Lucerna N° 12, Reseñas

Reseña de Versión del viaje de Claudia Becerra (Lucerna N°12)

Versión del viaje
Claudia Becerra
Folium
Año: 2018
Páginas: 48

Por: José Miguel Herbozo

La primera entrega de Claudia Becerra Méndez (Puerto Rico, 1990) plantea una convicción que es a la vez razón y estado de ánimo: la idea de que el mundo solo puede conocerse desde la suma y resta de las ‘versiones’ que generamos sobre él. De allí surge el poder significante de un libro que aspira, con modestia sapiente, a transmitir imágenes de la experiencia en la que lo subjetivo permite un acto de conciencia lírica.

Versión del viaje se divide en tres secciones: una primera, que lleva el mismo título que el libro y se compone de dieciocho poemas numerados; una segunda, “Ínsulas de invisible”, compuesta de diez poemas numerados; y una tercera, “Otra vez, el mar”, compuesta de siete. Como puede advertirse en el primer texto, Becerra indaga en el fracaso del aprendizaje al compararlo con las negociaciones de las fuerzas naturales y las invenciones humanas:

No alcanzaste la sabia adivinación de los embarques.
Como ellos, no aprendiste la lección de la cumbre
y del leve hundir de la proa entre oleajes.
Tampoco la rápida adaptación de los mástiles,
el sano juicio, y la trabajada ojera haciendo guardia
a la noche desprendida. Oyes crujir la madera
como una fractura de huesos en desuso.
Arriba la estrella. El ojo en su submundo.
Presientes que no impedirás el naufragio.

Debe advertirse que la medida de lo humano aquí no es ni la experiencia previa ni la tensión presente, sino la forma en que otros seres y objetos negocian situaciones ante las cuales la segunda persona de los poemas fracasa. Este objetivo se logra presentando lo dinámico como clave de la existencia, en contraste con la descomposición y la finitud. Sin embargo, puede advertirse, al contrastar el octavo verso con el resto del poema, que la tensión entre dinamismo vital y finitud de la vida es moderada por objetos y existencias que exceden el accionar subjetivo. Mientras mucha de la poesía del giro subjetivo suscribe la falacia patética como fuente de sentido, aquí la estrella escapa al rango de la acción y el ojo no satisface la pretensión de lucidez. Se dibuja así un cuadro sonoro en el que vivir es negociar el exceso exterior e interior antes de intentar empresa comprensiva alguna.

En el recorrido que propone el libro se advierten variantes de continuidad y expansión de estas premisas: en el segundo poema se busca “tierra firme”; en el tercero, la escritura se plantea como una ocupación para el ordenamiento del mundo. En ambos casos, estos intentos de sistematización terminan en fracaso, revelándose la contradicción que funda tanto la aspiración de estabilidad como la reducción de la escritura poética a forma de escape ante el tedio burgués. Aunque el desarrollo de ambas premisas sería suficiente para considerar correcto un libro de poemas, este libro va más allá al interpretar los estados de crisis como una condición regular.

Un motivo fundante en Versión del viaje se manifiesta en la tensión dinámica que se establece entre el mar y la segunda persona. En cierta medida, la indagación que presenta la voz responde a la interacción entre el mar y otros elementos, así como al vínculo con formas o experiencias vinculadas al agua, como es el caso de la sed, el sudor, la niebla o el deseo. En ese sentido, los poemas 4 a 7, 10, 11, y 16 a 18 confirman una cadena de frustraciones que inicia con los efectos del mar, pero que se extiende con variaciones hacia los actos en curso:

Quisieras acudir al mar
con el corazón inconsciente,
sin la cobardía a destiempo
del converso. Tarareas un canto
que tapice el curso de la ola tras la ola.
El cielo monologa de cara al mar.
Miras al fondo, pero no hay sombra debajo
que te acoja. Estás en medio de la coronación.
El sol hace su proclama, hierve su discurso
sobre tus hombros amonestados.
¿Hacia dónde te exime el extravío?
¿En dónde la pasión lenitiva?

Ante ellos, la voluntad de interpretación se frustra por la imposibilidad de sistematizar o producir beneficio desde lo otro. Más que superar la falaz dicotomía razón – emoción, los poemas dramatizan cómo la agudeza de la razón normalizada fracasa en producir razón. Del mismo modo, los poemas 10, 16 y 18 expresan los riesgos del exceso emocional cuando asumido como estrategia de composición. En ese aspecto, Versión del viaje es un libro restitutivo, pues iguala las aspiraciones racional y emocional en cuanto a su ineficacia compartida.

Las secciones restantes del libro responden en gran medida a las observaciones anteriores. “Ínsulas de invisible” explicita la afinidad de intereses con los de Blanca Varela e Ida Vitale, los diez poemas de la sección plantean, en clave reflexiva, un monólogo sobre el sentido de la empresa de la escritura y el de la existencia también trabado en función del agua como significante decisivo. Por su parte, “Otra vez el mar” cierra el libro con siete variaciones tituladas en torno al mar, en las que Becerra ensaya algunas variaciones al fraseo en verso libre de las secciones anteriores, pues los poemas finales muestran voces ahora  enfocadas en referencias literarias y familiares. Un epígrafe de Juan Ramón Jiménez destaca la distancia entre la interpretación emocional del mar y su existencia, así como la fallida aspiración coercitiva de las operaciones racionales. Ello ocurre en los notables poemas “Variaciones del mar” o “Coloquio sobre el espíritu-isla”, en los que la obstinación permite efectos humorísticos surgidos de la misma distancia irónica antes abordada con seriedad. Ese cambio de tono deriva en la reminiscencia de diálogo en “El mar y tu”, en el que el reposo ante el mar revela la fugacidad de la conciencia y la existencia. Por lo anterior, Versión del viaje me parece una aparición destacable tanto por plasticidad visual y prosódica de sus imágenes como por su madurez reflexiva.

 

José Miguel Herbozo (Lima, 1984). Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es doctor en literatura latinoamericana por University of Colorado-Boulder y profesor visitante en Colorado College. Ha publicado la plaqueta Acto de Rito (2003) y los poemarios Catedral (2005), Los ríos en invierno (Premio Nacional PUCP de Poesía, 2007), El fin de todas las cosas (2014) y Las ilusiones (2019).

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Artículos, Lucerna N° 12

Exponiendo los puntos ciegos: la imaginación narrativa y el pensamiento crítico en Puñales escondidos de Pilar Dughi (Lucerna N°12)

Exponiendo los puntos ciegos: la imaginación narrativa y el pensamiento crítico en Puñales escondidos de Pilar Dughi.

Estudio: Carlos Salinas Melchor

[Extracto]

[…]

«Partiendo de lo señalado, en este trabajo quiero proponer una lectura de Puñales escondidos que active la imaginación narrativa y el pensamiento crítico de los lectores y los lleve a reflexionar sobre ciertos puntos ciegos de la sociedad, que la novela permite vislumbrar desde una mirada atenta.

Cuando se me planteó analizar esta novela, al principio pensé en trabajar su relación con la novela policial. Sin embargo, cuanto más profundizaba en su lectura, más notaba que la historia de la señorita Fina y el misterio de los robos a los clientes del banco eran un marco en el que se invita al lector a analizar los cambios de una mujer. De manera más concreta, propongo que la novela permite que el lector, a través de su compenetración con la vida de la protagonista, deconstruya y complejice una etiqueta con la que se sanciona a las mujeres: la de amante. A su vez, también quiero centrar la mirada en cómo la novela expone y representa a la literatura, concretamente a la novela, como un impulso transformador capaz de movilizar a las personas hacia un cambio en sus vidas.

La novela empieza exponiendo una sensación de angustia que envuelve a la protagonista:

«En otros países las operaciones se realizan inmediatamente y en simultáneo, porque están conectadas a través de las máquinas. Todas las agencias. Todos los empleados. Al principio no pudo imaginarse como podría ser aquello. Luego llegaron las computadoras, reemplazaron a las máquinas de escribir y a las calculadoras manuales. Sobre todo aquellos que se resistían a las novedades del nuevo sistema de informática.»

El cambio generacional produce una presión muy marcada que ataca directamente a la protagonista. Ella está frente a un mundo de cambios impensables que le resulta inimaginable, y que ha dejado fuera a casi todos sus contemporáneos, lo que aumenta su situación de soledad. Su generación se siente desfasada e incapaz de adecuarse o comprender los cambios. No obstante, la señorita Fina se ha resistido a ellos: “Pudo haberse jubilado antes, pero la inercia, y el placer que le producía aprender, la hizo actualizarse y competir con los nuevos empleados”. De esta forma, poco a poco, la novela empieza a introducir a sus lectores a una percepción particular del mundo.

Los cambios no se presentan solo desde lo laboral, ya que estos se exponen a través de cómo es percibido y presentado el espacio: “Miraflores ya no era esa pequeña ciudad tranquila de amplias residencias y grandes parques, donde la gente paseaba por las tardes rodeando los malecones sobre los acantilados. En las calles antiguamente silenciosas, ahora se producían embotellamientos de vehículos, porque las pistas ya no se abastecían para el flujo de la población”. El silencio ha sido quebrado por los embotellamientos, la tranquilidad por el flujo de la población. Los cambios no son vistos positivamente y la señorita Fina se siente atrapada, estática, frente a esta situación: “Se asomó por la ventana de su dormitorio. El malecón estaba a una cuadra de distancia y detrás de él, el mar. Era el mismo paisaje que veía desde que era pequeña. El mismo dormitorio. Nunca se había mudado. ¿Moriré también aquí?, se dijo”. Hay, entonces, una acercamiento hacia una subjetividad que confronta con inquietud su inamovilidad con el conjunto de cambios que la rodean e increpan. Ella es un remanente de un pasado que ha sido dejado de lado por el cambio; todo cambia menos ella. Trabajar en un banco no detenta ni poder ni goce cuando todo está cambiando. Una vista hacia el mar no es hermosa ni lleva hacia una reflexión plácida de la naturaleza o la vida; por el contrario, la lleva a reflexionar sobre la impasibilidad de su vida y la muerte, pero no desde una posición satisfactoria, sino como una consecuencia intrascendente de una vida estática.»

[…]

Carlos Salinas Melchor (Lima, 1989). Magíster en Literatura Hispanoamericana y licenciado en Lingüística y Literatura con mención en Literatura Hispánica por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su interés en el campo de la investigación se centra en la teoría literaria, y en la narrativa hispanoamericana y, sobre todo, peruana. Específicamente, se enfoca en analizar el ámbito teórico de la autoficción y sus características particulares en la narrativa peruana. Candidato a doctor en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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Artículos, Lucerna N° 12

Ruptura de la tradición: el papel de las jóvenes japonesas de la posguerra en tres películas de Yasujirõ Ozu (Lucerna N°12)

Ruptura de la tradición: el papel de las jóvenes japonesas de la posguerra en tres películas de Yasujirõ Ozu.

Estudio: Talía Vidal

[Extracto]

La unión matrimonial en Japón antes de la Segunda Guerra Mundial se regía por la tradición del omiai que consiste en elegir una pareja con la ayuda de un tercero con base en criterios económicos, sociales y familiares. Sin embargo, el contexto del Japón de la posguerra permitió la popularidad del matrimonio por amor: una nueva actitud de la generación menor liderada por las jóvenes urbanas que reside en un cambio de criterio al seleccionar una pareja con base en un juicio personal y sentimental. A partir de ese momento, el ideal de la “pareja perfecta” varía y provoca una tensión dentro del hogar japonés donde la generación mayor, guiada por valores tradicionales, muestra reticencia ante esta nueva actitud de las más jóvenes de la familia, inspirada por los nuevos valores estadounidenses que llegaron al país tras la derrota en la guerra. En este panorama surge la figura del cineasta Yasujirō Ozu (1903-1963) y su impecable radiografía del hogar japonés de la posguerra. Tal fue su logro que el mismo público nipón y la crítica lo consagró como “el más japonés de los directores japoneses”, título que sigue vigente hasta la actualidad a 56 años de su fallecimiento. Su filmografía cuenta con una serie de películas donde el personaje principal es justamente una de estas jóvenes en pleno proceso de ruptura del omiai dentro del seno familiar como fiel retrato de la época. Además, propone una evolución del mundo interior de este personaje femenino, que coincide cronológicamente con su filmografía. Esto se puede evidenciar en tres films: El comienzo del verano de 1951, El sabor del té verde con arroz de 1952 y Flores de equinoccio de 1958. A continuación los detalles.

La tradición del omiai
El omiai es una antigua práctica japonesa que consiste en introducir a dos jóvenes para concretar un posible futuro matrimonio usualmente bajo la influencia familiar. Por eso en varios casos la futura pareja se consolida entre hijos de amigos de la familia o hijos de personas con las que se hacen negocios. Por otro lado, también la iniciativa nace de los padres cuyos hijos aún no muestran signos de querer buscar una pareja por cuenta propia y que además se encuentran en el rango de edad establecido culturalmente para casarse (entre 22 y 30 años). La primera parte del proceso radica en elaborar un perfil personal con una fotografía adjunta llamada tsurigaki, la cual es entregada a una tercera persona (nakōdo) quien se encarga de buscar a un candidato o candidata compatible. Si ambas partes están interesadas en el perfil del otro se pacta una primera cita formal donde los jóvenes, en primera instancia, son acompañados por los padres y luego proceden a pasear a solas para conversar con mayor privacidad. En el caso de que todo vaya según lo esperado, se seguirán viendo un par de veces más hasta concretar el miai-gekkon (matrimonio por omiai). Pero si no son compatibles, los propios jóvenes optan por terminar rápidamente el ritual de citas arregladas, aunque la presión familiar a lo largo de los siglos ha ejercido una influencia vital en la decisión final.

El origen de esta práctica se remonta a finales del siglo XII con el ascenso de la clase samurái al poder con el fin de formar alianzas políticas y militares a través del matrimonio. Posteriormente, hacia el siglo XVII en el periodo Edo, el omiai se extiende a todas las clases sociales manteniendo criterios fundamentales de selección como son la posición económica privilegiada del pretendiente o su pureza familiar. Este último punto está relacionado con los burakumin: un grupo social marginado hasta la actualidad por ser herederos de la “contaminación espiritual” de sus antepasados según los conceptos de pureza del sintoísmo y budismo. Ellos son considerados “impuros” porque sus familiares realizaron trabajos relacionados con elementos como sangre y muerte (un ejemplo son los carniceros o las labores funerarias). De esta manera, un matrimonio puede no concretarse si en el registro familiar (koseki) aparece esta mácula burakumin en la ascendencia familiar. Actualmente este registro ha sido legalmente prohibido por su carácter discriminatorio, pero sigue usándose sobre todo por familias adineradas. Además, en una de las películas, este tema es mencionado de una manera muy sutil, con lo cual demuestra su vigencia e importancia.

[…]

Talía Vidal (Lima, 1989). Realiza estudios en Historia del Arte en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Forma parte de Lámpara de papel, grupo de gestión de proyectos culturales asiáticos. También es miembro de la Red Iberoamericana de Investigadores en Anime y Manga y del equipo de redacción de la revista Sugoi. En 2014 co-dirigió Cineclub Pasajero, el cual se dedicó a la difusión de animación y terror japonés y ganó una beca de estudios en Carleton College de Estados Unidos donde llevó cursos como Literatura Moderna Japonesa y Manga. En el 2018 dictó un taller sobre la filmografía de Akira Kurosawa en el colegio Los Reyes Rojos.

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Lucerna N° 12, Poesía, Traducciones

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald (Lucerna N° 12)

Schullatein: la poesía temprana de W. G. Sebald. Traducción y presentación de Sara Martínez Navarro

[Extractos del texto de presentación]

«La aclamada y compleja obra de W. G. Sebald (1944-2001) sigue motivando, dieciocho años después de su muerte, la aparición de numerosos estudios críticos que se aproximan a ella desde diferentes puntos de vista. Así, al precursor volumen de McCulloh Understanding W.G. Sebald, publicado solo dos años después de la prematura muerte del escritor alemán, se han ido sumando importantes aportaciones como la de Anne Fuchs en 2004 o la compilación de artículos en torno a diferentes aspectos de su obra realizada por Denham (et al.) en 2006. La inmensa mayoría de estas aproximaciones tienen como objeto el análisis de la narrativa de Sebald, pero son muy pocos los estudios que se han ocupado de su poesía.

[…]

Los poemas de “Schullatein” se encuentran en el W.G. Sebald Archive, en el Deutsches Literaturarchiv de Marbach, junto con otras dos colecciones de poemas: “Über das Land un das Wasser”, que da nombre a la antología publicada en 2008, y “Das vorvergange Jahr”. La selección de los textos traducidos se basa en la edición alemana de 2008 y se ha respetado la puntuación del original, así como el uso de las mayúsculas y minúsculas.»

 

Sara Martínez Navarro (Cartagena, España, 1981). Sus poemas han sido publicados en revistas en español, inglés y alemán. Ha recibido varios premios de poesía, siendo los más recientes la Primera Mención de Honor del premio Letras de Iberoamérica 2019 y el Premio Nacional de Esdrújula Ediciones. Su quinto poemario Feliz solo en las ruinas se publicará a finales de este año. Como traductora de poesía ha publicado traducciones del griego clásico, del latín, del griego moderno, del inglés y del alemán. Es co-editora fundadora de las revistas de poesía América Invertida (EEUU) y Cadaverso (España). Enseña griego y latín y actualmente reside en Nueva York.

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Lucerna N° 12, Traducciones

Cuatro fragmentos de Errantes de Olga Tokarczuk (Lucerna N° 12)

Cuatro fragmentos de Errantes de Olga Tokarczuk. Traducción y presentación de Miluska Benavides

[Extractos del texto de presentación]

«El Premio Nobel de 2018 —entregado este año— se otorgó a la escritora polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) como parte de la consolidación internacional de su obra. En Polonia, su obra ya contaba con respaldo de lectores y crítica; en habla inglesa, ganó circulación por la premiación de Bieguni (Errantes) con el Man Booker de 2018 que compartió con su traductora al inglés, Jennifer Croft. En español, Siruela, con la visión con la que antes tradujera a la Nobel Herta Müller, publicó Sobre los huesos de los muertos (2001), traducción de Abel Murcia, y en Lumen apareció Un lugar llamado Antaño (2001) traducido por Ester Rabasco y Bogumila Wyrzykowska. Anagrama encargó la traducción de Errantes a Agata Orzeszek, de inminente aparición.

[…]

Esta breve selección combina ficción y ensayos-tipo que son el tenor del libro. Para su traducción he seguido la versión en inglés de Flights (Bieguni), de Jennifer Croft (Fitzcarraldo Editions, 2017), que he cotejado con la versión en francés de Grazyna Erhard (Noir sur Blanc, 2014). «Aquí estoy» abre la novela y se emparenta con «Świebodzin» en que ambas prosas apelan al recuerdo primordial y las sensaciones. «Wikipedia» expone la necesidad/imposibilidad de adentrarse a través del lenguaje a lo indecible, y la carta de Joséphine Soliman es la voz de una historia invisible».

 

Miluska Benavides (Lima, 1986). Narradora y traductora. Ha publicado la traducción de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (Academia Peruana de la Lengua, 2017) y el libro de cuentos La caza espiritual (Celacanto, 2015). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder y docente de la carrera de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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Lucerna N° 12, Reseñas

Reseña de Ensayos y poesías de Manuel González Prada

Ensayos y poesías
Manuel González Prada
(Edición de Isabelle Tauzin-Castellanos)
Ediciones Cátedra
Año: 2019
Páginas: 563

Por: Julio Isla Jiménez

En 1908, en una velada de homenaje a González Prada (1844-1918) por la publicación de Horas de lucha, Glicerio Tassara, editor del folleto que reunió los discursos leídos aquella noche, comentó: «se [ha] hecho profundo silencio alrededor de este hermoso libro de propaganda y ataque, que condena y suscita. Pero ese mismo silencio es la mejor corroboración de las acusaciones de Prada; es la aprobación tácita que los cobardes y delincuentes acuerdan a su libro». ¿No podría decirse otro tanto del manto de silencio que, desde los sectores oficiales, parece haberse tendido sobre la obra y figura del autor de Pájinas libres en el año del centenario de su muerte? Y es que ¿con qué otra cosa que el silencio podría el poder intentar responder a aquel que fue su más tenaz acusador? Un silencio que, afortunadamente, no fue total, pues no faltaron homenajes, exposiciones y publicaciones que recordaron la vigencia de su obra.

Una de las publicaciones que vino a compensar este silencio, se dio un año después del centenario de su muerte, este 2019. Se trata de Ensayos y poesías, una amplia antología de su obra en prosa y verso, editada por la peruanista francesa Isabelle Tauzin-Castellanos, y publicada en la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra. Antes de ponderar las virtudes de esta edición, es necesario hacer un breve recuento de las ediciones de sus obras publicadas fuera del Perú. Esta historia editorial empieza precisamente en el extranjero, con la publicación de Pájinas libres (1894) en París. De hecho, casi la totalidad de su obra inédita, en verso y prosa, se publicó de manera póstuma fuera del país, ya sea en Chile, Argentina, México o, nuevamente, en Francia. En el caso de España, a diferencia de otros países que se mostraron más receptivos con sus escritos, son contadas las ediciones de sus obras. De los ensayos, la segunda edición de Pájinas libres se publicó en Madrid, en 1915, la segunda de Anarquía en Barcelona, en 1938; de la poesía, una edición de Baladas peruanas se publicó en Sevilla, en 2009. España parece haber sido un destino esquivo a la recepción de sus obras, algo que podría deberse a su enérgico –y en ocasiones virulento– llamado a liberar la literatura peruana de toda influencia española. Sea como fuere, esta nueva edición, en uno de los sellos españoles de mayor alcance y prestigio en el mundo de habla hispana, viene a llenar este vacío editorial.

La edición de Isabelle Tauzin, una de las más renombradas estudiosas de González Prada, a quien debemos algunas ediciones de sus obras como Textos inéditos (2001), Baladas (2004) y Ensayos (1885-1916) (2009), se caracteriza por su gran rigor filológico. La sección de ensayos empieza con «Grau» que, además de ser uno de los más notables de la historia de la literatura peruana, marca el inicio de la vida pública de Prada, y concluye con el artículo «La Anarquía» de 1916. Para la fijación de los textos de los ensayos de Pájinas libres, toma en cuenta las numerosas correcciones, supresiones, añadidos y apostillas que el propio González Prada, insatisfecho con la primera edición francesa, realizó de forma manuscrita en un ejemplar de esta y que fueron incorporadas por Luis Alberto Sánchez en su edición de 1946. Esto se puede apreciar con más nitidez en «Notas acerca del idioma», en cuyas notas a pie de página la editora da cuenta de las anotaciones marginales, apostillas y supresiones manuscritas realizadas por el autor. Para ilustrar lo intensa que fue la refundición de este texto, se incluye la reproducción facsimilar de una de sus páginas, llena de tachaduras. Similar acercamiento se da en los demás libros de ensayos.
En cuanto a la poesía, la obra poética mejor representada en esta selección son las Baladas peruanas con 17 de ellas, sin contar las 6 de tema diverso. Un acierto, pues para muchos estudiosos de la poesía de González Prada, entre ellos Américo Ferrari, las baladas constituyen la parcela de su obra poética que mejor ha resistido el paso del tiempo. El establecimiento de los textos poéticos no cede en rigor al de los ensayísticos. Para fijar, por ejemplo, el de las cuatro letrillas seleccionadas, la editora ha cotejado la primera edición publicada por Sánchez en 1975 con los cuadernos manuscritos de MGP en la Biblioteca Nacional, presentando algunas variantes realizadas a lápiz por Prada.

Además del rigor filológico, otras virtudes de esta edición son su minucioso prólogo, bibliografía selecta y, algo que caracteriza a las ediciones de Cátedra, una nutrida provisión de notas a pie de página, 530, que gracias a su pertinencia no sobrecargan el texto y, por el contrario, ofrecen al lector un caudal de información acerca de libros, autores y personajes que el paso del tiempo puede haber convertido en lejanos o extraños para un lector contemporáneo. En suma, con la inclusión de González Prada en la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra, no solo se compensa el relativo silencio con que se acogió el centenario de su muerte, sino que se hace justicia a uno de los autores que inició la modernidad en las letras peruanas, precisamente en el país que durante tanto tiempo le fue editorialmente esquivo, con una edición ejemplar a la altura de su obra. Aunque Prada se hubiera sentido muy a gusto con el silencio oficial, sus lectores y admiradores no podemos dejar de celebrar una edición como esta.

 

Julio Isla Jiménez (Lima, 1980). Magíster en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha colaborado en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica, publicado en España, y elaborado estudios introductorios de Manfredo de Lord Byron y Antonio y Cleopatra de William Shakespeare. Ha publicado la pieza teatral El sueño de Noé (2015). Dirige el sello Alastor Editores.

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Lucerna N° 12, Reseñas

Reseña de Resina de Richard Parra (Lucerna N° 12)

RESINA
Richard Parra
Seix Barral
Año: 2019
Páginas: 183

Por: Miluska Benavides

Con la publicación de la novela Los niños muertos (2016), que recibió una atención seria tanto de crítica en España y Perú, y en especial por la atención de los lectores, la obra del escritor peruano Richard Parra (1976) se consolida por un universo y cuestiones propios. A diferencia del grueso de narrativa peruana contemporánea que tiende a la monologización, a una perspectiva normalizada y normalizante, Los niños muertos aspira a la creación de una versión polifónica, una ambición no ajena a la tradición de la narrativa moderna peruana. Así, la violencia fundante de Lima, los vínculos entre esta gigantesca urbe con otras zonas, hitos y periodos de la historia del país, se tejen en los libros de Parra bajo la forma de un continuum de voces. En su primer libro, Contemplación del abismo (2010) se delinean preocupaciones de una literatura que revela la razón colonial que anima nuestra sociabilidad, como los cuentos del libro que crean un puente entre la colonia y décadas de violencia política. Asimismo, las voces alternan para contar historias propias, y/o las de otros; voces cotidianas que aparecen como revés de la razón, la insanía, las motivaciones de la infamia, que, como bien sabía Borges, sabe a triunfo heroico tantas veces. Aparecidos en 2014, La pasión de Enrique Lynch y Necrofucker dramatizan el revés de la ley para mostrar el núcleo humano. Hago énfasis en el verbo dramatizar porque en la narrativa de Parra la oralidad cumple la función de hacer los personajes y el relato; no solo se presenta textos que se “fingen orales”, sino se registra con soltura los ecos y capas de la ciudad como voces. Este rasgo es característico de su obra, así como la atomización de experiencias o unidades en fragmentos; usos de una imaginación escénica que compone sus ficciones, y que se ha convertido en molde textual en los cuentos de su último libro, Resina (2019).

El vértigo de Resina se impone por sobre las esperanzas de los habitantes de este mundo, visión de una “demolición” —tal como señalaba con acierto sobre su obra la escritora española Marta Sanz. No pocas veces lo que se denomina una obra son versiones/variaciones de un mismo motivo o una sola obsesión, y en el caso de Parra, vemos que sus obsesiones son las modalidades de la infamia, la inquina humana acompañada de lo lúdico y carnavalesco —en su sentido de ser el “revés”—; posiciones en que nos encontramos a diario, y senderos por los que transitamos. A diferencia de Contemplación…, en que se trataba de un primer libro donde se presentan múltiples posibilidades narrativas, Resina consolida una estructura “atomizada” de los relatos. El motivo resina es el hilo conductor de cuentos compuestos por momentos o historias que parecen haber sido suturadas: cada relato comprende retazos, fragmentos y hasta despojos, tanto a nivel de composición como de trama. No hay lugar para el reciclaje ni la redención. En Resina es posible suceder en un vértigo de las circunstancias y la violencia cuyo único cese ocurre en el golpe de la muerte, como les sucede a los protagonistas de “Chevy del 64” o “En el río culebra” que encuentran un cauce en la violencia, que es junto con la muerte, una de las grandes presencias del libro, el cese de la existencia. Este es un recurso de Resina que hace posible el cierre de los relatos y corta el flujo de la violencia, sin que este procedimiento sostenga la ilusión de que la violencia pueda extinguirse. Incluso los momentos más hilarantes del libro se pueden asociar a la acción de recomponer o suturar, como en “Royal Burger” en que su protagonista recompone una noche—y su cuerpo— después de una larga conversación y posterior caída por una borrachera, o las voces de las narradoras de “Camposanto” y “Maz Nah” que atan sus voces a recuerdos —casi biografías—y a sus deseos; personajes que parecen experimentar no una sino muchas vidas. Estos relatos reportan el genio de la improvisación y particularidad de nuestra modernidad; articulan una sucesión de voces, opiniones, juicios, reclamos, errores de sujetos puestos en jaque. La respuesta del escritor dista de imponer una sola lógica o acomodar “lo desacomodado”, su función es mutar en una caja de resonancia de la ciudad a la que —salvo el último cine joven— poco se acostumbra a escuchar; porque estas voces pueden —a oyente distraído o poco acostumbrado a su vértigo y sus habitantes— sonar como chirrido en el espíritu. Por ello quien quiera buscar lo hoy bello-inútil —celebrada prosa del belleletrismo nacional— deberá buscar por otro lado. Quien abra Resina olvídese al confort de los cristianos relatos de reconciliación, o las edificantes sagas y recuerdos de héroes familiares. Parra ha traído de vuelta a la narrativa peruana lo que se esconde del ornamento y el optimismo Marca Perú; sus libros liberan los murmullos acallados de la violencia, los secretos que se susurran en las familias, el caos que ha definido nuestra experiencia nacional, las risas y entramados de las reuniones familiares y de amigos y enemigos, y conversaciones en la soledad, de a dos o grupales, en las esquinas pocos iluminadas, en la penumbra y en la soledad, en sobriedad, alucinación o borrachera; los deseos y sueños que nos han prohibido recordar en voz alta.

 

Miluska Benavides (Lima, 1986). Narradora y traductora. Ha publicado la traducción de Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012), el estudio Naturaleza de la prosa de José María Eguren (Academia Peruana de la Lengua, 2017) y el libro de cuentos La caza espiritual (Celacanto, 2015). Es doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Colorado Boulder y docente de la carrera de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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Lucerna N° 12, Traducciones

«Vertumnus», un poema de Joseph Brodsky (Lucerna N°12)

«Vertumnus», un poema de Joseph Brodsky. Traducción y presentación de José Miguel Herbozo

[Extracto del texto de presentación]

«La obra de Joseph Brodsky (Leningrado 1940-New York 1996) forma parte de dos de los cánones literarios más robustos del planeta: el ruso y el norteamericano. Galardonado con el premio Nobel en 1987, y nombrado Poeta Laureado de los Estados Unidos entre 1991 y 1992, Brodsky tuvo una carrera marcada por periodos de extrema dificultad y tranquilidad. Tras abandonar la educación pública a los 15 años, aprender por propia cuenta polaco e inglés, y servir por año y medio en un campo de concentración, Brodsky se exilia en 1972 a los Estados Unidos.

[…]

La concesión del premio Nobel en 1987 cierra un ciclo de rumores sobre su posible atribución que se iniciaron esa misma década, cuando el poeta ya había consolidado una obra en lengua inglesa, se encontraba establecido en Nueva York y era un nombre mayor en dos cánones literarios distintos. Una mañana de fines de enero de 1996, Brodsky es encontrado muerto por su esposa en su estudio, en el que se había recluido a trabajar la noche anterior. “Vertumnus” forma parte de So Forth, publicado ese mismo año.»

 

[Inicio del poema]

Vertumnus

En recuerdo de Giovanni Buttafava

I

Te encontré por primera vez en latitudes que dirías extranjeras.
Tus pies nunca desordenaron la gravilla; tu fama, sin embargo, había llegado a regiones
donde usualmente imaginan el fruto sin cáscara.
Arrodillada buscaste entre la nieve: blanca, además desnuda
en compañía de árboles deshojados de una sola rama,
en tu condición parcial de experta
en bajas temperaturas. “Deidad romana”
anunciaba un cartel bastante borroso,
y para mí eras una deidad, pues sabías
mucho más del pasado que yo (el futuro
para mí en esos días tenía poca importancia).
Por otra parte, mejillas de manzana y cabello
ondulado, podrías bien haber sido mi compañera; y aunque no sabías una palabra
del dialecto local, de cualquier forma llegamos a hablar.
Primero hablaba yo. Algo sobre Pomona,
nuestros torpes ríos sin sentido, el obstinado y fétido clima,
la ausencia de vegetales y dinero, lecciones esquivas
sobre las cosas, pensaba, debía estar entre tus preferencias
y si no en su esencia, en su tono compartido
de lamento. Poco a poco (el lamento es la lengua
universal de todos; en el principio
hubo un “auch” o un “ay”) comenzaste a responder: a pestañear,
a parpadear, a fruncir tu ceja; luego la parte baja de tu rostro
como que se derritió, y tus labios comenzaron a moverse.
“Vertumnus”, dijiste finalmente. “Me llamo Vertumnus”.

 

 

José Miguel Herbozo (Lima, 1984). Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es doctor en literatura latinoamericana por University of Colorado-Boulder y profesor visitante en Colorado College. Ha publicado la plaqueta Acto de Rito (2003) y los poemarios Catedral (2005), Los ríos en invierno (Premio Nacional PUCP de Poesía, 2007), El fin de todas las cosas (2014) y Las ilusiones (2019).

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Editoriales, Lucerna N° 12

Editorial de Lucerna N° 12

Los esfuerzos por crear una literatura realmente original, independiente y relevante se ven cada día más amenazados por la omnipresencia de monopolios editoriales que tienden a homogeneizar la creación y a invisibilizar toda voz que no encaje en sus parámetros comerciales. Si estamos de acuerdo con que los monopolios de los servicios de salud y otros servicios básicos son perniciosos, porque la falta de libre competencia deja al usuario a merced de las corporaciones; si, peor aún, en muchos países se encuentran prohibidos por ley, ¿por qué aceptamos tan pasivamente la omnímoda presencia de monopolios editoriales? ¿Por qué en el campo literario la falta de libre competencia y de pluralidad sí tiene que ser tolerada? ¿O es que la literatura se ha vuelto algo tan irrelevante que su futuro podemos dejarlo tranquilamente en manos de ejecutivos para quienes no es sino un factor más en el cálculo de sus ganancias anuales? Para quienes todavía creemos que la literatura es un acto de creación artística y vital, irreductible a cifras y proyecciones, ningún monopolio editorial puede ser algo sano, ni tenemos que resignarnos a él como inevitable.

Como revista literaria, si queremos tomar en serio nuestro papel de editores y difusores de creación literaria, debemos resistir al poder homogeneizador de los monopolios editoriales, y ello no solo es posible: es necesario y urgente si queremos preservar la diversidad literaria de nuestro país. Para lograrlo debemos empezar por considerar nuestros actos de creación como actos de resistencia. Y no nos referimos únicamente a resistir los múltiples condicionamientos que amenazan cualquier proceso creativo, sino a una resistencia que es constitutiva al acto de crear. El filósofo italiano Giorgio Agamben señala que todo auténtico proceso creativo se encuentra «suspendido entre dos impulsos contradictorios: impulso y resistencia, inspiración y crítica. Y esta contradicción recorre todo acto poético, desde el momento en que ya el hábito contradice de alguna forma la inspiración […] que por definición no puede ser dominada por el hábito». Agamben llama a esta resistencia inherente al acto de creación la «poética de la inoperosidad», que consiste en la desactivación de las funciones utilitarias de las acciones humanas para liberar a quien las realiza de cualquier determinación o destino biológico o social y ponerlo en disposición de realizar todas las posibilidades que se le abren. Agamben ve a la poesía como «el modelo por excelencia de la operación que consiste en volver inoperosas todas las obras humanas», pues es «una operación en el lenguaje que desactiva […] las funciones comunicativas e informativas para abrirlas a un nuevo, posible uso». Un ejemplo del potencial liberador del que es capaz la inoperosidad de la poesía lo encontramos en los infinitos caminos que Trilce abrió para la lengua española, al no agotarse en la mera praxis poética, ni limitar esta al campo que le ofrecían la lengua y la poesía de su tiempo. Un acto de creación que se lanza a la exploración de lo desconocido como hizo Trilce en su momento –y lo sigue haciendo hoy–, siempre será algo irreductible, inasimilable, a cualquier intento de estandarización.

Frente a la presencia totalizadora de los monopolios editoriales, es necesario mantener intacto todo el potencial de inoperosidad de la creación poética y literaria para rescatarlos de su mecanización y de la producción en serie dictada por imperativos comerciales extrartísticos. Al negarnos a que el paso de la potencia al acto sea mero trámite, la creación no se fosiliza en hábito, el ser humano no se reduce a simple productor, ni, por lo tanto, sus creaciones a meras mercancías. Por paradójico que pueda parecer, solo cuando el artista conserva su impotencia y su resistencia a crear, mantiene su autonomía e integridad artísticas y ya no pesan sobre él los mandatos de ninguna ideología de la productividad. Resistámonos, pues, a crear, editar y publicar bajo la lógica impersonal de los actuales monopolios editoriales y liberemos para nosotros y para los demás, las infinitas posibilidades de la creación humana.

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Lucerna N° 12, Poesía

Porque te han muerto. Dos poemas de César Calvo a Javier Heraud (Lucerna N°12)

[En la sección de rescate literario de Lucerna N°12, reproducimos de manera facsimilar dos poemas de César Calvo dedicados a Javier Heraud, uno de ellos inédito hasta esta edición. El rescate y la presentación están a cargo de Manuel Barrós, estudioso de la obra de Calvo.]

[Extracto del texto de presentación]

[…]

Para César Calvo (Lima, 1940), gran amigo de Javier, su muerte fue más que un dolor pasajero: se erigió como una pregunta intermitente que hizo acto de presencia en distintos momentos de su producción artística. César fue una de las personas más cercanas a Javier y compartió con él importantes experiencias de vida: recitales y caminatas con amigos en común; el entusiasmo por la Revolución Cubana y por el ELN; el primer puesto en el concurso Poeta Joven del Perú de 1960 y un poemario al alimón, Escrito a dos voces (1961). Por eso, como ejemplo es muy elocuente la emotiva honestidad con la que César compuso y grabó para su amigo la canción “Para un gorrión caído”, que pertenece a Poemas y canciones (1967). Con esa misma desnudez, pero a muy poco de la muerte de Javier, los dos poemas que aquí se dan a conocer registran las primeras manifestaciones del mismo pesar.

Estos dos poemas, fechados en 1963, muestran dos momentos del duelo de César por la muerte de Javier. El primero, en verso y de mayo mismo, se presenta como una letanía marcada por la intensidad del lenguaje. En parte por la proximidad de la noticia. En parte por la urgencia con la que la escritura documenta un primer y doloroso desahogo. A su vez, el segundo poema —en prosa— muestra una laboriosa calma y la estoica quietud de quien rememora al amigo asesinado. Al estar fechado en agosto, es significativo que presente una serenidad que contrasta con el primer poema. Y en conjunto, ambos dejan entrever el estilo de Calvo a los veintitrés años: entre otros rasgos, el relieve personal de lenguaje, la influencia de Vallejo, los sentimientos del tiempo y de la justicia social.

[…]

Manuel Barrós (Lima, 1993). Sociólogo, traductor, investigador y editor. Se licenció en sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú con la tesis La trayectoria artística de Perú Negro: la historia, el teatro y lo afroperuano en su periodo fundacional (1969-1975). Desde 2016, es coeditor de la revista literaria Diente de león. Ha participado en eventos académicos y literarios en Argentina, Brasil y Chile. Ha publicado la traducción Doce nocturnos de Holanda (Ediciones Andesgraund, 2016) de la poeta brasileña Cecília Meireles en Santiago de Chile.

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