir esos años como tiempos formativos que van a desembocar en Las ínsulas extrañas de 1933 y Abolición de la muerte de 1935, dos obras mayores de la poesía peruana contemporánea que proponen una lengua poética de una extraordinaria libertad y un dominio inusitado de los recursos expresivos vanguardistas, una lengua poética que suena totalmente extraña y novadora, pero de otra manera que Trilce, diez años antes. Cuando uno examina los primeros poemas publicados en diversas revistas entre 1929 y 1931 y los compara con el primer libro, Las ínsulas extrañas, constata que la poesía de Westphalen, más que pasar por un proceso de gestación, ha dado un salto cualitativo bastante sorprendente. Los primeros poemas a los que me refiero son textos que nuestro poeta nunca quiso incluir en las diferentes ediciones de su obra poética, considerándolos intentos iniciales sin verdadero valor. Me refiero a “Teoremas”, “Itinerario en forma de caracol”, “Agujas de aire” y “Ascensión” de 1929; “Poema del alba” de 1930, “Romance del Mar del Sur”, “Homenaje a Harry Rigs” y “Poema sin paraguas” de 1931. A la lectura de estos poemas, se constata una clara impronta de José María Eguren en la imaginería del joven poeta, tanto en el lenguaje y las figuras, como en la atmósfera y los temas.

[…]

 

Ina Salazar (Lima, 1959). Reside en París desde 1978, donde cursó estudios de letras modernas y realizó un doctorado con una tesis sobre Emilio Adolfo Westphalen. Se desempeñó entre 1996 y 2010 como profesora de literatura hispanoamericana en la Sorbona y desde 2011 ocupa la cátedra de literatura hispanoamericana de la Universidad de Caen-Basse Normandie. Ha publicado artículos en revistas de Francia, Estados Unidos y el Perú, en torno a la poesía peruana del siglo XX y XXI. Además de traducciones de autores peruanos (Vallejo, Salazar Bondy, Eielson, Moro) ha efectuado traducciones de poesía francesa contemporánea publicadas en revistas especializadas. Como poeta ha publicado El tacto del amor (1978), En tregua con la vida (2002) y En las aguas de la noche (2014).

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